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domingo, 30 de agosto de 2026

UN HOMBRE MEJOR

Tom (Anders Baasmo) es un hombre de mediana edad que tiene una vida vacía y anodina. De día trabaja en la tienda de su madre enferma y, por las noches, se dedica a navegar por Internet oculto detrás de varios perfiles anónimos. Escribe comentarios machistas y misóginos porque culpa a las mujeres de su insatisfacción vital. Como muchos, piensa que el feminismo ha ido demasiado lejos. Tiene como ejemplo a su vecino Audun (Jonas Strand Gravli), aparente paradigma de la nueva masculinidad, que disfruta de una baja por paternidad, mientras su mujer va a trabajar, y cuyos niveles de ansiedad observa por la mirilla de su puerta. Sobre todo, Tom está solo, aunque crea que ha encontrado el amor en una chica lituana que ha conocido por Internet. Cuando Tom se da cuenta del fraude que supone su relación virtual, desata su ira (aun más, si cabe) en las redes sociales y, una noche, amenaza con violar a una famosa cómica feminista llamada Live (Ingrid Glaever). Esta, por su relevancia pública, está acostumbrada a lidiar con mensajes insultantes, pero el aviso de Tom le preocupa hasta el punto de llegar al colapso. Ante tal desasosiego, decide hacer una denuncia pública en televisión sobre la situación que está sufriendo. El foco mediático provoca que unos hackers desvelen la identidad que hay detrás del seudónimo que Tom ha utilizado. De la noche a la mañana, una tormenta perfecta provoca que Tom pierda su anonimato y sea perseguido y cancelado. Es entonces cuando, ante la imposibilidad de suicidarse, huye, se esconde y se traviste de mujer. Tom se convierte en Berit y sufrirá en sus propias carnes lo que significa ser mujer. En esta disociación, empezará su auténtica transformación.

 

Este es el planteamiento de A Better man (Ølhunden Berit), una serie noruega de cuatro capítulos, que ha cosechado varios premios internacionales importantes como el CannesSeries. Dirigida por Gjyljeta Berisha y Thomas Torjussen, el guion profundiza lo suficiente en los personajes como para no caer en un maniqueísmo fácil. Su mérito radica en que se fija en la escala de grises, en que indaga en las motivaciones que llevan a los personajes a comportarse como lo hacen y en que se permite la ironía en situaciones tan delicadas, de manera que la historia resulta veraz, alejada de toda inverosimilitud. La caracterización es lo bastante compleja como para que el mensaje que lanza quede claro, pero sin recurrir a simplificaciones facilonas. ¿Por qué un hombre solitario acaba convirtiéndose en un incel y un trol en la machosfera? La trama presenta diferentes capas que abordan temas sumamente interesantes, que buscan generar debate y reflexión: el acoso brutal en redes que personajes públicos tienen que asumir por su relevancia, la cultura de la cancelación fundamentada en ideas que se convierten en dogmas, el papel social y familiar que desempeñamos hombres y mujeres en las sociedades occidentales contemporáneas, la significación silenciosa del porno que nos llega a través de Internet, la función que desempeñan los medios de comunicación, el machismo atroz y el feminismo redentor.

 

El final, que puede ser también un principio, desarma en su sencillez: tanto dolor, tanta soledad, tanta incomunicación solo pueden repararse en el encuentro con el otro, en el diálogo con los demás. No se la pierdan.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 


domingo, 19 de julio de 2026

LA GRAN CACERÍA

“Goethe no visitó la catedral de Monreale”. Así comienza la obra La gran cacería de Juan Mayorga. En ella un viajero insomne nos cuenta sus reflexiones en el viaje en barco desde Sicilia hacia el continente. La noche es larga, especialmente cuando no se puede conciliar el sueño. El viajero/autor nos interpela: “Y vosotros, dondequiera que estéis, ¿sabéis vosotros qué es lo que os quita el sueño?”

 

Poco a poco Mayorga, navegando por el Mare Nostrum, nos apunta lúcidas reflexiones acerca de lo que nos ha ido definiendo alrededor de este mar, cuna de civilizaciones, sepultura de sueños imposibles y “escenario de violencia”. Parte del Viaje a Italia de Goethe y de una reflexión del autor alemán treinta años después de su odisea. Su propósito es “relacionarse con las cosas sin ninguna intención”. ¿Aspiración utópica o meta imposible de cumplir? El viajero se pregunta qué quiso decir con eso. Voy más allá: ¿es posible relacionarse con las cosas sin ninguna intención? ¿Para nosotros, que somos seres cuyos deseos nos mantienen vivos? ¿Y con las personas?

