domingo, 22 de marzo de 2026

NI FLORES, NI FUNERAL, NI CENIZAS, NI TANTÁN

Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán de María Goiricelaya ha pasado por el Teatro de la Abadía de Madrid, después de haber sido representada en numerosas ciudades desde enero de 2025. El 26 de febrero de 2026, la función tuvo lugar en su lengua original, el euskera. Este montaje de La Dramática Errante trata los temas de la enfermedad, los cuidados paliativos y la muerte. La obra cuenta la historia de un padre (Patxo Telleria) que ha de enfrentarse, de forma inesperada, a un diagnóstico de cáncer que le llevará a la muerte. Decide hacer el camino de Santiago junto a su hija (Ane Pikaza) a modo de despedida. En sus mochilas, cargarán con la rabia, el miedo, el rechazo y el dolor. No obstante, padre e hija se embarcan en una aventura en la que encuentran personajes diversos con los que acaban formando un grupo variopinto. En el trayecto, ambos deberán asumir la finitud como parte del camino de la vida que cobrará un nuevo significado. Aquellos que hayan hecho el camino se identificarán ante determinados episodios. Lo previsible se convierte en sorprendente ante un final inesperado al que nos conduce un giro de guion que no prevemos.

 

Estos temas sociales y existenciales son abordados con humor y desparpajo, creando escenas donde se entrelazan las sentencias graves (incluso filosóficas) con los chistes leves. La interpretación de los actores se mezcla con recursos audiovisuales dando lugar a un desdoblamiento de la escena que causa una sensación de extrañeza en el espectador. ¿Quizás se pretende que experimentemos esa impresión de alienación que todos hemos sentido ante hechos trascendentales en nuestra vida, ante la muerte o la enfermedad de alguien próximo?

 

El título de la obra corresponde a una frase del tío de Ane Pikaza, actriz y cofundadora de la compañía teatral, que repitió desde que enfermó hasta que murió. La estructura de la obra en escenas breves da la impresión de que profundiza poco en la tragedia. Sin embargo, opino que se hace de forma deliberada. Para entender el buen morir, es fundamental haber llevado a la práctica el buen vivir, siendo conscientes del fin que nos espera. Pasamos la mayor parte de nuestra existencia viviendo de espaldas a la muerte, como si fuéramos inmortales o el asunto no fuera con nosotros, instalados en la superficialidad. Sin embargo, cuando nuestro mundo se detiene para iniciar la demolición definitiva quisiéramos que la tragedia desgarrara el mundo en canal. Quizás morirse no es ningún drama, solo la consecuencia natural de haber vivido, el hecho biológico al que estamos abocados. Somos materia que se sueña eterna. Sin embargo, lo real es que un día hemos de despertar ante nuestra extinción. Qué difícil es hacerlo sin melodrama. Qué imponente sería seguir riéndonos de la parca, esperando a esta misteriosa dama “a la porta del tanatori”, como decía mi querido amigo Ignasi Riera, que en paz descanse, cuando ya sabía que su final se acercaba. Que descanse(n).

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 15 de marzo de 2026

LA ÚLTIMA NOCHE CON MI HERMANO

En la cartelera teatral madrileña, coinciden varios montajes cuyo eje temático es la muerte. El tratamiento de la cuestión (la gran cuestión) es distinta en todos ellos. Alfredo Sanzol nos presenta en el Teatro María Guerrero La última noche con mi hermano, un drama con el que sigue profundizando en su biografía y sus circunstancias como materia dramática. Lo cierto es que consigue una propuesta sólida y compacta a la altura de El bar que se tragó a todos los españoles (Teatro Valle-Inclán, 2021), donde nos contaba la vida de inmigrante de su padre ex cura, símbolo de la generación de posguerra que luchó tanto para salir adelante. Con la trilogía desigual de La ternura (Teatro de la Abadía, 2017), obra magistral; La respiración (Teatro de la Abadía, 2016), donde se acercaba a las rupturas matrimoniales desde la suya propia, ya con Nuria Mencía como protagonista; y La valentía (Teatro Pavón Kamikaze, 2018), una divertida historia de fantasmas que indagaba en la herencia familiar, este navarro puso su nombre entre los principales de la escena española hasta llegar a la dirección del Centro Dramático Nacional.

 

La última noche con mi hermano nos presenta el duelo por un hermano, uno de los menos acompañados socialmente según el autor. Nagore (Nuria Mencía) se dirige al público en el prólogo para anunciarnos el final sin ambages: morirá a una edad temprana de un cáncer ginecológico. A pesar de conocer el fatal desenlace, la historia discurre entre la esperanza y los sentimientos encontrados de rabia e impotencia, junto a la parálisis y el bloqueo emocional. Nagore tiene un hermano con el que mantiene una relación de auténtica fraternidad, Alberto (Jesús Noguero). Este comparte su vida con Ainhoa (Elisabet Gelabert); cada uno ha aportado a la familia un vástago de una relación anterior: Oier (Biel Montoro) es hijo de Ainhoa y Nahia (Ariadna Llobet), de Alberto. Los cuatro, junto a la tía Nagore, forman un círculo unido y sólido que se verá puesto a prueba frente a una situación vital extrema donde no se dejan de lado el humor y el optimismo.

 

Pero sabemos que no todas las relaciones entre hermanos son tan estrechas. Algunas se caracterizan por la distancia, la frialdad y el desapego. Ainhoa tiene un hermano, Claudio (Cristóbal Suárez), médico oncólogo, con el que no habla desde hace cinco años. Sin embargo, no dudarán en pedirle ayuda para el proceso que Nagore empieza tras el diagnóstico de su enfermedad. Aquí se apunta a una herida familiar, que no se revela completamente, dejando al espectador un hueco que debe llenar con su imaginación o su experiencia.

 

Este es el asunto que se nos plantea y que, a través de un trabajo actoral sólido y compacto también, se nos van desvelando matices de un drama que trata de mostrarnos todos los vaivenes emocionales por los que se atraviesa en una situación semejante, tanto la persona afectada como su círculo más cercano. La interpretación medida y sostenida de Jesús Noguero permite que Nuria Mencía desborde todos los tonos que una persona que está al borde de la muerte experimenta: miedo, ira, optimismo, agotamiento, esperanza...

 

La escenografía de Blanca Añón se asocia de forma activa a todo lo apuntado. El apartamento contiene los detalles necesarios para crear un espacio que el espectador acaba haciendo propio pero que, sin embargo, se abre a la transformación para convertirse en una habitación de hospital o en otros pisos. La presencia de determinados objetos cotidianos (una tetera, unos cruasanes, un quita pelusas eléctrico…) acabará adquiriendo un significado insospechado que nos devolverá la imagen de nuestros cachivaches cotidianos. En el fondo, una elocuente y enorme grieta traspasa el escenario de lado a lado, permitiendo ver un bosque, esa naturaleza a la que Nagore alude en algunos momentos de su enfermedad y cuyo significado tendrá que desvelar de nuevo el espectador. 

 

La muerte es desgarradora. Nos atraviesa de arriba abajo en momentos vitales que nos marcan y que transforman nuestras vidas. Así se refleja y se palpa en la escena de la última noche de Nagore, en su despedida de este mundo donde el espectador de nuevo podrá subir al escenario para revivir aquel momento supremo que una vez la muerte de alguien amado y cercano le concedió.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

 


domingo, 8 de marzo de 2026

PÒNCIA

Poncia és, sens dubte, un dels personatges més complexos i potents de La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Aquesta va ser la seua darrera obra i hi consolidava el gran dramaturg que ja era i apuntava les obres que s’albiraven de no haver-se interposar el feixisme entre ell i la seua escriptura. Junt amb Adela i Bernarda, formen un triangle els vèrtexs del qual conflueixen en la tragèdia final d’aquesta obra. Luis Luque (Madrid, 1973) firma i dirigeix un monòleg en el qual li dona la paraula a la vella criada de Bernarda.

 

Lolita Flores és l’encarregada de donar veu a Poncia en un monòleg en el qual es mou amb destresa i ofici. Ja ho va demostrar en el paper de Natàlia, la Colometa, text dirigit  per Joan Ollé, basat en La plaça del Diamant de Mercè Rodoreda. Sembla que la filla de La Faraona ha trobat en el subgènere del soliloqui la sabata de son peu vista la merescuda ovació que rep en cada representació. I és que, efectivament, la major dels Flores es mou per l’escenari com peix a l’aigua i, des del començament, on reprèn l’acció instants després que la jove Adela s’haja arrencat la vida penjant-se en la seua cambra, reivindica la seua raça interpretativa. És cert que l’escenografia senzilla i ajustada i una il·luminació excel·lent l’ajuden a anar esmicolant el text de Luis Luque, massa depenent potser de l’obra lorquiana (comprensible si tenim en compte el tità literari al qual s’enfrontava), però que demostra, això sí, un profund coneixement del text lorquià.

 

Al llarg de setanta minuts, Poncia/Lolita es dirigeix a cadascun dels personatges del “drama de mujeres de los pueblos de España” en diferents seqüències i ajusta comptes amb alguns d’ells: la malaguanyada Adela, la intransigent Bernarda, la dement i lúcida María Josefa, l’impetuós i interessat Pepe el Romano, la infeliç i estèril Angustias, la gelosa i cruel Martirio. Poncia/Lolita se mostra vehement i clara, va teixint un discurs coherent, farcit d’al·lusions constants a l’obra original, que els enamorats de Lorca reconeixeran. Poncia/Lolita se reafirma en el seu paper de criada, de gossa fidel i lleial de Bernarda, però constata la seua dignitat i s’afirma a sí mateixa malgrat el maltractament rebut durant anys.

 

És aquesta obra un dels nostres clàssics contemporanis i, per això, es troba a la mercè de la interpretació i la cerca de sentit dels estudiosos i els artistes actuals. Amb el seu monòleg, Luis Luque denuncia la situació de les dones en l´època (mirant de portar-ho fins els nostres dies) i reivindica el seu alliberament en un final estèticament bell (com la resta del muntatge) que sembla enlairar-nos més enllà de les circumstàncies de l’obra, i que vol oblidar-se de la tragèdia que tot just acaba de consumar-se i del mantell d’anys de dol que acaba de caure sobre les filles supervivents de Bernarda Alba.

 

Poncia/Lolita parla des de la seua condició popular de llibertat, de sexe i d’educació, però també de mort, culpa i classes socials. No li importa enfrontar-se als seus fantasmes i a les ombres que l’aguaiten per, sobretot, transmetre’ns “la idea de amarnos en libertad”. ¡Quanta bellesa revelada si no traguérem el cap al precipici d’involució històrica cap al qual ens empenyen! 

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 1 de marzo de 2026

ELS BUFOS MADRILENYS

La Compañía Nacional de Teatro Clásico reposa el muntatge de Los bufos madrileños després de l’inesperat èxit de la temporada passada. S’hi recorda la figura de Francisco Arderius i la sarsuela bufa Los órganos de Móstoles amb música de Luis Rogel i llibret de Luis Mariano de Larra. Aquest subgènere, una antigalla vuitcentista, va tenir molt d’èxit entre el gran públic de l’època pel seu caràcter còmic i la seua lleugeresa. No era un teatre dirigit a entesos del gènere dramàtic, ja que es tracta, més aviat, d’una paròdia de l’alta comèdia. Corrien els anys anteriors i posteriors a la Revolució de la Gloriosa (1868).

 

El muntatge està dirigit, versionat i coprotagonitzat per Rafa Castejón, que sap mostrar els seus anys en el ofici sobre les taules del Teatro de la Comedia. L’obra es divideix en dues parts: una primera introductòria en la qual ens fan una presentació històrica del personatge i la segona en la qual es representa Los órganos de Móstoles.

 

Lluny de tractar-se d’una avorrida classe d’història del teatre, els actors de l’elenc ens presenten al creador d’aquest subgènere de forma dinàmica i espurnejant. Arderius (1835 – 1886) va ser un músic, empresari i actor que va aconseguir gran fama per ésser l’introductor en Espanya de la fórmula de l’òpera bufa d’Offenbach, les obres del qual va anar a conèixer in situ a la capital francesa. Es tractava de peces musicals breus, divertides, que cercaven l’acudit fàcil i l’humor sorneguer sense evitar alguna situació o gest picant per aconseguir l’algarada i expansió del pati de butaques. A més, va ser el fundador de la companyia els Bufos Madrilenys, que més tard s’anomenarien Bufos Arderius, la qual va sumar grans èxits fins 1873. En conseqüència, va ser un subgènere que va arribar, va triomfar i es va dissoldre com un terròs de sucre.

 

Buscant la nostra instrucció i entreteniment, Rafa Castejón irromp en el pati de butaques des de l’entrada central cantant-nos “Me gustan todas, me gustan todas…” de José Rogel per donar la veu i la nota musical al piano i als seus companys mascles –Chema del Barco, Antonio Comas, Paco Déniz i Alejandro Pau– que l’ajudaran, des dels les llotges de banyera, en la noble tasca d’alliçonar-nos. Des de la primera llotja de platea del públic els contemplarà una divertida Laia Ripoll complaguda amb el resultat, com la resta d’espectadors. Es pot somriure de forma tan franca amb la mirada? Les companyes dones –Clara Altarriba, Eva Diago i Cecilia Solaguren– posaran la guinda amb números musicals a la manera del gènere francès del qual va sorgir la versió hispànica.

 

Ja en context, començarà la representació del bufo divertidíssim, pantomima de les comèdies de capa i espasa del Barroc castellà, posant l’accent en alguns gestos histriònics i en el vestuari de Gabriella Salaverri l’estridència del qual compleix amb la hilaritat pretesa. La trama no conté cap misteri: Abdon, vidu i pare de tres filles entrades en anys, posa un anunci al diari per organitzar una subhasta per “alliberar-se” de la seua prole trobant-los marit. Per això, les guarneix amb una seductora dot inversament proporcional als atributs i virtuts de la descendent. S’hi presenten tres trompellots amb la feliç idea de prometre’s amb aquella que més diferent siga d’ells, convençuts pel tòpic que els pols oposats s’atreuen. Haurà d’aparèixer un don Juan Tenorio nen de papà (de bell nou, Castejón), amb pintes tenístiques, enfundat en una solemne perruca i amb gran èxit entre la progènie matrimoniera, per restablir l’estructura jeràrquica establerta com Déu Mana. Encara sort que hi ha gent d’ordre!

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu