Pero, bueno, guapa, ¡qué egocéntrico te ha quedado el título! Lo sé pero, ¿qué quieres que le haga? Vivimos unos tiempos muy narcisistas donde cada cual se monta su propio musical del que es protagonista absoluto. Ya ves, soy una mezcla de la formalidad de Elder Price y la fantasía de Elder Cunnigham, y por eso, me invento la realidad en esta columna que, además, es lo que se lleva ahora. Atrás quedaron los tiempos del tractor amarillo. A ver, si se flipa Juan José Millás, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Y así, jugando a ser escritora, cuando en realidad solo soy una profesora de Literatura, ya me he pulido dos años en el Cervantes. Pero sigo cantando el Dancing Queen, calle Embajadores abajo al caer la tarde. ¡Ay, no! Que esta no va en este musical… ¿Sabes qué te digo? Que es mi obra de teatro y hago con ella lo que me da la gana. Ahora mismo voy a poner a mis papilomas a bailar un twist antes de decirles adiós…
Y, ¿tú crees que esto interesará a la gente? Yo creo que sí, aunque en realidad no importa. Somos felices montándonos nuestra propia película; mira a las Ayusos y los Abascales que viven en una realidad paralela, que no les vale que un irreverente Jesucristo Superestar les diga que están alucinando mazo. Lo importante es consumir, y gastar, e imaginarse un universo paralelo donde cada uno se puede crear su mundo chupi-guay de ficción y tomarse sus cañas. De cañas, no, que me sale barriga cervecera y me zampo las tapas de todo Dios y Emilio me riñe y se ríe de mí… ¡Viva San Isidro labrador!
Y, ¿cómo te propones llegar a los demás? Pues nada, me pondré una camisa blanca y un pantalón negro e iré de puerta en puerta llamando al timbre. Con mi sonrisa Profident les cantaré un hilarante ¿Qué tal? y les anunciaré que he venido a hablar de mi libro. Pero… ¿tú crees que colará? Posiblemente no, pero, como te decía más arriba, ¿tiene acaso esa nimiedad alguna relevancia…? (Tono solemne en la música).
Me parece que se te está yendo la olla… Ni que lo digas, pero aún no has visto lo peor. Justo ahora llega el momento en que entono el Hasa Diga Eebowai, que lleva sonándome mal toda la vida y que es inventado como todo lo demás… Pero sí, llega el momento en que todos nos cagamos en Dios (con perdón). Ni Hakuna Matata ni hostias, que mientras nos flipamos que te cagas, el mundo se nos va literalmente a la mierda… ¿Qué ocultas motivaciones crees que utilizan las religiones para entrar en las conciencias de las personas y controlar sus mentes y sus comportamientos…? What the fuck?! Déjate de rollos y sumerjámonos en El espeluznante sueño del infierno mormón (Spooky Mormon Hell Dream) y vamos a divertirnos de lo lindo… Que nos quiten lo follado… uy, perdón, lo bailado…
Te estás pasando con esta columna… No te digo yo que no, pero si lo ves muy mal, Apágalo (Turn it off) y aleja de nosotros el fantasma de la homosexualidad. ¡Pero si eso es muy antiguo, mujer! Lo que se lleva ahora es ser maricón ultraconservador… (Oxímoron conceptista) ¡¿Qué me estás conteiner?! ¡Amén, Jesús! (Santiguándose.) Pues, entonces, agarremos fuerte nuestro libro, alcemos los ojos al cielo y cantemos todos juntos, Creo en Dios (I believe). (Por el fondo, un hombre de color asoma, se coloca frente al público y canta:) ¡Tengo chinches en los huevos…! (Silencio.) ¿Y el coño? ¿Y la candidiasis? ¿Qué pasa con nosotras? (Fundido a negro. Ay, perdón, cae el telón.)
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
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