El caballero de Olmedo de Lope de Vega ha vuelto a subir a las tablas del Teatro de la Comedia de Madrid, después de su estreno en el Festival de Almagro este verano. El caballero de Olmedo es una de las obras más representativas del teatro español del Siglo de Oro. El montaje está a cargo de Laia Ripoll, en su primera obra como directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El caballero de Olmedo es crónica de una muerte anunciada desde el momento en que las luces se apagan y comienza la representación, aunque nos resistamos a tan ruin y traicionero final para nuestro protagonista.
La fuerza dramática del texto consiste en cómo la sombra de la tragedia va abriéndose camino sobre la historia de amor de don Alonso (Víctor Sáinz) y doña Inés (Elisabet Altube). La versión nos muestra un caballero de Olmedo enamorado, cercano a la inocencia, que no es capaz de intuir la traición que se cierne sobre él. Don Rodrigo (Jorge Varandela), el pretendiente rival y antagonista, se comporta como la quintaesencia de la ingratitud, la envidia y la deslealtad.
Aportan una corriente importante de frescura y aplomo sobre el escenario Fabia, una alcahueta a la que recurre don Alonso –aunque con intenciones honrosas– para conseguir el encuentro con doña Inés, y Tello, el criado leal de don Alonso, que añade la dosis necesaria entre el humor del gracioso y la cordura del criado fiel que actúa como la voz de la conciencia del protagonista. El personaje de Fabia, interpretado por Arantxa Aranguren con gran desenvoltura, tiene unos claros tintes celestinescos que arraigan la obra con su tradición literaria; mientras que Toni Miso borda el papel del criado, dejándonos circunspectos en su parlamento final.
La puesta en escena es minimalista, sobria, para que el texto vaya calando en el espectador a medida que la belleza del verso se revela con sencillez y buena dicción. La ambientación da un salto en el tiempo y se sitúa en el Romanticismo, con un vestuario elegante, cercano a la novela gótica. Desde el inicio, el juego de luz y sombra entre unas telas vaporosas, que sugieren más que muestran y por las que se desliza nuestro caballero nos insinúan ese final inexorable.
Que de noche le mataron
al
caballero,
la
gala de Medina,
la
flor de Olmedo.
Sombras le avisaron
que no saliese,
y le aconsejaron
que no se fuese
el
caballero,
la
gala de Medina,
la
flor de Olmedo.
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe

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