domingo, 14 de julio de 2024

¿VIVIR ES SONREÍR?

¿Vivir es sonreír? Y te vas al baño y te colocas frente al espejo y haces una mueca para ponerle buena cara a la vida. Tienes una ojeras que te llegan a los pies. Y eso que acabas de levantarte de la cama. Hoy no has dormido muy bien. Cosas de la edad en la que van adentrándote. Son las seis de la mañana y tienes por delante una larga jornada de trabajo, de temas pendientes por resolver, de encuentros en que tienes que poner una buena cara de la que no sabes si tienes ganas o no. Bien, sí que lo sabes, no tienes ganas. ¿Y después? Al acabar, ir a casa, ocuparte de las tareas pertinentes después de comer bien dadas las cuatro. Reservar las fuerzas mínimas para ir al gimnasio y hacer un poco de ejercicio, por si acaso aún no tienes el cuerpo bastante reventado. No hay que rendirse. Pero hay que vivir sobre la influencia de la positividad. ¡Bésate el codo, positivo de mierda!

 

Tienes suerte en la vida. Perteneces a ese porcentaje de población que tiene salud, trabajo, una casa –aunque esté sin pagar–, una supuesta vida que disfrutarías más si tuvieras tiempo. Algunos le llaman a tu situación triunfar en la vida. Te lo repites a ti misma: triunfar en la vida. Que grandes somos los humanos: tener éxito en la vida consiste en no tener ni un minuto para respirar, en estar hiperocupados. Y lo peor de todo es que nos lo creemos… ¡Y una mierda así de alta!

 

Hay momentos vitales en que es inevitable llevar una nube gris sobre la cabeza. Se pone el nubarrón allá arriba y vas y vienes haciendo tu rutina diaria con la máxima normalidad. Con los años has aprendido a hacerlo con oficio, porque sabes que los otros no tienen la culpa de tus problemas: la adolescencia rebelde de unos hijos que no entiendes, la enfermedad terminal de alguien que te toca de cerca, la muerte que a todos nos acaba golpeando. Porque la vida no tiene piedad de nadie.

 

Pero vivir es sonreír. ¿No decíamos eso hace un momento? No, la vida es hacer funambulismo. Y llegas a un punto en que sabes que puedes pasar del éxtasis al infierno en unos días o semanas. Mira por dónde, va y te premian con un reconocimiento a tu labor literaria con una obra que siempre habías pensado que merecía la pena. Y te cuesta creértelo. De verdad, ¿me está pasando esto a mí? Y lo vives y lo sueñas, porque a ratos vives en la irrealidad. Y vuelves a tu día a día y el varapalo de unos alumnos desmotivados te estrellan de la nube y el arco iris en el que volvías montada contra una realidad que te parece mediocre. Y a pesar de todo, intentas llevar a cabo un trabajo que ya haces casi un cuarto de siglo con oficio, con dedicación, por mí y por todos mis compañeros pero por mí el primero, te dices a ti misma. Y parece que te lo crees, pero te cansas. Sonríe, hostia, sonríe, que la vida son dos días. ¡Ya te digo!

 

Y sigues adelante porque la vida es sonreír, y a pesar de todo, intentas construir mecanismos contra la mediocridad que te rodea, que te recuerda que no es necesario hacer las cosas bien, que te pagarán igual de bien o mal si tus alumnos aprenden algo o nada, que si los apruebas a todos te ahorrarás un montón de papeleo. De vez en cuando te percibes como un profeta en paños menores dando sermones en el desierto en medio de los cactus y las lagartijas… Pero, vamos, viva la asertividad y la resiliencia… Palabras de moda junto a emprendimiento... ¡Vamos! La nueva ley educativa repite esta palabra cincuenta y cinco veces en el currículum de enseñanza secundaria. ¿Y la palabra filosofía? Ni está ni se la espera. ¡Estamos apañados!

 

Pero no sufras porque cada vez viviremos mejor: conciliación familiar, jornada semanal de cuatro días, jornada semanal de treinta y siete horas y media sin bajada de sueldo… Espera que lo pienso un poco. Pero si yo hace casi veinte años que tengo esta jornada semanal. ¿Sabéis una cosa? Desde entonces, mi jornada laboral no ha dejado de ensancharse y ha ido invadiendo y conquistando todo mi tiempo vital. Sonríe, mujer, no seas así… Es lo que hay. Y con este fin, la fábrica de producción neocapitalista está diseñando unos jefes tóxicos excepcionales y eficientes capaces de triturar a quien se ponga por delante, enfermos mentales con un síndrome narcisista de caballo, que raya en la psicopatía… Personas malas e incompetentes con complejo de inferioridad y una vida de mierda. Pobrecitos, ¡qué solos que están! ¿A quién maltratarán si no es a los desgraciados de sus trabajadores? Porque somos objetos a su servicio, mercancía de su propiedad. Kim Jong-un he bautizado a la mía. ¿Qué queréis? Tendré que usar la sátira para no ahogarme en este ambiente de ponzoña irrespirable.

 

Pero, ¿dónde estábamos? Seis de la mañana. Mueca que se parece a una sonrisa que te devuelve el espejo amigo del baño. Ponte debajo de la ducha, desayuna un café bien cargado con leche, haz de vientre antes de salir de casa, que la vida te escupirá de tu hogar-refugio a un mundo lleno de hostilidad que debes recibir con tu mejor sonrisa. Y tú, ¿de que te ríes, gilipollas?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Relato publicado en el llibret de la Falla del Mercat 2024 de Xàtiva

 


 

domingo, 7 de julio de 2024

VANITAS

La primavera s’anunciava pels finestrals de la casa del poeta amb una llum clara i neta. La Isabel va aixecar la mirada de la labor que duia entre mans, em mirava per damunt de les ulleres amb ulls inquisidors des del cantó de la cambra on era asseguda. Per aquella època, com a secretari de l’AELC, baixava al País Valencià cada tres setmanes puntual com un clau. Com que la Fira del Llibre de Frankfurt es va celebrar més tard, a l’octubre, no hi vaig tenir cap inconvenient per mancar a la cita. Hi havia tres visites que no deixava de fer en cada viatge; sempre anava a veure al Joan Fuster, al Juan Gil-Albert i al Vicent Andrés Estellés. Un altre dia et contaré el que va passar amb el Gil-Albert i amb l’Estellés quan el cop d’estat de Tejero. Que m’aparto de la qüestió que ens ocupa. El dia abans l’havia telefonat perquè era a l’hospital però, com que li van donar l’alta, ja hi era a casa. La seva salut havia empitjorat molt i sabíem que el desenllaç era a prop. Tan malament estava que havia rebut l’encàrrec d’escriure l’obituari del poeta estimat per tenir-lo preparat quan es produís el seu traspàs. Ara que m’ho preguntes, no recordo quin diari me’l va encomanar. Pots escriure que va ser al Levante amb el qual vaig col·laborar uns quants anys, si et sembla bé. Tant s’hi val. Quan vaig entrar a la cambra em va rebre emocionat. Amb una personalitat tendent al drama i una mica conscient de la tragèdia a la qual s’enfrontava, la seva identitat poruga s’accentuava. Vaig fer el possible per animar-lo dient-li que la seva poesia era apreciada al Principat, desig que m’havia expressat en nombroses ocasions. També vaig intentar de sortir-me’n fent-li algun acudit amb gràcia i distraient-lo amb anècdotes intranscendents. En un moment en què el seu ànim defallia, se’m va ocórrer llegir-li el que jo mateix havia escrit sobre la seva obra pel temut dia de les lloances. Dreça les orelles perquè aquest text que et declamaré parla dels teus poemes. Ho va escoltar amb gust i delectança fent-me rellegir les parts que més li agradaven. Torna-m’ho a llegir! Ai, Riera, que bonic és això! Qui dius que ho ha escrit? Jo mateix ho he fet. Pots repetir-me la part final? I tant que sí. I on m’has dit que s’ha publicat? No, Vicent, encara no s’ha publicat. Però, aleshores, Ignasi, si no es publica la gent no ho podrà llegir... Tens raó, però tant de bo que no ho llegeixin mai. Tanmateix, no et preocupis que ho llegiran. I quan ho publicaran això? Davant la seva insistència li ho vaig haver de dir. Vicent, aquest article es publicarà quan tu et moris. Aleshores, vols dir que això tan bonic sortirà a la premsa quan jo ja no estigui aquí. Sí, vaig sentenciar amb la veu i el cap. D’acord! Doncs no et preocupis; si cal, ja em moro.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Relat publicat a Un ram convuls de síl.labes de vidre. 

Homenatge a Vicent Andrés Estellés.

Edició a cura de Josep Lozano i Salvador Vendrell (Perifèric Edicions, 2024) 

Fotografia d'Antoni Marzal