domingo, 31 de mayo de 2020

APLANAR LA CURVA DEL ODIO

Cuando nos confinaron de manera insólita y traumática, un torrente de solidaridad y reconocimiento hacia los profesionales de la Sanidad Pública nos movilizó en los balcones cada día a las ocho de la tarde. Jornada tras jornada nos citábamos a esa hora para sentir que formábamos parte de una corriente social que estaba haciendo lo posible por aplanar esa curva de muerte y enfermedad que escalaba a pasos agigantados. Parecía que no hacíamos demasiado, mientras el peso recaía sobre todos los trabajadores de los hospitales y centros de salud. Los aplausos fueron languideciendo poco a poco como consecuencia del cansancio y la dureza del confinamiento. A los pocos días algunos de esos aplausos se convirtieron en caceroladas contra el gobierno y su gestión de esta crisis.

Los políticos, unos más que otros, han ido emponzoñando el ambiente y subiendo el tono con el fin de conseguir un rédito partidista en esta pandemia. Utilizar a los muertos es una vieja táctica. No forma parte de la nueva política ni de partidos políticos de reciente creación. Lanzarse los cadáveres a la cara ha sido la estrategia que durante demasiado tiempo han utilizado determinados políticos en este país. Y los ciudadanos, el pueblo hemos aprendido muy bien la lección. Y la repetimos como loros que no piensan muy bien en lo que dicen, sin razonar lo memorizado como una letanía de reproche y rencor.

Las escenas que estamos viendo en algunas calles de nuestras ciudades, con enfrentamientos entre ciudadanos de distinta tendencia ideológica resucita el duelo a garrotazos goyesco que tanto parece definirnos. La discrepancia política solo puede expresarse con odio y desmesura, arrebatando al contrario su condición de humano y no dejando espacio para la solidaridad y el respeto. “De diez cabezas, nueve embisten y una piensa.” El triste poeta sevillano quedaría más desolado aún al comprobar la vigencia de su afirmación.  

Se ha pedido con insistencia la declaración de luto nacional y un reconocimiento merecido y sentido a las víctimas. Esto se ha demandado para, acto seguido, subirse a un autobús con el fin de darse un baño de cláxones como si de la celebración de un título de fútbol se tratara. Si realmente queremos rendir ese homenaje a todos los fallecidos, recordemos que la mayoría pertenecían a la generación que vivió la guerra incivil y la posguerra, que tuvo que esperar casi cuatro décadas para ejercer sus libertades (no dos meses y medio) y que ahora se han marchado sin la compañía y la despedida que sus seres queridos les hubiera gustado darles. Comportarse con decencia política, altura de miras, civismo social y respeto al diferente habría de ser la respuesta natural de una sociedad civilizada y madura democráticamente. Parece que no queremos ser conscientes de la tragedia que ha acontecido con todas las muertes provocadas por este virus. Pensar que detrás de cada número hay un nombre y apellidos nos resulta demasiado apabullante. El goteo letal aún no se ha detenido aunque lo más duro sanitariamente ha pasado. Sería desastroso que nuestro capricho sembrara de más ataúdes nuestras ciudades. Sin embargo, ¿seremos capaces de aplanar la curva del odio?

