sábado, 21 de mayo de 2022

EL PATO SALVAJE de HENRIK IBSEN

Todas las familias guardan secretos. Todas ellas tratan de mantenerlos fuera del alcance de los ojos intrusos. Un dramaturgo puso en el siglo XIX nuestra mirada de espectadores en los salones familiares donde se concentran las miserias de la condición humana. Henrik Ibsen (Casa de muñecas, Hedda Gabler, Un enemigo para el pueblo) escribió El pato salvaje en 1884, no sin polémica no sin tintes autobiográficos de una infancia y adolescencia que le causaron dolor. Porque la trama de la obra gira en torno a las mentiras vitales que mantienen en pie a una familia. Porque Ibsen conocía bien el peso del pasado en el individuo, la debilidad de los valores sobre los que se sustenta nuestro mundo. Su mérito es exhibirlo, ponerlo frente a los que nos aproximamos a este texto clásico y lanzarnos preguntas sobre nuestros fundamentos.

 

Podemos hacerlo ahora en el Teatro de la Abadía en un montaje dirigido por Carlos Aladro, con versión de Pablo Rosal (Los que hablan) con un elenco magnífico de actores. No teníamos oportunidad de verla representada desde hace cuatro décadas cuando se estrenó en el Teatro María Guerrero en 1982 con versión de Antonio Buero Vallejo y dirección de José Luis Alonso.

 

Gregers Werle (Javier Lara) vuelve a su pueblo natal tras varios años de ausencia trabajando en el norte. Se hospeda en casa de su amigo de la infancia Hjalmar Ekdal (Juan Ceadero), que es un modesto fotógrafo cuyo padre, el capitán Ekdal (Ricardo Jocen), es el antiguo socio del cónsul Hâkon Werle (Jesús Noguero), a su vez padre de Gregers. El viejo Ekdal, arruinado tras pasar por la cárcel, vive de la caridad del cónsul, con su hijo y con la familia de este, su esposa Gina (Eva Rufo) y su hija Hedvig (Nora Hernández), ya que le protegió evitando que él también fuera a parar a prisión en su momento. Berta (Pilar Gómez), la secretaria y prometida del cónsul, ejerce de peculiar maestra de ceremonias, haciendo que tomemos distancia del drama teatral en determinados momentos. Mucha atención al personaje del doctor Relling, interpretado también por Jesús Noguero.

 

Ibsen recoge las contradicciones del ser humano, las mentiras necesarias con las que nos engañamos, con las que pretendemos estar tranquilos o incluso ilusionarnos con la felicidad. Pero la maravilla de la dramaturgia de Ibsen son todas las capas de interpretación que tiene el texto, como muestra nuestra propia naturaleza compleja que se contradice a cada paso. De este modo, El pato salvaje pretende interrogarnos sobre múltiples temas, como el propio Aladro señala: la verdad, la mentira, el abuso de poder, el cuidado de la infancia, los cuidados de la salud mental, la relación del individuo con la religión, la institución del matrimonio, la diferencia entre amor y acuerdo. También, el derecho o no que tenemos a juzgar la vida de los demás y los atropellos en nombre de la verdad. No solo matan las ciénagas de mentira vital también el idealismo imperativo. Por último, en cada uno de estos estratos hay una grieta en forma de desván donde anida nuestra imaginación y donde habita un pato salvaje, que si se le hiere se hunde en el fondo del agua y se enreda en las algas. Y así pasamos del conflicto personal al social.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe


 

domingo, 15 de mayo de 2022

TEA ROOMS de LUISA CARNÉS

Tea Rooms. Mujeres obreras es una novela de Luisa Carnés. En 2016 fue reeditada por Hoja de Lata. Este hecho ha servido para recuperar y reivindicar a una de las mujeres más singulares de la generación del 27. Luisa Carnés nació en Madrid y murió en México, en el exilio, como consecuencia de un accidente de tráfico cuando aún no había cumplido los sesenta años. Antes de exiliarse, Carnés consiguió notoriedad como escritora. Escribió Peregrinos del calvario (1923) y Natacha (1928). También podemos encontrar todos sus cuentos publicados en dos volúmenes por la editorial Espuela de Plata. 

Luisa Carnés era consciente de pertenecer a la clase obrera, ya que desde bien joven tuvo que trabajar. De formación autodidacta, leyó los clásicos que cayeron en sus manos, principalmente en forma de folletines: Los hermanos Kamarazov por entregas, Tolstoi y clásicos de la literatura española. A los once años se empleó en una sombrerería y durante un tiempo, despachó dulces en una conocida pastelería cercana a la Puerta del Sol. De esta experiencia laboral, surgió Tea Rooms que tiene reminiscencias autobiográficas. Esta novela, que rompe los esquemas narrativos de la época, cuenta la historia de un grupo de mujeres, trabajadoras de una céntrica cafetería de Madrid, en los años treinta.

Matilde, alter ego de la propia Carnés, es una joven que se ajusta el uniforme, que ella misma se tiene que proveer, para comenzar una maratoniana jornada de trabajo. Nos narra las reivindicaciones laborales de la época donde aspirar a una tarde libre a la semana era un logro social. Matilde sabe que pertenece a la clase social que siempre subirá por la escalera de servicio y accederá por la puerta secundaria. La conciencia de clase de la protagonista queda patente en sus observaciones y en cada matiz del lienzo que nos va pintando. Carnés nos describe en cada uno de los personajes femeninos diferentes conflictos sociales y personales a los que se veían abocados las mujeres de la época. Antonia es la mayor y la que más tiempo lleva en la casa. Nunca le han reconocido su diligencia pero es incapaz de rebelarse contra la mano que le da de comer. Porque todas saben que una palabra o acto en falso puede suponer verse en la calle y que otras muchas anhelan su puesto. En Paca observamos el poder de la religiosidad y la beatería en la conciencia abnegada y resignada de esta mujer treintañera. Marta y Laurita se presentan como personajes antagónicos. La primera es una muchacha muy pobre con un duro contexto familiar; no obstante, es decidida y su iniciativa y desesperación la ayudan a conseguir el puesto de trabajo en el salón de té. Laurita es la ahijada del jefe que, consciente de su situación de privilegio, hace guiños a sus compañeras criticando a la encargada que ejerce su poder con desdén. Ella se cree una chica moderna, obnubilada por el séptimo arte que empieza a popularizarse.

Todas son mujeres; la mayoría pertenecen a la clase trabajadora empobrecida por unos salarios de miseria. Pero entre ellas, corre una corriente de sororidad que conmueve al lector, porque se saben en el lado de los perdedores por partida doble. Matilde, la más crítica, intuye el destino trágico que aguarda a las compañeras que osen transgredir el orden social y moral establecido y así nos lo hace ver en sus reflexiones.

La dramaturga Laia Ripoll ha adaptado y dirigido esta historia en la primera producción propia del Teatro Fernando Fernán Gómez de Madrid. Las actrices Paula Iwasaki, Silvia de Pé, María Álvarez, Carolina Rubio, Elisabet Altube y Clara Cabrera interpretan a este grupo de mujeres trabajadoras que luchan en el día a día del Madrid anterior a la Guerra Civil, donde las luchas obreras están presentes en las calles. En un montaje sencillo y redondo, entre el trasiego de pasteles y dulces que van del obrador al mostrador, nos devuelven la obra de una autora que jamás debió ser enterrada en el olvido.

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 8 de mayo de 2022

EL GOLEM

Quant hi ha de les idees dels altres al meu pensament? Aquesta és una pregunta que es fa Mayorga i que ens torna a plantejar a El Golem. Les paraules dels altres configuren el nostre pensament, el condicionen, el condueixen cap a una determinada direcció. En som conscients? És possible evitar-ho? Què significa ser un lliurepensador? Som realment lliures?

 

“Siempre hay que empezar por un cuento”. Així ens trasllada a un món distòpic el sistema sanitari del qual està a punt de col·lapsar. Davant la impossibilitat de ser atesos molts pacients han de deixar l’hospital. Tanmateix, a Felicia li fan una proposta singular: Ismael, el seu marit, que pateix una malaltia rara, seguirà el seu tractament a canvi que ella aprenga algunes paraules cada dia. El que inicialment sembla un exercici senzill, en la pràctica no ho és tant, ja que aqueixes paraules aniran transformant no sols el seu pensament, sinó també el seu propi cos. Així ho interpreta magistralment Vicky Luengo (Felicia) que es revela com una gran actriu i ens sacseja en la interpretació dels seus malsons. Ho fa de la mà d’Elena González (Salinas) que interpreta a una inquietant i misteriosa treballadora de l’hospital.

 

La posada en escena d’Alfredo Sanzol, amb panels modulars, que transformen l’espai escènic, ens situen en la sobrietat mayorguiana que ho deixa gairebé tot a la imaginació de l’espectador. Així ho hem vist a altres muntatges com La lengua en pedazos o Reikiavik. El joc de llums, homenatge al mestre Buero Vallejo, ens transporten als clarobscurs del nostre món real, on el llenguatge tantes vegades esdevenen una eina de manipulació.

 

El Golem, que és un text dens (alguns l’han qualificat de críptic i obscur), requereix una reflexió detinguda i profunda. Mayorga hi pren el mite que pertany al folklore jueu medieval i al Talmud, però que també arrela amb la tradició cristiana. El Golem és una criatura feta de fang, igual que l’Adam bíblic, sense pare ni mare, capaç de cobrar vida quan se li fica a la boca una paraula sagrada. La paraula golem significa “embrió”, “matèria prima”, “quelcom que és en procés d’elaboració”. I així, una vegada més, Mayorga ens llança el repte a l’espectador perquè, junt als actors, elabore i busque el sentit a aquestes paraules. Perquè “del Golem hay tantas interpretaciones como lectores” i perquè El Golem és un text que radica en la dramatúrgia del seu autor. A banda de la reflexió sobre el poder transformador de les paraules, ensopeguem de bell nou amb els mapes mayorguians; aquesta vegada, mentals, més enllà dels històrics i geogràfic que trobem a El cartógrafo o els emocionals (581 mapas). “El lenguaje de una persona –cómo usa las palabras y cómo es usado por ellas– es un mapa de su vida”. Potser per això està present una traductora, Salinas, que fa preguntes i planteja dubtes, figura que ve des de El traductor de Blumemberg i que ens recorda que com a lectors i espectadors hem de traduir la proposta que ens fa. “En la palabra escrita y pronunciada hay algo que solo pertenece a quien la dice. Eso, que no se deja traducir, es lo más importante. Por eso, lo más difícil es traducir dentro de tu propia lengua”.

 

El Golem és un text potent, complex, barroc (com el definiria Emilio Peral), que ens planteja una reflexió existencial i filosòfica sobre el llenguatge i que realitat que aquest crea i recrea. Per això sol pot abordar-lo al·ludint a les el·lipses matemàtiques, en les quals s’embranquen de vegades els nostres pensament, i al binomi realitat-ficció amb el qual Mayorga juga en tants dels seus textos. El lector/espectador que al començament de l’obra és agullonat amb les preguntes de Salinas; al final, després de la metamorfosi de Felicia a través del llenguatge, és colpejat oració rere oració en el seu monòleg final. Amb les paraules som capaços d’iniciar una guerra i de deturar-la. “No hay guerra más cruel que la civil, en que cada bando niega la humanidad del enemigo”. Així hem de prosseguir “el camino que conduce a la conciencia”, perquè frente a nosotros se levanta una orden que se sostiene sobre dolor humano y que trata la pregunta como delito, el pensamiento como crimen. Per això, hem d’estar alerta i tenir molt present, com adverteix a Felicia abans d’acceptar el repte, que “tratándose de palabras, puede ser muy peligroso”.  

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu
 

  

sábado, 30 de abril de 2022

EL GOLEM de JUAN MAYORGA

¿Cuánto hay de las ideas de los demás en mi pensamiento? Esta es una pregunta que se hace Mayorga y que nos vuelve a plantear en El Golem. Las palabras de otros configuran nuestro pensamiento, lo condicionan, lo conducen hacia una determinada dirección. ¿Somos conscientes de ello? ¿Es posible evitarlo? ¿Qué significa ser un librepensador? ¿Somos realmente libres?

 

“Siempre hay que empezar por un cuento”. Para ello, nos traslada a un mundo distópico cuyo sistema sanitario está a punto de colapsar. Ante la imposibilidad de ser atendidos muchos pacientes tienen que abandonar el hospital. Sin embargo, a Felicia le hacen una propuesta singular: Ismael, su marido, que padece una enfermedad rara, seguirá su tratamiento a cambio de que ella aprenda algunas palabras cada día. Lo que inicialmente parece un ejercicio sencillo, en la práctica no lo es tanto, ya que esas palabras irán transformando no solo su pensamiento, sino también su propio cuerpo. Así lo interpreta magistralmente Vicky Luengo (Felicia) que se revela como una gran actriz y nos sacude en la interpretación de sus pesadillas. Lo hace de la mano de Elena González (Salinas) que interpreta a una inquietante y misteriosa trabajadora del hospital. 

 

La puesta en escena de Alfredo Sanzol, con paneles modulares, que transforman el espacio escénico, nos sitúan en la sobriedad mayorguiana que lo deja casi todo a la imaginación del espectador. Así lo hemos visto en otros montajes como La lengua en pedazos o Reikiavik. El juego de luces, homenaje al maestro Buero Vallejo, nos transportan a los claroscuros de nuestro mundo real, donde el lenguaje tantas veces se convierte en una arma de manipulación. 

 

El Golem, que es un texto denso (algunos lo han tachado de críptico y oscuro), requiere una reflexión detenida y profunda. En él, Mayorga toma el mito que pertenece al folklore judío medieval y al Talmud, pero que también enraíza con la tradición cristiana. El Golem es una criatura creada de barro, igual que el Adán bíblico, sin padre ni madre, capaz de cobrar vida cuando se le introduce en la boca una palabra sagrada. La palabra golem significa “embrión”, “materia prima”, “algo que está en proceso de elaboración”. Y así, una vez más, Mayorga lanza el reto al espectador para que, junto a los actores, elabore y busque el sentido a esas palabras. Porque “del Golem hay tantas interpretaciones como lectores” y porque El Golem es un texto que radica en la dramaturgia de su autor. Aparte de la reflexión sobre el poder transformador de las palabras, tropezamos de nuevo con los mapas mayorguianos; esta vez, mentales, más allá de los históricos y geográficos que encontrábamos en El cartógrafo o los emocionales (581 mapas). “El lenguaje de una persona –cómo usa las palabras y cómo es usado por ellas– es un mapa de su vida”. Quizás por eso está presente una traductora, Salinas, que lanza preguntas y plantea dudas, figura que viene desde El traductor de Blumemberg y que nos recuerda que como lectores y espectadores debemos traducir la propuesta que nos hace. “En la palabra escrita y pronunciada hay algo que solo pertenece a quien la dice. Eso, que no se deja traducir, es lo más importante. Por eso, lo más difícil es traducir dentro de tu propia lengua”.

 

El Golem es un texto potente, complejo, barroco (como lo definiría Emilio Peral), que nos plantea una reflexión existencial y filosófica sobre el lenguaje y la realidad que este crea y recrea. Pero ello solo puede abordarlo aludiendo a las elipses matemáticas, en las cuales se enzarzan a veces nuestros pensamientos, y al binomio realidad-ficción con el que Mayorga juega en tantos de sus textos. El lector/espectador que al inicio de la obra es aguijoneado con las preguntas de Salinas; al final, tras la metamorfosis de Felicia a través del lenguaje, es golpeado oración tras oración en su monólogo final. Con las palabras somos capaces de iniciar una guerra y de detenerla. “No hay guerra más cruel que la civil, en que cada bando niega la humanidad del enemigo”. Así debemos proseguir “el camino que conduce a la conciencia”, porque “frente a nosotros se levanta una orden que se sostiene sobre dolor humano y que trata la pregunta como delito, el pensamiento como crimen”. Por ello, debemos estar alerta y tener muy presente, como nos advierte desde el principio, que “tratándose de palabras, puede ser muy peligroso”.  

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


  

domingo, 24 de abril de 2022

ENCUENTRO POÉTICO EN VENECIA

Me estallan los ojos con tanta belleza. El arte me desborda las pupilas incapaces de asumir tanta hermosura. En cada rincón donde reposo la mirada me espera una estampa única que guardo en una esquina de mi memoria, para disfrutarla poco a poco como un rumiante ancestral. Venecia es el máximo exponente de un mundo bello y decadente, que se sabe herido de muerte, dirigido al hundimiento inevitable pero, a la vez, imposible no contemplarlo con admiración y deleite. 

 

En Venecia, rodeada de tanta obra de arte y de tanta historia, encamino mis pasos desde la Piazza San Marco hasta Dorsoduro, barrio universitario, que acoge los diferentes edificios desperdigados de la Università Ca’Foscari Venezia. Con rayos de sol de Campo Santa Margherita en los bolsillos, llego a San Sebastiano donde la acogida de la profesora Paula Marquès me devuelve el sabor del capuccino que hemos compartido por la mañana. También está Clara Benanti, la estudiante en prácticas que ha ayudado a hacer realidad el incontro poético. Sin saber si lo es realmente o es ficción, después de aplazar el viaje a la bella città de los canales durante dos años, me hallo sentada frente a estudiantes italianos de catalán. ¿O solo lo imagino? Si no pensara que somos criaturas del azar, creería que este aplazamiento me ha traído este encuentro, poder gozar más del instante ligero.

 

Hay estudiantes en el aula, otros están en casa y se asoman por la pantalla del ordenador: nueva normalidad que nos ha dejado este maldito virus y a la cual no me acostumbro. Perdemos el olor y el tacto; mantenemos el oído y la vista, aunque diferidos en el espacio ¿Qué ocurre con el gusto? Ya lo decían los clásicos, Tempus fugit, y los minutos se escurren entre los dedos. El tiempo pasa deprisa pero catamos diversos temas. ¿Cómo nace un poema? ¿Qué provoca que se encienda una idea? Preguntas de imposible respuesta más allá del detalle que, de pronto, deja de pasar desapercibido. En la literatura, la literalidad es esencial; en la poesía, aún más. No podemos cambiar una palabra sin que el verso sufra una metamorfosis. Pero, ¿podemos ir más lejos y buscar esta literalidad en la metáfora y en el sentido oculto que se insinúa con timidez? Las palabras nos hablan de la realidad, pero también la crean. Lo que no se dice no existe pero, ¿lo que se escribe perdura en el tiempo y en la memoria? Son aquellos segundos que se van huidizos y nos dejan sin nada, desposeídos de todo. Las palabras conforman el mundo en que vivimos, también dibujan con sílabas los límites de nuestro ser interior. Este es el poder transformador de las palabras. ¿La metáfora es una creación de quien escribe el poema o sencillamente se esconde esperando que alguien la encuentre y la corte como una flor o un espárrago?

 

He escrito poesía para atrapar instantes, para poderlos coger con las manos y tocarlos con la yema de los dedos, para que las personas de que hablo no se vayan del todo, para sentirme un poco menos sola e intuir que, al final, todos estamos hechos del mismo barro. Quizás por eso escribo estas líneas: para tener la certeza de la existencia de tanta belleza a pesar de tanto horror, del gozo de unas jornadas irrepetibles rodeada de arte y luz en la Serenissima, de saber que la arena de una playa del Lido me espera para morir como una ola más.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe 




lunes, 18 de abril de 2022

INCONTRO POETICO A VENEZIA

M’esclaten els ulls amb tanta bellesa. L’art em vessa per les pupil·les incapaces d’assolir-ne tanta. A cada racó on repose l’esguard m’espera una estampa única que dese a una cantonada de la memòria, per gaudir-ne a poc a poc com un rumiant ancestral. Venècia és el màxim exponent d’un món bell i decadent, que se sap ferit de mort, adreçat a l’esfondrament inevitable però, a la vegada, impossible no contemplar-lo amb admiració i delectança.

 

A Venècia, envoltada per tanta obra d’art i tanta història, encamine les meues passes des de la Piazza San Marco cap a Dorsoduro, barri universitari, que acull els diferents edificis escampats de l’Università Ca’Foscari Venezia. Amb raigs de sol de Campo Santa Margherita a les butxaques, arribe a San Sebastiano on l’acollida de la professora Paula Marquès em retorna el sabor del capuccino que hem compartit al matí. També hi és la Clara Benanti, l’estudiant en pràctiques que ha ajudat a fer l’incontro poetico realitat. Sense saber-ne si ho és realment o és ficció, després d’ajornar el viatge a la bella città dels canals dos anys, em trobe asseguda enfront d’estudiants italians de català. O només m’ho imagine? Si no pensés que som criatures de l’atzar, creuria que aquest ajornament m’ha dut aquesta trobada, poder gaudir-ne més de l’instant lleuger.

 

Hi ha estudiants a l’aula, altres són a casa i aguaiten per la pantalla de l’ordinador: nova normalitat que ens ha deixat aquest maleït virus i a la qual no m’acostume. Perdem l’olor i el tacte; mantenim l’oïda i la vista, encara que diferides a l’espai. Què ocorre amb el gust? Ja ho deien els clàssics, Tempus fugit, i els minuts s’escolen entre els dits. El temps passa de pressa però tastem diversos temes. Com naix un poema? Què fa que s’encenga una idea? Preguntes d’impossible resposta més enllà del detall que, de sobte, deixa de ser desapercebut. A la literatura, la literalitat és essencial; a la poesia, encara més. No podem canviar una paraula sense que el vers sofreisca una metamorfosi. Però, ¿podem anar més lluny i cercar aquesta literalitat a la metàfora i al seu sentit ocult que s’insinua amb timidesa? Les paraules ens parlen de la realitat, però també la creen. El que no es diu no existeix però, ¿el que es s’escriu perdura en el temps i en la memòria? Són aquells segons que se’n van fugissers i ens deixen sense res, desposseïts de tot. Les paraules conformen el món on vivim, també dibuixen amb síl·labes els límits del nostre ser interior. Aquest és el poder transformador de les paraules. ¿La metàfora és una creació de qui escriu el poema o senzillament s’amaga esperant que algú la trobe i la culla com una flor o un espàrrec?

 

He escrit poesia per atrapar instants, per poder-los agafar amb les mans i tocar-los amb el tou dels dits, perquè les persones de qui parlen no se’n vagen del tot, per sentir-me una mica menys sola i intuir que, a la fi, tots estem fets del mateix fang. Potser per això escric aquestes línies: per tenir la certesa de l’existència de tanta bellesa malgrat tant d’horror, del gaudi d’unes jornades irrepetibles envoltada d’art i llum a la Serenissima, de saber que la sorra d’una platja al Lido m’espera per morir com una ona més.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu




domingo, 3 de abril de 2022

EL DRET A ESTIMAR D'ARTURO ARNALTE

El dret a estimar fou una exposició de la fotògrafa Isabel Muñoz (Premi Nacional de Fotografia 2016). Aquesta interessant mostra es va poder visitar a CentroCentro Cibeles, seu de l’Ajuntament de Madrid. Va estar integrada al marc de les activitats organitzades per al World Pride 2017. Aquest projecte fou desenvolupat colze a colze amb el nostre estimat Arturo Arnalte. Ambdós hi van intentar de fer un recorregut per la realitat social LGTBI actual al nostre país. Es tractava d’un itinerari geogràfic i temporal per la diversitat d’un col·lectiu que no és ni uniforme ni homogeni.

 

Un mèrit que es va apuntar el projecte fou l’ampli espectre social que va abastar. Hi vam poder trobar persones anònimes, professionals, activistes, intel·lectuals, gent del carrer... que pertanyíem a diferents edats. El caràcter intergeneracional de l’exhibició va trencar estereotips, va subratllar la natura plural del col·lectiu LGTBI i va integrar a adolescents, adults i gent gran que vam reivindicar el nostre dret a estimar a qui nosaltres desitgem. Hi va haver adolescents que es van plantar orgullosos davant la càmera de Muñoz en diàleg desacomplexat amb els activistes dels anys 70 i 80, que van lluitar pel reconeixement dels nostres drets. Mentrestant, la gent gran els observava des del desencant i la llibertat que et concedeix l’edat, i les persones transgènere seguien esperant desafiants i impacients la normalització de la seua reivindicació. En mig de tots i amb ells, hi érem la resta. Aquesta heterogeneïtat ni fou improvisada ni una troballa fortuïta: Arturo, coneixedor del col·lectiu i curiós aferrissat, era sabedor d’aquesta riquesa i pluralitat i volia mostrar-la. Sembla que ho van aconseguir.   

 

Els que vam tenir la sort de viure-ho des de dins, sabem dels avatars que el projecte va sofrir a través del temps i els obstacles que va superar fins que va arribar a la seua feliç culminació. Arturo va posar la seua xarxa d’afectes en el col·lectiu LGTBI davant de l’objectiu d’Isabel. Dos trets van destacar en les fotografies d’Isabel Muñoz. La primera fou una característica definitòria de la seua obra: la sensualitat del cos humà. Muñoz, amb la seua peculiar perspectiva, cerca la bellesa de tot cos humà i aconsegueix atrapar-la. Ho fa, per una banda, a través de la captació del detall, aqueix fragment fugaç que pot passar desapercebut fàcilment. El segon és la mirada: la de la fotògrafa que aguaita al món intern de l’ésser humà al que fotografia; i la de la persona retratada que mira a càmera, involucrada en una relació de complicitat amb Isabel, com el propi Arturo va descriure. Gràcies a ell vam participar en aquest projecte i he de reconèixer que va ajudar a fer més estret el nostre vincle d’amistat ja existent. A l’entrevista prèvia a la sessió fotogràfica que vam tenir ambdós, Arturo es va mostrar sorprès per la nostra intrahistòria. Però fou l’ésser humà acollidor i comprensiu que tots hem gaudit tants anys, no els suficients. Al treball amb adolescents, vam treure el cap per la finestra de l’experiència dels més joves que, encara avui, han de seguir enderrocant murs d’homofòbia i incomprensió. Ens va venir de gust compartir l’alegria i la gatzara d’aquells que són als primers compassos de la seua peça musical i mirar-nos mútuament divertits recordant els nostres primers refilets. Em ric mentre escric aquestes paraules.

 

La mirada d’Arturo Arnalte va impregnar cada part del projecte des de la rereguarda del quadern en el qual prenia notes, deixant el seu segell de tolerància i respecte. Amb l’exhibició fotogràfica, es va publicar un llibre amb el mateix títol El derecho a amar (Editorial Egales, 2017). Gràcies a l’obstinació del nostre amic, van quedar reunides en aquesta publicació les fotografies d’Isabel i un text d’Arturo que recorre el “viaje por el vertiginoso cambio que ha vivido en una sola generación la comunidad LGTBI en España”. Gràcies, Arturo!

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu