domingo, 25 de agosto de 2024

LOS TURISTAS SON LOS OTROS

Se empieza a hablar de los graves inconvenientes que causa la sobreexplotación turística que estamos viviendo para la población autóctona. Nos enteramos de movilizaciones vecinales que denuncian la situación insostenible a la que son sometidos por los pisos turísticos en sus bloques, cuando no son expulsados de los centros urbanos. Los noticiarios nos informan de los problemas de abastecimiento y de servicios sociales que presentan determinadas localidades que ven cómo su población se triplica en algunos meses del año. Conocemos los obstáculos insalvables de las personas jóvenes para acceder a sus primera vivienda precisamente provocada por la burbuja turística que estamos experimentando. Además, somos conscientes de las dificultades para encontrar profesionales bien formados y con una remuneración suficientemente digna en el sector de la hostelería. Hemos creado incluso un neologismo para nombrarlo: turistificación. Todo parece indicar que hemos reconocido el problema, primer paso para buscar soluciones. ¿No se dice siempre eso? No sé yo cuando se trata de cuestiones medioambientales. Y esta también lo es. 

 

La excusa cierta para sentenciar nuestra incapacidad para revertir este deterioro es que son imprescindibles medidas colectivas impulsadas por los gobiernos y asumidas por las empresas. ¿Podemos como individuos frenar esta espiral viajando en tren en lugar de tomar un avión, cuando esto sea posible? ¿Pagando un precio más alto por alojarnos en un hotel en lugar de en un apartamento turístico? ¿Dejando de pagar los billetes de avión a un precio por debajo de su coste? ¿Viajando menos o, simplemente, dejando de viajar? ¿Estamos dispuestos a ello? ¿Se trata entonces de que viajen solo aquellos que tienen un determinado poder adquisitivo? Es decir, ¿los que pueden gastar unos cuantos miles de euros en una estancia vacacional sea del tipo que sea (descanso, cultural, gastronómico, deportivo, religioso, idiomático…)? ¿O hay un turismo de primera y otro de segunda o tercera? El nuestro seguro que es el de primera.

 

Los más críticos afirman que hay sitios donde el ser humano no debería posar el pie. Y razón no les falta. Pongo como ejemplos el Amazonas, la Antártida o la cordillera del Himalaya, donde la huella humana medioambiental daña el entorno natural de una forma irreparable. Acude a mi mente una instantánea demencial publicada de una fila de turistas atascados encaramándose en la cima del Everest. Pero, ¿qué ocurre con la cara oculta de esas playas paradisíacas del océano Pacífico que se publican en las redes sociales? Me refiero a los residuos plásticos que se vierten al mar procedentes de esos estupendos resorts asiáticos o latinoamericanos de lujo que pagamos los occidentales. He escuchado afirmar que es más ético viajar a Disneyworld que a India, ya que este primero es un lugar creado para ser visitado por turistas, y que debemos “descolonizar nuestras mentes” de ese capitalismo consumista que nos impulsa a movernos. Pues vaya, vaya…

 

Según National Geographic, en 2018, viajábamos unos 1.400 millones de personas más allá de las fronteras de nuestro país, esto significa que éramos algo menos del 20% de la población mundial. Además, por lo que se ve un porcentaje muy bajo de esta población, los realmente ricos, es el que se mueve con una frecuencia que nos dejaría anonadados. “El turismo es el responsable del 8% de las emisiones de gas invernadero vinculadas al cambio climático”, mientras que contribuye con el 2% al PIB mundial, una cifra sorprendentemente alta por lo que leo. No obstante, ¿solo perjudica el turismo internacional? ¿Qué ocurre con el que transcurre dentro de las fronteras del mismo estado? ¿Qué pasa si escudriñamos en los datos de España? En 2022, el turismo generó el 11,6% del PIB español y generó 1,9 millones de puestos de trabajo. ¿Podemos prescindir de esos ingresos como estado? ¿Qué papel tiene el turismo en el desarrollo de países cuya economía empieza a despegar?

 

Un párrafo aparte merece el modelo turístico de Bután. Este es un pequeño país asiático, situado entre el Tíbet e India. Tiene apenas 800 mil habitantes y antes de la pandemia tenía una tasa turística que exigía un gasto mínimo de 200 o 250 dólares diarios por persona para visitar el país, limitaba el número de visitantes y la estancia en el mismo. Además, es imprescindible la contratación de un touroperador para visitar el país, esto quiere decir que no se puede viajar por libre a Bután. Hasta 2022 no abrió sus fronteras de nuevo y subió la polémica tasa de 200 o 250 dólares por persona y día, aparte de los gastos de hotel, guía, manutención, dependiendo de si era temporada alta o baja. He leído que en septiembre del año pasado, bajó la tasa a 100 dólares para que el turismo se recupere un poco. La tasa para los visitantes indios es mucho más baja, de apenas 1200 rupias (unos 15 dólares). De lo recaudado con este impuesto, invierten la mayor parte en políticas a favor de la sostenibilidad y el medio ambiente. Con este modelo, es obvio que optan por un turismo de calidad y alto poder adquisitivo y limitan, de forma drástica, el turismo masivo. Aquí se genera otro debate: solo pueden viajar aquellos que tengan una cantidad importante de dinero y/o tengan un verdadero interés en el país. Además, con este modelo turístico quieren también proteger su cultura, sus costumbres y su identidad como país. ¿Es todo esto lícito?

 

Las preguntas que me hago son: ¿por qué viajar? ¿para qué viajar? ¿Qué pretendemos cuando viajamos a otro país? ¿Observar cómo viven? ¿Entender otros modos de vida? ¿Conocer otras culturas y civilizaciones? ¿Explorar la historia de ese territorio? ¿Contemplar lugares de una belleza indescriptible? Sin embargo, todas estos interrogantes me llevan a cuestionarme si tengo más derecho a visitar esos lugares que aquel que pretende fotografiarse en los confines más remotos del mundo, busca agrandar la lista de países visitados o anhela despanzurrarse en una playa casi desierta. Porque, si no, los turistas son los otros, nosotros somos viajeros.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 18 de agosto de 2024

AUTORRETRATO

Mirarte al espejo es un gesto que dejaste de hacer sin querer con los años. Olvidaste la sorpresa infantil que te produjo el primer reflejo, casi como un pequeño Narciso. También, la extrañeza adolescente que escrutaba los cambios del crecimiento. Sin embargo, no es una costumbre que desaparezca de forma brusca; ocurre poco a poco, sin más. Primero, las tareas cotidianas se imponen por encima de la contemplación y, en un momento indeterminado, la mirada se posa en el interior, en la vivencia de situaciones que dejan en evidencia tu finitud. Ya no hace falta mirar al espejo del baño. Aunque este quiere presentarse como un aliado, ser amable con tu fragilidad, los surcos del tiempo no engañan. Por tus ojos craquelados se cuela la caducidad de una imagen que no reconoces. Por eso, posas la vista un poco más allá: los pocos humanos con quien mantienes contacto, pues el círculo social se hace más pequeño y esencial, y tu compañera felina, que te apoya en la distancia. Quizás has aprendido con la vejez, como un gato, eso de apoyar en la lejanía. Pero, a veces, según su voluntad y capricho, deja que la acaricies y que tu mano arrugada de hombre gastado juegue con su suave pelaje. ¿Sabrán realmente nuestros animales domésticos el misterio de la vida que parecen desvelarnos en sus miradas?

 

La mirada es fundamental en este oficio: mirar al exterior, a la naturaleza, buscando acaso la esencia de las cosas, imaginando tocar el alma que anhelas tener; también las obras de los hombres, a veces tan absurdas, a veces capaces de despertar la admiración y la envidia, buscando siempre la inmortalidad imposible. ¿En qué te fijas para decidir que una obra está bien resuelta? ¿En la pincelada, en el color, en la técnica? La vanidad se desvanece en el trazado de un autorretrato de hombre cansado y viejo. Apenas todo queda en nada cuando te quedas completamente solo. Y, ¿cómo te miras a ti mismo? ¿Cómo puedes enfrentarte al espejo amigo de tu habitación privada y mirar a los ojos al viejo que ha secuestrado al niño, al adolescente, al hombre joven que van contigo desde hace tanto? ¿Te reconoces? ¿Realmente eres tú? ¿Quién eres?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Relato publicado en Esteve Adam. Inspirando relatos

(Boca Abajo Ediciones, 2024)

 


 

domingo, 11 de agosto de 2024

TALLAT CURT DE CAFÈ

T’agrada seguir l’actualitat i saber què passa al món: l’enèsima crisi entre Estats Units i Corea del Nord o Iran, les tensions cícliques entre palestins i israelians, l’eterna guerra de Síria que escup refugiats cap a Europa. El món està fet un desastre, però continua rodant. Tot sembla que se n’anirà en orris però, en el darrer moment, mai no passa res. La humanitat es manté en un precari equilibri de bogeria i transacció comercial. La vida continua com sempre a la part d’aquí: feina, factures per pagar, fills per criar, vacances, viatges... Cal anar fent plans i gaudint d’una vida que s’esgola per les escletxes del temps. Sovint les notícies d’aquí et semblen més suportables: polítics que juguen a fet i a amagar, corrupteles amb diferents colors, eleccions a totes hores... I no es cansa aquesta gent, però així us entreteniu tots: ells i vosaltres. Cada cop t’assembles més a una aficionada que defensa el seu equip de futbol de manera cega que a una ciutadana crítica que analitza la realitat. No ho vols reconèixer però la seua estratègia de l’enfrontament els funciona. Contemples les misèries casolanes amb més amabilitat i menys dolor al pit; el mal de panxa és una altra cosa! I així se’t van passant els dies.

 

I aquell gener va ocórrer una altra fita d’aquestes que vas mirar de reüll primer. Serà una més, vas pensar. Una província xinesa, el nom de la qual ni coneixies, es plantava com a protagonista dels noticiaris. I aleshores començaren a parlar-vos d’una estranya grip d’origen desconegut, però no calia preocupar-vos. Aquell equilibri inestable no s’alteraria, tot continuaria igual. I cada cop te’n parlaven més. I la bola anava fent-se més grossa i anava apropant-se com si rellisqués per un pendent. Aquest cop tampoc no passarà res, et vas dir. El món no pot deturar-se. Va deixar de fer-te gràcia quan es va plantar a Itàlia i tu te n’anaves a Venècia en Setmana Santa. No cal perdre els nervis; les autoritats ho tindran sota control. Les Falles eren a tocar i les mascletaes a València ja et feien arribar l’olor de la pólvora cremada al nas. Com podrien suspendre la gran festa valenciana? Això només va passar a la Guerra Civil, veritat que sí?

 

En un tancar i obrir d’ulls tenies els nens a casa i el bust del president ens demanava quedar-nos a casa. Coneixies un precedent d’aquell estat d’alarma però ni se’t passava pel cap el que us venia al damunt. El trauma del tancament va ser tan greu que el primer dia no t’ho acabaves de creure. Encara vas fer una passejada llarga amb la gossa. En unes hores vas comprendre que aquesta vegada, sí, aquest cop us havia agafat bé. No es tractava d’un conflicte a un país remot i llunyà, ni una situació que afectés els més vulnerables. Tots havíeu esdevingut vulnerables i havíeu de romandre sols a casa amb les vostres febleses. La por i la perplexitat van fer casa als teus budells. Tenies dues opcions: deixar-te envair per aquestes emocions o contenir els que més a prop tenies. Les parets de la teua llar van esdevenir un escut de protecció: la nostra realitat queia com un castell de naips mentre havíem de quedar-nos a casa. Vas mirar de crear noves rutines amb la feina, amb el menjar a la cuina i les comptades eixides al carrer. No obstant, era impossible donar-li normalitat a l’excepcionalitat. Obries els ulls pel matí i durant un segon pensaves que tot havia estat un malson. La realitat t’agafava pels peus amb les seus urpes i te’ls posava al terra. Te’n recordaves d’aquells que no podien treballar, els que temien pel seu negoci, les dones tancades amb els seus maltractadors, tots el que vivien el confinament sols... Però els balcons i els terrats es van omplir d’aplaudiments cada dia a les vuit fent-nos creure que la solidaritat i la unitat eren possibles. Vas ser conscient com mai que la teua supervivència estava a les mans dels treballadors amb pitjors condicions laborals i sous baixos. Una idea filantropa surava en l’aire i pujava cap als núvols: Eixirem millors d’aquesta pandèmia!

 

No hi va haver processó de la Burreta ni Cortesies. Era només un segon preludi de tot el que quedaria penjat de les branques del temps i la incertesa. La pluja no va ser cap consol, encara que podria haver esdevingut les llàgrimes que no podies vessar. La corba de contagis i morts feia feredat i et provocava vertigen. Almenys la malaltia passava de llarg davant els nens. Costava veure un final i anaves assumint que la tornada a la quotidianitat no seria fàcil. Aquest cop la història havia fet diana a la vostra vida. Però hi havia qui se’n portava la pitjor part: la gent gran. Una de les pitjors sensacions: l’alleujament en pensar en els avis que ja no hi eren. Almenys no ho han viscut, et deies.

 

Els primers passejos van ser la festa de l’esbargiment: mai no havies gaudit tant del sol, de l’aire, dels arbres, i també, dels carrers. El primer dia vas tornar amb la mascareta totalment mullada. La vas estendre: s’havia de gestionar l’escassetat. I així fer de la necessitat virtut. Mai no pensaves que esdevindria un nou complement amb la calor xafogosa de l’estiu. I mira que sigueu de Xàtiva i tots coneixem la vostra calor llegendària. No vau tenir Fira d’Agost tampoc, encara que molts no vau perdonar l’esmorzar del primer dia. Oi que no? Però a poc a poc, amb timidesa, anaves reprenent velles rutines amb nous hàbits: pujar al Puig o la Creueta, caminar fins Novetlé i mitja volta, arribar fins al Castell deturant-te al Bellveret, contemplar les Arcadetes d’Alboi amb una mirada nova. Encara et mancava per trobar-te amb tanta gent estimada: esmorzars ajornats i paelles cancel·lades. L’arròs al forn, només pels de casa. El millor que et va donar l’estiu va ser poder contemplar el mar de bell nou, encara que fos des d’una zona acotada. Passejar amb mascareta per la vora del mar et va resultar tan exòtic com absurd, però mirar com les teues petjades s’esborraven al pas de les ones et feia palpar més que mai la nostra levitat, de vegades només imaginada i poetitzada.

 

Un nou curs ple d’incerteses t’esperava. Havíeu de travessar una tardor i un hivern on la germanor ja no era tan evident. La tristesa anava fent-se l’ama i costava veure la fi. Enviaves els nens a una escola plena de restriccions: distància social, mascaretes, hidrogel, semipresencialitat. La telerealitat havia substituït la vostra vida. Com us ho faríeu? El fred us va congelar qualsevol possibilitat de reacció. No hi havia manta capaç d’escalfar aquella gelor que es ficava als ossos. Les fotografies escolars evocaven velles imatges en blanc i negre d’altres temps. Heu viscut un gener glacial de paüra i mort. El malson dels primers mesos tornava a corcar les entranyes i les preguntes s’amuntegaven: De veritat, això passarà? Eixirem millors d’aquesta pandèmia?

 

Malgrat tot, vas seguir endavant, pensant que no hi havia cap altra possibilitat que confiar. La llum de la primavera et va sorprendre quan arrossegaves setmanes grises de separacions, quan et preguntaves si podries suportar tot això. Les agulles de les vacunes van anar punxant la bombolla del teu desànim. Un cop més es repartien de manera desigual i a tu et tocava ésser al costat bo: tanta gent de països remots i, senzillament, pobres haurà d’esperar bastant més. Una branqueta verda creixia enmig del tronc podrit, dividit pel raig. Semblava mentida però així era. Realment podràs ara reprendre la vida com la vas deixar suspesa del penjador del rebedor de ta casa? Prendre un tallat curt de cafè els dimarts al Mercat o una orxata a una terrassa de l’Albereda?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Text publicat al llibre de "Fira d'Agost 2021"

Ajuntament de Xàtiva

 


 

 

 

 

domingo, 4 de agosto de 2024

PERFECT DAYS

El director alemany Win Wenders torna a rodar en Japó des que ho va fer al 1985 amb Tokyo-Ga, un documental sobre Tokio en què ret homenatge al cinema de Yasujiro Ozu. A partir d’escenes del director nipó, Wenders es submergeix en el Japó real buscant radiografiar un país en canvi continu.

 

En aquesta ocasió, Wenders opta per la ficció per tornar a evocar al mestre Ozu i ens presenta a Hirayama (Koji Yakusho), un home de mitjana edat que es guanya la vida netejant banys públics a Tokio. A pesar de que es tracta d’una feina tediosa i poc agradable, el protagonista l’executa amb dedicació japonesa i al detall. Al llarg de les escenes, ens anem capbussant en les rutines d’aquest home senzill que encara cada dia amb la certesa que és únic i que s’ha de viure cada moment. Té afició per les plantes, és un amant de la música de dècades passades que escolta en casetes, llig cada dia i li agrada la fotografia analògica. És, a més, un ésser humà contemplatiu.

 

La història, aparentment simple i fàcil de contar, s’entesta a mostrar-nos una vegada i una altra, com si es tractara de variacions d’una mateixa peça musical, la vida senzilla d’aquest home que viu sol i del passat i de la família del qual no sabem res. Anem descobrint la seua quotidianitat i la plenitud amb què viu als seus períodes de temps lliure. Tanmateix, és una persona solitària que a penes interacciona amb les persones del seu entorn. Els diàlegs són escarits i amables,  breus salutacions i gestos, que en ocasions són introspectius i significatius. Aquells amb els quals té més relació són el seu company de feina, un jove anomenat Takashi (Tokio Emoto), i una neboda seua que apareix per sorpresa, la jove Niko (Arisa Nakano). Gràcies a ella, traiem el cap de manera tímida al passat de Hirayama i a les seues ferides emocionals, que les té.

 

El valor estètic i ètic d’aquesta història resideix en el mèrit d’aquest personatge de centrar-se en una vida senzilla allunyada de tota ostentació i luxe, explorant la bellesa i el significat del mundà. La satisfacció, la passió personal i el descobriment d’un mateix són la gran revelació a què podem i hem d’aspirar. No és estrany que fos nominada a l’Òscar com a Millor Pel·lícula Estrangera al 2024 i Koji Yakusho conseguira el premi a Millor actor al Festival de Cannes. El tractament de la fotografia, dirigida per Franz Lustig, crea el marc perfecte, tranquil i evocador, basat en el detall per confirmar-nos el vertaderament important en la vida: “Demà és demà. I ara és ara”.

 

https://youtu.be/oHRNrgDIJfo?si=fqarKk6oz74Flv8d

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 28 de julio de 2024

FILLS/ES DE PUTIN

Sembla que ja sabem qui és el més dolent dels dolents des de fa dos anys encara que, en els darrers temps, no deixen de brollar, com les males herbes, canalles per tota l’esfera internacional i pel sòl patri. Tanmateix, aquesta gaseta no els dedicarà una línia més a aquests malvats trets del pitjor còmic de terror i que provoquen la mort de tants innocents. Aquestes ratlles van dedicades als seus sequaços, als col·laboradors necessaris que assumeixen el discurs de violència i maltractament per exercir i mantenir un suposat poder que consideren que els transformen en omnipotents. No són grans mandataris ni estan cridats a desenvolupar llocs de rellevància pública i mediàtica. Estan i viuen entre nosaltres, éssers humans planers.

 

Espavilat lector, com ja hauràs deduït, no m’estic referint als cercles de poder als quals els ciutadans del carrer no tenim accés. Mira al teu voltant, observa el teu entorn i trobaràs fill/es de Putin, persones que han venut la seua ànima al diable per una misèrrima quota de poder que els fa sentir-se important en la seua vacuïtat. A aquestes cretines se’ls oblida que acabaran al lloc on ens esperen a tots: la caixa de pi. Aquestes miserables es veuen en els nostres entorns laborals, veïnals, socials i també familiars. Com la pitjor zitzània, es troben conreades per onsevulga i creixen a expenses del bon fer i de la feina dels altres. Són paràsits que es beneficien del quefer d’aquells als quals consideren els seus subordinats (perquè aquest és el seu llenguatge) sense el més mínim rubor, penjant-se medalles de la dedicació i la professionalitat de qui està al seu costat. Perquè són pretensioses i arrogants i consideren que les persones són d’usar i tira, que el fi justifica els mitjans i els que tenim la desgràcia de creuar-nos amb aquests éssers abjectes serem utilitzats pels seus objectius. Són mediocres, ineficaços, incompetents i sense cap capacitat de lideratge resilient i motivador. Són unes completes inútils. I mira que odie aquesta paraula perquè em sembla el pitjor insult que podem dirigir-li a algú, ja que tots servim per a alguna cosa.

 

Aleshores, per a què serveixen els fill/es de Putin? Els fill/es de Putin tenen com a objectiu el rèdit i la vanagloria personals. Aquests éssers psicòpates narcisistes cerquen en el reconeixement social, que no els arriba, esmenar el seu acuitat complex d’inferioritat perquè, encara que no ho confessen obertament, saben que són uns incompetents absoluts. En algun moment de feblesa, ploren per les cantonades lamentant-se perquè ningú no els estima. Com vols que t’estimem, tros de cabró? Una altra utilitat d’aquests grandiosos fill/es de Putin és fer mal. Ara se’ls anomena persones tòxiques a aquells que tota la vida hem dit fill/es de puta com no n’hi ha. En realitat, són persones nocives que busquen en el menyspreu dels altres el seu enaltiment, com si de nous pseudo-messies es tractés. Perquè sols elles poden salvar el seu entorn del caos, quan elles mateixes generen aquest desconcert i embolic. Són amargades que amarguen amb una capacitat d’enverinar sense límits. Tot el que toquen ho envileixen i ho espatllen. Ocupen un espai que no mereixen, que podria ser aprofitat per persones eficaces i constructives, no destructives com elles, que provoquen tot siga una merda i que tothom al seu voltant se senta malament. Expressar sentit crític, discrepància o negar-se a col·laborar en els seus absurds i demencials plans ens converteix als dissidents en proscrits, en deslleials a un pla suprem que cerca la seua pròpia glorificació, enriquiment i/o aliment de la seua vanitat.

 

Són venjatives perquè pretenen ajustar els mil comptes pendents que tenen amb si mateixes en els altres. Actuen amb traïdoria i males arts. I, què collons, perquè són mala gent, xurma de la pitjor casta amb què tenim la desgràcia d’ensopegar. La seua intenció és humiliar al proïsme per quedar per damunt. Busquen utilitzar els punts vulnerables dels altres per fer mal, perquè sols s’afirmen a si mateixes amb aquesta manera d’actuar. No saben el que és l’autocrítica. La repressió i el maltractament són l’única resposta que saben donar als conflictes que estan generant constantment amb la seua manera dèspota i autoritària d’obrar. El seu discurs és buit i trampós; amb el llenguatge intenten distorsionar i manipular la realitat. Repeteixen una sèrie de paraules que consideren màgiques, mentre li van pegant puntades al diccionari. No ho aconsegueixen perquè són curtes de gambals.

 

S’envolten dels net/es de Putin, subalterns dels quals esperen obediència absoluta, titelles al seu servei que poden ni han de qüestionar la seua autoritat absoluta, morralla incapaç, col·laboradors servils amb el seu despropòsit, en la conjura dels necis i els bojos, com els mateixos fill/es de Putin. I si de cas tenen la mínima mostra d’iniciativa, els aixafen i els trepitgen. Apallissen a qui se’ls acosta, els passen per la trituradora fins fer-los pols, en defensa de la creixença i el triomf social i professional. L’abús i el maltractament són les seues senyes d’identitat. Són vulgars, sense cap carisma, rates d’albelló nauseabunda. Els fill/es de Putin desconeixen el que és la intel·ligència emocional:  en primer lloc, perquè no són intel·ligents, són estúpides, ximples, pertanyen al gènere babau i, a més, han desertat de les seues emocions, les han emmordassat, anestesiat a base d’alienar-se i enterrar els seus traumes del passat que projecten constantment en els altres. Són psicòpates i sociòpates.  

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Obra: Ya basta hijos de puta de Teresa Margolles (2010)

 


 


domingo, 21 de julio de 2024

PERFECT DAYS

El director alemán Win Wenders vuelve a rodar en Japón desde que lo hiciera en 1985 con Tokyo-Ga, un documental sobre Tokio en el que rinde homenaje al cine de Yasujiro Ozu. A partir de escenas del director nipón, Wenders se sumerge en el Japón real buscando radiografiar un país en continuo cambio.

 

En esta ocasión, Wenders opta por la ficción para volver a evocar al maestro Ozu y nos presenta a Hirayama (Koji Yakusho), un hombre de media edad que se gana la vida limpiando baños públicos en Tokio. A pesar de que se trata de un trabajo tedioso y poco agradable, el protagonista lo ejecuta con dedicación japonesa y al detalle. A lo largo de las escenas, nos vamos zambullendo en las rutinas de este hombre sencillo que afronta cada día con la certeza de que es único y de que hay que vivir cada momento. Tiene afición por las plantas, es un amante de la música de décadas pasadas que escucha en casetes, lee cada día y le gusta la fotografía analógica. Es, además, un ser humano contemplativo.

 

La historia, aparentemente simple y fácil de contar, se empeña en mostrarnos una y otra vez, como si se tratara de variaciones de una misma pieza musical, la vida sencilla de este hombre que vive solo y de cuyo pasado y familia no sabemos nada. Vamos descubriendo su cotidianeidad y la plenitud con que vive en sus espacios de tiempo libre. Sin embargo, es una persona solitaria que apenas interacciona con las personas de su entorno. Los diálogos son escuetos y amables, breves saludos y gestos, que en ocasiones son introspectivos y significativos. Aquellos con los que tiene más relación son su compañero de trabajo, un joven llamado Takashi (Tokio Emoto), y una sobrina suya que aparece por sorpresa, la joven Niko (Arisa Nakano). Gracias a ella, nos asomamos de manera tímida al pasado de Hirayama y a sus heridas emocionales, que las tiene.

 

El valor estético y ético de esta historia reside en el mérito de este personaje de centrarse en una vida sencilla alejada de toda ostentación y lujo, explorando la belleza y el significado de lo mundano. La satisfacción, la pasión personal y el descubrimiento de uno mismo son la gran revelación a la que podemos y debemos aspirar. No es de extrañar que fuera nominada al Óscar como Mejor Película Extranjera en 2024 y Koji Yakusho consiguiera el premio a Mejor Actor en el Festival de Cannes. El tratamiento de la fotografía, dirigida por Franz Lustig, crea el marco perfecto, tranquilo y evocador, basado en el detalle, para confirmarnos lo verdaderamente importante en la vida: “Mañana es mañana. Y ahora es ahora”.

 

Nina Simone - Feeling good

 

Begoña Chorques Fuster 

Profesora que escribe

 


 

domingo, 14 de julio de 2024

¿VIVIR ES SONREÍR?

¿Vivir es sonreír? Y te vas al baño y te colocas frente al espejo y haces una mueca para ponerle buena cara a la vida. Tienes una ojeras que te llegan a los pies. Y eso que acabas de levantarte de la cama. Hoy no has dormido muy bien. Cosas de la edad en la que van adentrándote. Son las seis de la mañana y tienes por delante una larga jornada de trabajo, de temas pendientes por resolver, de encuentros en que tienes que poner una buena cara de la que no sabes si tienes ganas o no. Bien, sí que lo sabes, no tienes ganas. ¿Y después? Al acabar, ir a casa, ocuparte de las tareas pertinentes después de comer bien dadas las cuatro. Reservar las fuerzas mínimas para ir al gimnasio y hacer un poco de ejercicio, por si acaso aún no tienes el cuerpo bastante reventado. No hay que rendirse. Pero hay que vivir sobre la influencia de la positividad. ¡Bésate el codo, positivo de mierda!

 

Tienes suerte en la vida. Perteneces a ese porcentaje de población que tiene salud, trabajo, una casa –aunque esté sin pagar–, una supuesta vida que disfrutarías más si tuvieras tiempo. Algunos le llaman a tu situación triunfar en la vida. Te lo repites a ti misma: triunfar en la vida. Que grandes somos los humanos: tener éxito en la vida consiste en no tener ni un minuto para respirar, en estar hiperocupados. Y lo peor de todo es que nos lo creemos… ¡Y una mierda así de alta!

 

Hay momentos vitales en que es inevitable llevar una nube gris sobre la cabeza. Se pone el nubarrón allá arriba y vas y vienes haciendo tu rutina diaria con la máxima normalidad. Con los años has aprendido a hacerlo con oficio, porque sabes que los otros no tienen la culpa de tus problemas: la adolescencia rebelde de unos hijos que no entiendes, la enfermedad terminal de alguien que te toca de cerca, la muerte que a todos nos acaba golpeando. Porque la vida no tiene piedad de nadie.

 

Pero vivir es sonreír. ¿No decíamos eso hace un momento? No, la vida es hacer funambulismo. Y llegas a un punto en que sabes que puedes pasar del éxtasis al infierno en unos días o semanas. Mira por dónde, va y te premian con un reconocimiento a tu labor literaria con una obra que siempre habías pensado que merecía la pena. Y te cuesta creértelo. De verdad, ¿me está pasando esto a mí? Y lo vives y lo sueñas, porque a ratos vives en la irrealidad. Y vuelves a tu día a día y el varapalo de unos alumnos desmotivados te estrellan de la nube y el arco iris en el que volvías montada contra una realidad que te parece mediocre. Y a pesar de todo, intentas llevar a cabo un trabajo que ya haces casi un cuarto de siglo con oficio, con dedicación, por mí y por todos mis compañeros pero por mí el primero, te dices a ti misma. Y parece que te lo crees, pero te cansas. Sonríe, hostia, sonríe, que la vida son dos días. ¡Ya te digo!

 

Y sigues adelante porque la vida es sonreír, y a pesar de todo, intentas construir mecanismos contra la mediocridad que te rodea, que te recuerda que no es necesario hacer las cosas bien, que te pagarán igual de bien o mal si tus alumnos aprenden algo o nada, que si los apruebas a todos te ahorrarás un montón de papeleo. De vez en cuando te percibes como un profeta en paños menores dando sermones en el desierto en medio de los cactus y las lagartijas… Pero, vamos, viva la asertividad y la resiliencia… Palabras de moda junto a emprendimiento... ¡Vamos! La nueva ley educativa repite esta palabra cincuenta y cinco veces en el currículum de enseñanza secundaria. ¿Y la palabra filosofía? Ni está ni se la espera. ¡Estamos apañados!

 

Pero no sufras porque cada vez viviremos mejor: conciliación familiar, jornada semanal de cuatro días, jornada semanal de treinta y siete horas y media sin bajada de sueldo… Espera que lo pienso un poco. Pero si yo hace casi veinte años que tengo esta jornada semanal. ¿Sabéis una cosa? Desde entonces, mi jornada laboral no ha dejado de ensancharse y ha ido invadiendo y conquistando todo mi tiempo vital. Sonríe, mujer, no seas así… Es lo que hay. Y con este fin, la fábrica de producción neocapitalista está diseñando unos jefes tóxicos excepcionales y eficientes capaces de triturar a quien se ponga por delante, enfermos mentales con un síndrome narcisista de caballo, que raya en la psicopatía… Personas malas e incompetentes con complejo de inferioridad y una vida de mierda. Pobrecitos, ¡qué solos que están! ¿A quién maltratarán si no es a los desgraciados de sus trabajadores? Porque somos objetos a su servicio, mercancía de su propiedad. Kim Jong-un he bautizado a la mía. ¿Qué queréis? Tendré que usar la sátira para no ahogarme en este ambiente de ponzoña irrespirable.

 

Pero, ¿dónde estábamos? Seis de la mañana. Mueca que se parece a una sonrisa que te devuelve el espejo amigo del baño. Ponte debajo de la ducha, desayuna un café bien cargado con leche, haz de vientre antes de salir de casa, que la vida te escupirá de tu hogar-refugio a un mundo lleno de hostilidad que debes recibir con tu mejor sonrisa. Y tú, ¿de que te ríes, gilipollas?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Relato publicado en el llibret de la Falla del Mercat 2024 de Xàtiva