domingo, 29 de septiembre de 2019

EL CUINER DELS ÚLTIMS DESITJOS

El cuiner dels últims desitjos és l’última pel·lícula de Yôjirô Takita. El protagonista, Misuro Sasaki, és un cuiner de talla mundial que ha perdut la passió per la seua professió. Entre les seues habilitats, hi es troba la possibilitat de cuinar qualsevol plat que haja provat sols una vegada, ja que mai no oblida un sabor. No obstant això, el seu restaurant ha fet fallida per la seua manca d’entusiasme i el seu caràcter extremadament perfeccionista. Quan comença la cinta, Misuro es dedica a cuinar personalment el darrer menjar d’aquells que estiguen disposats a pagar-hi un milió de iens.  

La pel·lícula presenta una fotografia imponent (Yoshinori Oshima) i, un cop més en la filmografia de l’autor, una banda sonora vibrant que acompanya la història d’un mode espectacular, tensant les cordes en els moments adients per aconseguir la nota precisa. La pel·lícula té al seu favor la vistositat de les escenes culinàries, molt més quan es tracta de la cuina del país del Sol naixent, a banda del gust per ritual ancestral de la civilització mil·lenària. Tanmateix, una part de la crítica no ha estat molt indulgent amb ella pel seu enfocament narratiu tradicional, proper a les novel·les realistes vuitcentistes. 

El cuiner Misuro Sasaki s’embarca, per encàrrec, en la cerca del famós receptari que el xef Naotaro Yamagata va elaborar a la dècada de 1930 a Manxúria, la regió xinesa que fou envaïda pels japonesos i que fou el seu protectorat fins les darreries de la Segona Guerra Mundial. El context històric actua com a marc de les traïcions i amors poètics dels quals es nodreix l’argument. Sasaki va desembastant la veritat mitjançant el relat de diferents veus narratives que van viure els fets i que s’acompanyen de dilatats flash-backs per recrear tot el que es conta.

Yôjirô Takita fou conegut internacionalment per l’oscaritzada Acomiadaments (2008). Aquí hi torna a posar sobre la taula dos temes importants en la cultura nipona: la mort i els vincles familiars. La visió oriental de la parca és molt més natural que a Occident i es presenta sempre com el trànsit consubstancial que tots hem de patir algun dia. Sí que s’observa en diferents moments de la trama un detall sorprenent de la cultura de la contenció: personatges que ploren expressant la seua tristesa. Una altra de les qüestions que es va revelant és la vàlua inherent que els japonesos atorguen a la família i als vincles paterno-filials, encara que concedeix un significat rellevant a l’amistat com es veu en situacions importants de l’acció. Tot això fa d’aquesta història quelcom atractiu, però el que desarma a qui va deixant-se seduir per l’ordit d’aquest bell teixit és la revelació de la veritat del protagonista: allò que més anhelem, que moltes vegades experimentem com a mancança, que cerquem amb tossuderia miop es troba davant nostre, o inclús ja dins nostre. Yamagata ho expressa al seu receptari amb una bella metàfora, tan senzilla i tan complexa a la vegada: “El ganivet és el pare. La cassola és la mare. Els ingredients són els amics.”

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 22 de septiembre de 2019

EL FRAUDE DE LA IZQUIERDA

Señores Sánchez e Iglesias, nos han defraudado ustedes profundamente. Han consumado el despropósito temerario de una nueva convocatoria de elecciones generales y lo han hecho teniendo en cuenta única y exclusivamente su interés personal y partidista. Uno ha visto la oportunidad de volver al bipartidismo y noquear a un adversario debilitado; otro busca el poder con obstinación por propia supervivencia. Debería darles vergüenza porque, lejos de retirarse para dar paso a nuevos interlocutores políticos, ahora los ciudadanos tenemos que seguir aguantando sus reproches dialécticos, su infantiloide ‘batalla por el relato’ y su desvergonzado ‘y tú más’.

Su ego hipertrófico nos ha llevado a un callejón sin salida, un cul-de-sac que muchos dudamos que se abra después del 10N: la sentencia del procés, la crisis territorial, la ralentización de la economía, la reforma de las pensiones y la Seguridad Social, la financiación de las CCAA, las leyes progresistas que esperan en el cajón… ¿Les extraña que una parte del territorio se quiera marchar? Los españoles en bloque deberían reivindicar la independencia de sus políticos incompetentes e incapaces. En el mejor de los casos estaremos en una situación similar a la actual; en el peor, los tres partidos de la derecha sumarán y pactarán. Porque no tengan ninguna duda de ello: si PP, Cs y Vox suman, llegarán a un acuerdo para defender los intereses de aquellos a los que representan. Encarnan ustedes el fraude de la izquierda, son el eterno retorno devaluado del cainismo de los partidos de progreso que tanto ha marcado la historia de este país. Se lo recordó el señor Aitor Esteban, un político vasco nacionalista y conservador, en la fallida sesión de investidura, “el cielo se asalta nube a nube.”

Ustedes afirman representar a millones de ciudadanos, pero se pasan sus necesidades y sus expectativas por el forro. Nos han demostrado que les importamos muy poco, nada. Han obrado con la misma sensibilidad social con la que lo hizo el gobierno de Mariano Rajoy cuando aplicaba recortes atroces que afectaban a los sectores más vulnerables de la sociedad. Han actuado movidos por su falo acomplejado que busca aniquilar al enemigo, jugando a un estúpido juego de tronos, aconsejados por gurús de la estrategia política, agazapados en la Moncloa, pensando que son ustedes los garantes del purismo ideológico de izquierdas que puede despreciar la voluntad de millones de personas.

Nos da igual si ustedes se caen bien o no, si no se soportan. Hay necesidades sociales que están a la espera de su ridiculez adolescente. Nos importan un pepino sus doctorados, sus másteres, sus estrategias, su brillantez académica o discursiva porque han demostrado que les falta la más importante de las inteligencias: la emocional. No han sabido leer el momento histórico y social y saber lo que nos jugamos. Se han cargado el deseo de cambio y de pacto que los votantes de izquierdas les encomendaron el 28A, han secuestrado el voto de los ciudadanos y encima nos exigen un rescate. Argumentan que quieren cambiar las vidas de las personas, que pretenden la estabilidad del país. Las suyas sí han cambiado y nos dan la espalda desde un palacio de la Moncloa, desconectado de la realidad cotidiana de los españoles, y desde un acomodado chalet en la sierra desde donde han liquidado las ansias de transformación social del 15M. Y lo hacen con absoluta desfachatez. Para estos lodos, no hacían falta aquellos barros.

Si les parece que soy extremadamente dura en mis aseveraciones, piensen en los enfermos terminales que esperan la aprobación de una ley de eutanasia, en los mayores que esperan sus ayudas a la dependencia, en las personas desempleadas que esperan las políticas activas de empleo (esas que ustedes se disputan), en los trabajadores precarios que esperan una ley laboral más justa, en los pensionistas con bajas pensiones que esperan la derogación del copago farmacéutico, en las personas LGTBI que esperan la aprobación de la ley estatal que garantice sus derechos, en los estudiantes y profesores que esperamos una ley educativa que dé fin a los vaivenes legislativos de los últimos lustros.

Era imprescindible que ustedes dejaran de lado sus animadversiones personales y se pusieran a trabajar, para dar estabilidad y para mejorar (en la medida de lo posible, sin posiciones maximalistas) la vida de todos. Su indignidad política lleva a la incoherencia a los votantes de izquierdas que por responsabilidad (de la que ustedes carecen) debemos ir a votar de nuevo. Aquellos que reconocemos la lucha de nuestros mayores por la democracia nos tragaremos la náusea que su actitud nos provoca y volveremos a depositar la papeleta en la urna. Pero, ¿son conscientes del daño que han hecho a la democracia y a la conciencia política de los jóvenes de este país? Ya pueden ustedes dormir tranquilos.  

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe



domingo, 15 de septiembre de 2019

EL COCINERO DE LOS ÚLTIMOS DESEOS

El cocinero de los últimos deseos es la última película de Yôjirô Takita. El protagonista, Misuro Sasaki, es un cocinero de talla mundial que ha perdido la pasión por su profesión. Entre sus habilidades culinarias, se encuentra la posibilidad de cocinar cualquier plato habiéndolo probado solo una vez, porque jamás olvida un sabor. Sin embargo, su restaurante ha quebrado debido a su falta de entusiasmo y su carácter extremadamente perfeccionista. Cuando empieza la cinta, Misuro se dedica a cocinar personalmente la última comida de aquellos que estén dispuestos a pagar un millón de yenes por ella.

La película goza de una fotografía imponente (Yoshinori Oshima) y, una vez más en la filmografía del autor, de una banda sonora vibrante que acompaña la historia de un modo espectacular, tensando las cuerdas en los momentos idóneos para conseguir la nota certera. La película tiene a su favor la vistosidad de las escenas culinarias, mucho más cuando se trata de la cocina del país del Sol naciente, aparte del gusto por el ritual ancestral de esta civilización milenaria. Sin embargo, una parte de la crítica no ha sido muy indulgente con ella por su enfoque narrativo tradicional, cercano a las novelas realistas decimonónicas.

El cocinero Misuro Sasaki se embarca, por encargo, en la búsqueda del famoso recetario que el chef Naotaro Yamagata elaboró en la década de 1930 en Manchuria, la región china que fue invadida por los japoneses y que fue su protectorado hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. El contexto histórico actúa como marco de las traiciones y amores poéticos de que se nutre el argumento. Sasaki irá deshilvanando la verdad a través del relato de distintas voces narrativas que vivieron los hechos y que se acompañan de dilatados flash-backs para recrear todo lo contado.

Yôjirô Takita fue conocido internacionalmente por la oscarizada Despedidas (2008). Aquí vuelve a poner sobre la mesa dos temas importantes en la cultura nipona: la muerte y los vínculos familiares. La visión oriental de la parca es mucho más natural que en Occidente y se presenta siempre como el tránsito consustancial que todos hemos de sufrir algún día. Sí se observa en diferentes momentos de la trama un detalle sorprendente en la cultura de la contención: personajes que lloran expresando su tristeza. Otra de las cuestiones que se va revelando es el valor inherente que los japoneses otorgan a la familia y a los vínculos paterno-filiales, aunque concede un significado relevante a la amistad como se ve en situaciones importantes de la acción. Todo esto hace de esta historia algo atractivo, pero lo que desarma a quien va dejándose seducir por la urdimbre de este bello tejido es la revelación de la verdad del protagonista: aquello que más anhelamos, que muchas veces experimentamos como carencia, que buscamos con tozudez miope se encuentra delante de nosotros, o incluso ya dentro de nosotros mismos. Yamagata lo expresa en su recetario con una hermosa metáfora, tan sencilla y tan compleja a la vez: “El cuchillo es el padre. La cazuela es la madre. Los ingredientes son los amigos.”

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe


domingo, 8 de septiembre de 2019

LA MUJER DE GRIS

“La mujer no tenía ningún atractivo especial. Ni guapa ni fea, ni alta ni baja, ni joven ni vieja. Un personaje gris entre la masa gris. Con un pañuelo al cuello.” Así empieza La mujer de gris (Navona, 2015), primera novela de Anna Maria Villalonga. Lo interpreto como toda una declaración de intenciones: la narrativa de esta profesora barcelonesa pone el foco en aquellos personajes grises que no importan en los grandes relatos, en la Historia en mayúsculas. Y es por eso que la hace más atractiva a aquellos que buscamos los latidos de los que no importan, de aquellos seres anónimos que transitan por nuestras calles y en los cuales nos podemos fijar por un detalle cualquiera, un pañuelo perdido con olor a perfume femenino. Son todos esos personajes en los que podemos convertirnos nosotros mismos.  

He de reconocer que mi principal prejuicio a la hora de encarar la lectura de esta obra fue la narrativa de la propia autora. ¿Por qué? Después de leer La sonrisa de Darwin (Navona, 2018), segunda novela de Villalonga e historia de personajes bien trabada con una prosa solvente, me adentraba en esta trama intrigada, sin saber muy bien qué encontraría. Pues bien, el resultado no defrauda.  El protagonista, uno de ellos, es un personaje anodino, que no sabe qué hacer con su vida, un inadaptado. Se trata de una especie de James Stewart a la busca de una ventana indiscreta que le brinde la oportunidad de fisgonear y salir de sí mismo. Hay que mencionar las referencias cinematográficas y literarias con las que Villalonga rellena los acontecimientos contados con nuevos significados. Hitchcock y sus títulos importantes están presentes, pero también grandes del cine, como Bogart, y de la literatura, como Virginia Woolf y La señora Dalloway, obra que relee Celia.    

Así cobra toda el significado la cita inicial del prólogo de Espejo roto de la propia Mercè Rodoreda. A este hombre que se mira en el espejo no le gusta lo que ve; siente una gran insatisfacción. Se contempla en el espejo con numerosas ocasiones a lo largo de las páginas del libro. Así busca un autorreconocimiento en la imagen que proyecta, quizás un sueño o quizás la cara más profunda y auténtica de la realidad o de uno mismo. La mujer de gris es la narración de un seguimiento por parte de un hombre que, en realidad, se busca a sí mismo, busca una historia que protagonizar, es casi un personaje a la busca de autor (autora, en este caso) como aquellos de Pirandello. Es consciente de que “soy un voyeur y punto. Y, no nos engañemos, el rol de voyeur es un rol inútil. Por definición”. Como lo sabe, se decide a actuar después de años de parálisis vital y se convierte casi en un personaje quijotesco. Mirar se opone a actuar. Mirar es un papel pasivo”. Esto también lo sabe la escritora Villalonga. Hay que mirar, observar la realidad de manera meticulosa para sacar provecho, para analizarla, pero en un momento incierto tiene que coger libreta y bolígrafo, como su personaje, para comenzar a actuar. Así realidad y ficción se convierten en la dos caras de la misma página, dos fotogramas de la misma película, dos fragmentos del mismo espejo. Y en esta persecución vital se involucra la propia autora, sin quererlo (o quizás sí): solo en la medida en que su protagonista alcance su entidad e identidad como protagonista, ella se convertirá en escritora. El juego metaliterario y metavital se desliza entre los párrafos. No hace falta que os diga que ambos consiguen su objetivo.  

Begoña Chorques Fuster 
Profesora que escribe



domingo, 11 de agosto de 2019

INTENSAMENTE AZULES

Un llibre boig es mereix un article boig. No el califique jo, atrevida professora que escriu; ho diu el seu autor, Juan Mayorga, carterista de les paraules i acadèmic des del juny, per obra i gràcia del Silencio. Intensamente azules (Ed. La Uña Rota, 2017) es un monòleg (o soliloqui, com em va corregir un altre cop l’autor, o antiautor com el va corregir al seu torn i va qualificar Emilio Peral) basat en un anècdota autobiogràfica. Un matí el protagonista s’aixeca i descobreix que les seues ulleres de miop estan trencades; aleshores recorda que al seu darrer aniversari els seus fills li van regalar unes ulleres de natació graduades, intensament blaves. I aquí comença el periple d’aquest pare de família nombrosa que s’atreveix a mirar la realitat des d’una perspectiva distinta: aquella que li ofereixen els cristalls d’unes ulleres de color blau. El resultat és divertit, perquè ens permet treure dramatisme a la realitat que ens envolta, atorgar-li alguna lleugeresa per fer de la nostra existència quelcom més suportable. I aquest exercici de descàrrega de la vida, amb la realitat que ens envolta, sempre és d’agrair. A més, comporta valentia per exercir una llibertat, potser quixotesca: gosar moure’s, pel nostre entorn tan políticament correcte, amb aquesta pinta suposa arriscar-se a mirar-lo des de un altra òptica diferent a aquella que ens han dictat. El nostre protagonista inclús descobrirà que hi ha altres agosarats (inclòs algun professor de Secundària pessimista) que contemplen la realitat des de ulleres de natació grogues, vermelles o negres. Aquestes ulleres de natació de colors ens permetran pensar aquest mon com a voluntat i representació d’una manera nova i peculiar.  

L’edició del llibre va acompanyada d’unes imatges originals i un poc fauvistes de Daniel Montero Galán: il·lustracions boges per a un llibre boig. Possiblement són resultat dels somnis insomnes d’aquest creador autodidacta que ja va fer els dibuixos del seu Teatro 1989 – 2014 (Ed. La Uña Rota, 2014). El muntatge teatral d’aquest soliloqui fou dirigit pel propi autor, cinquè muntatge que posa en escena amb la seua companyia La loca de la casa (més bogeria!), i pujat a les tables al Teatro de la Abadía. César Sarachu, actor que ja va demostrar una notable permeabilitat interpretativa sota la direcció de Mayorga a Reikiavik, ompli un espai pràcticament buit amb la seua veu i el seu llenguatge corporal d’una expressivitat encantadora. Com si d’un mim es tractés, Sarachu pren cada paraula del text mayorguià i li insufla vida amb l’entonació genuïna de la seua dicció singular i la gestualitat del seu cos flac, gairebé de filferros. El muntatge roman fidel a altres de l’autor amb escassa o nul·la escenografia, com El cartógrafo, deixant a la perícia de l’actor i a la nostra imaginació la resta de la feina de composició. 

Com a constant faedor dels seus escrits, Mayorga continua reescrivint la seua obra, millorant-la en la meua opinió, perquè escriu “buscando a otros”, va al nostre encontre per parlar-nos amb un estil més directe. I és al text escrit o en la paraula interpretada on podem trobar-nos, qüestionar-nos a nosaltres mateixos i preguntar-nos pel món d’orats que habitem. “Ojalá este sea sitio de muchos encuentros”, afirma Mayorga. Tant de bo, Juan, que el teatre i la literatura ens permeten seguir coincidint en aquesta extraordinària bogeria quixotesca.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 4 de agosto de 2019

INTENSAMENTE AZULES

Un libro loco se merece un artículo loco. No lo califico yo, atrevida profesora que escribe; lo dice su autor, Juan Mayorga, carterista de las palabras y académico desde junio, por obra y gracia del Silencio. Intensamente azules (Ed. La Uña Rota, 2017) es un monólogo (o soliloquio, como me corrigió de nuevo el autor, o antiautor como lo corrigió a su vez y calificó Emilio Peral) basado en una anécdota autobiográfica. Una mañana el protagonista se levanta y descubre que sus gafas de miope están rotas; entonces recuerda que en su último cumpleaños sus hijos le regalaron unas gafas de natación graduadas, intensamente azules. Y aquí empieza el periplo de este padre de familia numerosa que se atreve a mirar la realidad desde una perspectiva distinta: la que le ofrecen los cristales de unas gafas de color azul. El resultado es divertido, porque nos permite quitar dramatismo a la realidad que nos rodea, otorgarle cierta ligereza para hacer de nuestra existencia algo más llevadero. Y este ejercicio de descarga de la vida, en la realidad que nos rodea, siempre es de agradecer. Además, conlleva valentía para ejercer una libertad, quizás quijotesca: atreverse a moverse, por nuestro entorno tan políticamente correcto, con esas pintas supone arriesgarse a mirarlo desde otra óptica diferente a la que nos han dictado. Nuestro protagonista incluso descubrirá que hay otros osados (incluido algún profesor de Secundaria pesimista) que contemplan la realidad desde gafas de natación amarillas, rojas o negras. Estas gafas de natación de colores nos permitirán pensar este mundo como voluntad y representación de un modo nuevo y peculiar.

La edición del libro va acompañada de unas imágenes originales y algo fauvistas de Daniel Montero Galán: ilustraciones locas para un libro loco. Posiblemente son resultado de los sueños insomnes de este creador autodidacta que ya realizó los dibujos de su Teatro 1989 – 2014 (Ed. La Uña Rota, 2014). El montaje teatral de este soliloquio fue dirigido por el propio autor, quinto montaje que pone en escena con su compañía La loca de la casa (¡más locura!), y subido a las tablas en el Teatro de la Abadía. César Sarachu, actor que ya demostró una notable permeabilidad interpretativa bajo la dirección de Mayorga en Reikiavik, llena un espacio prácticamente vacío con su voz y su lenguaje corporal de una expresividad encantadora. Como si de un mimo se tratase, Sarachu toma cada palabra del texto mayorguiano y le insufla vida con la entonación genuina de su dicción singular y la gestualidad de su cuerpo flacucho, casi de alambres. El montaje permanece fiel a otros del autor con escasa o nula escenografía, como El cartógrafo, dejando a la pericia del actor y a nuestra imaginación el resto del trabajo de composición. 

Como constante hacedor de sus escritos, Mayorga continúa reescribiendo su obra, mejorándola en mi opinión, porque escribe “buscando a otros”, sale a nuestro encuentro para hablarnos con un estilo más directo. Y es en el texto escrito o en la palabra interpretada donde podemos encontrarnos, cuestionarnos a nosotros mismos y preguntarnos por el mundo de orates que habitamos. “Ojalá este sea sitio de muchos encuentros”, afirma Mayorga. Ojalá, Juan, que el teatro y la literatura nos permitan seguir coincidiendo en esta extraordinaria locura quijotesca. 

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico 'Ágora Alcorcón'


domingo, 28 de julio de 2019

LA DONA DE GRIS

“La dona no tenia cap atractiu especial. Ni alta ni baixa, ni guapa ni lletja, ni jove ni gran. Un personatge gris enmig de la massa grisa. Amb un mocador al coll.” Així comença La dona de gris (Llibres del Delicte, 2014), primera novel·la d’Anna Maria Villalonga. Ho interprete com tota una declaració d’intencions: la narrativa d’aquesta professora barcelonina posa el focus en aquells personatges grisos que no importen als grans relats, a la Història en majúscules. I és per això que la fa més atractiva a aquells que cerquem els batecs dels que no importen, d’aquells éssers anònims que transiten pels nostres carrers i en els quals ens podem fixar per un detall qualsevol, un mocador perdut amb olor de perfum femení. Són tots aquells personatges que podem esdevenir nosaltres mateixos.

He de reconèixer que el meu principal prejudici a l’hora d’encarar la lectura d’aquesta obra va ser la narrativa de la pròpia autora. Per què? Després de llegir El somriure de Darwin (Llibres del Delicte, 2017), segona novel·la de Villalonga i història de personatges ben trabada amb una prosa solvent, m’endinsava en aquesta trama encuriosida, sense saber ben bé què hi trobaria. Doncs bé, el resultat no defrauda. El protagonista, un d’ells, és un altre personatge anodí, que no sap ben bé què fer amb la seua vida, un inadaptat. Es tracta d’una mena de James Stewart a la recerca d’una finestra indiscreta que li brinde l’oportunitat d’aguaitar i d’eixir de si mateix. Cal fer esment de les referències cinematogràfiques i literàries amb què Villalonga farceix els esdeveniments contats amb nous significats. Hitchcock i els seus títols importants hi són presents, però també altres grans del cinema, com Bogart, i de la literatura, com Virgínia Woolf i La senyora Dalloway, obra que rellig Cèlia. 

Així pren tot el significat la cita inicial del pròleg de Mirall trencat de la pròpia Mercè Rodoreda. A aquest home que es mira a l’espill no li agrada el que veu; sent una gran insatisfacció. Es contempla al mirall en nombroses ocasions al llarg dels fulls del llibre. Així cerca un autoreconeixement en la imatge que hi projecta, potser un somni o potser la vessant més profunda i autèntica de la realitat o d’un mateix. La dona de gris és la narració d’un seguiment per part d’un home que, en realitat, es cerca a si mateix, cerca una història que protagonitzar, és gairebé un personatge a la recerca d’autor (autora, en aquest cas) com aquells de Pirandello. N’és conscient que “sóc un voyeur i prou. I, no ens enganyem, el rol de voyeur és un rol inútil, per definició”. Com que ho sap, es decideix a actuar després d’anys de paràlisi vital i esdevé un personatge gairebé quixotesc. Mirar s’oposa a actuar. Mirar és un paper passiu”. Això també ho sap l’escriptora Villalonga. Cal mirar, observar la realitat de manera meticulosa per traure’n profit, per analitzar-la, però en un moment incert ha de mamprendre llibreta i bolígraf, com el seu personatge, per començar a actuar. Així realitat i ficció esdevenen les dues cares del mateix full, dos fotogrames de la mateixa pel·lícula, dos fragments del mateix mirall. I en aquesta persecució vital s’hi involucra la pròpia autora, sense voler-ho (o potser sí): només en la mesura que el seu protagonista assolisca la seua entitat i identitat com a protagonista de la història, ella esdevindrà escriptora. El joc metaliterari i metavital s’esgola entre els paràgrafs. No cal que us diga que ambdós aconsegueixen el seu objectiu.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu