El propio título, si lo pensamos bien, es ambiguo e inquietante. ¿Qué es un ser querido? De entrada, pensamos en nuestros allegados, familia cercana con la que tratamos habitualmente. ¿Por qué habitualmente? ¿Qué frecuencia se considera un trato habitual y cotidiano? ¿O un ser querido es simplemente alguien con el que mantienes un vínculo familiar, esto es, con alguien que no hemos elegido?
El ser querido es la última película de Rodrigo Sorogoyen. Como es habitual en su cine, el guion lo firma junto a Isabel Peña (no deberíamos perder de vista este nombre). La crítica ha alabado el trabajo del director y, especialmente, el de sus dos protagonistas, Javier Bardem y Vicky Luengo. Sin duda, los matices de su interpretación, el control de las miradas y los gestos y la contención emocional otorgan a este relato una profundidad difícil de sondear. El guion es excepcional, más por lo que se omite, que por lo que se dice. Los silencios son un personaje más en El ser querido.
Esteban Martínez (Javier Bardem) es un aclamado director de cine que vuelve a España, años después, para rodar una película sobre el Sahara Occidental. En torno a él, hay una aureola de misterio y culto por comportamientos violentos y excesos del pasado. Decide ofrecer el papel protagonista a su hija Emilia, una joven actriz cuya carrera permanece estancada ya que solo ha interpretado papeles superficiales en series prescindibles. Por ello, Emilia se gana la vida como camarera. Esteban quiere ayudar a Emilia, pero padre e hija hace trece años que no se ven, desde que Esteban decidió poner tierra de por medio y empezar una nueva vida y crear otra familia en Estados Unidos.
Desde el punto de vista técnico, Sorogoyen ha querido experimentar dando un giro narrativo en comparación a su última película, As bestas (2022). Por ello, ha rodado cada escena como una historia independiente, como una historia en sí misma, utilizando una técnica distinta: en blanco y negro, en color, en fotoquímico, en digital… Esta experimentación la ha llevado también al uso de las cámaras en el rodaje de cada secuencia. A pesar de esto y precisamente por esto, hay dos escenas que resaltan por encima del resto y ambas ocurren alrededor de una mesa. ¿Cuántas escenas familiares memorables, en lo mejor y lo peor de su significado, ocurridas en torno a una mesa, tenemos grabadas, de forma indeleble en nuestra memoria?
La primera de ellas es el principio de la película, cuando ni siquiera ha aparecido ni un solo crédito ni el título de la película. En un mundo sin marketing, no sabríamos el parentesco de estos dos personajes que se encuentran tiempo después. Poco a poco, se van desentrañando, de manera sutil, sus vivencias durante el tiempo que han permanecido separados y la herida de la ausencia que va emergiendo a la superficie. Como planteamiento de la historia e inicio cinematográfico, esta escena no tiene parangón. Nos prepara para, probablemente, la mejor interpretación de la vida de estos dos actores y para una historia llena de sutilezas, incomprensión, dolor y soledades.
En la segunda de estas escenas, hay muchos más personajes presentes. Se encuentran en el rodaje de una secuencia, sentados alrededor de una mesa comiendo. Lo que, en un primer momento, es una escena divertida, una oportunidad para compartir con los compañeros y acercarse a ellos, precisamente por nuestra tendencia tan humana a equivocarnos, acabará convertido en uno de los momentos más oscuros y dolorosos de la historia. ¿Les suena la situación, verdad?
Como escribía más arriba, lo más interesante, inquietante, profundo y significante de esta historia ocurre en el interior de los personajes y solo podemos percibirlo a través de sus miradas, sus gestos, sus silencios. Y en las palabras, precisas y contenidas de los diálogos, con un significado casi quirúrgico, capaces de abrirnos antiguas heridas con una confesión hecha bisturí. ¿Qué significa El ser querido?
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
