Quiero que la tesis de este artículo quede bien clara desde el principio: en España a nadie le importa la educación. También quiero que quede fuera de toda duda mi apoyo a los colegas y compañeros que están secundando la huelga indefinida en el País Valencià desde hace casi tres semanas, así como mi compromiso personal y laboral con la enseñanza pública. Sé que la primera afirmación es incómoda, pero tenemos que reconocer todos los ciudadanos, incluidos los docentes, que cuando votamos nunca pensamos en lo que dicen los programas electorales de los partidos políticos sobre la educación. Otro dato significativo de esta desafección social hacia la educación es la escasa repercusión mediática que ha tenido hasta ahora esta movilización histórica. Desde hace más de veinticinco años (el tiempo que llevo en este oficio), he visto y he vivido cómo los partidos políticos han utilizado el sistema educativo como un arma política e ideológica –no negaré el componente ideológico que todo modelo educativo tiene– con la cual han buscado el enfrentamiento con las diferentes leyes orgánicas aprobadas: la condición de evaluable de la asignatura de religión, la digitalización, el mal llamado modelo bilingüe y trilingüe con el inglés, el pin parental, la libertad para elegir centro educativo, la gratuidad de libros de texto y de la educación –da igual si los centros son públicos, concertados o privados. No son estos asuntos menores pero, mientras la discusión se centraba en estos temas, otros, tan importantes o más, han quedado en segundo plano: la creciente complejidad de las aulas, la integración del alumnado inmigrante, la salud mental de alumnado y profesorado, la ratio de alumnos por aula, la atención a la diversidad, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores docentes, la burocratización de la labor educativa, la carga horaria del profesorado, el tratamiento de los idiomas propios como lengua vehicular… y alguna más que podrán apuntar los docentes que lean estas rayas. Todo eso, unido a los severos recortes que vivimos con la crisis de 2008 –hay comunidades autónomas que todavía no han revertido aquellos retrocesos, como la de Madrid, en la cual trabajo y donde continuamos a 19 y 20 horas lectivas en Secundaria– han hecho que esta profesión deje de tener atractivo y que comencemos a encontrar especialidades donde hay falta de personal. No es suficiente con decir que se trata de un trabajo vocacional y que la falta de recursos se compensa con la dedicación altruista de los docentes con horas extra no remuneradas, porque la fuerza física y mental de los docentes tiene un límite. Además, tenemos en nuestras manos un tesoro tan valioso como es los niños y los adolescentes que serán la sociedad del futuro. Atenderlos como se debe, cuidando de sus necesidades individuales, es cada vez más difícil por la falta de recursos humanos. La sensación de no llegar a lo importante mientras resolvemos lo urgente es generalizada en todos los docentes, especialmente en los que trabajan en centros con alumnado con dificultades socio-económicas. Además, la escuela pública (e, incluso, la concertada) que surgió en la década de los años 80 con los primeros gobiernos democráticos socialistas fue una escuela que actuó como ascensor social de mejora de las condiciones del alumnado nacido en familias más humildes. Muchos de los que ahora trabajamos en la enseñanza pública somos ejemplo de ello. Desgraciadamente, desde hace más de una década, este ascensor se ha estropeado y, hoy en día, el poder adquisitivo de los padres y su nivel de estudios es fundamental para medir las posibilidades de éxito académico de los hijos. Por eso, nos jugamos todos mucho en esta huelga. Está por decidir la escuela que queremos en la próxima década y hacia dónde queremos poner la mirada: una educación mercantilizada que persigue el rédito político y económico o centros educativos que busquen el desarrollo y el bienestar de las personitas que crecen y se educan en ellos. Muchas gracias, compañeros valencianos, por vuestra valentía y determinación y también por vuestro ejemplo. Vuestra victoria será la de todos los docentes y la de nuestro alumnado. ¡Ánimo y fuerza!
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
CAJA DE RESISTENCIA: https://cadpv.org/caixa-de-resistencia
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