domingo, 3 de noviembre de 2019

CRÓNICA DE JERUSALÉN_02

DÍA 02. BELÉN Y JERICÓ: He abierto los ojos a las cuatro de la madrugada y he pensado: ‘Estás en Jerusalén’. Ya no he podido cerrarlos más. Hemos tomado nuestro primer desayuno israelí: quesos, hummus, verdura a la plancha, pescado medio cocido. Todo bien frío. No sé si será una señal. Hoy es Sabbath, el día santo para los judíos.

Han venido a recogernos al hotel muy puntuales. Hoy haremos la visita en grupo. El conductor del autocar ha tenido que detener la marcha porque había dos coches mal aparcados y no tenía espacio suficiente para pasar. Uno de los conductores ha vuelto unos minutos después con un pan debajo del brazo. Era un hombre mayor, de aspecto distraído y desaliñado. El conductor del autobús ha bajado y ha empezado a gritarle con una violencia verbal insospechada apuntándole con el dedo índice. He recordado que nosotros tampoco somos un ejemplo de sosiego al volante pero me ha parecido que le imprecaba demasiado. Después nos han conducido hasta el monte Scopus, desde donde hemos iniciado la marcha. Hemos cruzado también el control hacia Palestina. Como íbamos en grupo de una empresa turística israelita, no hemos tenido que detenernos. Hemos contemplado el muro de la vergüenza por primera vez. ¿Cuántos muros hay que separan personas en el mundo? El guía israelí que nos ha acompañado a Belén ha dicho que antes de su construcción vivían realmente aterrorizados. Ha afirmado que esa era su experiencia.

En Belén hemos visitado la Basílica de la Natividad donde se encuentra la cueva donde se cree que nació Jesús. Había una fila muy larga para visitarla. Nosotros hemos visitado el otro lado de la cripta porque está dividida en dos partes. En la iglesia, unos monjes ortodoxos custodiaban la nave central echando a todo el mundo con modales ásperos y ariscos. Colocaban sillas para que la gente no pudiera acceder. Mi sensación es que esta es una sociedad segregada y crispada: hombres y mujeres, cristianos, judíos y musulmanes. Es la tierra de las vallas y los muros. El arma más potente vuelve a ser el miedo.

En el claustro de la iglesia había religiosos (alguna mujer también), vestidos de hábito, sentados esperando a que algún peregrino se les acercase para hablar con ellos. ¡Qué necesidad tenemos los seres humanos de comunicarnos, aunque sea con desconocidos!

En la cueva de los pastores (una de las tres que hay) hemos contemplado más fervor religioso. En todos los lugares santos han construido una iglesia y se ha decorado el rincón con iconografía y escenografía de la escena que representa. No se deja nada a la imaginación del visitante, sea religioso o no. Había un grupo de cristianos sudamericanos rezando y tocando la guitarra. Han tardado en marcharse porque todos querían hacerse una foto con una imagen del Niño Jesús que había sobre el altar. Le besaban los pies, las manos y la cara como si se tratara de un niño de verdad, con auténtica devoción. Algunos se hacían la foto contemplando la imagen del niño con embelesamiento.

De camino a Jericó, hemos pasado por delante de la puerta de la sede de la Autoridad Nacional Palestina donde vive Mahmud Abbas. Había una fotografía suya y otra de Yasir Arafat, fallecido en 2004 y enterrado en Ramala, capital de Palestina. A la entrada de Jericó había una rotonda con la letras ‘I Love Jericho’ con el corazón transfigurado en el logo publicitario de Pepsi. Hemos comido en Jericó una pita con falafel, patatas fritas y hummus. Un palestino, muy simpático, con bigote y un gorro turco, nos iba poniendo lo que le pedías dentro del pan. ‘Where are you from?’ nos ha preguntado mientras estrujaba con las manos la pita con el falafel dentro. A lo largo del día, nos hemos reído recordando este gesto. He de confesar que el falafel estaba muy bueno: crujiente por fuera y tierno por dentro.

Después de comer, hemos visitado los restos arqueológicos de Jericó, la ciudad habitada más antigua de la humanidad. Hacía muchísimo calor, más que en Xàtiva (y sé lo que digo). También hemos podido ver una excelente vista de la ciudad actual. Desde abajo, se ve la Montaña de la Tentación donde se encuentra un monasterio del siglo XVIII. Es un lugar casi inaccesible y es un placer contemplarlo. Hay un funicular que sube y te deja cerca. Vamos recorriendo algunos lugares de la vida de Jesucristo. Nos detenemos en un sicómoro de la época (eso nos han dicho), bajo el cual Jesús predicaba y donde se encontró con el joven rico. ¿Os acordáis? ‘¿Qué tengo que hacer para seguirte?’ Jesús le contestó que tenía que venderlo todo, entregarlo a los pobres y seguirlo. El joven se fue cabizbajo porque tenía un montón de dinero y no le gustó la respuesta. ¿Qué le vamos a hacer? Hoy estaban tres hombres sentados charlando a la sombra. Cuando hemos bajado del autobús, han montado el tenderete en un abrir y cerrar de ojos y se han acercado para vendernos el fruto del sicómoro y dátiles. El sicómoro es una especie de cacahuete con una capa externa que también se come. El sabor de los dátiles es sencillamente insuperable. Nunca me han gustado pero estos frutos son maravillosos. Los hombres nos insistían para que se los comprásemos. Pienso en el día a día de esta gente, tan alejada de nuestra manera de hacer y vivir, en su concepción del tiempo. Y también reflexiono sobre los lugares que hemos visitado y que tendrían que ser para la reconciliación.

Otra vez en Jerusalén, la Ciudad Vieja nos ha vuelto a convocar. Hoy hemos entrado por la Puerta de Damasco, al barrio árabe. Hemos accedido bajando por la calle Nablus y dejando a un lado la estación de autobuses árabe. Hemos recorrido las estaciones de la Vía Dolorosa que es el camino de Jesús al calvario y hemos sentido el estremecimiento de la historia que hay en cada rincón de esta ciudad. En la segunda estación, unos italianos jóvenes la recorrían con una cruz encima.  

Muy cerca de la estación tercera, hemos subido a la terraza del Hospicio austríaco. No hay ningún anuncio que te diga que es el lugar que buscas y que desde allí se puede ver una de las mejores vistas de Jerusalén, con la Cúpula de la Roca muy cerca. Conocíamos la dirección pero parecía estar cerrado. Cuando dos turistas se han acercado y han llamado, hemos aprovechado para entrar. Hemos subido y hemos disfrutado del espectáculo visual hasta que una pareja me ha pedido que les tomara una fotografía. Antes que nada, me ha preguntado si hacía buenas fotos. Después me ha mostrado una fotografía de Internet en la que había una pareja en aquella misma terraza. Parecían modelos de un anuncio publicitario. Pretendían que les hiciera la foto exactamente igual. Se colocaban de lado sin mirar a la cámara. Después de hacerle un par, le he dicho que deseaba disfrutar de la vista. He tenido ganas de enviarlos a paseo. La estupidez no se va de vacaciones en Jerusalén.

Hemos ido pisando y conociendo las callejuelas de la Ciudad Vieja. Hemos acabado de nuevo en el Muro de las Lamentaciones con una sensación de mayor sosiego que ayer. Las judías hacían sus oraciones y caminaban hacia atrás para no dar la espalda al muro. A los visitantes no les está permitido tomar fotos en Sabbath. Les queda el resto de la semana para hacer todas las que quieran. Finalmente, hemos iniciado el mismo camino de retorno que hicimos ayer. En la plaza del Muro había unos cuantos niños con la kipá y los rizos jugando al fútbol con una botella de plástico como balón. Nos hemos cruzado con dos adolescentes con el sombrero judío que corrían hacía dentro con mucho alboroto. Hemos comentado que da igual dónde estés: los adolescentes son ruidosos en cualquier lugar del mundo. Cuando salíamos y dejábamos a mano izquierda la Puerta del Estiércol o de los Marroquíes, un policía israelí llevaba a rastras, empujándolo y cogiéndolo por el pecho a uno de los adolescentes que corrían minutos antes. El policía gritaba muy fuerte con una violencia incomprensible. Todos, quietos y mudos, mirábamos la escena con estupor y sorpresa. Me ha sorprendido la cara de sorpresa de una madre judía que iba con tres niños. Me he acordado de mis alumnos adolescentes. La sensación de serenidad se ha desvanecido por completo. Me han dado ganas de llorar. Otra vez el miedo y la violencia.  

Hemos vuelto poco a poco al hotel buscando un poco de la paz de esta ciudad supuestamente santa. Hemos atravesado por segundo día la Puerta de Sión. Unos niños bastante pequeños, con la vestimenta judía, jugaban, corrían y reían. Estos sí tenían una pelota.

Sábado, 24 de agosto de 2019
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Foto: María José Mier Caminero




domingo, 27 de octubre de 2019

CRÒNICA DE JERUSALEM_02

DIA 02. BETLEM I JERICÓ: He obert els ulls a les quatre de la matinada i he pensat: 'Ets a Jerusalem'. Ja no he pogut aclucar-los més. Hem menjat el nostre primer desdejuni israelià: formatges, hummus, verdura a la planxa, peix mig cuit. Tot ben fred. No sé si serà un senyal. Avui és Sabbath, el dia sant per als jueus.

Han vingut a recollir-nos a l’hotel ben puntuals. Avui farem la visita en grup. El conductor de l’autocar ha hagut de detenir la marxa perquè hi havia dos cotxes mal aparcats i no hi tenia lloc suficient per passar. Un dels conductors hi ha tornat uns minuts després amb un pa sota el braç. Era un home gran amb un aspecte distret i malgirbat. El conductor de l’autobús ha abaixat i ha començat a cridar-li amb una violència verbal insospitada assenyalant-lo amb el dit índex. He recordat que nosaltres tampoc som un exemple d’assossec al volant però m’ha semblat que l’escridassava massa. Després ens han conduit fins al munt Scopus, des d’on hem començat la marxa. Hem creuat també el control a Palestina. Com que anàvem en grup d’una empresa turística israeliana, no hem hagut de deturar-nos. Hem contemplat el mur de la vergonya per primer cop. Quants murs que separen persones hi ha al món? El guia israelià que ens ha acompanyat a Betlem ha dit que abans de la seua construcció vivien realment esglaiats. Ha afirmat que aquesta era la seua experiència. 

A Betlem hem visitat la Basílica de la Nativitat on és la cova on es creu que va nàixer Jesús. Hi havia una cua molt llarga per visitar-la. Nosaltres hem visitat l’altra part de la cripta perquè està dividida en dues parts. A l’església uns monjos ortodoxos custodiaven la nau central fent fora a tothom amb modals aspres i esquerps. Col·locaven cadires perquè la gent no pogués accedir-hi. La meua sensació és que aquesta és una societat segregada i crispada: homes i dones, cristians, jueus i musulmans. És la terra de les tanques i els murs. L'eina més potent torna a ser la por. 

Al claustre de l’església hi havia religiosos (alguna dona també), vestits amb hàbit, asseguts esperant que algun peregrí se’ls acostés per parlar amb ells. Quina necessitat tenim els éssers humans de comunicar-nos, encara que siga amb desconeguts!

A la cova dels pastors (una de les tres que hi ha) hem contemplat més fervor religiós. A tots els llocs sants s’ha construït una església i s’ha guarnit l’indret amb iconografia i escenografia de l’escena que hi representa. No es deixa res a la imaginació del visitant, siga religiós o no. Hi havia un grup de cristians sud-americans pregant i tocant la guitarra. Han trigat a anar-se’n perquè tots volien fer-se una foto amb una imatge del nen Jesús que hi havia damunt l’altar. Li besaven els peus, les mans i la cara com si es tractés d’un nen de veritat, amb autèntica devoció. Alguns es feien la foto contemplat la imatge del nen amb embadaliment.

De camí a Jericó, hem passat per davant la porta de la seu de l’Autoritat Nacional Palestina on viu Mahmud Abbas. Hi havia una fotografia seua i una altra de Yasir Arafat, mort al 2004 i soterrat a Ramala, capital de Palestina. A l’entrada de Jericó hi havia una rotonda amb les lletres ‘I Love Jericho’ amb el cor transfigurat en el logo publicitari de Pepsi. Hem dinat a Jericó una pita amb falafel, creïlles fregides i hummus. Un palestí, ben simpàtic, amb bigoti i un barret turc, ens anava posant el que li demanaves dins del pa. ‘Where are you from?’ ens ha preguntat mentre rebregava amb les mans la pita amb el falafel a dintre. Al llarg del dia, ens hem rigut recordant aquest gest. He de confessar que el falafel estava ben bo: cruixent per fora i tendre per dins.  

Després de dinar, hem visitat les restes arqueològiques de Jericó, la ciutat habitada més antiga de la humanitat. Feia moltíssima calor, més que a Xàtiva (i sé el que dic). També hem pogut veure una excel·lent vista de l’actual ciutat. Des de baix, s’hi veu la Muntanya de la Temptació on hi ha un monestir del segle XVIII. És un lloc gairebé inaccessible i fa goig contemplar-lo. Hi ha un funicular que puja i et deixa a prop. Anem recorrent alguns llocs de la vida de Jesucrist. Ens deturem a un sicòmor de l’època fins i tot (això ens han dit), sota el qual Jesús predicava i on es va trobar amb el jove ric. Se’n recordeu? ‘Què he de fer per seguir-te?’ Jesús li va contestar que havia de vendre-ho tot, donar-ho als pobres i seguir-lo. El jove se’n va anar capficat perquè tenia un munt de diners i no li va agradar la resposta. Què hi farem? Avui hi havia tres homes asseguts petant la xerrada a l’ombra. Quan hem abaixat de l’autobús, han muntat la paradeta en un tres i no res i han vingut a vendre’ns el fruit del sicòmor i dàtils. El sicòmor és una mena de cacau amb una capa externa que també es menja. El sabor dels dàtils és senzillament insuperable. Mai no m’han agradat però aquests fruïts són meravellosos. Els homes ens insisteixen perquè li’n comprem. Pense en el dia a dia d’aquesta gent, tan allunyada de la nostra manera de fer i viure, en la seua concepció del temps. I també reflexione sobre els llocs que hem visitat i que haurien de ser per la reconciliació. 

Un altre cop a Jerusalem, la Ciutat Vella ens ha tornat a convocar. Avui hem entrat per la Porta de Damasc, al barri àrab. Hi hem arribat abaixant pel carrer Nablus i deixant a una banda l’estació d’autobusos àrab. Hem recorregut les estacions de la Via Dolorosa que fa el camí de Jesucrist al calvari i hem sentit el sotrac de la història que hi ha a cada indret d’aquesta ciutat. En l’estació segona, uns italians joves la feien amb una creu al damunt.  

Molt prop de l’estació tercera, hem pujat a la terrassa de l’Hospici austríac. No hi cap anunci que et diga que és el lloc que cerques i que des d’allà s’hi pot veure una de les millors vistes de Jerusalem, amb la Cúpula de la Roca ben a prop. Coneixíem l’adreça però semblava tancat. Quan dos turistes s’han apropat i han trucat, hem aprofitat per entrar-hi. Hem pujat i hem gaudit de l’espectacle visual fins que una parella m’ha demanat que els prengués una fotografia. Primer de tot, ell m’ha preguntat si feia bones fotografies. Després m’ha mostrat una fotografia d’Internet on hi havia una parella en aquella terrassa. Semblaven models d’un anunci publicitari. Pretenien que els fes la foto exactament igual. Es col·locaven de costat sense mirar a la càmera. Després de fer-los-en un parell, els he dit que desitjava gaudir de la vista. M’han entrat ganes de enviar-los a pastar fang. L’estupidesa no fa vacances a Jerusalem.

Hem anat trepitjant i coneixent els carrerons de la Ciutat Vella. Hem acabat un altre cop al Mur de les Lamentacions amb una sensació més assossegada que ahir. Les jueues feien les seues oracions i caminaven cap enrere per no donar l'esquena al mur. Als visitants no els és permès prendre fotos en Sabbath. Ja hi tenen la resta de la setmana per fer totes les que vulguen. Finalment, hem començat el mateix camí de retorn que vam fer ahir. A la plaça del Mur hi havia uns quants nens amb la quipà i els rínxols jugant al futbol amb una ampolla de plàstic com a baló. Ens hem creuat amb dos adolescents amb el barret jueu que corrien cap a dins escridassant. Hem comentat que tant s’hi val on sigues: els adolescents fan soroll en qualsevol lloc del món. Quan eixíem i deixàvem a mà esquerra la Porta del Fem o dels Marroquins, un policia israelià portava a ròssec, espentejant-lo i agafant-lo pel pit un dels adolescents que corrien minuts abans. El policia cridava molt fort, amb una violència incomprensible. Tots, quiets i muts, miràvem l’escena amb estupor i sorpresa. M’he quedat mirant la cara de sorpresa d’una mare jueva que anava amb tres nens. He pensat en els meus alumnes adolescents. La sensació de serenor s'ha esvaït del tot. M'han fet ganes de plorar. Una altra vegada la por i la violència. 

Hem tornat a poc a poc a l'hotel cercant una mica de la pau d'aquesta ciutat suposadament santa. He travessat per segon dia la Porta de Sió. Un nens ben petits, amb la vestimenta jueva, jugaven, corrien i reien. Aquests sí que tenien una pilota.

Dissabte, 24 d’agost de 2019
Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu
Foto: María José Mier Caminero


domingo, 20 de octubre de 2019

CRÓNICA DE JERUSALÉN_01

DÍA 01. MADRID - JERUSALÉN: El despertador ha sonado a las cinco de la madrugada. Con el sueño entre los dedos, hemos ido al aeropuerto colocando las calles. Ya nos hemos encontrado un buen número de peregrinos cristianos y algún judío con kipá. ¿Qué le vamos a hacer? Vamos a Tierra Santa. El vuelo ha sido muy tranquilo. Será que íbamos en la gracia de Dios, pero no nos han dado ni un vaso de agua, aunque no fuera bendita. En las cuatro horas largas he aprovechado para leer sobre Tel Aviv, la poesía de Anna Swir y he vuelto a ver Inside Out de Pixar para comprobar cómo me van las emociones. A nuestro alrededor, íbamos en la compañía de un grupo de jóvenes universitarios varones de la Universidad de Navarra que tenían como propósito visitar los lugares santos del cristianismo. Leían libros bien gordos y hablaban sobre ellos y también veían vídeos en sus móviles y hacían bromas. La educación exquisita era su seña de identidad.

A la llegada al aeropuerto de Ben Gurion (primer presidente de Israel que proclamó el estado en 1948), hemos pasado el control de pasaportes. Ya habíamos leído que este es seguramente el aeropuerto del mundo donde más se vigila la seguridad. Cuando nos tocaba la revisión manual del pasaporte, después de guardar la cola, el trabajador jovencísimo de físico caucásico nos ha espetado un ‘foreign no’ y hemos decidido desplazarnos a la caseta de al lado sin volver a hacer toda la fila. Este trabajador, joven también, con barba y la piel bien morena (la diversidad física me llama la atención) nos ha preguntado cuántos días íbamos a permanecer en el país, por qué los visitábamos y en qué ciudades íbamos a pernoctar. Ha sido corto y hemos podido pasar rápido. Nada más salir del aeropuerto, hemos tomado un sherut (taxi colectivo) hacia Jerusalén. En este medio de transporte, tienes que esperar hasta que se llene para emprender la marcha. Nos ha tocado esperar media hora hasta que todos los asientos se han ido ocupando en un goteo continuo y lento. La mayoría de los viajeros eran de habla inglesa. Los dos últimos que han subido han sido un matrimonio judío mayor que han tenido que sentarse separados: él delante y ella en la parte de atrás. El marido le ha encomendado al viajero que se sentaba junto a su esposa y que tenía una pierna lesionada y debía llevarla estirada: ‘Take care my wife’. Ha dicho riendo y el resto de los ocupantes le han correspondido al chiste con al menos una sonrisa. Las señales de la autovía están en hebreo, árabe e inglés. He pensado si no sería más fácil vivir en paz respetándose. Israel tiene dos lenguas oficiales: el hebreo y el árabe, pero desconozco si los funcionarios tienen la obligación de conocer ambas lenguas, cosa que dudo.

Algunos conductores son incívicos con adelantamientos por la derecha. El conductor lleva el microbús con pericia. En un momento en que íbamos por el carril de la izquierda, una moto le ha adelantado por la derecha, se ha situado delante de nosotros y ha frenado obligando a nuestro conductor a hacer lo mismo. El conductor y el hombre judío mayor se han reído de este comportamiento atrevido y desafiante del motorista. No sé qué me ha llamado más la atención: el comportamiento incorrecto y peligroso del motorista o la reacción lúdica y divertida de los ocupantes del sherut.

Jerusalén es de color ocre. Me recuerda a Ammán y a El Cairo un poco. Todas la casas están cubiertas con el mismo paramento, algo almohadillado, de este color. Han tardado en atendernos en la recepción del hotel porque el recepcionista le explicaba a una clienta en hebreo algo que parecía no gustarle a la señora. Finalmente, hemos comido a las cinco de la tarde con más hambre que el Lazarillo. Hemos tomado un rollo de verdura y ensalada y hemos bebido agua para hidratarnos un poco. Ha sido nuestra primera comida santa.

Después hemos caminado hacia abajo hasta la Ciudad Vieja. Hemos entrado por la puerta de Jaffa, dejando a mano derecha la Torre de David, como es conocida. En la Ciudadela, se encontraba el palacio de Herodes que, después de su muerte, fue utilizado por los procuradores romanos. Uno de ellos fue Poncio Pilato (os sonará su nombre). Hemos recorrido la calle de David donde hay muchas tiendas (es un zoco árabe) y hemos llegado a la Iglesia del Santo Sepulcro donde están las últimas estaciones de la Vía Dolorosa, el vía crucis que Jesucristo recorrió hasta la crucifixión. Fuera había mucha gente sentada alrededor de la fachada conversando de manera distraída. He pensado si eran conscientes de que estaban en uno de los lugares más importantes del cristianismo o será que en Jerusalén es sencillamente imposible responder a todos los estímulos culturales que se reciben. A la entrada, un religioso ortodoxo llamaba la atención a todos aquellos que no llevaban las piernas y los hombros cubiertos. Seis comunidades religiosas diferentes comparten la administración del Santo Sepulcro: etíopes ortodoxos, armenios apostólicos, católicos romanos, griegos ortodoxos, coptos ortodoxos y sirios ortodoxos. Tengo entendido que no tienen muy buena relación y que las llaves de la iglesia las tiene una familia árabe que las custodia desde hace generaciones. La concordia es la seña de identidad de esta tierra.

Aquí ya hemos contemplado las primeras muestras de fervor religioso en esta tierra. En la Piedra de la Unción, justo a la entrada, algunos visitantes rezaban con la frente pegada en la piedra que conmemora el lugar donde el cuerpo de Jesús fue ungido antes de ser enterrado. También, en una capilla a la derecha, a la que se sube por unas escaleras se puede tocar la piedra del Gólgota. Más gente devota guardaba la cola para ver la Capilla del Santo Sepulcro. No nos hemos planteado esperar las dos horas que tardaríamos en llegar a la puerta para ver la tumba de Cristo. Pero, ¿no resucitó? ¿Aquel sepulcro fue donde estuvo los tres días que permaneció muerto? Desde fuera parece un lugar muy oscuro, demasiado.

Cuando hemos dejado atrás la devoción cristiana, un torrente de judíos que corrían hacia el Muro de las Lamentaciones para celebrar el principio del Sabbath y hacer las oraciones nos ha arrastrado sin ninguna misericordia. Era casi imposible saber por donde pisábamos; solo nos dejábamos llevar por la fe rabínica que nos ha desembocado en la plaza del Muro. A un lado, los hombres; al otro, las mujeres. Me ha impresionado ver cómo la religión y las creencias aún mueven las vidas de las personas. Algunos grupos formaban un círculo y cantaban y gritaban y daban saltos en un rito conocido para ellos. No sé si he vivido el día de hoy o lo he soñado. Siento la percepción alucinada. Estar en Jerusalén, un lugar tan importante para la historia de la humanidad y para las tres religiones monoteístas, una ciudad en disputa, me produce una sensación de extrañeza. No sé si he visto todo lo que he visto o era una película. Mañana iremos a Palestina para visitar Belén y Jericó. Ahora a dormir y a soñar con lo que he visto hoy.

Viernes, 23 de agosto de 2019
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Foto: María José Mier Caminero



domingo, 13 de octubre de 2019

CRÒNICA DE JERUSALEM_01

DIA 01. MADRID - JERUSALEM: El despertador ha tocat a les cinc del matí. Amb son entre els dits, hem anat a l'aeroport posant els carrers. Ja ens hem trobat una bona colla de peregrins cristians amb guitarra a l'avió i algun jueu amb quipà. Què hi farem? Anem a Terra Santa. El vol ha estat molt tranquil. Serà que anàvem en la gràcia de Deu, però no ens han donat ni un got d'aigua, encara que no fos beneïda. A les quatre hores llargues he aprofitat per llegir sobre Tel Aviv, la poesia d'Anna Swir i he tornat a veure Inside Out de Pixar per comprovar com em van les emocions. Al nostre voltant hi anàvem en la companyia d’un grup de joves universitaris mascles de la Universitat de Navarra que tenien com propòsit visitar els llocs sants del cristianisme. Llegien llibres ben grossos i en parlaven i també veien vídeos als seus mòbils i feien bromes. L’educació exquisida era la seua senya d’identitat.

A l'arribada a l'aeroport Ben Gurion (primer president d'Israel que va proclamar l'estat al 1948) hem passat el control de passaports. Ja havíem llegit que aquest és segurament l’aeroport del món on més es vigila la seguretat. Quan ens tocava la revisió manual del passaport, després de fer la cua, el treballador joveníssim de físic caucàsic ens ha dit un ‘foreign no’ i hem decidit desplaçar-nos a la caseta del costat sense tornar a fer tota la cua. Aquest treballador, jove també, amb barba i la pell ben morena (la diversitat física em crida l’atenció) ens ha preguntat quants dies hi seríem al país, per què els visitàvem i a quines ciutats hi pernoctaríem. Ha sigut curt i hem pogut passar de pressa. Tot sortint de l’aeroport, hem pres un sherut (taxi col·lectiu) cap a Jerusalem. En aquest mitjà de transport, has d'esperar fins que s'òmpliga per marxar. Ens ha tocat esperar mitja hora fins que tots els seients han anant ocupant-se amb un degoteig continu i lent. La majoria dels viatgers eren de parla anglesa. Els dos darrers que hi han apujat han estat un matrimoni jueu gran que han hagut de seure separats: ell al davant i ella a la part de darrere. El marit li ha encomanat al viatger que seia al costat de la seua dona i que tenia una cama lesionada i havia de dur-la estirada: ‘Take care my wife’. Ha dit rient i la resta dels ocupants li han correspost l’acudit amb almenys un somriure. Les senyals de l'autovia estan en hebreu, àrab i anglès. He pensat si no seria més fàcil viure en pau respectant-se. Israel té dues llengües oficials: l’hebreu i l’àrab, però desconec si els funcionaris tenen l’obligació de conèixer-les totes dues, cosa que dubte.

Alguns conductors són incívics amb avançaments per la dreta. El conductor porta el microbús amb perícia. En un moment que hi anàvem pel carril de l’esquerra, una moto li ha avençat per la dreta, s’ha situat davant nostre i ha frenat obligant al nostre conductor a fer el mateix. El conductor i l’home jueu gran han rigut aquest comportament agosarat i desafiant del motorista. No sé què m’ha cridat més l’atenció: el comportament incorrecte i perillós del motorista o la reacció lúdica i divertida dels ocupants del sherut.  

Jerusalem és de color ocre. Em recorda Amman i El Cairo una mica. Totes les cases es cobreixen amb el mateix parament, una mica encoixinat, d’aquest color. Han trigat en atendre’ns a la recepció de l’hotel perquè el recepcionista li explicava a una clienta en hebreu quelcom que semblava no agradar-li a la senyora. Finalment, hem dinat a les cinc de la vesprada amb més fam que el Lazarillo. Hem menjat un roll de verdura i ensalada i hem begut aigua per hidratar-nos una mica. Ha estat el nostre primer menjar sant.

Després hem caminat cap avall fins la Ciutat Vella. Hem entrat per la porta de Jaffa, deixant a mà dreta la Torre de David, com és coneguda. A la Ciutadela, hi era el palau d’Herodes que a la seua mort fou utilitzat pels procuradors romans. Un d’ells fou Ponç Pilat (us sonarà el nom). Hem recorregut el carrer de David on hi ha moltes botigues (és un soc àrab) i hem arribat a l'Església del Sant Sepulcre on estan les darreres estacions de la Via Dolorosa, el via crucis que Jesucrist va recórrer fins la crucifixió. Fora hi havia molta gent asseguda envoltant la façana i conversant de manera distreta. He pensat si eren conscients que eren a un dels llocs més importants del cristianisme o serà que a Jerusalem és senzillament impossible respondre a tots els estímuls culturals que s’hi reben. A l’entrada un capellà ortodox cridava l’atenció a tots aquells que no duien les cames i els muscles tapats. Sis comunitats religioses diferents comparteixen l’administració del Sant Sepulcre: etíops ortodoxos, armenis apostòlics, catòlics romans, grecs ortodoxos, coptes ortodoxos i siris ortodoxos. Tinc entès que no tenen molt bona relació i que les claus de l’església les té una família àrab que les custodia des de fa generacions. La concòrdia és la senya d’identitat d’aquesta terra.

Hi hem contemplat les primeres mostres de fervor religiós a aquesta terra. A la Pedra de la Unció, tot just a l’entrada, alguns visitants pregaven amb el front apegat a la pedra que commemora el lloc on el cos de Jesús fou ungit abans de ser soterrat. També, en una capella a la dreta, que s’hi puja per unes escales es pot tocar la pedra del Gòlgota. Més gent devota guardava la cua per veure la Capella del Sant Sepulcre. No ens hem plantejat esperar les dues hores que es trigarà en arribar a la porta per veure la tomba de Jesucrist. Però, ¿no hi va ressuscitar? Aquell sepulcre és on va ser els tres dies que va romandre mort? Des de fora, sembla un lloc obscur, massa.

Quan hem deixat enrere la devoció cristiana, un corrent de jueus que corrien cap al Mur de les Lamentacions per celebrar el començament del Sabbath i fer les oracions ens ha arrossegat sense cap misericòrdia. Era gairebé impossible saber per on trepitjàvem; només ens hem deixat dur per la fe rabínica que ens ha desembocat en la plaça del Mur. A un costat del mur els homes; a l'altre, les dones. M'ha impressionat veure com la religió i les creences encara mouen les vides de les persones. Alguns grups feien un rogle i cantaven i cridaven i pegaven bots en un ritus conegut per a ells. No sé si he viscut el dia d'avui o l'he somniat. Sent la percepció al·lucinada. Ser a Jerusalem, un lloc tan important per la història de la humanitat i per a les tres religions monoteistes, una ciutat en disputa, em produeix una sensació d’estranyesa. No sé si he vist tot el que he vist o era una pel·lícula. Demà anirem a Palestina per visitar Betlem i Jericó. Ara a dormir i somniar el que he vist avui.

Divendres, 23 d’agost de 2019
Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu
Foto: María José Mier Caminero




domingo, 6 de octubre de 2019

EL FRAU DE L'ESQUERRA

Senyors Sánchez i Iglesias, vostès ens han defraudat profundament. Han consumat el despropòsit temerari d’una nova convocatòria d’eleccions generals i ho han fet tenint en compte única i exclusivament el seu interès personal i partidista. L’un ha vist l’oportunitat de tornar al bipartidisme i noquejar un adversari afeblit; l’altre cerca el poder amb obstinació per pròpia supervivència. Els hauria de caure la cara de vergonya perquè, lluny de retirar-se per deixar pas a nous interlocutors polítics, ara els ciutadans hem de seguir aguantant els seus retrets dialèctics, la seua infantiloide ‘batalla pel relat’ i el seu desvergonyit ‘i tu més’.

El seu ego hipertròfic ens ha dut a aquest carreró sense sortida, un cul-de-sac que molts dubtem que s’òbriga després del 10N: la sentència del procés, la crisis territorial, l’alentiment de l’economia, la reforma de les pensions i la Seguretat Social, la finançament de les CCAA, les lleis progressistes que esperen al calaix... Els estranya que una part del territori se’n vulga anar? Els espanyols en bloc haurien de reivindicar la independència dels seus polítics incompetents i incapaços. En el millor dels casos serem a una situació similar a l’actual; en el pitjor, els tres partits de la dreta sumaran i pactaran. Perquè no en tinguen cap dubte: si PP, Cs i Vox sumen, arribaran a un acord per defensar els interessos d’aquells als quals representen. Encarnen vostès el frau de l’esquerra, són l’etern retorn devaluat del cainisme dels partits de progrés que tant ha marcat la història d’aquest país. Els ho va recordar el senyor Aitor Esteban, un polític basc nacionalista i conservador, en la truncada sessió d’investidura, “el cel s’assalta núvol a núvol.”

Vostès afirmen representar a milions de ciutadans, però es passen les seues necessitats i les seues expectatives pel forro. Ens han demostrat que els importem molt poc, res. Han obrat amb la mateixa sensibilitat social amb què ho va fer el govern de Mariano Rajoy quan aplicava retallades atroces que afectaven els sectors més vulnerables de la societat. Han actuat moguts pel seu fal·lus acomplexat que cerca aniquilar l’enemic, jugant a un estúpid joc de trons, aconsellats per gurus de l’estratègia política, amagats a la Moncloa, pensant que són vostès els garants del purisme ideològic d’esquerres que pot menysprear la voluntat  de milions de persones.

Ens és igual si vostès es cauen bé o malament, si no es suporten. Hi ha necessitats socials que estan a l’espera de la seua ridiculesa adolescent. Ens importa un rave els seus doctorats, els seus màsters, les seues estratègies, la seua brillantor acadèmica o discursiva perquè han demostrat que els manca la més important de les intel·ligències: l’emocional. No han sabut llegir el moment històric i social i saber el que ens juguem. S’han carregat el desig de canvi i de pacte que els votants d’esquerres els van encomanar el 28A, han segrestat el vot dels ciutadans i a més ens exigeixen un rescat. Argumenten que volen canviar les vides de les persones que pretenen l’estabilitat del país. Les seues sí que han canviat i ens donen l’esquena des d’un palau de la Moncloa, desconnectat de la realitat quotidiana dels espanyols, i des d’un benestant xalet a la serra des d’on han liquidat les ànsies de transformació social del 15M. I ho fan amb absolut desvergonyiment. Per aquests fangs, no feia falta aquella pols.

Si els sembla que soc extremadament dura en les meues asseveracions, pensen en els malalts terminals que esperen l’aprovació d’una llei d’eutanàsia, en la gent gran que espera les ajudes a la dependència, en les persones aturades que esperen les polítiques actives d’ocupació (aquelles que vostès es disputen), en els treballadors precaris que esperen una llei laboral més justa, en els pensionistes amb baixes pensions que esperen la derogació del copagament farmacèutic, en les persones LGTBI que esperen l’aprovació de la llei estatal que garanteisca els seus drets, en els estudiants i professors que esperem una llei educativa que pose fi als vaivens legislatius dels últims lustres.

Era imprescindible que vostès deixaren a un costat les seues animadversions personals i es posaren a treballar, per donar estabilitat i per millorar (en la mesura del possible, sense posicions maximalistes) la vida de tots. La seua indignitat política porta a la incoherència els votants d’esquerres que per responsabilitat (de la qual vostès no en tenen) hem d’anar a votar de bell nou. Aquells que reconeixem la lluita dels nostres grans per la democràcia ens engolirem la nàusea que la seua actitud ens provoca i tornarem a depositar la papereta a l’urna. Però, ¿són conscients del dany que han fet a la democràcia i a la consciència política dels joves d’aquest país? Ara ja poden dormir tranquils.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 29 de septiembre de 2019

EL CUINER DELS ÚLTIMS DESITJOS

El cuiner dels últims desitjos és l’última pel·lícula de Yôjirô Takita. El protagonista, Misuro Sasaki, és un cuiner de talla mundial que ha perdut la passió per la seua professió. Entre les seues habilitats, hi es troba la possibilitat de cuinar qualsevol plat que haja provat sols una vegada, ja que mai no oblida un sabor. No obstant això, el seu restaurant ha fet fallida per la seua manca d’entusiasme i el seu caràcter extremadament perfeccionista. Quan comença la cinta, Misuro es dedica a cuinar personalment el darrer menjar d’aquells que estiguen disposats a pagar-hi un milió de iens.  

La pel·lícula presenta una fotografia imponent (Yoshinori Oshima) i, un cop més en la filmografia de l’autor, una banda sonora vibrant que acompanya la història d’un mode espectacular, tensant les cordes en els moments adients per aconseguir la nota precisa. La pel·lícula té al seu favor la vistositat de les escenes culinàries, molt més quan es tracta de la cuina del país del Sol naixent, a banda del gust per ritual ancestral de la civilització mil·lenària. Tanmateix, una part de la crítica no ha estat molt indulgent amb ella pel seu enfocament narratiu tradicional, proper a les novel·les realistes vuitcentistes. 

El cuiner Misuro Sasaki s’embarca, per encàrrec, en la cerca del famós receptari que el xef Naotaro Yamagata va elaborar a la dècada de 1930 a Manxúria, la regió xinesa que fou envaïda pels japonesos i que fou el seu protectorat fins les darreries de la Segona Guerra Mundial. El context històric actua com a marc de les traïcions i amors poètics dels quals es nodreix l’argument. Sasaki va desembastant la veritat mitjançant el relat de diferents veus narratives que van viure els fets i que s’acompanyen de dilatats flash-backs per recrear tot el que es conta.

Yôjirô Takita fou conegut internacionalment per l’oscaritzada Acomiadaments (2008). Aquí hi torna a posar sobre la taula dos temes importants en la cultura nipona: la mort i els vincles familiars. La visió oriental de la parca és molt més natural que a Occident i es presenta sempre com el trànsit consubstancial que tots hem de patir algun dia. Sí que s’observa en diferents moments de la trama un detall sorprenent de la cultura de la contenció: personatges que ploren expressant la seua tristesa. Una altra de les qüestions que es va revelant és la vàlua inherent que els japonesos atorguen a la família i als vincles paterno-filials, encara que concedeix un significat rellevant a l’amistat com es veu en situacions importants de l’acció. Tot això fa d’aquesta història quelcom atractiu, però el que desarma a qui va deixant-se seduir per l’ordit d’aquest bell teixit és la revelació de la veritat del protagonista: allò que més anhelem, que moltes vegades experimentem com a mancança, que cerquem amb tossuderia miop es troba davant nostre, o inclús ja dins nostre. Yamagata ho expressa al seu receptari amb una bella metàfora, tan senzilla i tan complexa a la vegada: “El ganivet és el pare. La cassola és la mare. Els ingredients són els amics.”

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 22 de septiembre de 2019

EL FRAUDE DE LA IZQUIERDA

Señores Sánchez e Iglesias, nos han defraudado ustedes profundamente. Han consumado el despropósito temerario de una nueva convocatoria de elecciones generales y lo han hecho teniendo en cuenta única y exclusivamente su interés personal y partidista. Uno ha visto la oportunidad de volver al bipartidismo y noquear a un adversario debilitado; otro busca el poder con obstinación por propia supervivencia. Debería darles vergüenza porque, lejos de retirarse para dar paso a nuevos interlocutores políticos, ahora los ciudadanos tenemos que seguir aguantando sus reproches dialécticos, su infantiloide ‘batalla por el relato’ y su desvergonzado ‘y tú más’.

Su ego hipertrófico nos ha llevado a un callejón sin salida, un cul-de-sac que muchos dudamos que se abra después del 10N: la sentencia del procés, la crisis territorial, la ralentización de la economía, la reforma de las pensiones y la Seguridad Social, la financiación de las CCAA, las leyes progresistas que esperan en el cajón… ¿Les extraña que una parte del territorio se quiera marchar? Los españoles en bloque deberían reivindicar la independencia de sus políticos incompetentes e incapaces. En el mejor de los casos estaremos en una situación similar a la actual; en el peor, los tres partidos de la derecha sumarán y pactarán. Porque no tengan ninguna duda de ello: si PP, Cs y Vox suman, llegarán a un acuerdo para defender los intereses de aquellos a los que representan. Encarnan ustedes el fraude de la izquierda, son el eterno retorno devaluado del cainismo de los partidos de progreso que tanto ha marcado la historia de este país. Se lo recordó el señor Aitor Esteban, un político vasco nacionalista y conservador, en la fallida sesión de investidura, “el cielo se asalta nube a nube.”

Ustedes afirman representar a millones de ciudadanos, pero se pasan sus necesidades y sus expectativas por el forro. Nos han demostrado que les importamos muy poco, nada. Han obrado con la misma sensibilidad social con la que lo hizo el gobierno de Mariano Rajoy cuando aplicaba recortes atroces que afectaban a los sectores más vulnerables de la sociedad. Han actuado movidos por su falo acomplejado que busca aniquilar al enemigo, jugando a un estúpido juego de tronos, aconsejados por gurús de la estrategia política, agazapados en la Moncloa, pensando que son ustedes los garantes del purismo ideológico de izquierdas que puede despreciar la voluntad de millones de personas.

Nos da igual si ustedes se caen bien o no, si no se soportan. Hay necesidades sociales que están a la espera de su ridiculez adolescente. Nos importan un pepino sus doctorados, sus másteres, sus estrategias, su brillantez académica o discursiva porque han demostrado que les falta la más importante de las inteligencias: la emocional. No han sabido leer el momento histórico y social y saber lo que nos jugamos. Se han cargado el deseo de cambio y de pacto que los votantes de izquierdas les encomendaron el 28A, han secuestrado el voto de los ciudadanos y encima nos exigen un rescate. Argumentan que quieren cambiar las vidas de las personas, que pretenden la estabilidad del país. Las suyas sí han cambiado y nos dan la espalda desde un palacio de la Moncloa, desconectado de la realidad cotidiana de los españoles, y desde un acomodado chalet en la sierra desde donde han liquidado las ansias de transformación social del 15M. Y lo hacen con absoluta desfachatez. Para estos lodos, no hacían falta aquellos barros.

Si les parece que soy extremadamente dura en mis aseveraciones, piensen en los enfermos terminales que esperan la aprobación de una ley de eutanasia, en los mayores que esperan sus ayudas a la dependencia, en las personas desempleadas que esperan las políticas activas de empleo (esas que ustedes se disputan), en los trabajadores precarios que esperan una ley laboral más justa, en los pensionistas con bajas pensiones que esperan la derogación del copago farmacéutico, en las personas LGTBI que esperan la aprobación de la ley estatal que garantice sus derechos, en los estudiantes y profesores que esperamos una ley educativa que dé fin a los vaivenes legislativos de los últimos lustros.

Era imprescindible que ustedes dejaran de lado sus animadversiones personales y se pusieran a trabajar, para dar estabilidad y para mejorar (en la medida de lo posible, sin posiciones maximalistas) la vida de todos. Su indignidad política lleva a la incoherencia a los votantes de izquierdas que por responsabilidad (de la que ustedes carecen) debemos ir a votar de nuevo. Aquellos que reconocemos la lucha de nuestros mayores por la democracia nos tragaremos la náusea que su actitud nos provoca y volveremos a depositar la papeleta en la urna. Pero, ¿son conscientes del daño que han hecho a la democracia y a la conciencia política de los jóvenes de este país? Ya pueden ustedes dormir tranquilos.  

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe