domingo, 26 de mayo de 2024

UNA PROMESA

Dilectos alumnos, esta tarde me dirijo a vosotros para haceros una promesa. Pero dejadme que haga memoria de lo que ya ha sido. Milena Busquets afirma que “es bueno que te expulsen de la infancia” porque “para crear se necesitan paraísos perdidos”. Hoy pronuncio estas palabras para certificaros vuestra expulsión del paraíso perdido de la infancia y del bosque encantado de la adolescencia. Es tiempo de que abandonéis este espacio que os ha acogido y que habéis llenado de bullicio y de preguntas durante seis años. Antes, debéis concederos el tiempo necesario para vuestro duelo, sentaos en el umbral de la puerta que estáis a punto de atravesar, echad la vista atrás con gozo y melancolía y despedíos del niño y del adolescente que habéis sido. Una parte sustancial de estos se va a quedar con los adultos que hemos tenido la suerte de acompañaros y de presenciar los brincos hacia el cielo que habéis ido dando a lo largo de todos estos años.

 

En esa mirada retrospectiva, veréis que habéis tenido que atravesar dificultades que otros en el pasado ni siquiera se pudieron imaginar. Nos parece un recuerdo irreal aquellos meses de confinamiento con un final de curso casi distópico cuando cursabais 2º ESO. Pero resultó aún más difícil 3º ESO, un curso crucial en vuestro desarrollo, que hubisteis de afrontar en régimen de semipresencialidad, como si pudiéramos vivir en días alternos. Aquellos meses observé que los adolescentes hablabais más entre vosotros dejando de lado los aparatos: necesitábamos contacto humano después de meses de aislamiento. La pandemia nos dejó helados de tanto ventilar y nos impidió vernos los rostros de forma completa. A pesar de vuestra juventud, lo vivisteis y supisteis sobrellevarlo. Ahora ya parece ficción, ¿verdad? ¿Os acordáis del día que recibimos como una maná caído del cielo la posibilidad de desenmascararnos y volver a vernos la sonrisa? Sin duda, fue un día hermoso. Este curso de 2º Bachillerato tampoco ha sido fácil. Vuestros padres y los profesores que os hemos dado clase lo sabemos.

 

Sin embargo, ha llegado el momento de que crucéis el quicio de esta puerta con alegría y decisión porque os esperan al otro lado: la vida, vuestra vida. Tenéis por delante unos años de formación y experiencias vitales irrepetibles y apasionantes. No tengáis miedo de exprimir hasta la última gota del jugo de lo que está por llegar. El néctar de la vida, hay que disfrutarlo y saborearlo, pero no seáis atolondrados y procurad cultivar la preciada cualidad de la paciencia. Recordad: la vida es corta, pero ancha. Encontraréis el momento para todo aquello que deseéis realizar y experimentar pero, sobre todo, dejaos sorprender. Las mejores vivencias y personas que encontraréis en el camino incierto de la existencia serán aquellas que jamás imaginasteis que os pudieran ocurrir o salir al encuentro. Así pues, os lo repito, sed flexibles como los juncos que se dejan acariciar por el viento de los acontecimientos, la luz de las personas a las que amaréis y el agua de las palabras que escucharéis y leeréis y dejaos sorprender y enseñar por la vida que será vuestra mejor maestra.

 

Os entrego un único consejo para vuestro viaje vital: no dejéis de mirar por la ventana. En primer lugar, asomaos a vuestra ventana interior. Estáis solos pero no vais solos. Lo más valioso que habéis conseguido en estos años tan decisivos sois vosotros mismos. Esa será la conquista, el patrimonio y la titulación más importantes que alcanzaréis en este bagaje que iniciáis: vosotros mismos. No vais solos porque sigue con vosotros, paradójicamente, una parte del niño y del adolescente de los que os estáis despidiendo. No los asfixiéis ni permitáis que el mundo competitivo y, a veces, cruel en el que nos movemos los aniquilen: permitidles, a ese niño ingenuo y a ese adolescente díscolo, jugar, disfrutar, interrogarse, imaginar y soñar. Conquistad un cuarto propio, como diría Virginia Woolf, una habitación interna para que ese niño y ese adolescente puedan dudar, sentir, llorar, ilusionarse, reír…

 

Tampoco debéis dejar de mirar por la ventana hacia el exterior, porque os cuestionará y os relativizará. Mirar por la ventana significa observar para analizar con sentido crítico lo que ocurre a nuestro alrededor. Comprobar lo que hay ahí afuera os conducirá casi inevitablemente al pesimismo. José Saramago afirmaba que “los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.” Os recomendaría, si me lo permitís, que seáis pesimistas con el mundo pero optimistas y vitalistas con vuestra propia vida. Tened presente que cualquier tiempo pasado fue peor y que lo mejor siempre está por llegar. Si llega el momento en que no podéis cambiar una situación que os disgusta, que esta no os cambie a vosotros. La alegría es un acto de resistencia.

 

En el trayecto de ida, tendréis compañeros de viaje que os acompañarán. Unos estarán presentes en la mayoría de vuestro itinerario; otros compartirán una parte del camino, para luego seguir su propio impulso vital; algunos acabarán su travesía antes que vosotros dejándoos un sentimiento de tristeza y soledad. Intentad aprender de todos ellos porque el ser humano es el animal más extraño y fascinante que existe. Tened en cuenta que la manera más genuina de comprender algo o a alguien es amándolo. Pero, por encima de todo, tratad a los demás siempre como un fin en sí mismo, que las personas con las que os encontréis no sean nunca un medio para conseguir vuestras metas u objetivos. Recordad a Kant y que cada persona posee “un valor intrínseco llamado dignidad.”

 

Aprovechad y disfrutad al máximo los buenos momentos porque los tragos amargos ya llegarán solos. No hay que empeñarse en buscarlos. No obstante, no olvidéis que la vida es un aprendizaje constante basado en el ensayo y en el error. Cuando el fracaso llame a vuestra puerta en alguna ocasión, que lo hará, pensad que también tenéis algo que asimilar de esa experiencia. Estará en vuestra mano transformar la amargura y el desencanto que os pueda dejar cualquier revés en comprensión y enseñanza.

 

He empezado diciéndoos que venía a haceros una promesa. Dice Marina Garcés que “prometer algo es introducir una verdad que inventa un lugar propio en la trama de lo real: es una expectativa compartida que es cierta a pesar de que no haya sucedido.” Pero, sobre todo, “dar la palabra crea un vínculo irreversible, que sobrevive al paso del tiempo.” Pues bien, hoy he venido a prometeros que si sois leales a vosotros mismos, si seguís construyendo un andamiaje sólido de convicciones, si sois capaces de mirar a los que tenéis al lado con empatía, todo os irá bien, porque estará bien. Seréis personas que estarán tranquilas y contentas consigo mismas. Creedme: este el mayor triunfo que se puede lograr.

 

Acabo con un poema purépecha, pueblo indígena mexicano, de una tal anónima:

 

Mi abuela me decía:

“En la vida ni se gana ni se pierde,

ni se fracasa

ni se triunfa.

En la vida se aprende,

se crece,

se descubre,

se escribe,

se borra.

Y se reescribe otra vez,

se hila,

se deshila y

se vuelve a hilar.

El día que comprendí

que lo único que me voy a llevar es lo que vivo,

empecé a vivir lo que me quiero llevar”

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 19 de mayo de 2024

BREVE HISTORIA DEL FERROCARRIL ESPAÑOL

 “Que usted no sienta pasión por los trenes, que no le interesen en absoluto, que los aborrezca o incluso que le repugnen, no significa que no necesite saber su historia. Nos gusten o no nos gusten forman parte del paisaje en el que vivimos. Y su presencia en este paisaje, igual que la de las iglesias y los pantanos, igual que los inmensos campos de colza o las urbanizaciones semidesiertas, no tiene una naturaleza arbitraria. Por eso esta noche intentaremos hacer un ejercicio de memoria, con la esperanza de hacer al mismo tiempo un ejercicio de justicia.” Así empieza y termina Breve historia del ferrocarril español de Joan Yago, que se puede ver en la sala de la Princesa (no es un chiste) del Teatro María Guerrero de Madrid hasta el 2 de junio. Esta obra es resultado de una Residencia Dramática del CDN del autor y se ha convertido en una obra con tanta enjundia que, después de estar en cartel la temporada pasada, ha vuelto al CDN.

 

La pieza está dirigida por Beatriz Jaén, que pretende ejecutar “un elogio del escándalo”, e interpretada por dos únicas actrices, Paloma Córdoba y Esther Isla, que llevan a cabo una interpretación única y una disparatada clase de historia, hecha burla y parodia, a través del siglo XIX español hasta nuestros días. ¿Qué tienen que ver la construcción de una de las primeras líneas de ferrocarril entre Madrid y Aranjuez con la inauguración del AVE a la Meca? La primera nos habla del nacimiento del capitalismo en España y la segunda… ya tú sabes… Han pasado doscientos años y un verbo nunca admitido en el diccionario de la RAE nos da la respuesta: borbonear.

 

El Diccionario del español actual de Manuel Seco, que es más pragmático y menos real, lo define como “manejar hábilmente [un miembro de la dinastía Borbón a alguien o algo] para conseguir objetivos políticos.” Pero esto ocurría en España hace dos siglos, porque ahora somos una democracia plena con un estado de derecho que funciona. Y, mira tú por dónde, quién nos lo iba a decir, con estas dos deslenguadas sobre el escenario, que lo que pensábamos que eran escándalos actuales son viejas historias que se repiten de forma cíclica, ¿o es al revés? Da igual: los mismos borbones con distintos collares.

 

Que no, Begoña, que te equivocas… Son todo elucubraciones tuyas. Esta obra denuncia la corrupción política y económica que salpicara a la reina regente María Cristina de Borbón y a su segundo marido, Fernando Muñoz, con quien se casó dos meses después de la muerte de Fernando VII, a su hija Isabel II (que, en mi delirio, no sé por qué me recuerda a los froilanes y las victorias federicas…) y al Marqués de Salamanca, menuda peladilla alcoyana, que dirían por mis tierras. Pero eso pasó hace mucho, mucho tiempo (a long, long time ago…).

 

Con mucho humor e ingenio, el texto está lejos de caer en el partidismo ideológico o el tan temido adoctrinamiento. ¿Que por qué escribo esto? Porque el aluvión de datos históricos que se nos ofrece, de forma dinámica y travestida, nos va helando la sonrisa hasta dejarnos cara de españoles idiotas. Con perdón, que nadie se ofenda ni por lo de idiota ni por lo de español. Pero, “¿cómo demonio os creéis que sería una España sin Borbones?” Nos pregunta Isabel II, la fogosa campechana irredenta, cerca del final. “Pues exactamente igual, pero sin Borbones.” Anda, si es que hay que ser gilipollas... Y es que por algo inventamos la picaresca. ¡Qué barbaridad! ¡Cuánta irreverencia! Pero, ¿qué queréis que os diga? Les ha quedado una comedia muy borbónica.

 

Que usted no sienta pasión por los trenes, que no le interesen en absoluto, que los aborrezca o incluso que le repugnen, no significa que no necesite saber su historia.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 12 de mayo de 2024

VÀNIA x VÀNIA

Vos imagineu veure dos muntatges de L’oncle Vània de forma successiva? Concebeu contemplar dues versions de l’obra de Txékhov en un mateix muntatge? Aquest és el repte que ens fa Pablo Remón en la seua proposta Vania x Vania amb dues posades en escena del clàssic rus, que es poden veure en la mateixa vesprada amb només mitja hora de descans. Ens convida a una borratxera txekhoviana, amb permís del doctor Astrov. Sabem que Txékhov, com un bo Rioja, es pot i s’ha de paladejar en successius glops i copes. Aquesta és la riquesa dels textos clàssics i universals i el del rus procedeix d’una anyada excel·lent.

 

Pablo Remón ens confessa que cada vegada que veu un espectacle seu, té ganes de tornar a muntar-lo perquè se li ocorren variacions que podria introduir. Declara la seua enveja envers els pintors o els músics que poden executar diferents versions de les seues obres. Aquest és la llavor de l’experiment teatral que Remón presenta en les Naves del Español de Madrid.

 

El primer muntatge busca l’essencial i genuí del text, encara que Remón haja introduït algunes modificacions que indaguen en la vis còmica. Es tracta d’una proposta minimalista d’un sobrietat extrema. Només hi ha sis cadires sobre l’escenari amb un fons negre. Tots els actors es troben sobre l’escenari durant les quasi dues hores de representació, és a dir, no hi ha entrades ni eixides de personatges. No hi ha vestuari de l’època i el joc de llums és sobri i simple. El vestuari i els noms dels personatges són intemporals, no remeten a cap època. Tampoc no hi ha cap objecte que recolze la seua interpretació ni un llenguatge corporal accentuat que complemente el que va ocorrent sobre les taules. Els personatges estan la major part dels temps asseguts (en alguna escena, dempeus). I, tanmateix, he de confessar que es tracta d’una de les interpretacions més belles i autèntiques d’aquest clàssic rus que he tingut la joia de gaudir. És un autèntic exercici actoral de veu i gestualitat facial, una lliçó magistral de l’ofici de l’actuació (el plantejament bé podria assemblar-se a un assaig previ a l’estrena) que, tanmateix, aconsegueix que les paraules del rus i el seu missatge penetren en la sensibilitat de l’espectador com la pluja que ens va xopar de camí al Matadero. La nuesa del muntatge ens permet tocar, fregar, fer trempar, palpar la pell d’aquests personatges abatuts per la rutina i el desencant que ens parlen de nosaltres mateixos.

 

És cert que Remón conta amb un repartiment únic per fer-ho. Trobem el mateix elenc d’intèrprets en ambdós muntatges: un Javier Cámara que explota els seus registres interpretatius amb mestratge, més enllà de la vesant còmica –ja fou dirigit per Remón a Los farsantes (2022)–, Juan Codina és el pedant escriptor Alexander, Israel Elejalde amb el seu domini de l’espai escènic encarna al metge Astrov, una continguda i brillant Marta Nieto és Elena, Marina Salas sorprèn amb la seua interpretació de Sònia i, per últim, Manuela Paso ens enlluerna amb la dimensió que atorga a Marina, la vella criada de la casa.

 

En el segon muntatge, Pablo Remón es llança a la sorra de l’experimentació i juga amb l’espectador. Aquí ens presenta dos Vànies en un, perquè obri l’espai i ens mostra dos escenografies contigües: una datxa russa del segle XIX a l’esquerra; i un pati del darrere manxec, amb estany i taula i cadires de bar, que situa en un Toledo actual, a la dreta. En aquest joc teatral, el director pretén explotar la polisèmia escènica portant als personatges de la Rússia vuitcentista al present ibèric i de l’altiplà en una mateixa escena i diàleg, més proper a les pel·lícules de Berlanga que al cinema de Buñuel. En conseqüència, hi ha moments en què la proposta cau en la sàtira, fregant l’esperpent, de la nostra realitat pàtria més cañí, una veritat, la nostra, un tant esquizofrènica com el resultat escènic. És aquesta una proposta que agradarà més probablement al públic més jove i menys purista.

 

Cada muntatge es pot veure per separat i és autònom. No obstant, l’interessant i apassionant d’aquesta iniciativa és poder veure la riquesa que ofereix la lectura sagaç que realitza en els dos, com si d’una matrioixka es tractara; contemplar el joc de miralls còncaus del carreró del Gato al que Remón porta el text txekhovià. Remón ens fa reflexionar sobre els codis teatrals de l’actuació, de la posada en escena i de la direcció d’actors; ens apropa un clàssic renovat en un espai escènic on es pren la llibertat dramàtica de rellegir el text canònic amb una creativitat molt fructífera que ens torna un Txékhov multiplicat. És especialment emocionant i transformador escoltar reverberar al nostre interior les veus d’aquells éssers perduts en el camp rus o manxec, que no saben què fer amb el temps ni amb les seues vides, que es pregunten què altres vides podrien haver viscut. Perquè, quants Vània hi ha a Vània?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

 

 

domingo, 5 de mayo de 2024

VIURE ÉS SOMRIURE

Viure és somriure? I te’n vas al bany i et col·loques enfront l’espill i fas una ganyota per fer-li bona cara a la vida. Portes unes ulleres que t’arriben als peus. I això que acabes d’aixecar-te del llit. Avui no has dormit bé. Coses de l’edat en què vas endinsant-te. Són les sis del matí i tens per davant una llarga jornada de feina, de temes pendents per resoldre, de trobades en què has de posar una bona cara que no saps si en tens ganes. Bé, sí que ho saps, no en tens de ganes. I després? En acabant, anar cap a casa, arranjar les qüestions domèstiques pertinents després de dinar ben tocades les quatre. Reservar les forces mínimes per anar al gimnàs i fer una mica d’exercici, per si de cas encara no tens el cos prou rebentat. Cal no rendir-se. Però s’ha de viure sobre la influència de la positivitat. Besa’t el colze, positiu de merda!

 

Tens sort a la vida. Pertanys a aqueix percentatge de població que té salut, feina, una casa –encara que siga per pagar–, una suposada vida que gaudiries més si tingueres temps. Alguns li diuen a la teua situació triomfar a la vida. T’ho repeteixes a tu mateixa: triomfar a la vida. Que grans som els humans: tenir èxit a la vida consisteix a no tenir ni un minut per respirar, a estar hiperocupats. I el més gros de tot és que ens ho creiem... I una merda que plou!

 

Hi ha moments vitals en què és inevitable portar un núvol gris a sobre el cap. Se’t posa el nigul allà dalt i vas i vens fent la teua rutina diària amb la màxima normalitat. Amb els anys has après a fer-ho amb ofici, perquè saps que els altres no paguen res dels teus problemes: l’adolescència rebel d’uns fills que no entens, la malaltia terminal d’algú que et toca a prop, la mort que a tots acaba colpejant-nos. Perquè la vida no té pietat de ningú.

 

Però viure és somriure. No dèiem això fa un moment? No, la vida és fer funambulisme. I arriba un punt que saps que pots passar de l’èxtasi a l’infern en uns dies o setmanes. Mira per on, va i et premien amb un reconeixement a la teua tasca literària a una obra que sempre has pensat que pagava la pena. I et costa creure-t’ho. De veres, això està passant-me a mi? I ho vius i ho somnies, perquè a estones vius en irrealitat. I tornes al teu dia a dia i la clatellada d’uns alumnes desmotivats t’estavellen del núvol i l’arc de Sant Martí en què venies muntada contra una realitat que et sembla mediocre. I malgrat tot, mires de fer una feina que ja fas prop d’un quart de segle amb ofici, amb dedicació, por mí y por todos mis compañeros pero por mí el primero, et dius a tu mateixa. I sembla que t’ho creus, però et canses. Somriu, hòstia!, somriu, que la vida són dos dies. I tant!

 

I vas fent perquè la vida és somriure, i malgrat tot, mires de construir mecanismes contra la mediocritat que t’envolta, que et recorda que no cal fer les coses bé, que et pagaran igual de bé o de malament si els teus alumnes aprenen alguna cosa o cap, que si els aproves a tots t’estalviaràs un munt de paperassa. De tant en tant t’hi veus com un profeta en tapaculs fent sermons al desert enmig dels cactus i les sargantanes... Però, vinga, va, visca l’assertivitat i la resiliència... Paraules de moda juntament amb emprenedoria... Vinga! La nova llei educativa repeteix aquesta paraula cinquanta-cinc vegades al currículum de l’ensenyament secundari. I la paraula filosofia? Ni una ni mitja ni cap. Ja no canta el capellà. Visca la mare que m’ha parit!

 

Però no pateixes perquè cada vegada viurem millor: conciliació familiar, jornada setmanal de quatre dies, jornada setmanal de trenta-set hores i mitja sense baixada de sou... A veure que ho pense una mica. Però si jo fa gairebé vint anys que tinc aquesta jornada setmanal. Sabeu una cosa? D’ençà, la meua jornada laboral no ha deixat d’eixamplar-se i d’anar envaint i conquerint tot el meu temps vital. Somriu, dona, no sigues així... És el que hi ha. I amb aquest fi, la fàbrica de producció neocapitalista està dissenyant uns caps tòxics excepcionals i eficients capaços de triturar qui es pose al davant, malalts mentals amb una síndrome narcisista de cavall, que ratlla en la psicopatia... Persones dolentes i incompetents amb complex d’inferioritat i una vida de merda. Pobrets, que sols que estan! A qui maltractaran si no és als desgraciats dels seus treballadors? Perquè som objectes al seu servei, mercaderia de la seua propietat. Kim Jong-un he batejat a la meua. Què voleu? Haure de fer servir la sàtira per no ofegar-me en aquest ambient de verinor irrespirable.

 

Però, on estàvem? Sis del matí. Ganyota que s’assembla a un somriure que et retorna l’espill amic del bany. Fica’t baix la dutxa, desdejuna amb un bon cafè amb llet carregat, fes de ventre abans d’eixir de casa, que la vida t’escopirà de la teua llar-refugi a un món ple d’hostilitat que has de rebre amb el teu millor somriure. I tu, de què et rius, imbècil?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Relat publicat en el llibret de la Falla Sant Jordi 2024 de Xàtiva

 


 

domingo, 28 de abril de 2024

RUC

Ruc, dit també, ase, equí, èquid, hemió, matxo, mul, mulat, mul eguí, mul somerí, pollí, somer. Referit també a la persona bruta, incivil i de poc enteniment: albercoc, alficòs, babau, borinot, carabassa, cap de suro, carallot, carxofa, fava, figaflor, lluç, tòtil, totxo, trompellot, apardalat, pixorro, sabatasses, tòfol. Comencem bé! “L’ase és valent i tossut, però no ximple”. Ah, val... En una finca buida, un ruc lligat a una estaca li conta la seua vida a la seua ombra mentre s’apropa un incendi. Comença així un viatge tragicòmic i poètic a través dels grans textos clàssics que tenen l’ase com a protagonista i que analitzen la relació entre l’ésser humà i aquest animal.

 

Álvaro Tato escriu aquest bell text que dirigeix amb encert Yayo Cáceres, autor de la música de l’espectable. Trobem a Carlos Hipólito, que accepta el desafiament, esdevé un insòlit ruc i ens delecta i entreté amb aquest monòleg. Tanmateix, no està sol a escena; l’acompanyen Fran García, Manuel Lavandera i Iballa Rodríguez (veus, percussió i flauta) que s’encarreguen de la música en directe, amb una senzilla i imaginativa escenografia. Aquest somer sense nom, de sis mil anys d’edat, fa un recorregut pel seu naixement i orígens (com si de un pícaro es tractés), per les seus aventures i desventures al llarg de la Grècia i Roma clàssiques amb escenes i fragments de la faules d’Esop i d’ El asno de oro d’Apuleyo, per l’Edat Mitjana festiva i carnavalesca amb la Misa del asno i Testamento del asno (anònim) o la Disputa del asno de fray Anselmo de Turmeda, pel Segle d’Or amb Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes o El somni d’una nit d’estiu de Shakespeare, la Il·lustració amb La Burromaquia d’Álvarez de Toledo i la Modernitat amb Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Després de recordar-nos al ruc company de Sancho Panza que trotava junt al flac Rocinante, Carlos Hipólito es va fent “peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”.

 

Mentre s’apropa el foc, amb unes alpaques de palla amuntegades, un vell mur al fons i l’ombra del somer reflectida, el nostre pollí es va encarnant en tots i va filant un monòleg enginyós, sensible i poètic reivindicant el seu paper junt a l’ésser humà i denunciant l’injuriat tracte i menyspreu que ha patit a través dels segles, en el seu periple per la història de la humanitat. No obstant això, amb els seus brams de pànic i tendresa, el nostre ase ens irradia l’afecte i la lleialtat que sent cap als humans, sentiments que nosaltres mateixos no som capaços d’experimentar cap als nostres congèneres en massa ocasions. D’anècdota en anècdota, aquest quadrúpede mostra més bondat i indulgència amb l’homo sapiens que amb els que és correspost i retrata els abusos de què ha sigut víctima. Perquè entre l’home i l’ase, qui és la bèstia?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 21 de abril de 2024

11M

Hoy hace 20 años de un día que nos marcó a todos los que vivíamos en Madrid. Fue un día que impresionó al mundo entero. Recuerdo que era jueves, un jueves de finales de invierno. Recuerdo el sonido de las ambulancias desde la cama porque no tenía clase a primera hora. Era veinte años más joven y exprimía la hora de dejar las sábanas calientes. Recuerdo el teléfono sonando, María José levantándose deprisa y contestando a mi madre que yo estaba en casa. Recuerdo su voz apurada al otro lado del aparato. Ella sabía que yo cogía el tren para ir al colegio, pero no que no pasaba por Atocha. Embajadores era mi nudo de comunicación. Recuerdo que nos levantamos rápidamente y encendimos la televisión. Recuerdo las primeras noticias que desde la calle Téllez hablaban de cinco muertos. Recuerdo la voz telefónica del periodista que retransmitía en directo desde su propia casa. Recuerdo las primeras imágenes repetidas de forma continua. Recuerdo ir a trabajar en metro, porque el servicio de Cercanías estaba interrumpido. Recuerdo el silencio profundo de todos los viajeros, mientras oíamos que el servicio no se prestaba con normalidad. Recuerdo las miradas bajas, los rostros de incredulidad, las respiraciones contenidas, las expresiones de inquietud. Recuerdo que, al llegar a Aluche, la llamada de un amigo para preguntarme si estaba bien me hacía saber que íbamos por los cuarenta muertos. Recuerdo los mensajes de amigos en el móvil que me preguntaban si estábamos bien. Recuerdo llegar al colegio y encontrarme a unos adolescentes en shock, confusos. Recuerdo una mañana de no dar clase, de hablar con los alumnos y tratar de contenerlos. Recuerdo la cifra de muertos que subía a cuentagotas. Cada hora hacía que el contador macabro alcanzara una cifra inverosímil. Recuerdo las ganas de llorar que no se me han pasado. Recuerdo las primeras noticias internacionales que apuntaban al terrorismo islámico. Recuerdo un viaje de vuelta a casa que se hizo eterno. Recuerdo una tarde durante la cual solo pudimos caminar hacia la estación de Atocha, cerca de nuestra casa. Recuerdo la estación del AVE desierta con un silencio sepulcral con la plantas tropicales gigantes que parecían llorar. Recuerdo ver al fondo el Cercanías con un cordón policial y algunos agentes dispersos. Recuerdo la sensación de irrealidad. Recuerdo la tristeza y la sinrazón. Recuerdo la manifestación que hubo el viernes por la tarde. Recuerdo los gritos preguntando quién había sido. Recuerdo todas las mentiras que vinieron después y la intensidad de unos días que nunca olvidaré. Recuerdo ir a votar con rabia y determinación. Recuerdo que, después de siete años en Madrid, aquel día sentí que ya era de Madrid, que Madrid formaba parte de mi vida. Veinte años después continuo aquí y ninguno de mis alumnos de este curso, con quienes he recordado aquel día, había nacido en 2004. Toda una vida para ellos… 

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 14 de abril de 2024

UN ARTICLE EM MANA FER GARZÓ

Un article em mana fer Garzó, que en vida meua m’he vist en tant de compromís. No vull creure’m una Lope del periodisme, ni fer el negoci d’en Robert amb les cabres. Tampoc hi trobareu cap Violant a aquesta crònica mig inventada. Advertits esteu. Sempre hi ha d’haver un motiu per començar. Per això, em llança el desafiament a més de tres-cents kilòmetres de distància i jo el prenc. Ja ho diuen: qui no vulga pols que no vaja a l’era, però és que avui hem vingut a jugar, no als daus ni a les cartes (no sigueu pirates), sinó amb les paraules i els records. I així, fent el burleta, rient-nos del ball i de la festa, rient-nos del mort i de qui el vetlla, ja hem passat el primer paràgraf.

 

Feia calor, molta calor, que anàvem pel juliol. Com aquell de l’acudit, que era a l’infern i no se’n queixava perquè era de Xàtiva. Però no, no vos confoneu que no som socarrats per això, encara que és ben cert que no tenim por a la condemnació eterna ni al foc perpetu i abrasador. A veure qui és el valent que ix al carrer a les quatre de la vesprada a l’estiu. Però no te’n vages del tema de l’article que sembla que no trobes consonant com el poeta i ja ets a la meitat del segon paràgraf. Algun lector avesat pensarà que vaig de naps a cols i raó no li’n manca. Garzó m’envia una fotografia a través d’aquesta conegudíssima aplicació de conversa instantània –que si ho pensem bé, sembla cosa del dimoni i no em ve de gust dir el nom– i em fa la comanda aprofitant-se de les meues febleses humanes i inclinacions pseudoperiodístiques: Vinga, fes una gasetilla a partir de la foto com fa el Millás a El País Semanal. M’ho aboca, se’n riu i es queda tan a gust, periodista provocador i pocavergonya. La meua primera reacció és de sorpresa en mirar la panoràmica. Sense preguntar, el Garzó m’ha pujat a un DeLorean xativí i m’ha enviat com un rellamp al desembre del 1992.

 

M’indica que em fixe bé, perquè la grua municipal està emportant-se un Volkswagen Passat... Sí, sí, i tan passat... De segur, que n’era d’un que era al bar, aquell que els meus pares van tenir més de vint anys i on jo passava les hores mortes de la vesprada a l’estiu. Quin avorriment més gran! Com més gran era la festa més feina hi havia! Quin negoci més esclau! Estudieu per no haver-lo d’heretar... Li pregunte d’on l’ha treta, la fotografia i em respon que de la immensa, colossal paperassa que guarda, com Diògenes, del seu passat al setmanari Notícia 7, incloses desenes i desenes de fotos. Tot periodista com cal presenta aquesta inclinació a la síndrome del de Sinope. El Garzó, animal reporter, no n’és una excepció. Li recorde que aquell any jo vaig començar la carrera, darrera promoció de Filologia del pla del 79. Afortunadament ja havien quedat enrere aquells temps en què s’afirmava que les dones no necessitàvem estudiar, però no deixem cap racó a l’enyor. Aquell juny vaig fer la selectivitat de la qual no tinc mal record i vaig esdevenir la primera ‘Alcántara universitària’ de la família. Això últim m’ho calle, que els dits no teclegen tan de pressa (especialment els de la generació, baula endarrerida en la cadena evolutiva, que fem servir només el dit índex de la mà dreta per polsar la pantalla tàctil). Hi ha tema! Tens tema! Exclama amb una emoció que m’arriba per la xarxa... L’any prodigiós! I em venen al cap les Olimpíades de Barcelona, amb aquella torxa encesa per un habilíssim arquer (li faltava una cama a aquell xicot o ho vaig somniar?) i l’Expo de Sevilla, amb el primer tren d’alta velocitat, que em vaig quedar sense veure (tragèdia a aquell moment) i on la majoria de xativins van anar-hi en autobús. Ens obríem a la modernitat de bat a bat i un país que venia del blanc i el negre, d’una dictadura autàrquica que va sobreviure gràcies a les divises dels turistes estrangers, de sobte, va prendre el tecnicolor i ens somniàvem rics i moderns. Tot això ocorria mentre als Balcans es produïa un genocidi i es violava sistemàticament a les dones de l’enemic com arma de guerra.

 

Vaig entrant al quart paràgraf, i no ho he fet amb peu dret, que és impossible a aquest món de bojos. Més de trenta anys han passat i ens despertem, de bell nou cada matí, amb una altra guerra al cor d’Europa. Continue observant la instantània d’una quotidianitat superba. No hi ha ni rastre de grans esdeveniments internacionals ni esportius. Pense des de quin punt haurà pres el botó el fotògraf, davant del quiosc de premsa o de la carnisseria? El color, una mica gastat i apaivagat, de la fotografia em parla dels anys que han passat igual que els cotxes aparcats al carrer Gregorio Molina. La foto està moguda. Llavors no hi havia esmena, com la vida mateixa, ni possibilitat de fer-ne una segona o una tercera. Només capta una escena diària que no es detura: el treballador de la grua municipal, el cartell de l’estacionament regulat. Se’n recordeu quan van dir que s’havia de pagar per aparcar el cotxe al carrer? Quina escama! Ni rastre de cotxes elèctrics ni de res que fes ressò d’ecologia... Se’n començava a parlar encara tímidament.

 

Al punt de fuga, per la dreta, en diagonal, l’encreuament entre Gregorio Molina i Pare Claret, on es planta la falla que ja ronda sense voler el mig segle. Algun jove que gose llegir aquest simulacre d’article es pensarà que en són un bon grapat d’anys... Potser una mica de raó no li falte; els que juguem amb la xifra ficada als plecs dels ulls tenim la imatge d’aquella col gegantina i ben simpàtica o aquell senyor asiàtic que feia una mica de por amb les ungles llarguíssimes, però amb una jaqueta ben bufona. No el vaig veure cremar perquè em vaig adormir. A Xàtiva trigueu molt a cremar les falles. Es nota que no voleu que la festa s’acabe. El pobre xinès es va pegar una bona morrada, van contar els grans l’endemà, però no creieu que va ser per xenofòbia, és només que a aquells anys no hi havia enginyeria crematòria fallera per fer-ho bonic. Què es pensàveu? Aquesta professora que escriu també té un passat faller. Faller fallat? No ho sé. Ja estic en el cinquè paràgraf i amb aquesta oració el vaig acabant. 

 

Hi ha tema! Tens tema!, m’interpel·lava Garzó. Desenes, potser més d’un centenar d’articles he escrit per llibrets de falla. Ostres, tu, això és vici! És impossible competir amb una bèstia periodística semblant. Ara mateix només desitge que ens farem un tip de riure per aquestes lletres mentre remenarem una orxata, quan torne a ser estiu i faça tanta calor. Promet pagar jo. Té raó: i tant que hi ha tema, és la vida, i el temps que passa i que ens passa per damunt. I tot és vell, i trist, i necessari, que diria el poeta. Doncs et diré una cosa, amic Garzó: són temps que no enyore... i aquí s’acaba la conversa. I tant de bo que no els enyorem mai, només ho pense, tampoc no li ho dic. Millor mirem endavant. “Que tot està per fer”, però no “tot és possible”. Disculpe, senyor Martí i Pol, que a aquest darrer punt el contradiga. Sóc al final, compteu les línies perquè vaig acabant, jutgeu si vos ha entretingut, i està fet.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Fotografia: Agustí Garzó

Article publicat al Llibret de la Falla Molina-Claret de Xàtiva 2024