 

La mente del viajero insomne, que no ha sido capaz de hablar con su hijo en unos cuantos días, vuelve una y otra vez a unos mosaicos que ha contemplado en su visita a la isla: los de la catedral de Monreale, que cuentan la historia del arca de Noé, evocación de los orígenes judeocristianos del continente que habitamos, y los de la villa romana de Casale. En esta, vio La pequeña cacería donde se representa la muerte de un jabalí que antes ha herido a uno de los cazadores. En esta escena aparecen otros animales muertos, lanceados (“Liebres, ciervos, jabalíes.”) Más allá se encuentra La gran cacería en la que, a diferencia de la otra, no aparecen animales muertos. En el centro, hay un barco que se suma al barco que lo transporta a él, al arca de Noé y al que llevó a Goethe a Sicilia hace más de doscientos años. Este representa la captura en África y Asia de fieras que se exhibirán en los anfiteatros del Imperio Romano. Esto conlleva el colonialismo imperialista: privación de libertad, muerte, explotación económica y de los recursos naturales… Todo para gloria del emperador. ¿De esto nos habla nuestra historia del arte? ¿De los orígenes colonizadores e imperialistas de Roma? ¿Por qué nos sorprendemos ahora del comportamiento arbitrario de los emperadores contemporáneos?

 

En La gran cacería hay una estampa que asalta al viajero insomne: “un hombre al que otro amenaza con un látigo”. ¿Son un funcionario y un esclavo? ¿Por qué tienen una expresión tan impasible? El espectador que nos habla lo asocia con el Duelo a garrotazos de Goya. Sin embargo, el cartel, en italiano y en inglés, explicaba que representaba una interrupción “al haber desobedecido un esclavo una orden”. ¿Qué precio tiene la desobediencia? En los campos de exterminio nazi, el látigo recibía el nombre de “traductor”.

 

La historia nos interpela una y otra vez y nos retorna a nuestra intrahistoria. El viajero insomne también recuerda cuando era niño y su padre lo llevaba todos los domingos a la Casa de Fieras, ese pequeño zoológico, casi inhabitable para los animales, situado en el Retiro de Madrid. Hoy se ha convertido en una biblioteca pública, la “Eugenio Trías” o “Casa de fieras”. Como el texto de la obra misma, la historia de Europa se teje en espiral (¿o en elipse que diría el propio Mayorga?). Y recuerda aquel oso enjaulado que caminaba de un lado a otro sin descanso, como su pensamiento que deambula por la noche de Europa. ¿Tenemos la habilidad de convertirlo todo en arte? ¿De estilizar la desgracia? ¿Es tan sencillo o absurdo como pintar un nadador dentro de una tumba? ¿Es este texto una mera reflexión culturalista sobre Europa o es un alegato ético para hacernos más conscientes de nuestros orígenes y de hacia dónde queremos dirigirnos? ¿Conseguiríamos dormir si supiésemos lo que nos quita el sueño? ¿Puede alguien dormir tranquilo?

 

Texto e interpretación: Juan Mayorga.

Una producción de Teatro del Barrio.


Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 12 de julio de 2026

LA ESCOPETA NACIONAL

La escopeta nacional de Luis García-Berlanga y Rafael Azcona ha sido adaptada al teatro por primera vez y estará en cartel en el Teatro Español de Madrid hasta el 26 de julio. La versión de Bernardo Sánchez Salas se mantiene fiel al original, con pequeños cambios, en un montaje dirigido por Juan Echanove, que se ha centrado en la dirección de actores. En él cuenta con diecinueve intérpretes, un amplio elenco que ya solo se puede disfrutar en los teatros públicos (de titularidad municipal este, no nacional).

 

Jaume Canivell (Pere Ponce) es un industrial catalán que fabrica porteros automáticos que pretende vender para las urbanizaciones de nueva construcción. Viaja a Madrid con su secretaria y amante Mercè Oriol (Marta Ribera) para asistir a una cacería pagada por él mismo en la finca Los Tejadillos, propiedad del marqués de Leguineche (Enrique Viana). La intención de Canivell es codearse con la alta sociedad para expandir su negocio. En ella conoce al ministro de Industria, Álvaro (Patxi Freytez), que será relevado de su cargo lo que obliga a Canivell a entablar amistad con el que será el nuevo ministro y su camarilla, del Opus Dei, también presente en la cacería. Los sobresaltos, los malentendidos y las situaciones absurdas de un humor ácido y esperpéntico se sucederán: la pareja presenciará la destrucción de una extravagante colección del marqués de Leguineche; el rapto de una actriz del destape, Vera del Bosque (Elisa Matilla) por parte del hijo onanista del marqués, Luis José (Javi Coll), ante los ojos de su mujer, Chus (Luisa Martín); tendrá que hacerse pasar por un productor de cine; ayudar a misa en la capilla de la finca al padre Calvo (Pedro Mari Sánchez); aceptar que se diga que la cacería la paga el marqués; o devolver un premio de bingo celebrado en la finca.

 

El ritmo sobre el escenario es trepidante, como la actualidad mediática, creando una sensación de irrealidad disparatada fácilmente reconocible, donde el abuso y la cara dura de los poderosos se asume con absoluta normalidad. La escena final dota a los perdedores, ese ingenuo burgués catalán y su secretaría y amante, que han pretendido mimetizarse con esa chusma que ejerce el poder al servicio de sus intereses, con esa aristocracia hueca, chabacana y superficial, de una dimensión humana que nos despierta la compasión cuando la careta cae. Jaume Canivell fue a por lana y volvió trasquilado. En fin, a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.  


La escopeta nacional es una sátira mordaz de las miserias, las corruptelas y los privilegios de clase de la sociedad tardofranquista. ¿Es una caricatura o es una muestra de la realidad? ¿Es el reflejo deformado de un espejo cóncavo o es la representación fidedigna de una sociedad podrida donde una clase dirigente, anclada en el pasado y en la victoria de la guerra, vive de forma hipócrita, por encima de sus posibilidades, abusando de la España que perdió la guerra? En realidad, da igual. La degeneración moral alcanza una cota tan alta que solo nos cabe la risa amarga y triste. Pero estos grandes de España la explotan y se aprovechan de ella, porque es suya y ejercen el derecho de pernada feudal sobre su madre patria. Como si de una ópera bufa se tratara, la música nos devuelve ecos que riman demasiado con el tiempo presente, a derecha y a izquierda. ¡Qué pena de país! ¡Qué calamidad nacional! En fin… Sí, sí, ¡viva La escopeta nacional!, no la prioridad nacional aunque, ¿qué tendrá esta que ver con aquella?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 28 de junio de 2026

EL JARDÍN QUEMADO

Qué duda cabe que el tiempo nos da lecciones a todos. Ante determinados hechos, parece que el paso del tiempo fuera imprescindible para su valoración acertada. ¿Realmente es así? ¿Podemos evaluar el pasado, con los ojos del presente, sin ningún temor a equivocarnos?

 

Juan Mayorga escribió El jardín quemado en 1997. Fue publicada en la revista Escena un año después. Sin embargo, no fue hasta 2009 cuando esta obra se estrenó en el Txaika Teatro de Bilbao. Esto significa que Mayorga empezó a reflexionar sobre la memoria histórica cuando en España casi nadie hablaba de ella. Sin duda, este es uno de los temas importantes que vertebran su obra, como podemos leer en Himmelweg, La tortuga de Darwin o El cartógrafo. En ella, nos interroga sobre la dificultad de interpretar el pasado. “Mi teatro no busca reconstruir el pasado, sino un combate entre pasado y presente”. Y así el espectador vivirá esta lucha interna durante la representación.

 

Los humanos somos animales que miramos hacia atrás para relatarnos, para interpretarnos y darnos sentido. El propio Mayorga está revisitando obras suyas del pasado; alguna, como esta, de sus inicios. En la obra inicial Benet y Garay eran personajes masculinos. ¿Falta de creatividad? Lo dudo. ¿Falta de ideas nuevas? Quizás. ¿Será porque es consciente de que se hace mayor? ¿Será porque en algún examen de Selectividad se habla de él como un autor fallecido? ¿Será porque la experiencia de los años puede enriquecer obras del pasado y dotarlas de mayor profundidad? ¿Será porque concibe el corpus de su obra como un todo, como el matrimonio de La colección?

 

La doctora Benet (Loreto Mauleón) acude al sanatorio de San Miguel, situado en una isla, con el pretexto de realizar un estudio sobre cómo la doctora Garay (Adriana Ozores) ha dirigido este centro psiquiátrico durante cuatro décadas. En la nueva versión, se eliminan todas las alusiones a España, al régimen franquista y a la transición, porque no son ya necesarias. Sin embargo, la joven Benet pretende ajustar cuentas y pedir explicaciones sobre cómo la veterana Garay se comportó durante la guerra civil que sacudió la isla. Para ello, quiere contar con el testimonio de los enfermos del sanatorio: un grupo de personajes beckettianos suspendidos en el tiempo y en la memoria. ¿Será que a veces el olvido es la única posibilidad para la supervivencia? ¿O la locura? ¿Una nave de poetas puede convertirse en una nave de los locos?

 

Calatrava (Jesús Barranco) es un anciano absorto que saluda al público y canta ópera; Oswaldo, un afable adiestrador de perros imaginarios; Pepe (Mariano Llorente) y su siamés Néstor (el propio Barranco) juegan una partida de ajedrez eterna sobre un tablero invisible, recordándonos a Reikiavik; y, por último, el misterioso Cal (Miguel Hermoso) que dice ser el poeta Blas Ferrater, autor de “Entre naranjos” y que los fascistas hicieron desaparecer (imposible no pensar en García Lorca). Poco a poco, Benet se va dando cuenta de que “salvarlos” no será tan fácil y encontrar una explicación unívoca y cerrada del pasado, menos aún. “Deje a los muertos enterrados” resultará una sentencia tan dolorosa como inquietante. ¿Qué hay en ese jardín quemado?

