domingo, 30 de junio de 2019

ÉXITO ELÉCTRICO

Ya te digo yo que este aparato estupendo cura un sinfín de enfermedades crónicas. Ha acabado con la más larga que he sufrido a lo largo de mis días de casada. Ahora lo sé ciertamente; antes solo lo intuía… El caso es que Pedro se encuentra mejor del reuma y la faja eléctrica alivia sus ataques de gota que, aunque no han desaparecido, han remitido en el último año. Eso es innegable. También lo es que me importa menos y empiezo a ver la vida de otro color. Espero que nadie se sienta escandalizado por esto que acabo de decir, pues ciertamente no he dejado de ser la solícita y abnegada esposa para lo que fui educada. 

Aún recuerdo el día que llegó con ella. Con la faja eléctrica, quiero decir, no vayan ustedes a pensar mal, que en esta casa somos gente muy decente… Que si era un invento eficaz contra numerosos males, que si estaba causando furor en gabinetes electro-terapéuticos de Madrid y Barcelona, que si por fin había llegado a Valencia, la capital del Turia… El buen hombre puso su empeño en hacerse con uno de aquellos corsés milagrosos y lo consiguió. Tengo que decir que es muy obstinado en aquello que quiere de verdad. ¡Una lástima que no se haya aplicado con mayor dedicación en otros aspectos más íntimos!  Lo que no imaginaba yo entonces era que acabaría siendo la mayor bendición matrimonial que hemos recibido desde que salimos de la parroquia el día de nuestro enlace. ¡Que viva la revolución científica!

Llegó entusiasmado con el artilugio metido en la caja. Venía empaquetado de manera impecable y con una presentación refinada. Se asemejaba más a un carísimo complemento para un elegante traje de sastre, cortado y cosido a mano, que a una vulgar faja que propinaba pequeñas e intermitentes descargas eléctricas. ¡Qué atrevida es la ignorancia y con qué ligereza juzgamos lo que desconocemos! Claro que, teniendo en cuenta el precio prohibitivo del artefacto y recordando las restricciones presupuestarias a las que me sometía este pedrusco que tengo por marido, recibí en mi morada aquella máquina con el mayor de los recelos. Robar es pecado; ya nos lo dice el séptimo mandamiento de la ley de Dios. Y a mí a católica, apostólica y romana no me gana nadie. Pero cuando a quien robas es a tu Adán porque no te da lo suficiente para tapar las cinco bocas que nos sentamos a la mesa, te conviertes en una costilla pragmática y eficaz. Lo más gracioso de todo es que el muy tonto presume de cómo su ángel del hogar aprovecha los escasos recursos económicos que le proporciona…

Tengo que reconocer que mis inicios con el nuevo armatoste no fueron nada esperanzadores. Pedro tardó unos cuatro meses en empezar a notar los efectos benefactores de aquel invento revolucionario, mientras que yo advertí las consecuencias, de manera casi inmediata, en el recibo del suministro eléctrico que me traía el hombre de la compañía. Parece que este mes se han dejado ustedes alguna luz prendida alumbrando a los ratones, me espetó con sorna cuando observó el incremento de la cifra y mi rostro de sorpresa y desconcierto. Con firmeza y educación le respondí que si iluminábamos a roedores, a felinos o a cualquier criatura del Señor era asunto nuestro; que para eso soy hija de mi madre y aprendí de ella esa determinación.

El primer cambio positivo que trajo a mi hogar cristiano este invento singular fue la mejora del peculio semanal que recibía para la manutención de la familia. No obstante, en los días en que los dolores corporales del cabeza de familia empezaron a remitir se apreció como bien invertido aquel capital. Tanto fue así que mi Pedro, haciendo honor a su nombre, no se dio cuenta tampoco de que el consumo eléctrico y el coste de la factura seguían incrementándose. Fue entonces cuando mi vida matrimonial se transformó para siempre. Despertada mi curiosidad por la mejoría notable del estado general de mi media naranja –¡una pena no haber hecho zumo!–, me decidí a probarla en una de las tediosas horas de soledad que las amas de casa tenemos y de las que yo ahora tanto gozo.  

Mis problemas de lumbalgia remitieron de manera inmediata y las molestias que sufría en la espalda desaparecieron en apenas cuatro semanas. Sin embargo, continuaba ocupándome de los quehaceres domésticos con el mismo ímpetu y dedicación. Me colocaba la faja alrededor del tronco por encima de la ropa interior para que no se notara el uso clandestino que hacía del aparato. Lo hacía en el cuarto de aseo, para no ser sorprendida, en el caso de que alguien llegara a casa a una hora inhabitual. Con sesiones cortas de escasos minutos noté una mejora considerable de mi condición física.

La revolución empezó aquella mañana que estaba estirando las sábanas del lecho matrimonial. Pedro no había guardado en su caja aquella máquina prodigiosa que había quedado posada sobre la consola junto al armario. Cerré las ventanas convenientemente para no atraer ni miradas ni oídos indiscretos y me volví a quedar en paños menores. Era temprano, apenas hacía media hora que todos habían salido de casa hacia sus ocupaciones diurnas, me sentí liberada de horarios y obligaciones familiares. Acoplé la faja eléctrica en el enchufe situado en mi lado de la cama y la coloqué alrededor de la cintura, su posición acostumbrada. Pero no la abroché. Empecé a notar las pequeñas descargas benéficas que el aparato proporcionaba. Eran como pellizcos suaves sobre la piel. A continuación me desprendí de la camiseta interior. No sentí nada de frío porque la temperatura de mi cuerpo aumentaba con cada embestida de la corriente. Me tumbé en la cama, cerré los ojos y me dejé llevar por la cálida sensación de bienestar. Poco a poco los calambres se fueron desplazando hacia la parte posterior de mi espalda, llegando hasta el final de mi columna. La impresión de incandescencia crecía a un ritmo constante. La banda se había situado sobre mi pubis que empezó a sentir las sacudidas cortas, intermitentes, ardientes, dolorosas pero deleitosas, que proporcionaba aquel utensilio celestial. No podía detener el deseo de continuar aquella escalada de placer que nunca antes había sospechado. Temía que las palpitaciones trepidantes de mi corazón desbocado que sentía en el pecho y entre los muslos me provocaran un fallo cardíaco, pero era imposible parar aquella ascensión al monte Tabor de los sentidos. El aumento del ritmo de las pulsaciones y de la sensación de fruición me llevó al borde de un abismo por el que temí y deseé despeñarme. La consumación de la transfiguración carnal desbordó una enloquecida plenitud de placer entre mis piernas que se extendió por todas las terminaciones nerviosas de mi piel. Aquella convulsión descontrolada, atroz, salvaje me asustó y me atrajo irremediablemente hacia sí. Me sentí poderosa, dueña de mi cuerpo y de mi sexo. ¡Que viva la revolución científica!
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Relato publicado en 101 relatos de la publicidad antigua (Valencia en la memoria)
Vinatea Editorial, 2018 


domingo, 23 de junio de 2019

#PLAER FEMENÍ

#Plaer femení és un documental de Barbara Miller que tota adolescent i dona jove hauria de veure. La directora hi recull el testimoni de cinc dones empoderades d’orígens ben diferents i amb unes circumstàncies personals molts diverses. Totes tenen en comú que van haver de rebel·lar-se contra les seues comunitats i viure l’ostracisme i l’enfrontament amb els seus entorns socials, culturals i religiosos. Segons Miller, arreu del món i de maneres diferents, “el cos de les dones i la seua sexualitat continuen essent controlats.”

Deborah Feldman és una escriptora americana, mare d’un fill, que viu a Nova York exiliada de la comunitat jueva ortodoxa on va créixer i on fou educada a Brooklyn. Leyla Hussein és una psicoterapeuta i activista social d’origen somali, víctima de l’ablació genital quan era una nena de set anys i que viu amb la seua filla adolescent a Londres. Rokudenashiko és una artista pop japonesa que fou jutjada per obscenitat per fer motlles de la seua vagina per elaborar obres d’art i acabar amb el tabú del sexe femení al Japó. Doris Wagner-Reisinger és una filòsofa, activista pels drets de la dona i ex monja alemanya que fou violada per un membre del clergue i assetjada per un altre sacerdot que va demanar ser el seu confessor i al qual va acabar denunciant. Vithika Yadav és una activista pels drets humans, sexuals i de gènere a l’Índia, que defensa els matrimonis per amor i que pretén acabar amb els casaments concertats entre adolescents.

#Plaer femení és un al·legat pel dret d’autodeterminació que tenen les dones sobre el seu propi cos i la seua pròpia vida, però també és una defensa del dret a una sexualitat plena per a les dones. Potser puga semblar-nos quelcom superat a la nostra societat occidental, o ja no tant després de l’última onada feminista amb la seua conseqüent reacció. Mitjançant aquestes cinc dones, aquesta història deixa en evidència com les estructures socials, apuntalades per les creences religioses, han demonitzat la sexualitat femenina i l’han feta esdevenir una eina d’opressió. Malgrat la distància geogràfica i cultural de tots els seus relats, trobem un punt en comú: la negació del plaer femení i el control de la reproducció han estat els mecanismes que la meitat de la població ha tingut per sotmetre l’altra meitat. Miller afirma que aquesta no és una pel·lícula sobre les religions, no obstant això, el paper que han desenvolupat per perpetuar els privilegis masculins a les estructures de poder es revela com un argument incontestable en la història d’aquestes cinc veus femenines. “Els paral·lelismes a nivell mundial són aterridors.” Mutilacions, abusos, esclavitud, violacions, matrimonis forçats són els instruments de sotmetiment cultural i religiós que han emprat el judaisme, el cristianisme, el bramanisme, el budisme i el islamisme. Totes estan basades en la misogínia i en el principi que el cos de la dona és un objecte que ha de satisfer la sexualitat dels homes.

Refaig la meua tesi i concloc: #Plaer Femení és un documental de Barbara Miller que totes les dones haurien de veure amb els homes que estimen i defensen les dones.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 16 de junio de 2019

#PLACER FEMENINO

#Placer femenino es un documental de Barbara Miller que toda adolescente y mujer joven debería ver. En él, la directora recoge el testimonio de cinco mujeres empoderadas de muy distinto origen y con unas circunstancias personales muy diversas. Todas tienen en común que debieron rebelarse contra sus comunidades y vivir el ostracismo y el enfrentamiento con sus entornos sociales, culturales y religiosos. Según Miller, en todo el mundo y de maneras diferentes, “el cuerpo de las mujeres y su sexualidad continúan estando controlados.”

Deborah Feldman es una escritora americana, madre de un hijo, que vive en Nueva York exiliada de la comunidad judía ortodoxa en la que creció y fue educada en Brooklyn. Leyla Hussein es una psicoterapeuta y activista social de origen somalí, víctima de la ablación cuando era una niña de siete años y que vive con su hija adolescente en Londres. Rokudenashiko es una artista pop japonesa que fue juzgada por obscenidad por hacer moldes de su vagina para elaborar obras de arte y acabar con el tabú del sexo femenino en Japón. Doris Wagner-Reisinger es una filósofa, activista por los derechos de la mujer y ex monja alemana que fue violada por un miembro del clero y acosada por otro sacerdote que pidió ser su confesor y al que acabó denunciando. Vithika Yadav es una activista por los derechos humanos, sexuales y de género en la India, que defiende los matrimonios por amor y que pretende acabar con los casamientos concertados entre adolescentes.

#Placer femenino es un alegato por el derecho de autodeterminación que tienen las mujeres sobre su propio cuerpo y su propia vida, así como una defensa del derecho a una sexualidad plena para las mujeres. Quizás pueda parecernos algo superado en nuestra sociedad occidental, o ya no tanto después de la última oleada feminista con su consecuente reacción. A través de estas cinco mujeres, esta historia deja en evidencia cómo las estructuras sociales, apuntaladas por las creencias religiosas, han demonizado la sexualidad femenina y la han convertido en un arma de opresión. A pesar de la distancia geográfica y cultural de todos sus relatos, encontramos un punto en común: la negación del placer femenino y el control de la reproducción han sido los mecanismos que la mitad de la población ha tenido para someter a la otra mitad. Miller afirma que esta no es una película sobre las religiones, sin embargo, el papel que estas han desarrollado para perpetuar los privilegios masculinos en las estructuras de poder se revela como algo incontestable en la historia de estas cinco voces femeninas. “Los paralelismos a nivel mundial son aterradores.” Mutilaciones, abusos, esclavitud, violaciones, matrimonios forzados son los instrumentos de sometimiento cultural y religioso que han utilizado el judaísmo, el cristianismo, el brahmanismo, el budismo y el islamismo. Todos ellas están basadas en la misoginia y en el principio de que el cuerpo de la mujer es un objeto que debe satisfacer la sexualidad de los hombres.

Rehago mi tesis y concluyo: #Placer Femenino es un documental de Barbara Miller que todas las mujeres deberían ver junto con los hombres que aman y defienden a las mujeres.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico Ágora Alcorcón


domingo, 2 de junio de 2019

BOY ERASED

Identitat esborrada és el segon llargmetratge de Joel Edgerton com a director. Està basat en el llibre Boy Erased (Identidad borrada) (Ed. Dos bigotes, 2019) en el qual el seu autor, Garrard Conley (1985, Arkansas) conta la seua experiència en un programa per a curar la seua homosexualitat, recolzat per l’Església. Els fets que es conten van ocórrer fa només quinze anys.  

La pel·lícula està protagonitzada per un contingut Lucas Hedges que interpreta Jared Eamons, un jove de 19 anys que ha viscut una infantesa feliç. Jared és fill d’un predicador baptista (Russell Crowe) al qual admira per la seua dedicació a la comunitat i d’una abnegada mare (Nicole Kidman) que sembla no qüestionar el paper que li ha atorgat la societat en què viu. Jared és un xicot bo i observador, que tracta d’ésser sincer amb ell mateix. Per això, abans d’anar a la universitat, decideix deixar-ho amb la seua núvia. Poc temps després els seus pares descobreixen que és homosexual i li plantegen l’ultimàtum: o ets gay o ets el nostre fill. Aleshores Jared accepta sotmetre’s a una teràpia de conversió en LIA (Love in Action), una entitat de caràcter cristià que pretén canviar la personalitat de qui es sotmet a aquest tractament mitjançant el reconeixement de l’error i del pecat de l’homosexualitat.

Després de l’ingrés del pacient, es duu a terme un control ferri dels hàbits quotidians. Se’l priva del seu telèfon mòbil, per evitar que vegi pornografia, i tot allò que puga ser un element de distracció: qualsevol lectura que no siga religiosa, l’escriptura creativa que nodreix la imaginació o practicar el ioga, per exemple. El homes han d’anar pulcrament afaitats i sense patilles i les dones han de depilar-se dues vegades a la setmana. Els colors en la vestimenta i la roba són coses que també es controlen i es vigilen. Mitjançant aquestes actuacions, s’inicia la negació de la personalitat de la persona que es sotmet a aquest tractament, la seua alienació, perquè siga capaç de sentir ‘el perdó de Déu’ a la seua terrible culpa: ser com és, sentir atracció sexual i amorosa per persones del seu mateix sexe. No ser capaç de reprimir aquests impulsos, conduirà al rebuig d’un mateix fins el punt de conduir al suïcidi en algun cas.

La història que recull el llibre i la pel·lícula va succeir als Estats Units fa quinze anys (poc o molt de temps, segons es mire). A Espanya, fa només dos mesos, va saltar la notícia als mitjans de comunicació que aquestes pseudoteràpies s’impartien sota l’empar de l’Arquebisbat d’Alcalá de Henares, ja que s’han interposat algunes demandes. Malgrat que són il·legals a la Comunitat de Madrid, més enllà del consentiment de la persona o no, els bisbes van passar de guardar silenci i no defensar-lo a tancar files al voltant de Reig Pla, perquè l’Església no pot renunciar a acompanyar a aquelles persones que senten malestar per la seua orientació sexual. ¿Us imagineu a un religiós dient-vos si us heu plantejat alguna vegada assistir a teràpia per tractar-vos aquelles inclinacions negatives que sentiu? Jo no he d’imaginar-m’ho.  

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 26 de mayo de 2019

IDENTIDAD BORRADA

Identidad borrada es el segundo largometraje de Joel Edgerton como director. Está basado en el libro Boy Erased (Identidad borrada) (Ed. Dos bigotes, 2019) en el cual su autor, Garrard Conley (1985, Arkansas) cuenta su experiencia en un programa para curar su homosexualidad, apoyado por la Iglesia. Los hechos que se cuentan ocurrieron hace apenas quince años.

La película está protagonizada por un contenido Lucas Hedges que interpreta a Jared Eamons, un joven de 19 años que ha vivido una infancia feliz. Jared es hijo de un predicador baptista (Russell Crowe) al que admira por su entrega a la comunidad y de una abnegada madre (Nicole Kidman) que parece no cuestionar el papel que le ha otorgado la sociedad en la que vive. Jared es un muchacho bueno y observador, que trata de ser sincero consigo mismo. Por eso, antes de ir a la universidad, decide cortar con su novia. Poco tiempo después sus padres descubren que es homosexual y le plantean el ultimátum: o eres gay o eres nuestro hijo. Entonces Jared acepta someterse a una terapia de conversión en LIA (Love in Action), una entidad de carácter cristiano que pretende cambiar la personalidad de quien se somete a este tratamiento mediante el reconocimiento del error y del pecado de la homosexualidad.

Tras el ingreso del paciente, se lleva a cabo un control férreo de sus hábitos cotidianos. Se le priva de su teléfono móvil, para evitar que vea pornografía, y de todo aquello que pueda ser un elemento de distracción: cualquier lectura que no sea religiosa, la escritura creativa que incentiva la imaginación o practicar el yoga, por ejemplo. Los hombres deben ir pulcramente afeitados y sin patillas y las mujeres deben depilarse dos veces por semana. Los colores en la indumentaria y el vestuario es algo que también se controla y vigila. Mediante estas actuaciones, se inicia la negación de la personalidad de la persona que se somete a este tratamiento, su alienación y que este sea capaz de sentir “el perdón de Dios” a su terrible culpa: ser como es, sentir atracción sexual y amorosa por personas de su mismo sexo. No ser capaz de reprimir estos impulsos, conducirá al rechazo de uno mismo hasta el punto de llevar al suicidio en algún caso.

La historia que recoge el libro y la película ocurrió en Estados Unidos hace quince años (poco o mucho tiempo, según se mire). En España, hace apenas dos meses, saltó la noticia a los medios de comunicación de que estas pseudoterapias se impartían bajo el amparo del Arzobispado de Alcalá de Henares, ya que se han interpuesto algunas demandas. Pese a ser ilegales en la Comunidad de Madrid, más allá del consentimiento de la persona o no, los obispos pasaron de guardar silencio y no defenderlo a cerrar filas en torno a Reig Pla, porque la Iglesia no puede renunciar a acompañar a aquellos que sienten malestar por su orientación sexual. ¿Se imaginan a un religioso diciéndoles si se han planteado alguna vez asistir a terapia para tratarse esas inclinaciones negativas que sienten? Yo no tengo que imaginármelo.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico Agora Alcorcón


domingo, 19 de mayo de 2019

RESEÑA DE ABSÈNCIA DE PILAR DEL POZO MANCHADO

Lenguas como peces: Absència (Ausencia), poemario de Begoña Chorques Fuster: Hace unos días falleció una de las grandes voces poéticas de este país, Francisca Aguirre, a los 88  años. Su necesidad de escribir, de poetizar surgió de una herida: la muerte en la cárcel de Porlier de su padre, el policía republicano y pintor Lorenzo Victoriano Aguirre.  Unos pocos días antes de su ejecución a garrote vil, la pequeña Paca se puso de rodillas en el Pardo ante la hija del mismísimo Franco para pedirle que transmitiese a su papá la súplica de cambiarle a Lorenzo Aguirre la condena de muerte por la de cadena perpetua. Casi 30 años después de que se abriera aquella herida, Francisca Aguirre recogía la ausencia del padre en estos versos finales de su poema Hace tiempo
Pero no volvió nunca.
Solo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.

Y es que hay heridas que no terminan de cerrarse nunca. Son esas que en parte nos hacen ser quienes somos. Para Paca Aguirre fue la herida del padre ejecutado. De la herida de Begoña Chorques Fuster, autora de Abséncia (Ausencia), si me lo permiten, les hablaré a continuación. 

Dice el poeta catalán Joan Margarit, que nadie es más realista que un poeta.  De hecho, si sirve de algo la poesía, además de guarecernos de la intemperie como también señala Margarit es, creo yo, para sembrar los jardines de dudas y decir verdades que a veces contradicen las leyes geométricas: verdades sobre el amor, la soledad, los miedos, la tristeza, la amistad pero también la muerte. La propia y la ajena. Siempre he pensado que no hay mejor definición posible de la muerte que la de estos versos de Salvatore Quasimodo:

Cada uno está solo sobre el corazón de la Tierra
traspasado por un rayo de sol,
y de pronto la noche.

Ese “y de pronto la noche”, en el caso de Begoña Chorques Fuster es la muerte de la yaya Trini.  
En Absència, en Ausencia,  Begoña no fabula, no esquiva, no serpea ese acontecimiento traumático que supuso en su vida el fallecimiento de su abuela. Este  segundo  poemario de la autora de Xátiva compuesto en catalán y traducido por la propia poeta al español   es una crónica poetizada llena, si se me permite, de flash backs de lo que ese yo lírico suyo recuperó tras aquella pérdida que, me temo,  no está dispuesta a asumir, porque Begoña (a la que conozco y admiro desde que su primer poemario, Olor de poma verda, me agitara y nos reuniera en el amor por la poesía) nunca estará preparada para la ausencia de su abuela y lo digo aquí, públicamente, no para que conste en acta, sino para encajarlo como un acto suyo de rebeldía  frente a la inexorabilidad de la muerte—, dado que le duele tanto su ausencia, ella, Begoña Chorques Fuster ha decidido escribir y publicar este poemario con el que contradice a la muerte, al menos a una de ellas. La propia Begoña da a entender que  hay dos muertes y contra la que se siente capaz de luchar es contra esa tan manriqueña que sucede cuando nos cae encima el olvido de la palabra.  Y nos muestra  la solución poética, la manera que ha encontrado ella  de plantar cara a esta otra muerte y que nos confiesa en Transferencia 3: Los libros y las palabras me vuelven a situar cerca de ti”. De hecho, cuando Begoña  confiesa en su poema Negación “Me aferro al tabique de la memoria/ guardando cada recuerdo quebradizo/ en botellas de vidrio deformado/ por ríos de fuego que me queman la mente”, en realidad nos viene a decir que por encima del dolor,  está  su certeza  de que se pueden alimentar los recuerdos  como se alimentan a  las palomas.   La memoria de la abuela fallecida se sostiene y engorda en este bello poemario que no solo habla de la yaya Trini, sino de mi abuela, de nuestras abuelas. Begoña Chorques Fuster rememora y se duele, pues, pero, y permítanme que vuelva a Joan Margarit, desde ese realismo, desde esa capacidad de disparar verdades que tiene siempre la poesía, la buena poesía. Verdades que a veces se convierten en Absència en auténticos aforismos camicaces, como esa terrible verdad que nos dispara la poeta de que “La vida no tiene piedad de nadie” o esa otra tan cercana al surrealismo lorquiano: “Los políticos juegan a los dados con el pan que falta a los niños”.  

Antes de continuar, me gustaría detenerme en el título,  tan obvio  ¿verdad?: ya no está la yaya Trini, luego hay que hablar de su ausencia. Sin embargo,  creo yo, que en verdad la ausencia al terminar uno de leer el poemario inevitablemente hay que entenderla como un maravilloso oxímoron: y es que no hay nadie tan presente en el receptor, tras la lectura de Absència, que esa mujer vital y anciana a pesar de su fallecimiento: la yaya Trini se halla por siempre guarecida, nombrada entre estos versos inmortales; e insisto, no solo ella, sino también nuestras abuelas: mi abuela Fausta, su abuela Lute, su abuela Marcela, nuestras abuelas.  La ausencia se convierte pues, en presencia a través de esos poemas que se centran en el momento de la muerte y de esos otros  flashback que relatan episodios del pasado protagonizados por nieta y abuela y que nos hacen pensar en un poemario atípico, cercano al relato poético, pero también al realismo mágico que aparece en   Sueños, cuyos versos son un aguijonazo al alma: “Esta vez te he de explicar que es este el definitivo adiós, hirsuto infortunio de tu partida, cruel y duro anuncio de tu final”. Tras contar el yo lírico a la abuela que ha fallecido, Begoña termina con unos versos que, no obstante,  reconfortan del tono elegiaco: 

Con mis dedos repaso el perfil
de tus ojos, astillas de mar, que llegan
a mis manos que quedan en paz.

Para finalizar, me gustaría hacer reparar al lector en algo que a mí, particularmente, me desconcertó cuando leí por primera vez Absència: las citas que encabezan algunos de los poemas. 
“El pasado es una criatura tan curiosa”. (Emily Dickinson)

“Subiré la tristeza al desván”.  (María Mercé Marçal)
  
“Me protegen tus brazos del invierno”. (Alfonsina Storni) 

Me voy de ti con vigilia y con sueño”. (Gabriela Mistral) 

“El viento muere en mi herida”. (Alejandra Pizarnik)

“Cuando callamos seguimos teniendo miedo”. (Audrie Lorde) 

“Se acaba la inocencia”. (Szymborska)

“La espera ha comenzado de nuevo”.  (Silvia Plath)

“La poesía necesita de una madre”. (Virginia Woolf)

Se trata de nueve voces de mujeres,  grandes autoras pero también referentes en muchos casos de la lucha feminista. Son citas y son autoras que mantienen la coherencia de ese universo femenino creado por Begoña en Absència. ¿Por qué entonces abre su poemario con una cita del Calderón de la Barca de La vida es sueño? ¿Por qué esas palabras del príncipe Segismundo "Mas sea verdad o sueño,/obrar bien es lo que importa;/si fuere verdad, por serlo;/si no, por ganar amigos/para cuando despertemos? Y cuando uno tiene una duda, lo mejor es preguntar. Y así lo hice y me gustó tanto la respuesta de Begoña como su poemario. 

En La vida es sueño, hay un personaje femenino, Rosaura , que para luchar por su honra se disfraza de hombre y, curiosamente, en una puesta en escena magistral de Helena Pimenta que realizó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en 2012, año en el que enfermó la yaya Trini,  el papel de príncipe Segismundo no lo interpretó un actor, sino una actriz que recibió ese mismo año el Premio Nacional de Teatro: Blanca Portillo.  Tal y como me confesó nuestra poeta, que vio esa representación en dos ocasiones, le impactó sobremanera aquel Segismundo, como también me ocurrió a mí y a tantos que vimos aquel montaje, porque la Portillo tenía la fuerza no de un hombre, sino de lo humano. Begoña estuvo además en una mesa redonda donde Blanca Portillo habló de su personaje, contó anécdotas personales, como que era la cuarta de ocho hermanos en una familia en la que el padre murió prematuramente, y  le escuchó recitar con vehemencia esos versos con los que abre su poemario. Los eligió, tal y como me explicó en una conversación por whatsapp, porque en ellos estaba no sólo la voz de Blanca Portillo o de Segismundo o de Calderón, sino también la de su abuela;  resumían muy bien, según Begoña, la filosofía de vida de la yaya Trini: “obrar bien es lo que importa”, sea (la vida) verdad o sueño.  

Y sí, ya para concluir, el yo lírico en Absència, habla de la yaya Trini, pero en estos versos que necesariamente uno lee y asume con ojos de luna llena, está también la certeza, como decía al comienzo de esta reseña, de que en cada uno de nosotros hay heridas que nunca se cierran para recordarnos que somos, que existimos, "sea verdad o sueño".
Pilar del Pozo Manchado


domingo, 12 de mayo de 2019

AMOUR

Aquests dies m’ha tornat a la ment el record d’una pel·lícula colpidora i imprescindible: Amour (Michael Haneke, 2012). Els protagonistes, Georges (Jean-Louis Trintignant) i Anne (Emmanuelle Riva), dos persones grans de vuitanta anys, són professors de música jubilats que viuen a París. Ambdós han tingut una vida plena; tenen una filla, que també es dedica a la música, que viu a Londres amb el seu marit i que sembla no entendre les decisions del seu pare. Anne pateix un infart que li paralitza la meitat del cos i comença un lent deteriorament físic que la conduirà a la dependència absoluta i la postració. En aquest moment, el títol de la història pren tot el seu significat. Lluny de l’amor romàntic la concepció del qual anem superant sols de mica en mica, la història, contada amb senzillesa i austeritat (propera a la cruesa, sense a penes acompanyament musical), se centra en dos ancians que encaren el tram final de les seues existències amb la companyia de la malaltia i el patiment que suposa. Aquesta història d’amor desembocarà en el final inevitable i previsible: la mort.

Amour conta una història d’amor que es troba en la darrera trajectòria (la més difícil i dura), una història llarga de dues persones que han construït el seu camí plegades. Haneke ens diu que l’amor a l’altre és un sentiment que es crea amb el temps, que requereix temps que també suposa sacrifici. Desig i enamorament són els focs artificials inicials que ens obrin a la possibilitat de l’estima, aqueix sentiment més permanent i estable que ens condueix a la incondicionalitat. Georges farà el possible per atendre la seua dona i alleugerir el seu patiment fins les últimes conseqüències. Fa costat a la seua dona i contempla la seua degeneració romanent passe el que passe.

En algunes seqüències de la cinta, l’espectador pot palpar la vida que ha compartit aquesta parella, una vida que estimen per les emocions que brinden i per la possibilitat de compartir amb altres, una vida que han gaudit mentre els ha estat possible: la història comença amb el seu retorn a casa d’un concert de música clàssica. Quan Georges pren la decisió que adopta sobre la malaltia de la seua dona, sols es pot entendre com un acte d’estima, un acte d’autèntic afecte i admiració que el duu a respectar les decisions i promeses que li ha fet a la seua companya. La dignitat de la seua dona és ja per damunt de tota llei humana, social i religiosa. En aquest punt, hagués resultat més senzill que la legislació tingués en compte la llibertat de la persona per decidir sobre el seu patiment i la pròpia mort. Però la determinació de Georges per complir la voluntat de la seua dona està ja apuntalada en aquest amor definitiu que sent per ella.

Aquest és el relat d’Amour. Canviem ara els noms dels protagonistes i anomenen-los Ángel Hernández i María José Carrasco. Tindran aleshores una història d’amor real, autèntica, que supera tota ficció: una història que es mereix tot el respecte i cap persecució ni sentència judicial.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu