viernes, 25 de febrero de 2022

MAIXABEL

Eran necesarias tres grandes mujeres para hacer realidad esta película: Icíar Bollaín, su directora; Blanca Portillo, la actriz que encarna a la protagonista; y la tercera mujer, Maixabel Lasa, mujer de carne y hueso, viuda de Juan Mari Jáuregui, asesinado por ETA en el año 2000. Hacía falta también que la banda terrorista hubiera dejado de matar, tal y como opina una de ellas, la directora. 

 

La película empieza con el relato del asesinato a sangre fría de Jáuregui, ex gobernador de Guipúzcoa y militante del PSE, que estaba de vacaciones en Euskadi ya que, al estar amenazado por la banda terrorista, tuvo que abandonar el País Vasco e ir a trabajar a Chile. Se muestra el desgarro irreparable que sufren todas las víctimas del terrorismo que ven su vida partida en dos, que se debaten entre el dolor insoportable y el odio y la rabia contra los asesinos. Maixabel Lasa, su viuda, afirma que la convirtieron en algo que no quería ser; su vida quedó ligada a los que perpetraron aquel cruento crimen. También la de su hija María, interpretada por María Cerezuela.

 

El núcleo central de la historia presenta los encuentros de Maixabel con dos de los asesinos de su marido: con Luis Carrasco, primero, y con Ibon Etxezarreta, después. Los diálogos, contenidos y directos a la vez, revelan el camino recorrido al cabo de los años por la víctima y por sus verdugos. La protagonista ha confirmado que lo narrado y filmado se parece bastante a lo ocurrido. Algunos han dicho que la historia habla sobre el perdón, pero la propia Maixabel Lasa ha asegurado que el suyo no es un punto de vista cristiano, porque no es creyente. Su relato trata sobre las segundas oportunidades, sobre la vida que queda después de un acto tan brutal para las víctimas, pero también para los victimarios. Porque la vida continúa para todos y la violencia acaba destrozando las existencias de unos y otros. Porque la historia valiente que Bollaín se empeña en contarnos es la de unos seres humanos rotos: unos por lo que les arrebatan; los otros porque se dan cuenta de que una vida entregada a la violencia es inútil y carece de sentido. Pero todos son humanos; los otros no aparecen retratados como monstruos. Y así trata de explicar cómo jóvenes con ideales acababan empuñando las armas y cometiendo actos atroces. Da miedo y vértigo ver y entender lo fácil que era acabar en la banda si te movías en un determinado contexto social e ideológico.

 

La película ayuda a entender, no a justificar, parte de lo que pasó. Otros aspectos quedan en lo inexplicable como el hecho de que se jugaran a suertes quién apretaba el gatillo o que apenas supieran nada de su víctima, detalles importantes de su biografía que su viuda se encarga de poner en conocimiento de aquellos que le quitaron la vida y que, acaso, de haber sabido o podido reflexionar les habría llevado a obrar de otra manera. Maixabel Lasa es un ser generoso y de una calidad humana extraordinaria, y ello le lleva a enfrentarse a la realidad de los asesinos de su  marido sin renunciar a su verdad: “Prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre”, le dice a uno de ellos mirándolo a los ojos. La respuesta de Ibon (Luis Tosar) da esperanza a los que creen que la reconciliación en Euskadi es posible. Véanla, si no lo han hecho todavía, y me dicen.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 


sábado, 19 de febrero de 2022

SILENCI de JUAN MAYORGA

Em dipose a viure per tercera vegada el mateix fet irrepetible. Conscient, sé que sols el teatre m’ofereix aquesta oportunitat. És un moment feliç, únic en la meua vida i en la del meu amic Juan Mayorga aquell 19 de maig de 2019. Ho visc amb goig, amb la immensa alegria que sentim tots els que estimem el teatre. Ens felicitem pel teatre però també per l’ésser humà que és Juan Antonio Mayorga Ruano, senzill i obert a l’escolta. Aquell saló d’actes de la Real Academia es queda petit per acompanyar-lo a ell i a la seua família en un dia rodó. Recorde el lloc que ocupe a la banda superior, recorde contemplar el cap de Juan pronunciant el discurs, el del seu pare i el del seu fill, recorde que compare la densitat de les seues cabelleres d’acord amb la seua edat, amb el seu temps. Hi som amuntegats, feliços, sense mascaretes.

 

Un any i un mes després, pocs dies abans que es decrete el nostre dramàtic tancament –faig broma amb ell sobre si hem de saludar-nos com els japonesos o besar-nos-, llance el desafiament als meus alumnes perquè imaginen la cerimònia d’ingrés de Juan en la RAE, com si d’una obra de teatre es tractés, intentant fer-los partícips del perill d’imaginar, de les possibilitats de llibertat que els ofereix. El saló d’actes d’un institut públic d’Alcorcón esdevé aquell solemne recinte presidit pel retrat de qui de tant en tant em permet anomenar a classe com el puto amo. Vivim una altra jornada que ens nodreix la imaginació. Hi ens trobem de bell nou, amuntegats, feliços, sense mascareta.

 

Gairebé dos anys després, aquesta setmana, assisteix a la cerimònia d’ingrés de Juan en la RAE per tercera vegada, en aquesta ocasió en el Teatro Español. Ho visc de bell nou a aquestes línies, perquè el llenguatge i el teatre ho fan possible. La disposició de l’escenari m’evoca la d’aquell diumenge primaveral: una sensació de felicitat i benestar m’embarga. Hi recorde també a Blanca allí present. Avui ella és la protagonista, l’Actriu. “La situación es teatral. Lo es la división del espacio, que separa a los recién llegados de quienes ya estábamos aquí”. El joc teatral del fingiment torna a posar-se en marxa. L’Autor desmitifica el seu discurs, el baixa al terra i el posa en mans d’un clown, un mim. Pren distància de les seues paraules i ens convida a riure’ns amb ell, d’ell. El seu nerviosisme, el seu gest una mica dubitatiu en començar a parlar penetra en l’àmbit de la dramatització, conscient de l’impostat de la situació acadèmica. Però aleshores, a poc a poc, l’obra de teatre Silencio esdevé una declaració d’amor al teatre amb moments d’intens lirisme i sinceritat poètica. L’Actriu es rebel·la contra l’Autor, li retrau la compromesa tasca encomanada com si de l’Augusto Pérez de Niebla es tractés. Sols després de confessar-nos com de fat és l’Autor, ens demostra com d’imprescindible és ella, l’Actriu, perquè les paraules d’ell arriben a nosaltres. No sols les seues, sinó també les d’Antígona, les de Bernarda i Adela, inclús les del mateix Sancho perquè ratifiquem una cop més per què estem malalts de teatre els tres: Autor, Actriu i Espectadora. Blanca Portillo afirma que és molt afortunada per ser contemporània d’aquest geni que és Juan Mayorga. Jo li postil·le com de feliços som els espectadors de tenir-los a tots dos a les taules. Hi som de bell nou amuntegats, feliços...

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 13 de febrero de 2022

SILENCIO

Me dispongo a vivir por tercera vez el mismo hecho irrepetible. Consciente, sé que solo el teatro me ofrece esta oportunidad. Es un momento feliz, único en mi vida y en la de mi amigo Juan Mayorga aquel 19 de mayo de 2019. Lo vivo con gozo, con la inmensa alegría que sentimos todos los que amamos el teatro. Nos felicitamos por el teatro pero también por el ser humano que es Juan Antonio Mayorga Ruano, sencillo y abierto a la escucha. Aquel salón de actos de la Real Academia se queda pequeño para acompañarlo a él y a su familia en un día redondo. Recuerdo el lugar que ocupo en la parte superior, recuerdo contemplar la cabeza de Juan pronunciando su discurso, la de su padre y la de su hijo, recuerdo que comparo la densidad de sus cabelleras acorde a su edad, a su tiempo. Allí estamos amontonados, felices, sin mascarilla.

 

Un año y un mes después, pocos días antes de que se decrete nuestro dramático encierro –bromeo con él sobre si debemos saludarnos como los japoneses o besarnos-, lanzo el desafío a mis alumnos de imaginar la ceremonia de ingreso de Juan en la RAE, como si de una obra de teatro se tratase, intentando hacerles partícipes del peligro de imaginar, de las posibilidades de libertad que les ofrece. El salón de actos de un instituto público de Alcorcón se convierte en aquel solemne recinto presidido por el retrato de quien a veces me permito llamar en clase el puto amo. Vivimos otra jornada que nos alimenta la imaginación. Allí nos encontramos de nuevo, amontonados, felices, sin mascarilla.

  

Casi dos años después, esta semana, asisto a la ceremonia de ingreso de Juan en la RAE por tercera vez, en esta ocasión en el Teatro Español. Lo revivo de nuevo en estas líneas, porque el lenguaje y el teatro lo hacen posible. La disposición del escenario me evoca la de aquel domingo primaveral: una sensación de dicha y bienestar me embarga. Recuerdo también a Blanca allí presente. Hoy ella es la protagonista, la Actriz. “La situación es teatral. Lo es la división del espacio, que separa a los recién llegados de quienes ya estábamos aquí”. El juego teatral del fingimiento vuelve a ponerse en marcha. El Autor desmitifica su discurso, lo baja al suelo y lo pone en manos de un clown, un mimo. Toma distancia de sus palabras y nos invita a reírnos con él, de él. Su nerviosismo, su gesto algo dubitativo al empezar a hablar penetra en el ámbito de la dramatización, consciente de lo impostado de la situación académica. Pero entonces, poco a poco, la obra de teatro Silencio se convierte en una declaración de amor al teatro con momentos de intenso lirismo y sinceridad poética. La Actriz se rebela contra el Autor, le reprocha la comprometida tarea encomendada como si del Augusto Pérez de Niebla se tratara. Solo después de confesarnos lo soso que es el Autor, nos demuestra lo imprescindible que es ella, la Actriz, para que sus palabras lleguen a nosotros. No solo las suyas, también las de Antígona, las de Bernarda y Adela, incluso las del propio Sancho para que ratifiquemos una vez más por qué estamos enfermos de teatro los tres: Autor, Actriz y Espectadora. Blanca Portillo afirma que es muy afortunada por ser contemporánea de este genio que es Juan Mayorga. Yo le apostillo lo dichosos que somos los espectadores de tenerlos a los dos juntos en las tablas. Allí estamos de nuevo amontonados, felices…

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 16 de enero de 2022

LES CRIADES de JEAN GENET

“La Senyora és dolça. La Senyora és guapa. La Senyora és bona”. Claire i Solange són germanes. Claire i Solange són les criades d’una Senyora de l’alta burgesia francesa. Per les nits celebren un ritual pervers on la realitat i la ficció es barregen en un joc perillós de canvi d’identitats. Claire és la Senyora i Solange és Claire. Solange és la Senyora i Claire és Solange. Les germanes alternen els papers, cap existeix per si mateixa. La Senyora representa per elles el desig de ser una altra, de no ser elles. Es vesteixen, juguen, representen la personalitat de la Senyora. Estimen i odien la Senyora. Volen ser la Senyora. S’odien a elles mateixes.

 

Magnètica, obscura, descoratjadora, cruel, demolidora, suggerent, brillant: absolutament res és millorable en aquest muntatge de Les criades. La versió de Paco Bezerra recull la força del text genetià. Les interpretacions pletòriques d’Alicia Borrachero i Ana Torrent ens mostren fins l’extenuació l’esquinç intern d’aquestes dues dones. La intervenció de Jorge Calvo, que es posa en la pell de la Senyora seguint la tradició de posades en escena anteriors, és d’una solidesa que deixa l’espectador sense parla, gairebé sense alè. El vestuari i l’escenografia, d’una blancor quirúrgica, asèptica, inquietant, contribueixen al pacte escènic sagrat entre el públic i els actors, entre l’espectador i l’autor. El text no pretén ser realista, però el que ocorre és autèntic i real durant noranta minuts.

 

Jean Genet va estrenar Les criades a París al 1947. L’obra, considerada un dels textos dramàtics cabdals del segle XX, va patir el rebuig del públic. Enfront del peculiar ús del llenguatge, un crític de l’època li va retreure que “les criades no parlen així”. La seua resposta fou que “sí que ho fan: però sols a mi, quan estic sol, a mitjanit. […] Un ha de ser capaç d’escoltar allò que no s’ha dit. Aquestes criades són uns monstres, com nosaltres mateixos quan somniem”. Les criades fou escrita en la presó per un dramaturg que abans fou lladre, vagabund, convicte, fill no desitjat de mare prostituta i pare desconegut. Que Genet coneixia el dolor ho sabem bé quan escoltem les paraules de Solange i Claire, perquè aquestes criades parlen des de la tortura i la devastació internes. Aquestes germanes viuen amb una gran manca d’estima, necessiten ser vistes i considerades. Saben que són invisibles per a la societat, que no valen res. Les seues mans són una prolongació de “l’escombreta del vàter”. Solange és una dona que porta dins una gran violència. El seu dolor és tan profund que té una necessitat imperiosa d’insultar i agredir. El seu impuls vital per seguir endavant és una agressivitat extrema que esdevé incontrolable a la fi de la funció. Claire és el mirall de la seua germana. Té una relació d’absoluta dependència amb ella, s’estimen i es detesten a la vegada. Es maltracten mútuament i s’estimen al mateix temps. Les dues són personatges desgraciats, infeliços i miserables, conscients de la seua desgràcia i de la impossibilitat d’eixir de la seua situació. Viuen atrapades en el cercle infernal de la servitud i la misèria interior. En les dues dones hi ha una bogeria i una angoixa, tancades en una olla a pressió, que vessa a la fi. Com afirma la pròpia Ana Torrent, “aquesta obra és una muntanya russa, no hi ha treva”, encara que “la Senyora és dolça. La Senyora és guapa. La Senyora és bona”.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 9 de enero de 2022

LAS CRIADAS

“La Señora es dulce. La Señora es guapa. La Señora es buena”. Claire y Solange son hermanas. Claire y Solange son las criadas de una Señora de la alta burguesía francesa. Por las noches celebran un ritual perverso donde la realidad y la ficción se mezclan en un juego peligroso de cambio de identidades. Claire es la Señora y Solange es Claire. Solange es la Señora y Claire es Solange. Las hermanas alternan los papeles, ninguna existe por sí misma. La Señora representa para ellas el deseo de ser otra, de no ser ellas. Se visten, juegan y representan la personalidad de la Señora. Aman y odian a la Señora. Quieren ser la Señora. Se odian a sí mismas.

 

Magnética, oscura, descorazonadora, cruel, demoledora, sugerente, brillante: absolutamente nada es mejorable en este montaje de Las criadas. La versión de Paco Bezerra recoge la fuerza del texto genetiano. Las interpretaciones pletóricas de Alicia Borrachero y Ana Torrent nos muestran hasta la extenuación el desgarro interno de estas dos mujeres. La intervención de Jorge Calvo, que se pone en la piel de la Señora siguiendo la tradición de puestas en escena anteriores, es de una solidez que deja al espectador sin habla, casi sin aliento. El vestuario y la escenografía, de una blancura quirúrgica, aséptica, inquietante, contribuyen al pacto escénico sagrado entre el público y los actores, entre el espectador y el autor. El texto no pretende ser realista, pero lo que ocurre es auténtico y real durante noventa minutos.

 

Jean Genet estrenó Las criadas en París en 1947. La obra, considerada uno de los textos dramáticos clave del siglo XX, sufrió el rechazo del público. Ante el peculiar uso del lenguaje, un crítico de la época le reprochó que “las criadas no hablan así”. Su respuesta fue que “sí lo hacen: pero solo a mí, cuando estoy solo, a medianoche. […] Uno tiene que ser capaz de escuchar lo no dicho. Estas criadas son unos monstruos, como nosotros mismos cuando soñamos”. Las criadas fue escrita en prisión por un dramaturgo que antes fue ladrón, vagabundo, convicto, hijo no deseado de madre prostituta y padre desconocido. Que Genet conocía el dolor lo sabemos bien cuando escuchamos las palabras de Solange y Claire, porque estas criadas hablan desde la tortura y la devastación internas. Estas hermanas viven con una gran falta de amor, necesitan ser vistas y consideradas. Saben que son invisibles a la sociedad, que no valen nada. Sus manos son una prolongación de “la escobilla del wáter”. Solange es una mujer que tiene dentro una gran violencia. Su dolor es tan hondo que tiene una necesidad imperiosa de insultar y agredir. Su impulso vital para seguir adelante es una agresividad extrema que se convierte en incontrolable al final de la función. Claire es el espejo de su hermana. Tiene una relación de absoluta dependencia con ella, se quieren y se detestan a la vez. Se machacan mutuamente y se aman al mismo tiempo. Las dos son personajes desgraciados, infelices y miserables, conscientes de su desdicha y de la imposibilidad de salir de su situación. Viven atrapadas en el círculo infernal de la servidumbre y de su miseria interior. En las dos mujeres hay una locura y una angustia, encerradas en una olla a presión, que se desbordan al final. Como afirma la propia Ana Torrent, “esta obra es una montaña rusa, no hay tregua”, aunque “la Señora es dulce. La Señora es guapa. La Señora es buena”.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 


domingo, 2 de enero de 2022

SOL - CALLAO

Que difícil és parlar en passat de les persones que estimem de veres quan se’n van. Qui haja experimentat el que dic entendrà l’abast de les meues paraules. El passat 14 de desembre, el nostre amic Arturo Armalte va perdre la guerra que estava lluitant des de feia setmanes a l’UCI contra aquest maleït virus que no ens dona treva. En va guanyar de batalles; fins i tot va arribar a despertar i seure a la cadira, però una pneumònia bilateral va acabar amb els seus pulmons malalts. Els metges van fer tot el que van poder. Vam tenir la immensa sort de tenir una persona coneguda i estimada treballant en aquella UCI. Aquesta casualitat va humanitzar tot el procés. Tanmateix, en els darrers dies nomes ens calia esperar el fatal desenllaç. Ja sols un impossible, que no es va produir, podia haver-nos tornat l’Arturo.

 

Aquesta és la tragèdia per a tots els que el vam estimar. L’Arturo ja no hi és. És impossible desprendre’s de la sensació d’irrealitat que ens embarga quan pensem en ell. Me l’imagine a les seues golfes lluminoses i felices entre Sol i Callao llegint, dormint la migdiada o escrivint sobre algun dels projectes que tenia entre mans; o potser a algun país d’Hispanoamèrica convivint amb la comunitat LGTBI per conèixer des del terra la situació del col·lectiu en aquests països; o si no, recorrent les esglésies de Castella cercant representacions dels negres en la iconografia religiosa. Perquè l’Arturo estimava els negres. El seu interès interracial anava més enllà del simple coneixement historiogràfic o artístic; era com si amb les seues investigacions pretengués una reparació històrica. Però, quan la meua imaginació deixa de volar, la realitat em pega una clatellada i em torna a la consciència que ja no hi haurà més xerrades mandroses i rialleres en el sofà del seu saló on era tan fàcil escampar-se. Enmig del tràfec de Madrid, a l’Arturo era molt fàcil veure’l i quedar-hi. La seua generositat arribava a totes les cantonades de la nostra relació. Crec que fou per això que el vam acabar estimant tant i tenint-lo com un afecte de referència. El seu era un cor que bategava en el centre mateix d’aquesta ciutat immensa que acaba atrapant-nos als que venim de fora amb la seua acollida.

 

A la nostra pena s’uneix el desconcert. Després d’haver passat el pitjor de la pandèmia, la mala fortuna s’ha acarnissat amb ell i la seua família d’una manera dramàtica. És impossible no sentir ràbia per tot el que l’Arturo ha deixat a mitges, quan pense en tots els moments que ens restaven per viure i tot el que li quedava per fer. Després d’una llarga carrera professional com a periodista en la qual va arribar a dirigir les revistes La aventura de la Historia i Descubrir el Arte, l’Arturo ja disposava de tot el seu temps per dedicar-lo al que més li agradava: el tràfic africà, la repressió de la homosexualitat i la literatura de viatges. Encara que l’Arturo ens ha deixat un bon grapat de llibres (algun inèdit), no em consola el fet que ens quede la seua obra. Perquè tot el que va escriure és sols una petita mostra de l’ésser humà curiós, afable, altruista i divertit que era. Odie el pretèrit: segueix sent pels que el van conèixer i l’estimem.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Foto de María José Mier

 

Obra d’Arturo Arnalte Barrera:

 

Los últimos esclavos de Cuba (2001)

Redada de violetas (2003, reeditat al 2020)

Richard Burton, cónsul en la Guinea Española (2005)

La diáspora africana (2006)

Grandes viajeros que cambiaron la Historia (2008)

Delirios de grandeza (2009)

Trásfugas, travestis y traidores (2009)

El derecho a amar (2017, en col·laboració amb la fotògrafa Isabel Muñoz)    

  


domingo, 26 de diciembre de 2021

ARTURO ARNALTE BARRERA

Qué difícil resulta hablar en pasado de las personas que queremos de verdad cuando se van. Quienes hayan experimentado lo que digo entenderán el alcance de mis palabras. El pasado 14 de diciembre, nuestro amigo Arturo Arnalte perdió la guerra que llevaba luchando desde hacía semanas en la UCI contra este maldito virus que no nos da tregua. Ganó alguna batalla; incluso llegó a despertar y sentarse en la silla, pero una neumonía bilateral acabó con sus pulmones enfermos. Los médicos hicieron todo lo que pudieron. Tuvimos la inmensa suerte de tener una persona conocida y querida trabajando en aquella UCI. Esta casualidad humanizó todo el proceso. Sin embargo, en los últimos días solo nos quedó esperar el fatal desenlace. Ya solo un imposible, que no se produjo, podía habernos devuelto a Arturo.

 

Esa es la tragedia para todos los que le quisimos. Arturo ya no está. Es imposible desprenderse de la sensación de irrealidad que nos embarga cuando pensamos en él. Me lo imagino en su buhardilla luminosa y feliz entre Sol y Callao leyendo, echándose la siesta o escribiendo sobre alguno de los proyectos que tenía en ejecución; o quizás en algún país de Hispanoamérica conviviendo con la comunidad LGTBI para conocer desde el suelo la situación del colectivo en estos países; o si no, recorriendo las iglesias de Castilla buscando representaciones de los negros en la iconografía religiosa. Porque Arturo amaba a los negros. Su interés interracial iba más allá del mero conocimiento historiográfico o artístico; era como si a través de sus investigaciones pretendiese una reparación histórica. Pero, cuando mi imaginación deja de volar, la realidad me suelta un guantazo y me devuelve a la consciencia de que ya no habrá más charlas perezosas y risueñas en el sofá de su salón donde era tan fácil despanzurrarse. En medio del ajetreo de Madrid, a Arturo era muy fácil verlo y quedar con él. Su generosidad llegaba a todas las esquinas de nuestra relación. Creo que fue por eso que acabamos queriéndole tanto y teniéndolo como un afecto de referencia. El suyo era un corazón que latía en el centro mismo de esta ciudad inmensa que acaba atrapándonos a los que venimos de fuera con su acogida. 

 

A nuestra pena se une el desconcierto. Después de haber pasado lo peor de la pandemia, la mala fortuna se ha ensañado con él y su familia de una manera dramática. Es imposible no sentir rabia ante lo que Arturo ha dejado a medias, al pensar todos los momentos que nos quedaban por vivir y todo lo que le quedaba por hacer. Después de una larga carrera profesional como periodista en la que llegó a dirigir las revistas La aventura de la Historia y Descubrir el Arte, Arturo ya disponía de todo su tiempo para dedicarlo a lo que más le gustaba: investigar y escribir sobre la trata africana, la represión de la homosexualidad y la literatura de viajes. Aunque Arturo nos ha dejado un buen puñado de libros (alguno inédito), no me consuela el hecho de que nos queda su obra. Porque todo lo que escribió es solo una pequeña muestra del ser humano curioso, afable, altruista y divertido que era. Odio el pretérito: sigue siendo para los que le conocimos y amamos.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Foto de María José Mier

 

Obra de Arturo Arnalte Barrera:

 

Los últimos esclavos de Cuba (2001)

Redada de violetas (2003, reeditado en 2020)

Richard Burton, cónsul en la Guinea Española (2005)

La diáspora africana (2006)

Grandes viajeros que cambiaron la Historia (2008)

Delirios de grandeza (2009)

Trásfugas, travestis y traidores (2009)

El derecho a amar (2017, en colaboración con la fotógrafa Isabel Muñoz)