 

A pesar de todo, la luz se irá colando poco a poco por las rendijas de una escenografía sugerente (Elisa Sanz), con ecos de Buero Vallejo, para colocarnos delante de nuestras contradicciones, para preguntarnos por la certeza de nuestras ideas y creencias. Frente a la dialéctica entre olvido y memoria, se encuentran las víctimas atrapadas en un jardín hecho cenizas, metonimia de España, y sus cicatrices que se hacen palpables en el personaje del Hombre Estatua (de nuevo, Barranco), que permite al autor dotar a la obra de una estructura circular con sentido: “Esas aguas no engañan: la cicatriz es más fuerte cada día”.

 

Begoña Chorques Fuster 

Profesora que escribe

 


 

domingo, 31 de mayo de 2026

SOBRE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Quiero que la tesis de este artículo quede bien clara desde el principio: en España a nadie le importa la educación. También quiero que quede fuera de toda duda mi apoyo a los colegas y compañeros que están secundando la huelga indefinida en el País Valencià desde hace casi tres semanas, así como mi compromiso personal y laboral con la enseñanza pública. Sé que la primera afirmación es incómoda, pero tenemos que reconocer todos los ciudadanos, incluidos los docentes, que cuando votamos nunca pensamos en lo que dicen los programas electorales de los partidos políticos sobre la educación. Otro dato significativo de esta desafección social hacia la educación es la escasa repercusión mediática que ha tenido hasta ahora esta movilización histórica. Desde hace más de veinticinco años (el tiempo que llevo en este oficio), he visto y he vivido cómo los partidos políticos han utilizado el sistema educativo como un arma política e ideológica –no negaré el componente ideológico que todo modelo educativo tiene– con la cual han buscado el enfrentamiento con las diferentes leyes orgánicas aprobadas: la condición de evaluable de la asignatura de religión, la digitalización, el mal llamado modelo bilingüe y trilingüe con el inglés, el pin parental, la libertad para elegir centro educativo, la gratuidad de libros de texto y de la educación –da igual si los centros son públicos, concertados o privados. No son estos asuntos menores pero, mientras la discusión se centraba en estos temas, otros, tan importantes o más, han quedado en segundo plano: la creciente complejidad de las aulas, la integración del alumnado inmigrante, la salud mental de alumnado y profesorado, la ratio de alumnos por aula, la atención a la diversidad, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores docentes, la burocratización de la labor educativa, la carga horaria del profesorado, el tratamiento de los idiomas propios como lengua vehicular… y alguna más que podrán apuntar los docentes que lean estas rayas. Todo eso, unido a los severos recortes que vivimos con la crisis de 2008 –hay comunidades autónomas que todavía no han revertido aquellos retrocesos, como la de Madrid, en la cual trabajo y donde continuamos a 19 y 20 horas lectivas en Secundaria– han hecho que esta profesión deje de tener atractivo y que comencemos a encontrar especialidades donde hay falta de personal. No es suficiente con decir que se trata de un trabajo vocacional y que la falta de recursos se compensa con la dedicación altruista de los docentes con horas extra no remuneradas, porque la fuerza física y mental de los docentes tiene un límite. Además, tenemos en nuestras manos un tesoro tan valioso como es los niños y los adolescentes que serán la sociedad del futuro. Atenderlos como se debe, cuidando de sus necesidades individuales, es cada vez más difícil por la falta de recursos humanos. La sensación de no llegar a lo importante mientras resolvemos lo urgente es generalizada en todos los docentes, especialmente en los que trabajan en centros con alumnado con dificultades socio-económicas. Además, la escuela pública (e, incluso, la concertada) que surgió en la década de los años 80 con los primeros gobiernos democráticos socialistas fue una escuela que actuó como ascensor social de mejora de las condiciones del alumnado nacido en familias más humildes. Muchos de los que ahora trabajamos en la enseñanza pública somos ejemplo de ello. Desgraciadamente, desde hace más de una década, este ascensor se ha estropeado y, hoy en día, el poder adquisitivo de los padres y su nivel de estudios es fundamental para medir las posibilidades de éxito académico de los hijos. Por eso, nos jugamos todos mucho en esta huelga. Está por decidir la escuela que queremos en la próxima década y hacia dónde queremos poner la mirada: una educación mercantilizada que persigue el rédito político y económico o centros educativos que busquen el desarrollo y el bienestar de las personitas que crecen y se educan en ellos. Muchas gracias, compañeros valencianos, por vuestra valentía y determinación y también por vuestro ejemplo. Vuestra victoria será la de todos los docentes y la de nuestro alumnado. ¡Ánimo y fuerza!

 

Begoña Chorques Fuster 

Profesora que escribe

CAJA DE RESISTENCIA: https://cadpv.org/caixa-de-resistencia 

 


   

  

domingo, 24 de mayo de 2026

TRAVY

Trabajar con la familia puede tener sus inconvenientes. Dedicarse a la misma profesión que los padres puede suponer una responsabilidad difícil de sobrellevar. Sin embargo, Oriol Pla Solina ha decidido en Travy hablarnos del oficio de comediante, de cómo este ha ido cambiando y ha decidido hacerlo en familia. La familia Travy es la familia Pla-Solina, formada por los padres, Quimet Pla, fundador de la compañía Els Comediants en los años 70, y Núria Solina, violinista y pionera del teatro de calle en Picatrons o los Germans Poltrona, junto a Diana Pla, actriz y bailarina, y Oriol Pla, que ha protagonizado la serie Yo, adicto y que firma el texto junto a Pau Matas. Los dos hermanos empezaron a participar en los espectáculos de sus padres, cuando formaron en 1996 la compañía Teatre Tot Terreny. Con todo esto, Oriol Pla se propone escribir y montar una obra de teatro para hablarnos del eterno conflicto entre el teatro de vanguardia y el teatro anclado en la tradición, y de lo que supone formar parte de una familia de cómicos. El planteamiento puede parecer sencillo, pero el resultado es pura magia y poesía.

 

Travy ha vuelto al Teatro de la Abadía después del éxito cosechado la temporada pasada. La obra empieza en la entrada misma al teatro que se realiza por la parte posterior, entre bastidores, recorriendo la parte trasera del escenario hasta llegar a este… Para ello, contaremos con la guía de los utileros para así reivindicar todos los oficios que necesita una obra para llegar al estreno. Pero, ¿de qué va exactamente Travy? De todo y de nada. La obra se asoma a un mundo que está desapareciendo, el de los payasos de antaño, que nos sirve como metáfora de la muerte, como esa misteriosa y simbólica sandía, que carga el patriarca de la familia y que se abre al final para mostrarnos su significado.

 

Oriol Pla rinde homenaje al arte del clown y el mimo en la primera escena de la obra, en la que nos retrata, de forma sutil y magistral, los tiempos de velocidad que vivimos, al ritmo frenético de la Suite española, nº 1 Op. 47: Asturias de Isaac Albéniz, emulando a Charles Chaplin en Tiempos modernos. A veces, es necesario detenerse para apreciar y contemplar ese mundo en peligro de extinción, ¿o no? A continuación, alrededor de la mesa, nos encontraremos a unos padres que se preguntan si continúan haciendo gracia, para llegar a la conclusión de que no. La muerte no tiene gracia, aunque de vez en cuando hagamos lo posible por reírnos de ella. Aunque tampoco debería ser ningún drama, ni causarnos tanto miedo.

 

Los cuatro, entre rebanadas de pa amb tomaca, debatirán sobre lo que debería ser esa obra familiar, en un juego metateatral que se va liando como una madeja de ingenio y agudeza, y que nos permitirá presenciar la misma escena con el mismo tropezón de Oriol de la misma pierna con la misma silla hasta tres veces. ¿Qué es la vida sino repetición? Repetición hasta que se acaba, como la del recién desaparecido payaso Sivartini que ha muerto. “¿De qué? De repente”. Entonces “improvisarán” una escena, a la manera insustituible de este clown, mezclando el italiano, el castellano y el catalán. Por cierto, la obra combina el catalán y el castellano sin conflicto alguno. Los cuatro acabarán confesando que ninguno de ellos conocía la obra de este juglar ya inmortal, pero no pasa nada. Como tampoco parece importar que no se pongan de acuerdo las dos generaciones de los Travy en la obra que proyectan: la madre quiere hacer un pasacalles, lleno de música, mientras Diana quiere romper los límites de la danza y la expresión corporal con una propuesta “a su manera”, aunque acabará convertida en una especie de luchadora mexicana o Pussy Riot. El padre, como juglar, considera que deben ser fieles a la tradición y ve necesario incluir una escena dramática que contenga los grandes temas de la literatura clásica. Gracias a una secuencia sublime en su sencillez, descubriremos el companaje óptimo que pueden formar el monólogo de Hamlet de Shakespeare, declamado por un payaso viejo y decadente, y la elaboración de una tortilla a la francesa con pan a la catalana. Percibiremos hasta el olor, como el cigarrillo que se fuma Núria, porque el teatro también huele.

 

En medio de este batiburrillo perfectamente amalgamado, Oriol se desespera porque no es capaz de poner riendas a la creatividad de su familia y piensa que están haciendo el ridículo. Lo que no sabe el Oriol personaje es que en medio de todos estos sketches, algunos de ellos descacharrantes, emerge el auténtico sentido de la obra, del teatro, de la vida. ¿O no? ¿Quién sabe? Porque “no todo el mundo sabe hacer el ridículo”.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

 

 

domingo, 17 de mayo de 2026

THE BOOK OF BEGOÑA

Pero, bueno, guapa, ¡qué egocéntrico te ha quedado el título! Lo sé pero, ¿qué quieres que le haga? Vivimos unos tiempos muy narcisistas donde cada cual se monta su propio musical del que es protagonista absoluto. Ya ves, soy una mezcla de la formalidad de Elder Price y la fantasía de Elder Cunnigham, y por eso, me invento la realidad en esta columna que, además, es lo que se lleva ahora. Atrás quedaron los tiempos del tractor amarillo. A ver, si se flipa Juan José Millás, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Y así, jugando a ser escritora, cuando en realidad solo soy una profesora de Literatura, ya me he pulido dos años en el Cervantes. Pero sigo cantando el Dancing Queen, calle Embajadores abajo al caer la tarde. ¡Ay, no! Que esta no va en este musical… ¿Sabes qué te digo? Que es mi obra de teatro y hago con ella lo que me da la gana. Ahora mismo voy a poner a mis papilomas a bailar un twist antes de decirles adiós…

 

Y, ¿tú crees que esto interesará a la gente? Yo creo que sí, aunque en realidad no importa. Somos felices montándonos nuestra propia película; mira a las Ayusos y los Abascales que viven en una realidad paralela, que no les vale que un irreverente Jesucristo Superestar les diga que están alucinando mazo. Lo importante es consumir, y gastar, e imaginarse un universo paralelo donde cada uno se puede crear su mundo chupi-guay de ficción y tomarse sus cañas. De cañas, no, que me sale barriga cervecera y me zampo las tapas de todo Dios y Emilio me riñe y se ríe de mí… ¡Viva San Isidro labrador!

 

Y, ¿cómo te propones llegar a los demás? Pues nada, me pondré una camisa blanca y un pantalón negro e iré de puerta en puerta llamando al timbre. Con mi sonrisa Profident les cantaré un hilarante ¿Qué tal? y les anunciaré que he venido a hablar de mi libro. Pero… ¿tú crees que colará? Posiblemente no, pero, como te decía más arriba, ¿tiene acaso esa nimiedad alguna relevancia…? (Tono solemne en la música).

 

Me parece que se te está yendo la olla… Ni que lo digas, pero aún no has visto lo peor. Justo ahora llega el momento en que entono el Hasa Diga Eebowai, que lleva sonándome mal toda la vida y que es inventado como todo lo demás… Pero sí, llega el momento en que todos nos cagamos en Dios (con perdón). Ni Hakuna Matata ni hostias, que mientras nos flipamos que te cagas, el mundo se nos va literalmente a la mierda… ¿Qué ocultas motivaciones crees que utilizan las religiones para entrar en las conciencias de las personas y controlar sus mentes y sus comportamientos…? What the fuck?! Déjate de rollos y sumerjámonos en El espeluznante sueño del infierno mormón (Spooky Mormon Hell Dream) y vamos a divertirnos de lo lindo… Que nos quiten lo follado… uy, perdón, lo bailado…

 

Te estás pasando con esta columna… No te digo yo que no, pero si lo ves muy mal, Apágalo (Turn it off) y aleja de nosotros el fantasma de la homosexualidad. ¡Pero si eso es muy antiguo, mujer! Lo que se lleva ahora es ser maricón ultraconservador… (Oxímoron conceptista) ¡¿Qué me estás conteiner?! ¡Amén, Jesús! (Santiguándose.) Pues, entonces, agarremos fuerte nuestro libro, alcemos los ojos al cielo y cantemos todos juntos, Creo en Dios (I believe). (Por el fondo, un hombre de color asoma, se coloca frente al público y canta:) ¡Tengo chinches en los huevos…! (Silencio.) ¿Y el coño? ¿Y la candidiasis? ¿Qué pasa con nosotras? (Fundido a negro. Ay, perdón, cae el telón.)

 

Begoña Chorques Fuster 

Profesora que escribe

 


 

domingo, 10 de mayo de 2026

TEORÍA KING KONG

“El feminismo es…  una revolución que ha comenzado. Una visión del mundo, una opción”. Así termina el ensayo Teoría King Kong de Virginie Despentes que ha pasado por el Teatro de la Abadía de Madrid después de dos años de representaciones en catalán, la lengua original de esta adaptación hecha por Maria Àngels Cabré, a partir de la traducción del francés de Paul. B Preciado, y que ha sido dirigida por Isis Martín de la compañía La Virguería. 

 

Teoría King Kong, “una patada punk para echar abajo los cimientos del patriarcado”, fue publicado hace dos décadas y traducido al castellano y al catalán en 2018. Es este un texto emblemático de la cuarta ola del feminismo que tiene la facultad de cuestionar los cimientos de nuestra sociedad y de nuestras mentes.

 

Una solitaria Mari Pau Pigem aborda el escenario una vez que todos los espectadores hemos ocupado nuestros asientos. Mientras, ha esperado pacientemente a que entráramos, sentada en una butaca del extremo de la primera fila. Nos observa invistiéndose de la mirada de Virginie Despentes, a quien encarnará en unos pocos minutos, sabedora del terremoto que está a punto de provocar y experimentar en su propio cuerpo, a golpe de martillo, para hacer emerger el sustrato que impregna y alimenta nuestro modo de ver el mundo.

 

Empieza potente y directa: “Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica”. Y se define como más King Kong que Kate Moss”. De hecho, afirma que su virilidad la ha salvado y la ha ayudado a desenvolverse en esta nuestra sociedad patriarcal. Teoría King Kong cuestiona los cimientos del patriarcado y nos coloca un espejo enfrente para que veamos reflejadas nuestras creencias y pensamientos acerca de la violencia hacia las mujeres, el machismo, el porno, la lucha de clases o la prostitución, para que no salgamos indemnes del texto con el que nos asalta y experimentemos nuestras propias contradicciones. El poder sísmico de este ensayo salvaje e irreverenteradica en que Despentes nos habla desde su propia experiencia y no busca sentar cátedra, a pesar de sus afirmaciones radicales, sino cuestionar nuestros raíces más profundas.

 

Despentes nos relata que fue violada en grupo cuando tenía diecisiete años. Y nos explica cómo procesó la experiencia desde entonces: la sociedad degrada y silencia a las mujeres que son víctimas de agresiones sexuales. Recuerdo un titular periodístico de hace unas semanas: la totalidad de las mujeres que denunciaron una violación se arrepienten de haberlo hecho. ¿Por qué? Por la tortura y la duda a las que las somete el sistema constantemente. Las/nos revictimiza. “Después de la violación, la única actitud tolerada es la violencia contra una misma.” Y así expone, con un lenguaje casi quirúrgico, cómo ejerció la prostitución de forma voluntaria durante dos años aproximadamente. Y nos habla de los puteros. Y nos sorprende lo que nos dice de ellos. Y nos explica cómo convertirse en escritora fue para ella otra manera de ejercer la prostitución. Pero todo esto no nos lo cuenta para autocompadecerse, sino para elaborar un discurso político que sea capaz de cambiar nuestra manera de estar en la Tierra.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 19 de abril de 2026

EL ESCONDIDO Y LA TAPADA

Si escribo el nombre de Calderón de la Barca, nos vienen a la cabeza las obras cumbre del mejor discípulo de Lope de Vega, obras intensas y filosóficas donde el conflicto humano está a flor de piel. La vida es sueño, El alcalde de Zalamea, El médico de su honra o El gran teatro del mundo son imprescindibles en cualquier acercamiento al gran dramaturgo del Siglo de Oro español. Sin embargo, hay una vis cómica en algunas obras de Calderón que debemos descubrir y reivindicar. Con acierto la CNTC ha decidido poner en cartel El escondido y la tapada (1636) esta temporada de la mano de la Joven Compañía de Teatro Clásico, que ya va por su séptima promoción.

 

Samuel Arribas, Jordan Blasco, Luis Espacio, Laura Ferrer, Zoe da Fonte, Diego Garisa, Belén Landaluce, Julio Montañana Hidalgo, Gabriel de Mulder, Anna Nácher, Andrea Real y Andrea Santos forman el elenco coral sobresaliente que da vida a los personajes de esta comedia de enredo fresca y divertida, donde priman las entradas y salidas de personajes de escena, los embustes y malentendidos, algún que otro asesinato accidental y un relativismo moral casi posmoderno en la concepción de ese rígido código de honor que prevalecía en el Barroco. Estos doce jóvenes actores y actrices ponen toda la carne en el asador para declamar, de forma clara y accesible, la respetuosa adaptación de Carolina África, que reafirma el papel de las mujeres como motor de la acción. La dirección del montaje está a cargo de Beatriz Argüello que demuestra una vez más que, aparte de interpretar, sabe dirigir actores. El resultado es una obra divertida donde el público goza de una comedia de capa y espada que nos descubre a otro Calderón, el de Casa con dos puerta mala es de guardar o La dama duende. Será que hasta los más serios y graves ven necesario reírse de vez en cuando…

 

César (Sam Arribas) vuelve a Madrid acompañado de su criado, Mosquito (Julio Montañana). Es perseguido por la justicia porque mató a un hombre, que resultó ser el hermano de su enamorada Lisarda (Belén Landaluce). Se ha atrevido a viajar porque Celia (Zoe da Fonte), su otra enamorada, le ha escrito una carta asegurándole que puede ocultarse en su casa, ya que su hermano Félix (Luis Espacio) se encuentra en Italia en una campaña militar. Celia pretende esconder a su pretendiente detrás de un espejo, que en realidad es una puerta que conduce a una habitación oculta. Todo se empieza a complicar cuando Félix regresa de forma inesperada, celoso de la honra de su hermana. Criado y amo, César y Mosquito, acaban encerrados en la cámara secreta cuando Félix y Celia tienen que abandonar la casa por una serie de sobresaltos y vicisitudes. La situación se complica más cuando es Lisarda la que acaba ocupando esa casa que, a su vez, es pretendida por Juan (Gabriel de Mulder) y su padre, don Diego (Jordan Blasco) la ha prometido con él para contraer matrimonio de forma inminente. ¡Vaya lío!

 

El marco es urbano, el Madrid a oscuras del siglo XVII. La escenografía de Alessio Meloni, creada con unos módulos que mueven los propios actores, simulan a la perfección las diferentes estancias y nos muestran, de una forma muy plástica, los cambios de habitación. El vestuario de Ikerne Giménez pone la guinda a un montaje donde se juega con los convencionalismos sociales, el ocultamiento y el descubrimiento de las identidades, el honor y las apariencias… Un Calderón divertido y juguetón que se lo pasa bien manejando a la perfección los mecanismos de la comedia de enredo que conoce al milímetro. Pasen y rían.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

 

 

domingo, 22 de marzo de 2026

NI FLORES, NI FUNERAL, NI CENIZAS, NI TANTÁN

Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán de María Goiricelaya ha pasado por el Teatro de la Abadía de Madrid, después de haber sido representada en numerosas ciudades desde enero de 2025. El 26 de febrero de 2026, la función tuvo lugar en su lengua original, el euskera. Este montaje de La Dramática Errante trata los temas de la enfermedad, los cuidados paliativos y la muerte. La obra cuenta la historia de un padre (Patxo Telleria) que ha de enfrentarse, de forma inesperada, a un diagnóstico de cáncer que le llevará a la muerte. Decide hacer el camino de Santiago junto a su hija (Ane Pikaza) a modo de despedida. En sus mochilas, cargarán con la rabia, el miedo, el rechazo y el dolor. No obstante, padre e hija se embarcan en una aventura en la que encuentran personajes diversos con los que acaban formando un grupo variopinto. En el trayecto, ambos deberán asumir la finitud como parte del camino de la vida que cobrará un nuevo significado. Aquellos que hayan hecho el camino se identificarán ante determinados episodios. Lo previsible se convierte en sorprendente ante un final inesperado al que nos conduce un giro de guion que no prevemos.

 

Estos temas sociales y existenciales son abordados con humor y desparpajo, creando escenas donde se entrelazan las sentencias graves (incluso filosóficas) con los chistes leves. La interpretación de los actores se mezcla con recursos audiovisuales dando lugar a un desdoblamiento de la escena que causa una sensación de extrañeza en el espectador. ¿Quizás se pretende que experimentemos esa impresión de alienación que todos hemos sentido ante hechos trascendentales en nuestra vida, ante la muerte o la enfermedad de alguien próximo?

 

El título de la obra corresponde a una frase del tío de Ane Pikaza, actriz y cofundadora de la compañía teatral, que repitió desde que enfermó hasta que murió. La estructura de la obra en escenas breves da la impresión de que profundiza poco en la tragedia. Sin embargo, opino que se hace de forma deliberada. Para entender el buen morir, es fundamental haber llevado a la práctica el buen vivir, siendo conscientes del fin que nos espera. Pasamos la mayor parte de nuestra existencia viviendo de espaldas a la muerte, como si fuéramos inmortales o el asunto no fuera con nosotros, instalados en la superficialidad. Sin embargo, cuando nuestro mundo se detiene para iniciar la demolición definitiva quisiéramos que la tragedia desgarrara el mundo en canal. Quizás morirse no es ningún drama, solo la consecuencia natural de haber vivido, el hecho biológico al que estamos abocados. Somos materia que se sueña eterna. Sin embargo, lo real es que un día hemos de despertar ante nuestra extinción. Qué difícil es hacerlo sin melodrama. Qué imponente sería seguir riéndonos de la parca, esperando a esta misteriosa dama “a la porta del tanatori”, como decía mi querido amigo Ignasi Riera, que en paz descanse, cuando ya sabía que su final se acercaba. Que descanse(n).

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe