Los que me conocéis un poco sabéis mi
debilidad por la novela gráfica. Es un género que se reivindica desde hace
décadas y que atrapa a aquel que se asoma a sus viñetas. Hay un número
significativo de obras que merecen la consideración de clásicos del género (es
justo afirmar que Hierba se mira en
el espejo de Maus de Art Spiegelman).
Estos libros van mucho más allá de las aventuras de superhéroes y de las tiras
cómicas de nuestra infancia. El cómic guarda la virtud de contener la
expresividad del lenguaje visual junto a las posibilidades discursivas de lo
narrativo. La novela gráfica histórica es una de mis favoritas; en mi
ignorancia, ha sido una fuente de aprendizaje. Y, de nuevo, no pido disculpas
por preferir sumergirme en las páginas de un cómic antes que en el universo
virtual del metaverso.
Hierba (Reservoir Books, 2022) es una novela
gráfica de la coreana Keum Suk Gendry-Kim, traducida por Joo Hasun. Ha caído en
mis manos por casualidad y por no cumplir mis planes de asesinato vecinales. Después
de permanecer empaquetada en mi estantería durante semanas al estar realizando
tareas de colaboración con un rey mago, el libro voló de mis manos sin tener
ocasión ni siquiera de intercambiar una mirada con él. Sin embargo, por esas
historias del azar literario, hace unos días volvió a mí junto con una caja de
antibióticos. Entonces, sí, tuvimos ocasión de mirarnos a los ojos. Y así, me
dispuse a sanarme de mi convalecencia. ¡Qué hermoso sería poder curar a la
protagonista de Hierba de la misma
manera!
Hierba cuenta la historia de Lee Ok-Sun, una
muchacha coreana que durante la guerra del Pacífico fue explotada como “mujer
de consuelo”. Ok-Sun pasó tres años de su juventud en una “estación de
consuelo” y el final de su vida en una “casa del compartir”. Ambos lugares
tienen nombres poéticos, pero el primero encierra el horror de un eufemismo
atroz: el ejército imperial japonés habilitó casas donde mujeres, obligadas a
prostituirse, eran ofrecidas como esclavas sexuales y sometidas a todo tipo de
vejaciones. Todo, para mantener alta la moral de las tropas. El segundo es el
hogar que Ok-Sun compartió con otras víctimas de esta barbarie, siendo una
anciana ya, y donde conoció a la autora del cómic.
La obra, que también nos cuenta los
encuentros entre Ok-Sun y Gendry-Kim, hace una recorrido por la vida de Ok-Sun
porque quiere mostrar el contexto en el que esta nació y que la llevó a
convertirse en una “mujer de consuelo”: Ok-Sun pertenece a una familia muy
pobre, en la que las mujeres (incluidas las niñas) cuidan a los hermanos
pequeños, mientras que el hermano mayor puede ir al colegio. Apenas pueden
comer todos los días en estas familias cargadas de hijos y marcadas por el
patriarcado y la pobreza. Ok-Sun manifiesta desde el principio un ansia por
aprender a leer y escribir y por ir al colegio. Paradójicamente, este deseo la
llevará a la perdición.
Gendry-Kim denuncia la doble
victimización de estas mujeres. Aquellas que consiguieron sobrevivir después de
todas las vejaciones, palizas, enfermedades venéreas, embarazos no deseados,
intentos de suicidio, esterilización…, constataron que, después de tanto
horror, eran rechazadas por sus familias porque consideraron que su virginidad había
sido mancillada. Además, esto suponía reconocer el drama familiar al que se
veían abocados unos padres que no podían alimentar a su prole: vender a las
hijas. Así, Ok-Sun fue vendida de manera sucesiva a varias familias adoptivas,
hasta que llegó la ocupación japonesa y en 1942 fue trasladada a una base aérea
en China.
No obstante, el lector no debe esperar
un lenguaje sexual explícito y escenas de violencia física. Ha sido una
decisión consciente de la autora su intención de no dañar de nuevo a las
víctimas. No quiere que estas sufran una segunda agresión por parte de la
autora del libro. Por este motivo, no asistiremos a violaciones brutales, la
violencia sexual de la primera violación quedará reflejada en dobles páginas de
viñetas totalmente en negro. En este lenguaje metafórico, tiene un significado
fundamental la naturaleza. También, en el relato y en los trazos, incluido el
propio título de la novela gráfica. “Ok-Sun
me hablaba mucho de cuánto echaba de menos su pueblo natal, sus montañas y
ríos, así que decidí sustituir las escenas de violencia con naturaleza, con el
paso de las estaciones, el cielo, las nubes, las estrellas y el viento”.
Las víctimas
tuvieron que vivir una última humillación: el pacto firmado en 2015 entre Corea
y Japón, bajo el mandato de Shinzō Abe, que tuvo como resultado una
indemnización, pero que no contó en absoluto con las víctimas y la reparación
de su honor y su dignidad. Las conclusiones a las que llego después de pasar la
última página de este bello libro, a pesar de todo el horror que contiene, son dos:
en toda guerra (por desgracia, no solo en ellas), las mujeres son utilizadas,
ultrajadas y manipuladas como trozos de carne para el “consuelo” de los varones
que son llevados al matadero. La segunda es que la reparación de las víctimas acaba
siendo la asignatura pendiente de todo ultraje histórico. Da igual la geografía
y la cronología.
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe