domingo, 25 de julio de 2021

TELEVIDA

Llevamos ya casi un año y medio inmersos en una pandemia que apenas sospechábamos cuando nos comimos las uvas la Nochevieja de 2020. En todo este tiempo, especialmente en el primer confinamiento, las nuevas tecnologías fueron nuestras aliadas. Nos permitieron estar más o menos cerca de todos aquellos que nos importan, pudimos seguir trabajando muchos de nosotros y fue posible abastecer nuestras despensas de víveres si por alguna circunstancia no podíamos ir a la compra. Ya sabíamos de nuestra dependencia de las redes sociales y de Internet; desde antes del inicio de todo esto, ya se escuchaban voces de alerta sobre el tiempo que los jóvenes, y no tan jóvenes, pasamos delante de las pantallas. ¿Somos conscientes de la cantidad de nuestro tiempo que consumen todos los dispositivos que nos acompañan en nuestra vida diaria?

 

El ser humano es probablemente el animal más adaptativo que hay sobre la Tierra y esta vez hemos vuelto a hacer lo posible para aclimatarnos a esta nueva manera de vivir y relacionarnos. Lo hacemos, de forma instintiva, por pura supervivencia. Por eso, mientras estamos deseando volver a nuestra antigua normalidad (el aumento de los encuentros sociales al inicio del verano ha sido más que evidente), todos percibimos que esta pandemia está cambiando nuestra manera de interaccionar con los demás. Me viene a la cabeza la película Her (Spike Jonze, 2013) que, ambientada en un futuro cercano, cuenta la historia de Theodore (Joaquin Phoenix), un hombre solitario que tiene como oficio escribir cartas personales para terceras personas (familiares o seres queridos). Emocionalmente, Theodore acaba de salir de una larga relación. Un día compra un nuevo sistema operativo, basado en la Inteligencia Artificial. Theodore queda prendado al conocer a Samatha (Scarlett Johansson), la voz femenina de su sistema operativo, que se muestra sensible y intuitiva. Con el desarrollo de la historia, su amistad se va transformando en una extraña relación de amor. Y ahí me detengo, porque la cinta es francamente interesante. ¿Por qué os hablo de Her? Me pregunto hasta dónde vamos a ceder en nuestra vida real, la de seres humanos de carne y hueso, para protagonizar una vida paralela virtual donde muchas veces aparentamos ser personas diferentes, mediante filtros que retocan nuestra imagen o mostrando una existencia donde no existen los problemas ni las dificultades.

 

Sin embargo, ¿es posible escapar a esta digitalización de nuestra vida real? La respuesta es difícil, sobre todo, si somos y queremos seguir siendo ciudadanos de este mundo y de esta sociedad. Tengo que reconocer que, desde que empezó el curso que ya hemos terminado, mi interacción en las redes sociales y el tiempo que paso en ellas ha disminuido sensiblemente. Lo sé porque el dispositivo móvil que me acompaña a todas partes me informa puntualmente cada semana de cuántos han sido los minutos o las horas que he consumido metida en el aparato. Es cierto que veo menos a mis amigos y que este año he pasado más tiempo en casa. No obstante, cada gesto cotidiano, cada actividad rutinaria que emprendo, como cortar sandía, pasear por el parque con Aroa o tender la ropa, se reviste de una parsimonia ritual para empaparme de la necesidad de lo analógico que tengo. No quiero una televida, aunque suponga un romance con la sensual y magnífica voz de Scarlett Johansson. Si tengo que fabular o imaginar, me inclino por hacerlo metida en la letra impresa sobre la pasta de papel de un libro entre las manos. O acaso, con una película o una obra de teatro. No sé. Así lo veo. Será porque soy del siglo pasado.

 

Begoña Chorques Fuster 

Profesora que escribe

 


 

domingo, 18 de julio de 2021

SENYORA DE ROIG SOBRE FONS GRIS

Una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”. Es pot dir alguna cosa millor d’algú? Així comença el monòleg Senyora de roig sobre fons gris de Miguel Delibes que el recentment desaparegut José Sámano ha adaptat per al teatre. Un José Sacristán, a la seua plenitud interpretativa als 83 anys, es transforma en Nicolás, un pintor immers en una crisi creativa, com a conseqüència de la malaltia i mort de la seua esposa, Ana. A l’escenari es produeix una estranya trinitat pagana ja que l’espectador no sap bé a qui escolta (personatge, actor o autor o tots tres alhora). Miguel Delibes va escriure aquesta novel·la després de la mort de la seua dona, Ángeles de Castro, al 1974 en una primerenca maduresa.

 

Nadie tiene derecho a condicionar la vida de nadie”, s’afirma en la novel·la amb una rotunda modernitat. Tanmateix, tot ésser humà podria pronunciar un o dos noms propis que han marcat la seua existència i que l’han acompanyat molts anys en el camí a Ítaca. Nicolás i Ana eren dos, però feia molt que van pujar al mateix tàndem i, en el moment en què ella ha d’abaixar-se’n, Nicolás descobreix que la simbiosi amb la seua companya de vida l’ha deixat sense orientació ni inspiració. L’obra és un contingut i emocionant monòleg elegíac, encara que es dirigeix a una de les seues filles, sobre l’esquinçament vital de ser l’últim en apagar el llum i com de dur és això. Ahora pienso que no tendré nadie a mano cuando me asalte el miedo.

 

El text, encara que breu, troba una escletxa per reflexionar sobre la lectura i el paper que han de desenvolupar els libres a les nostres vides: los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad de lector siempre quedaba insatisfecha. Per descomptat l’obra de Delibes compleix amb aquest propòsit. També medita sobre la creació artística i la cruel servidumbre del artista, perquè el hecho de haber pintado mil cuadros no significaba que pudiera pintar mil uno”. Així de capritxosa es mostra la musa o potser se’ns oblida que som senzillament humans de carn i fang.

 

En cada oració es van desembastant l’admiració i l’amor que Nicolás/Miguel sentia per la seua dona i la seua concepció de la vida: En el peor de los casos, yo he sido feliz 48 años; hay quien no logra serlo cuarenta y ocho horas en toda una vida. A poc a poc el lector/espectador és esquitxat amb detalls d’Ana que sols semblen intranscendents (“Tu madre descubría la belleza en las cosas más precarias y aparentemente inanes”) fins el seu irònic sentit de l’humor, la seua coqueteria o la seua afició per la decoració i les cases: “Como médico será una notabilidad, pero la casa parece que se la han puesto sus enemigos”. I és que la veu que ens parla és conscient de l’irreparable de la seua pèrdua i de l’autèntic secret de la felicitat: “Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos. […] Estábamos juntos y era suficiente”.

 

Fa uns mesos, en una entrevista, José Sacristán confessava que aquesta podria ser la seua última obra per la seua avançada edat. Instal·lat en el present, el futur i la seua lucidesa no li permeten mirar més enllà. Sacristán/Delibes ens ensenyen a mirar i a mirar-nos. Malgrat la nostra finitud o precisament per ella, paladejar les paraules de Delibes a través de la veu de Sacristán és un regal que els espectadors d’aquest muntatge desarem a la nostra memòria. “Si la muerte fue inevitable, ¿no habrá sido preferible así?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu


 

lunes, 12 de julio de 2021

SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO GRIS

Una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”. ¿Se puede decir algo mejor de alguien? Así comienza el monólogo Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes que el recientemente desaparecido José Sámano ha adaptado para el teatro. Un José Sacristán, en su plenitud interpretativa a los 83 años, se transforma en Nicolás, un pintor sumido en una crisis creativa, como consecuencia de la enfermedad y muerte de su esposa, Ana. En el escenario se produce una extraña trinidad pagana pues el espectador no sabe bien a quién escucha (personaje, actor o autor o a los tres a la vez). Miguel Delibes escribió esta novela después de la muerte de su mujer, Ángeles de Castro, en 1974 en una temprana madurez.

 

Nadie tiene derecho a condicionar la vida de nadie”, se afirma en la novela con una rotunda modernidad. Sin embargo, todo ser humano podría pronunciar uno o dos nombres propios que han marcado su existencia y que le han acompañado muchos años en el camino a Ítaca. Nicolás y Ana eran dos, pero hacía mucho que decidieron montarse al mismo tándem y, en el momento en que ella ha de bajarse, Nicolás descubre que la simbiosis con su compañera de vida le ha dejado sin orientación ni inspiración. La obra es un contenido y emocionante monólogo elegíaco, aunque se dirige a una de sus hijas, sobre el desgarro vital de ser el último en apagar la luz y lo duro que esto es. “Ahora pienso que no tendré nadie a mano cuando me asalte el miedo”.

 

El texto, aunque breve, encuentra hueco para reflexionar sobre la lectura y el papel que los libros deben desempeñar en nuestras vidas: “los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad de lector siempre quedaba insatisfecha”. Por supuesto la obra de Delibes cumple con este propósito. También medita sobre la creación artística y “la cruel servidumbre del artista”, porque “el hecho de haber pintado mil cuadros no significaba que pudiera pintar mil uno”. Así de caprichosa se muestra la musa o quizás se nos olvida que somos sencillamente humanos de carne y barro.  

 

En cada oración se van deshilvanando la admiración y el amor que Nicolás/Miguel sentía por su mujer y su concepción de la vida: “En el peor de los casos, yo he sido feliz 48 años; hay quien no logra serlo cuarenta y ocho horas en toda una vida”. Poco a poco el lector/espectador es salpicado con detalles de Ana que solo parecen intrascendentes (“Tu madre descubría la belleza en las cosas más precarias y aparentemente inanes”) hasta su irónico sentido del humor, su coquetería o su afición por la decoración y las casas: “Como médico será una notabilidad, pero la casa parece que se la han puesto sus enemigos”. Y es que la voz que nos habla es consciente de lo irreparable de su pérdida y del auténtico secreto de la felicidad: “Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos. […] Estábamos juntos y era suficiente”.

 

Hace unos meses, en una entrevista, José Sacristán confesaba que esta podría ser su última obra dada su avanzada edad. Instalado en el presente, el futuro y su lucidez no le permiten mirar más allá. Sacristán/Delibes nos enseñan a mirar y a mirarnos. A pesar de nuestra finitud o precisamente por ella, paladear las palabras de Delibes a través de la voz de Sacristán es un regalo que los espectadores de este montaje guardaremos en nuestra memoria. “Si la muerte fue inevitable, ¿no habrá sido preferible así?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

lunes, 5 de julio de 2021

L'APARADOR DE POESIA DE PIUS MORERA

Fa unes setmanes que ja no s’emet l’Aparador de poesia a Ràdio Santvi. Durant molts anys, Pius Morera ha estat fidel a la seua cita setmanal amb la ràdio i la poesia. Des de fa un temps, Pius havia fet de la tristesa la seua casa. Carme, la seua dona, va partir i ell, encara que m’assegurava als missatges que ens intercanviàvem de tant en tant que no es deixava vèncer, vivia en les tenebres del desencís i el dol. Era un altre Pius, menys combatiu i insolent, ferit d’amor i d’absència. Ara ens ha traslladat a nosaltres aquesta incredulitat i absència.

 

Vaig tenir la sort de participar a l’Aparador de poesia al març de 2019, mesos després de publicar el meu segon poemari, anomenat Absència precisament. Pius, un home gran, no era massa hàbil en la comunicació per correu electrònic i missatgeria instantània. De vegades, podia semblar esquerp i distant. El que sí et quedava ben clar era el rigor i la dedicació amb les quals treballava i preparava cada programa de ràdio. A banda de llegir el poemari amb la llapissera en la mà, et passava un qüestionari amb les limitacions de temps i espai ben marcades. Coneixia el mitjà radiofònic i espremia cada minut a l’aire. De totes les entrevistes que he tingut el gust de fer, cap no ha gaudit del temps de preparació que Pius li va dedicar a aquella. Pius es prenia molt seriosament la poesia i la ràdio.

 

Pius, com a home nascut a l’era analògica, guanyava molt en el tracte personal. El món virtual era només el pont per arribar a conèixer les persones, devia pensar. I així fou. Vam fer l’entrevista que va anar segons el guió previst i curosament marcat pel director d’orquestra, però abans vam poder fer una xerrada a una terrassa al sol i vaig poder trobar l’ésser humà que aquell dia no va prendre la seua prescriptiva copa de cava, perquè no es trobava bé de la panxa. I així va caure qualsevol vel de recel o distància. El viatge de tornada en tren de rodalies em va deixar un suau mant d’escalfor a la pell aquell matí d’hivern tardà. Pius era una home proper, conscient de la complexitat del nostre món i realitat, que tenia les persones com a fi en si mateixes. Això és el que em va ensenyar d’ell en aquella visita a Sant Vicenç de Montalt. També vaig intuir l’estima que sentia per la seua companya, Carme, a la qual no vam poder conèixer perquè era ingressada a l’hospital, lloc on Pius se’n va anar de seguida que vam acabar el programa.

 

És just recordar i reivindicar tot el que Pius ha fet per la poesia catalana i per difondre l’obra de tants i tants poetes que han passat pel seu programa de ràdio. Com ha dit el poeta Marc Freixas, “tot el que era ell per a aquesta humanitat, tota la poesia que ha sembrat per fer conèixer l’amor per les paraules, tota aquesta esperança poètica de viure en una eternitat”. Aquest bri d’eternitat és el que ens ha deixat el poeta i amic Pius Morera. Avui precisament que celebraria el seu setanta-novè aniversari. Gràcies, Pius!

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu


 

domingo, 20 de junio de 2021

DISCURSO DE GRADUACIÓN

Dilectos alumnos de 2º Bachillerato. ‘Alea iacta est’ o ‘La suerte está echada’. Hoy podemos y debemos celebrar que estamos aquí: vivos, más o menos sanos (de forma irremediable, se nos fue la chola esporádicamente), esperando los resultados de una Selectividad y con un verano, todavía algo insólito, por delante. ¡Celebremos, pues, la vida, jóvenes! Pero es inevitable que me acuerde de todos los que ya no están, todos los que han perdido la vida en esta maldita pandemia: nuestros mayores, demasiados sanitarios, otros trabajadores y ciudadanos anónimos. Ni podemos ni debemos olvidar a los muertos.

 

El shock del confinamiento estricto nos noqueó apenas unos días después de que recibiéramos un golpe que nos dejó sin respiración: la muerte de Lucas. ¿A que no os cuesta imaginaros su sonrisita de medio lado y sus inmensos ojos azules en medio de todos vosotros, como uno más? Él, que hubiera querido cumplir los diecisiete, el pasado diecisiete de mayo se habría plantado ya en los dieciocho con derecho a voto. “Y tú, ¿a quién votas, profe?”, me preguntó el deslenguado en 1º de ESO. “Chico, eso no se pregunta y menos, en público”, le contesté como si me hubiera interrogado acerca de una cuestión escatológica íntima. Muy cerca de las Navidades de vuestro 4º ESO, después de que unas manchitas aparecieran en sus pulmones, me confesó que tenía miedo, que intentaba no pensar en ello y poner todo su ser en el presente y en los planes inmediatos: ir a la Plaza Mayor de Madrid a ver el mercadillo navideño con una amiga y, después, a comer un bocata de calamares. Esta fue la lección de Lucas, no solo para la pandemia. Nos faltó poder llorarle juntos, colectivamente, en grupo, para alcanzar apenas cierta inmunidad por el dolor de su pérdida.

 

Nosotros seguimos viviendo, porque era nuestra obligación, porque no quedaba otra, porque un corazón roto sigue latiendo, aunque en muchos momentos fuera con dolor de tripa y de cabeza. Y digo esto, porque hemos transitado el curso más extraño de nuestras vidas. Cuando empezó el curso, imaginar el final suponía una quimera. En algún momento, hemos pensado que no llegaríamos a junio. Ha habido momentos en que continuar era como encaramarse por una pared vertical. Sin duda, el más duro fue el primer trimestre. En septiembre, los profesores os percibíamos tristes. Volvíamos de un confinamiento duro que había truncado el curso anterior y que había provocado un aislamiento incomprensible en la etapa vital en que más necesitáis socializar. Además, se nos imponía: distancia social y física, semipresencialidad, docencia virtual, mascarillas e hidrogeles… Detrás de las mascarillas escondimos nuestro desconcierto, solo de forma parcial. Afortunadamente, nos susurramos la turbación que sentíamos a través de la mirada y, poco a poco, os fuisteis sacudiendo la tristeza. Sin embargo, la sensación de irrealidad nos embargaba por momentos de una manera poderosa e invasiva. La ‘televida’ era nuestra nueva vida y era prescriptivo adaptarse, como Harriet, La tortuga de Darwin. Nosotros, los profesores, intentamos ofreceros las mayores contención y confianza posibles: la certeza de que todo iría pasando y mejorando poco a poco, que debíamos seguir cumpliendo con nuestro trabajo porque una primavera y un verano luminosos nos traerían mejores noticias. Pero había que atravesar el otoño y el invierno. La única ventaja que teníamos sobre vosotros los adultos, que os hemos acompañado, son las canas que peinamos, aunque las pintemos con el azul de nuestra tristeza. Por eso, vosotros también habéis hecho posible el milagro de la primavera: habéis sido esa ramita verde machadiana que ha crecido en medio del tronco carcomido, hendido por el rayo y en su mitad podrido. Nosotros también tenemos que daros las gracias.

 

Sin embargo, el invierno nos dejó congelados: una nevada histórica y literal nos volvió a privar de nuestra precaria normalidad y el miedo, esta vez más desesperanzado por la insolidaridad contemplada, parecía que nos helaría las entrañas para siempre: la endiablada curva de contagios y fallecimientos nos hizo contener la respiración una vez más. Vosotros y nosotros pertenecemos a generaciones diferentes y eso nos hace ver la realidad de forma distinta en bastantes ocasiones. Sin embargo, esta maldita pandemia nos ha unido en lo que compartimos: la fragilidad de nuestra humanidad. Dentro de unos años, tendremos, sobre todo, tendréis que explicar a los más jóvenes todo lo que significó esto. Recordad que la auténtica historia es la que se cuenta desde abajo, la que recoge el devenir diario de todos los que construyen la intrahistoria. Permaneced atentos, curiosos y críticos al devenir de lo que está por llegar. Tenéis una arma poderosa para ello: vuestra inteligencia.

 

Os lo dije a principio de curso y os lo repito ahora: espero y deseo que este haya sido el peor momento histórico que nos toque vivir. Ha sido muy difícil estudiar, resumir temas, resolver problemas, comentar textos, hacer exámenes mientras todo parecía irse al garete. No obstante, lo habéis logrado y, además, de una forma notable, con vuestro esfuerzo y una disciplina dignos de reconocimiento. Vuestra historia empieza a escribirse y habéis demostrado que vuestra caligrafía es sólida y firme. El próximo septiembre iniciáis una etapa fundamental. Empezáis a formaros para ser los profesionales en cuyas manos quedará el mundo mañana. Disfrutad de vuestra etapa universitaria y recordad todo lo aprendido en este lugar chiquito, al que llegasteis cuando aún eráis más chiquitos. Sed ambiciosos en el buen hacer y comprensivos en el trato con los demás. No perdáis nunca las ganas de aprender. No os conforméis con la ‘telerrealidad’ ni con la ‘televida’. No renunciéis a lo que nos hace sentirnos vivos en plenitud: conocer personas y lugares, amar, disfrutar de la belleza de la Naturaleza y de toda forma de arte. Esto también pasará y volveremos a paladear el mundo sin restricciones. No os atragantéis, que la embriaguez vital os venga mejor a sorbos pequeños y constantes. Así la saborearéis mejor.

 

Para concluir, quiero que estas palabras sean también para los compañeros que acabaron 2º Bachillerato en junio de 2020 y que no pudieron vivir este momento: ¡no sois una generación perdida! Habréis de ser los artífices del cambio de estructuras y dinámicas que este planeta necesita. Por último, esto es un mensaje para vosotras, la mujeres de este grupo: el XXI es vuestro siglo. Tenéis frente a vosotras retos cruciales para el futuro de este colectivo raro que somos la Humanidad. Cread un liderazgo más humano, empático y cooperativo y no renunciéis a nada. No permitáis que os digan que no podéis o no valéis. A vosotros, chicos, no os queda otra que volver a adaptaros, como buenas tortugas-macho, y crear una nueva masculinidad, más sensible y compasiva. Sin vosotros no será posible el cambio que este mundo necesita, donde la igualdad y la justicia social estén más presentes. Cediendo el protagonismo absoluto y cooperando entre iguales, conseguiréis cambiar el guion maltrecho de nuestra historia, como nos va tocando hacer sucesivamente a los mayores: poco a poco quedaremos en vuestras manos. Ese es vuestro reto y vuestra responsabilidad, equipo. ¡Mucha suerte, dilectos!

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 30 de mayo de 2021

PER QUÈ ESTIC PARTICIPANT A COMBIVACS?

La majoria sabreu del que parle: CombivacS és un assaig clínic que s’està duent a terme a cinc hospitals públics (Hospital Universitari Cruces de Bilbao; La Paz i Hospital Clínico San Carlos de Madrid; i l’Hospital Vall d’Hebron i el Clínic de Barcelona), coordinat per l’Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Per a participar a l’assaig calia haver rebut la primera dosi de la vacuna d’AstraZeneca abans del 5 de març i ser menor de seixanta anys, és a dir, que sols podíem participar els treballadors essencials vacunats aviat. Dels 673 participants, vam rebre la segona dosi de Pfizer 441 persones i 232 van quedar al grup de control. Vint-i-vuit dies després de començat l’assaig, si els resultats eren els esperats, les persones del grup de control rebrien la segona dosi de Pfizer si ho desitjaven.  

 

Vaig veure l’anunci de l’assaig als mitjans de comunicació un dilluns. Mostraven número de telèfon i correu electrònic de cada hospital. Em vaig posar en contacte amb l’Hospital La Paz al dia següent i, el dimecres, vaig acudir a la primera cita. El mateix dimarts em van enviar per mail el consentiment informat de vuit pàgines on explicaven els detalls de l’assaig: les visites que havia de fer, les proves i les analítiques a les quals em sotmetrien, la raó i finalitat de l’assaig. Tinc llibertat per abandonar l’assaig quan ho considere oportú (encara que soc conscient del compromís que he contret) i, en el cas de formar part del grup de control, podíem triar completar la pauta amb AstraZeneca en el cas que hi fórem citats. El 28 d’abril, tot just vuit setmanes de rebre la primera dosi, vaig acudir a La Paz i després d’una consulta amb una doctora on vaig contestar preguntes sobre el meu estat de salut general, vaig signar el consentiment informat. Faig èmfasi en aquest punt per la polèmica suscitada pel fet que aquells treballadors essencials que vulguen completar la pauta amb AstraZeneca hauran de signar també un document d’aquest tipus. ¿Per què se li dóna tanta importància ara quan cada vegada que ens sotmetem a una prova diagnòstica o intervenció quirúrgica el signem sense plantejar-nos res més? Normalment ens hi informen dels possibles efectes secundaris, gairebé sempre estranys i esporàdics.

 

Un ordinador va decidir de forma aleatòria que formaria part dels primers vacunats. Em van fer una PCR (el pitjor del procés), una extracció de sang per una analítica i una prova d’embaràs mitjançant l’orina per ser dona. Per últim, em van injectar la vacuna i, després d’esperar quinze minuts en una sala annexa, em van dir que podia marxar amb el meu certificat de vacunació sota el braç. Els set primers dies vaig haver de emplenar un qüestionari sobre els símptomes que experimentava, a través d’un full web. Ara ho faig dos vegades a la setmana per fer el seguiment fins la quarta setmana. Les dues setmanes següents vaig tornar a l’hospital on em van traure sang després de preguntar-me, de bell nou, com em trobava. Vaig ajornar la vacunació de l’al·lèrgia una setmana, però en la segona visita em van comunicar que també me la podia inocular. Vaig tenir mal de cap les dues tardes següents a la vacunació i el dijous per la vesprada i per la nit em vaig sentir més cansada del que acostume. Vaig prendre un paracetamol cada dia i vaig fer vida normal: vaig anar a treballar i vaig fer una passeig llarg per la vesprada. No vaig voler fer exercici físic  més intens per si de cas. Tampoc no vaig tenir febre. Quan vaig rebre la primera dosi d’AstraZeneca sols vaig experimentar dolor al braç de la punxada.

 

Por què estic participant a CombivacS? La resposta és senzilla i complexa alhora. Enfront l’allau d’informació a la qual estem sotmesos, sentia confusió i incertesa per la suspensió de la segona pauta dels treballadors essencials menors de seixanta anys. És lamentable que els polítics utilitzen la pandèmia i l’estratègia de vacunació per l’enfrontament. A més, em sembla que els mitjans de comunicació, en massa ocasions, no estan ajudant a posar llum. Aleshores vaig llegir a una entrevista feta a l’investigador Mariano Esteban que, a l’igual que Luis Enjuanes, està desenvolupant una de les vacunes espanyoles. Hi afirmava que la vacunació heteròloga o mixta és una pràctica comuna per combatre malalties com la malària o altres. Senyalava que s’havien aportat moltes dades a nivell preclínic e inclús clínic que demostraven que la combinació de vacunes és millor que la vacuna homòloga administrada en més d’una dosi, perquè s’amplia la magnitud de la resposta immune. Així, es mostrava partidari d’aquesta pràctica. Vaig pensar que l’assaig ajudaria a demostrar si era així també amb el virus Covid-19, perquè sols la ciència pot donar resposta al desafiament davant el qual ens enfrontem. Vaig sospesar els riscos que corria i vaig arribar a la conclusió que eren els mateixos que si rebia la segona dosi d’AstraZeneca, ja que es tracta d’un medicament aprovat que han rebut ja milions de persones. Vaig recordar les desenes de milers de persones que van provar les vacunes de manera altruista, quan encara no estaven aprovades. M’han dit suïcida i valenta. És possible que siga ambdues coses però, egoistament, també vaig pensar que un equip mèdic controlaria els meus anticossos al llarg d’un any. Perquè l’assaig a penes ha publicat els primers resultats preliminars. Encara han d’avaluar la nostra resposta immunològica un mes, tres mesos, sis mesos i un any després. De moment, les dades indiquen que els anticossos neutralitzants es multipliquen per set davant dels vacunats amb dues dosis d’AstraZeneca que els multipliquen per tres, és a dir, que la resposta immunològica és més potent.

 

És cert que l’assaig està essent polèmic i criticat, inclús per alguns metges i viròlegs. Hi ha hagut qui ha assenyalat que el grup control hauria d’haver rebut la segona dosis d’AstraZeneca. Tanmateix, es tenen les dades de tots els que van participar a la Fase III del sèrum que va determinar la seua eficàcia i la seua aprovació per comparar. Per que fa a la seguretat, és veritat que és un assaig clínic poc nombrós i que les dades de seguretat no són concloents, encara que tots hem tingut símptomes lleus i cap hem necessitat hospitalització. Alemanya, França, Suècia, Noruega i Dinamarca estan ja recomanant pautes de vacunació combinades. Alguns d’aquests països ja les estan desenvolupant i no tots ells han realitzat assajos clínics abans. Tots som conscients que, més enllà de les dades clíniques i mèdiques, hi ha interessos geopolítics i econòmics que estan influint en l’estratègia de vacunació dels països de la UE.

 

A part de constatar una vegada més la meua confiança en la Ciència i en la Medicina participant a l’assaig, vaig voler transmetre aqueixa tranquil·litat a les persones que m’envolten i que es trobaven en la mateixa situació que jo. Sols el coneixement pot oferir-nos confiança i tranquil·litat i formant part de l’assaig, podia saber el que passava. Sabeu? Mai no m’havien preguntat tant com em trobe. També la meua pròpia progenitora, en una conversa dominical abans que s’hagués plantejat l’assaig, em comentava que aquesta pandèmia ens ha fet esdevenir a tots cobais, perquè ens trobem en una situació inèdita a la qual s’ha de donar respostes urgents. No obstant, jo pense, més enllà dels conflictes i les polèmiques, en la meravella de les vacunes (perquè són moltes les que tenim) que han arribat a salvar tantes vides humanes en tot just una volta al voltant del sol. Per últim, crec que la proposta del Ministeri de Sanitat, després d’haver consultat al Comitè de Bioètica, és una resposta salomònica, encara que també esta essent qüestionada. La conclusió és que els treballadors essencials poden triar entre dues bones opcions, segures i eficaces. La meua recomanació és que trien el sèrum que els ofereisca més confiança i tranquil·litat més enllà de les dades mèdiques i clíniques. L’important és completar la pauta.

 

Aquesta era la resposta complexa. La senzilla: per mi, per tots els meus companys i per mi, el primer. Us en recordeu quan ho cridàvem als nostres jocs infantils?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 23 de mayo de 2021

¿POR QUÉ ESTOY PARTICIPANDO EN COMBIVACS?

La mayoría sabrán de qué hablo: CombivacS es un ensayo clínico que se está llevando a cabo en cinco hospitales públicos (Hospital Universitario Cruces de Bilbao; La Paz y Hospital Clínico San Carlos de Madrid; y el Hospital Vall d’Hebron y el Clínic de Barcelona), coordinado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Para participar en el ensayo era necesario haber recibido la primera dosis de la vacuna de AstraZeneca antes del 5 de marzo y ser menor de sesenta años, es decir, que solo podíamos participar los trabajadores esenciales vacunados tempranamente. De los 673 participantes, recibimos la segunda dosis de Pfizer 441 personas y 232 quedaron en el grupo de control. Veintiocho días después de iniciado el ensayo, si los resultados eran los esperados, las personas del grupo de control recibirían la segunda dosis de Pfizer si lo deseaban.

 

Vi el anuncio del ensayo en los medios de comunicación un lunes. Facilitaban número de teléfono y correo electrónico de cada hospital. Me puse en contacto con el Hospital La Paz al día siguiente y, el miércoles, acudí a la primera cita. El mismo martes me facilitaron por mail el consentimiento informado de ocho páginas en que explicaban los detalles del ensayo: las visitas que debía realizar, las pruebas y analíticas a las que me someterían, la razón y finalidad del ensayo. Tengo libertad para abandonar el ensayo cuando lo considere oportuno (aunque soy consciente del compromiso que he contraído) y, en el caso de formar parte del grupo control, podíamos elegir completar la pauta con AstraZeneca en el caso de que fuéramos citados para ello. El 28 de abril, justo ocho semanas después de recibir la primera dosis, acudí a La Paz y después de una consulta con una doctora donde contesté a preguntas sobre mi estado de salud general, firmé el consentimiento informado. Hago hincapié en esto último por la polémica suscitada por el hecho de que aquellos trabajadores esenciales que quieran completar la pauta con AstraZeneca deberán firmar también un documento de este tipo. ¿Por qué se le da tanta importancia ahora cuando cada vez que nos sometemos a una prueba diagnóstica o intervención quirúrgica lo firmamos sin plantearnos nada más? En ellos, normalmente nos informan de los posibles efectos secundarios, casi siempre muy raros y esporádicos.

 

Un ordenador decidió de forma aleatoria que formaría parte de los primeros vacunados. Me sometí a una PCR (lo peor del proceso), una extracción de sangre para una analítica y una prueba de embarazo a través de la orina por ser mujer. Por último, me inyectaron la vacuna y, después de permanecer quince minutos en una sala anexa, me dijeron que me podía marchar con mi certificado de vacunación debajo del brazo. Los siete primeros días tuve que rellenar un cuestionario sobre los síntomas que experimentaba, a través de una página web. Ahora lo hago dos veces a la semana para hacer el seguimiento hasta la cuarta semana. Las dos semanas siguientes volví al hospital donde me extrajeron sangre después de preguntarme, de nuevo, cómo me encontraba. Aplacé la vacunación de la alergia una semana, pero en la segunda visita me comunicaron que también me la podía inocular. Tuve dolor de cabeza las dos tardes siguientes a la vacunación y el jueves por la tarde y noche me sentí más cansada de lo habitual. Tomé un paracetamol cada día e hice mi vida normal: fui a trabajar y di un paseo largo por la tarde. No quise hacer ejercicio físico más intenso por si acaso. Tampoco tuve fiebre. Cuando recibí la primera dosis de AstraZeneca solo experimenté dolor en el brazo del pinchazo.

 

¿Por qué estoy participando en CombivacS? La respuesta es sencilla y compleja a la vez. Ante el alud de información a la que estamos sometidos, sentía confusión e incertidumbre por la suspensión de la segunda pauta de los trabajadores esenciales menores de sesenta años. Es lamentable que los políticos utilicen la pandemia y la estrategia de vacunación para el enfrentamiento. Además, me parece que los medios de comunicación, en demasiadas ocasiones, no están ayudando a la claridad. Entonces leí una entrevista hecha al investigador Mariano Esteban que, al igual que Luis Enjuanes, está desarrollando una de las vacunas españolas. En ella afirmaba que la vacunación heteróloga o mixta es una práctica común para combatir enfermedades como la malaria. Señalaba que se habían aportado muchas datos a nivel preclínico e incluso clínico que demostraban que la combinación de vacunas es mejor que la vacuna homóloga administrada en más de una dosis, porque se amplia la magnitud de la respuesta inmune. Así pues, se mostraba partidario de esta práctica. Pensé que el ensayo ayudaría a demostrar si era así también con el virus Covid-19, porque solo la ciencia puede dar respuestas al desafío al que nos enfrentamos. Sopesé los riesgos que corría y llegué a la conclusión de que eran los mismos que si recibía la segunda dosis de AstraZeneca, ya que se trata de un medicamento aprobado que han recibido ya millones de personas. Recordé a las decenas de miles de personas que probaron las vacunas de manera altruista, cuando aún no estaban aprobadas. Me han llamado suicida y valiente. Es posible que sea ambas cosas pero, egoístamente, también pensé que un equipo médico controlaría mis anticuerpos a lo largo de un año. Porque el ensayo apenas ha publicado los primeros resultados preliminares. Aún tienen que evaluar nuestra respuesta inmunológica un mes, tres meses, seis meses y un año después. De momento, los datos indican que los anticuerpos neutralizantes se multiplican por siete frente a los vacunados con dos dosis de AstraZeneca que los multiplican por tres, es decir, que la respuesta inmunológica es más potente.

 

Es cierto que el ensayo está siendo polémico y criticado, incluso por algunos médicos y virólogos. Ha habido quien ha señalado que el grupo control debería haber recibido la segunda dosis de AstraZeneca. Sin embargo, se tienen los datos de todos los que participaron en la Fase III del suero que determinó su eficacia y su posterior aprobación para comparar. En cuanto a la seguridad, es verdad que es un ensayo clínico poco numeroso y que los datos de seguridad no son concluyentes, aunque todos hemos tenido síntomas leves y ninguno hemos requerido hospitalización. Alemania, Francia, Suecia, Noruega y Dinamarca están ya recomendando pautas de vacunación combinadas. Algunos de estos países ya las están llevando a cabo y no todos ellos han realizado ensayos clínicos antes. Todos somos conscientes de que, más allá de los datos clínicos y médicos, hay intereses geopolíticos y económicos que están influyendo en las estrategias de vacunación de los países de la UE.

 

Aparte de constatar una vez más mi confianza en la Ciencia y en la Medicina participando en el ensayo, quise transmitir esa tranquilidad a las personas que me rodean y que se encontraban en la misma situación que yo. Solo el conocimiento puede ofrecernos confianza y tranquilidad y formando parte del ensayo, podía saber lo que pasaba. ¿Saben? Nunca antes me habían preguntado tantas veces cómo me encuentro. También mi propia progenitora, en una conversación dominical antes de que ni siquiera se hubiera planteado el ensayo, me comentaba que esta pandemia nos ha convertido a todos en cobayas, porque nos encontramos en una situación inédita a la que hay que dar respuestas urgentes. No obstante, yo pienso, más allá de los conflictos y las polémicas, en la maravilla de las vacunas (porque son muchas las que tenemos) que han llegado a salvar tantas vidas humanas en apenas una vuelta alrededor del Sol. Por último, creo que la propuesta del Ministerio de Sanidad, después de haber consultado al Comité de Bioética, es una respuesta salomónica, aunque también esté siendo cuestionada. La conclusión es que los trabajadores esenciales pueden elegir entre dos buenas opciones, seguras y eficaces. Mi recomendación es que elijan el suero que les ofrezca más confianza y tranquilidad más allá de los datos médicos y clínicos. Lo importante es completar la pauta.  

 

Esta era la respuesta compleja. La sencilla: por mí, por todos mis compañeros y por mí, el primero. ¿Se acuerdan cuando lo gritábamos en nuestros juegos infantiles?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Foto extraída de Internet