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Viñeta de Eneko


domingo, 24 de mayo de 2020

PANDÈMIA IDEOLÒGICA

Mai no hi havia hagut tanta ideologia i tan poques idees. Així ens va. Ens hem passat setmanes cercant culpables d’aquesta situació tan tràgica que ens ha sobrevingut principalment per la nostra actitud arrogant com a espècie invasora i depredadora del planeta. Però el reconeixement de la nostra coresponsabilitat lluny de satisfer-nos, ens sembla una aberració estúpida. Necessitem algú a qui crucificar, a qui sacrificar per l’esclat de la pandèmia. Busquem teories conspiranoides a les quals aferrar-nos amb afany, que donen una explicació fàcil i tancada del que ha passat. Si aquestes nodreixen la nostra xenofòbia i els nostres prejudicis més recalcitrants, ens sentim reafirmats en la nostra supèrbia. A més, si es poden resumir en un vídeo de Youtube en cinc minutos millor que millor, perquè d’aquesta manera el podem fer arribar per missatgeria instantània al nostres cercles pròxims. Com som incapaços d’assumir la por, la incertesa y l’angoixa que aquesta situació ens ha portat, increpem i qüestionem qui els ha tocat gestionar la situació més difícil que ha viscut aquest país en dècades. Afirmem que són uns mediocres i uns oportunistes sense ser capaços de reconèixer que són el reflex de la societat a la qual representen: nosaltres. Ens sentim enganyats. Reclamem la veritat com si aquesta fora quelcom clar i unívoca, un credo teològic. Ni podem ni volem acceptar la complexitat polièdrica de la realitat que ha sobrevingut amb aquest invisible als ulls. Som carn de notícia falsa, sobretot, si es fan ressò del que pensem. Estem assentats en la confusió, però exigim certeses, respostes clares. Retorcem el coll del llenguatge perquè no diu el que volem escoltar. Hem desatès amb el nostre vot durant lustres els dos pilars de la nostra societat, la sanitat i l’educació, i ara demanen que els serveis públics siguen eficaços i donen resposta a les nostres necessitats. Hem vestit els nostres sanitaris amb una capa d’herois, mentre els anem suggerint que es preparen per una nova onada de mort perquè el mon inhumà i egoista que hem creat a imatge i semblança nostra ha de seguir rodant. Esperem que la ciència done una solució ràpida i eficaç a un problema de dimensions planetàries, demostrant la nostra completa ignorància del que suposa la investigació i la salut. Ens queixem, perboquem a les xarxes socials insults i barbaritats contra la classe política, contra els epidemiòlegs, contra qui es pose per davant, deixant en evidència les nostres misèries i necessitat de desfogament. Tot perquè som incapaços de dir-nos a nosaltres mateixos: No ho sé. No entenc res. Tinc poc.

Després de més de cinquanta dies tancats a casa, de més de vint-i-cinc mil morts oficials (tots sabem que en són més), del drama social i laboral que ja s’ha instal·lat en la nostra societat, sembla que hem patit un atac de negacionisme i ens hem llençat als carrers ignorant, en molts casos, les recomanacions que ens han fet: distància física entre persones i ús de mascaretes. Però és que ens supera la mascareta i volem abraçar a aquells que diem estimar. Com nens egoistes als quals els han aixecat el càstig, cerquem noves maneres d’escaquejar-nos del que hauria de ser l’assumpció de la nostra responsabilitat personal per la nostra pròpia salut i la d’aquells que ens importen. Ens hem despertat de l’experiment del show de Truman i exigim recuperar ansiosos i capritxosos la nostra vida passada com si fora part del nostre patrimoni immobiliari. Vivim en una societat infantilitzada que confon la llibertat individual amb la satisfacció immediata de les nostres apetències, com si de un bé de consum es tractés. Hem decidit que dos-cents morts diaris és un preu assumible. Ens mereixen l’extinció per imbècils.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu
Imatge de Bansky


viernes, 15 de mayo de 2020

DISCURSO DE NO GRADUACIÓN

Hoy es un día especial para vosotros. Es el día de vuestra no graduación. Esta pandemia, que nos ha llegado de manera tan abrupta, se ha llevado por delante casi todas nuestras vidas: nuestra rutina escolar, vuestra graduación, nuestros esperados viajes, muchas de nuestras aficiones y costumbres y otros tantos proyectos y planes que quedan aplazados o en el aire. Se ha llevado lo que considerábamos importante y que resultó ser bastante superfluo para nuestra supervivencia y nos ha dejado semidesnudos, solos con nosotros mismos y con nuestros afectos. ¿Qué tal va la experiencia de estar tantas horas a solas con un adolescente?

Este curso quedará en mi memoria y vosotros en ella por dos motivos: la visita de Juan Mayorga al instituto y la pandemia que dejó en jaque a nuestro mundo consumista y superficial. Ambos sucesos ocurrieron en el mismo mes y, por suerte, nos dio tiempo a vivir el primero y estamos sobreviviendo al segundo. El 3 de marzo os proponía una práctica teatral de creatividad para presentar a mi querido Juan. Os pedí que pensarais que el salón de actos del instituto lo era de la Real Academia Española. Así fuimos transformando el lugar con nuestra mente y nuestra capacidad de fabular: el retrato de Cervantes, el nuevo académico vestido de gala y nervioso, la solemnidad del acto de ingreso, los discursos del dramaturgo y de la poeta Clara Janés. Hoy os propongo un nuevo ejercicio de imaginación. No hay académicos aletargados sentados escuchándoos (o sí, si es vuestro deseo). Hoy los protagonistas sois vosotros y estáis en el escenario, ocupando un lado. Como el padre de familia numerosa, también estáis nerviosos porque, como para él, hoy es un día importante en vuestra vida: hoy os graduáis y habéis conseguido hacerlo en medio del acontecimiento más inesperado y más dramático que ha ocurrido en este país en las últimas décadas. ¿Lo veis ya? Estáis sentados en un lateral del escenario, con vuestras mejores galas, en la línea de elegancia de los alumnos de los últimos años. Preside el escenario una mesa detrás de la cual están sentados el director, la jefa de estudios y vuestros tutores. Hay una pantalla donde se proyectará vuestra foto cuando Sira pronuncie vuestro nombre para que os acerquéis a por la banda. Aplaudiréis a vuestros amigos con más emoción y disfrutaréis del momento. Antes habéis escuchado el discurso del director, pero hoy no os importará que se enrolle y hasta escucharéis lo que dice. Os resonarán sus palabras porque son las últimas que alguien del instituto os dedica siendo alumnos.  El público va a ser vuestros padres, hermanos y algún abuelo. Es un día donde los incondicionales no pueden faltar. Desde el escenario iluminado no podréis verles, porque permanecerán en la sombra del patio de butacas. Pero sabéis que ellos están allí mirándoos, compartiendo este momento con vosotros.

También pronunciaréis vuestros discursos, con alguna broma para los profesores incluida, y todo discurrirá como la graduación típica, tópica y única que debía de ser. Vuestro querido profesor de Historia o Geografía subirá al escenario para dedicaros unas palabras. Ese día habrá vestido sus casi dos metros y medio de altura de traje y lo encontraréis extraño. Todos iremos vestidos para la ocasión y para la representación. Se pondrá nervioso. No sé si lo sabéis ya pero le inquieta mucho hablar en público. Ya lo estáis viendo que le cuesta empezar, pero no pasa nada porque enseguida empezarán a fluir las palabras. ¿Qué os dirá?

Habéis recorrido un largo camino desde que empezó el curso hasta el día de hoy. Lo empezasteis mucho antes cuando llegasteis al instituto muchos de vosotros para empezar la ESO. Pero lo que no podíamos imaginar en septiembre, cuando iniciamos el tramo final de vuestra andadura por el centro, era que el trayecto final lo íbamos a hacer separados físicamente, que solo podríamos haceros llegar nuestras explicaciones, correcciones y apoyo a través de la red. Esperamos, de todo corazón, que no os hayáis sentido solos y que nuestras palabras hayan sido un aliciente para seguir esforzándoos, estudiando y trabajando. La vida es una carrera de fondo y os ha tocado que esta etapa crucial de vuestra historia se vea aún más marcada por la historia colectiva. Estáis siendo testigos, como Harriet, La tortuga de Darwin, de uno de los acontecimientos más dolorosos del siglo XXI mientras acabáis el bachillerato. ¿Estamos volviéndonos más humanos o involucionando hacia la bestia? ¿Os habéis puesto en pie como ella en Guernica? ¿Habéis tomado vuestra propia palabra como hizo ella en el gueto de Varsovia?

Hoy he leído que una persona conocida que atravesaba por el trance más doloroso de su vida afirmaba: “No se puede hacer un drama del drama.” ¿Qué significan estas palabras? La escritora Mercè Rodoreda aseguraba de la protagonista de su novela La plaça del Diamant que Colometa hace lo que tiene que hacer desde su situación en la vida y, hacer lo que se tiene que hacer y nada más demuestra un talento natural digno de todos los respetos. Y esto tan aparentemente sencillo de hacer, hemos comprobado en estos dos últimos meses que no lo es tanto. Sin embargo, la mayoría de vosotros habéis demostrado ese talento natural y habéis seguido remando cuando parecía que la barca se hundía y todo esfuerzo parecía inútil. Por eso, os merecéis todo nuestro respeto.

Gracias por seguir remando, mientras hemos intentado sujetar las amarras de la incertidumbre, del miedo y del aislamiento. Por favor, esta tarde sentid la distancia física como una arma de protección; la soledad, como una fortaleza; y las palabras, estas palabras, como el abrazo que nos daremos con la mirada cuando nos podamos encontrar de nuevo.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe



domingo, 10 de mayo de 2020

PANDEMIA IDEOLÓGICA

Nunca había habido tanta ideología y tan pocas ideas. Así nos va. Nos hemos pasado semanas buscando culpables de esta situación tan trágica que nos ha sobrevenido principalmente por nuestra actitud arrogante como especie invasora y depredadora del planeta. Pero el reconocimiento de nuestra corresponsabilidad lejos de satisfacernos, nos parece una aberración estúpida. Necesitamos alguien a quien crucificar, a quien sacrificar por el estallido de la pandemia. Buscamos teorías conspiranoides a las que aferrarnos con ahínco, que den una explicación fácil y cerrada de lo que ha pasado. Si estas alimentan nuestra xenofobia y nuestros prejuicios más recalcitrantes, nos sentimos reafirmados en nuestra soberbia. Además, si se pueden resumir en un vídeo de Youtube de cinco minutos mejor que mejor, así se lo podemos hacer llegar por mensajería instantánea a nuestros allegados. Como somos incapaces de asumir el miedo, la incertidumbre y la angustia que esta situación nos ha traído, increpamos y cuestionamos a quienes les ha tocado gestionar la situación más difícil que ha vivido este país en décadas. Afirmamos que son unos mediocres y unos oportunistas sin ser capaces de reconocer que son el reflejo de la sociedad a la que representan: nosotros. Nos sentimos engañados. Reclamamos la verdad como si esta fuera algo claro y unívoco, un credo teológico. Ni podemos ni queremos aceptar la complejidad poliédrica de la realidad que ha sobrevenido con este virus invisible a los ojos. Somos carne de bulo, sobre todo, si se hacen eco de lo que nosotros pensamos. Estamos asentados en la confusión, pero exigimos certezas, respuestas claras. Retorcemos el pescuezo del lenguaje porque este no dice lo que queremos escuchar. Hemos desatendido con nuestro voto durante lustros los dos pilares de nuestra sociedad, la sanidad y la educación, y ahora demandamos que los servicios públicos sean eficaces y den respuesta a nuestras necesidades. Hemos vestido a nuestros sanitarios con una capa de héroes, mientras les vamos sugiriendo que se preparen para una nueva ola de muerte porque el mundo inhumano y egoísta que hemos creado a nuestra imagen y semejanza tiene que seguir rodando. Esperamos que la ciencia dé una solución rápida y eficaz a un problema de dimensiones planetarias, demostrando nuestra completa ignorancia de lo que supone la investigación y la salud. Nos quejamos, vomitamos en las redes sociales insultos y barbaridades contra la clase política, contra los epidemiólogos, contra quien se ponga por delante, dejando en evidencia nuestras miserias y necesidad de desahogo. Todo porque somos incapaces de decirnos a nosotros mismos: No lo sé. No entiendo nada. Tengo miedo.   

Después de más de cincuenta días encerrados en nuestras casas, de más de veinticinco mil muertos oficiales (todos sabemos que han sido más), del drama social y laboral que ya está instalado en nuestra sociedad, parece que hemos sufrido un ataque de negacionismo y nos hemos lanzado a las calles ignorando, en muchos casos, las recomendaciones que nos han dado: distancia física entre personas y uso de mascarillas. Pero es que nos agobia la mascarilla y queremos abrazar a los que decimos amar. Como niños egoístas a los que les han levantado el castigo, buscamos nuevas maneras de escaquearnos de lo que tendría que ser la asunción de nuestra responsabilidad personal por nuestra propia salud y la de los que nos importan. Hemos despertado del experimento del show de Truman y exigimos recuperar ansiosos y caprichosos nuestra vida pasada como si fuera parte de nuestro patrimonio inmobiliario. Vivimos en un sociedad infantilizada que confunde la libertad individual con la satisfacción inmediata de nuestras apetencias, como si de un bien de consumo se tratara. Hemos decidido que doscientos muertos diarios es un precio asumible. Nos mereceremos la extinción por imbéciles.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Imagen de Bansky como homenaje al personal sanitario


domingo, 3 de mayo de 2020

TREBALLADORS ESSENCIALS

Els treballs pitjor remunerats, amb pitjor consideració social moltes vegades, aquells per als quals no cal una titulació universitària, aquells llocs de treball que primer es destrueixen quan van mal dades han resultat ser els més essencials en aquesta crisi sense precedents. Ells són el personal de neteja, els reposadors dels supermercats, els transportistes, els treballadors de la indústria alimentària i la seua logística, els ramaders, les caixeres, el personal de residències de majors i malalts, els agricultors, els que recullen els nostres residus... Totes aquestes persones eixen cada matí de sa casa, per ells no hi ha confinament que valga, a treballar perquè no falte de res als nostre frigorífics i rebosts i perquè la brutícia no ens devore. En molts casos, el seu treball és invisible. Es dona per fet. És per això que hem viscut tant de temps ignorant-lo, habitant com si no fora necessari, essencial. La pròxima vegada que facen una d’eixes perilloses eixides al supermercat, cada vegada que prenguen un producte de les prestatgeries a les seues mans enguantades de nitril, pensen en la quantitat de treballadors essencials que han fet possible que aquest menjar arribe a la seua cistella de la compra. La majoria d’ells no es plantegen fer una altra cosa, perquè és la seua feina, la seua obligació, la manera amb què es guanyen la vida, amb què paguen la hipoteca de sa casa, les factures i donen de menjar als seus fills, però la resta sí hauríem de mostrar el reconeixement necessari a la comesa imprescindible que estan desenvolupant perquè la resta ens quedem a casa, molts de nosaltres teletreballant confortablement des del saló de les nostres llars.

A tots aquests treballadors s’uneix un col·lectiu, més precari encara, ja que no pot teletreballar, que ha hagut de romandre a casa en la seua immensa majoria i que no té gairebé cap dret laboral perquè pertany a l’economia submergida: les dones de la neteja (perquè totes elles són dones) que mantenien endreçades les nostres cases mentre nosaltres eixíem a treballar a les nostres ocupacions importants, qualificades, no essencials. ¿Estem protegint aquest sector vulnerable pagant durant el confinament, en la mesura de les nostre possibilitats, la feina que duen a terme i que no sempre hem apreciat suficientment? Potser siga el moment de demostrar-los la vàlua que la seua feina té en el nostre dia a dia, de mostrar-nos humans i sensibles amb aquelles que no tenen la sort de rebre el seu salari íntegre sense eixir de sa casa. Però no ens enganyem: no és caritat, és justícia social.  

Tot això no ho hauríem d’oblidar una vegada haja passat la pandèmia i puguem anar tornant a poc a poc a la nova normalitat que ens espera. Tots som necessaris a l’engranatge col·lectiu que és la nostra societat, però ha quedat palès que cap treball qualificat (potser el dels sanitaris i científics) pot ara substituir la tasca d’aquests treballadors no qualificats. Una vegada més la realitat s’imposa al llenguatge per pegar-nos amb la semàntica en tota la boca de la nostra arrogància. Potser els economistes haurien de canviar-los l’etiqueta al teixit productiu i dir-los pel nom que han demostrat ser: treballadors essencials.

Begoña Chorques Fuster
 Professora que escriu
Il·lustració de JALOilustrado


domingo, 26 de abril de 2020

TRABAJADORES ESENCIALES

Los trabajos peor remunerados, con peor consideración social muchas veces, aquellos para los que no es necesaria una titulación universitaria, aquellos puestos de trabajo que primero se destruyen cuando vienen mal dadas han resultado ser los más esenciales en esta crisis sin precedentes. Ellos son el personal de limpieza, los reponedores de los supermercados, los transportistas, los trabajadores de la industria alimentaria y su logística, los ganaderos, las cajeras, el personal de residencias de mayores y enfermos, los agricultores, los que recogen nuestros residuos… Todas estas personas salen cada mañana de su casa, para ellos no hay confinamiento que valga, a trabajar para que no falte de nada en nuestros frigoríficos y despensas y para que la suciedad no nos devore. En muchos casos, su trabajo es invisible. Se da por hecho. Por eso hemos vivido tanto tiempo ignorándolo, habitando como si no fuera necesario, esencial. La próxima vez que hagan una de esas peligrosas salidas al supermercado, cada vez que tomen un producto de las estanterías en sus manos enguantadas en nitrilo, piensen en la cantidad de trabajadores esenciales que han hecho posible que ese alimento llegue a su cesta de la compra. La mayoría de ellos no se plantean hacer otra cosa porque es su empleo, su obligación, la manera en que se ganan la vida, con lo que pagan la hipoteca de su casa, las facturas y dan de comer a sus hijos, pero el resto sí debiéramos mostrar el reconocimiento necesario a la labor imprescindible que están realizando para que el resto nos quedemos en casa, muchos de nosotros teletrabajando confortablemente desde el salón de nuestros hogares.

A todos estos trabajadores se une un colectivo, más precario aún, ya que no puede teletrabajar, que ha debido permanecer en su casa en su inmensa mayoría y que carece de casi todos los derechos laborales porque pertenece a la economía sumergida: las señoras de la limpieza (porque todas ellas son mujeres) que mantenían adecentadas nuestras casas mientras nosotros salíamos a trabajar a nuestros empleos importantes, cualificados, no esenciales. ¿Estamos protegiendo a este sector vulnerable pagando durante el confinamiento, en la medida de nuestras posibilidades, el trabajo que desempeñan y que no siempre hemos apreciado lo suficiente? Quizás sea el momento de demostrarles el valor que su trabajo tiene en nuestro día a día, de mostrarnos humanos y sensibles con aquellas que no tienen la suerte de recibir su salario íntegro sin salir de casa. Pero no se engañen: no es caridad, es justicia social.

Todo esto no debiéramos olvidarlo una vez haya pasado la pandemia y podamos ir volviendo poco a poco a la nueva normalidad que nos espera. Todos somos necesarios en el engranaje colectivo que es nuestra sociedad, pero ha quedado en evidencia que ningún trabajo cualificado (acaso el de los sanitarios y científicos) puede ahora sustituir la labor de estos trabajadores no cualificados. Una vez más la realidad se impone al lenguaje para darnos con la semántica en toda la boca de nuestra arrogancia. Quizás los economistas debieran cambiarles la etiqueta en el tejido productivo y llamarles por el nombre de lo que han demostrado ser: trabajadores esenciales.  

Begoña Chorques Fuster
 Profesora que escribe
Viñeta de Andrés Faro



domingo, 19 de abril de 2020

NI HEROIS, NI SOLDATS

Sembla mentida però ja fa setmanes que cada dia a les vuit eixim als nostres balcons i finestres, per reconèixer amb els nostres aplaudiments la tasca titànica que els nostres sanitaris estan duent a terme per vèncer aquesta pandèmia. Des de diverses instàncies, se’ls lloa i pondera amb el qualificatiu d’herois perquè estan treballant amb una limitació extrema de recursos materials i humans. Certament, la seua actitud és, si més no, heroica, però hauríem d’advertir del perill que tanca aquest adjectiu. En cas contrari, quan tot aquest malson acabe, el magnífic i ingent treball que aquests professionals han realitzat al llarg d’aquests mesos quedarà com una proesa pròpia d’un cantar de gesta.

El personal sanitari està format, sobretot, per professionals dels seu ofici que a més és un dels més importants que hi ha: la cura de la salut, de la nostra salut. El treball que desenvolupen aquestes persones hauria d’ésser reconegut i respectat tot l’any; i la millor manera de respectar la feina que algú fa és dotar-la de mitjans imprescindibles, especialment, si aqueixes persones s’estan jugant la salut per salvar vides. Però cal proveir-los del material necessari sempre, no sols ara o el temps que es perllongue aquesta emergència sanitària. Cal abastir els nostres hospitals i centres de salut dels materials i instruments requerits perquè aquestes persones puguen fer la seua feina amb solvència i rigor. I encara no haurem fet prou: si volem que un treballador senta que seua comesa és valorada, el millor que podem fer és oferir-li unes condicions laborals justes i ben remunerades. Que tot això no es compleix fa molt que venen denunciant-ho els sanitaris. ¿Quants dels metges, infermers, tècnics i auxiliars que estan en primera línia es troben en una situació laboral d’interinitat? Les dades probablement ens esglaien tant com els d’aquesta pandèmia.

Hem de tenir memòria i recordar la important tasca de mobilització social que, durant anys, la marea blanca va desenvolupar per denunciar la privatització de la nostra sanitat pública i el seu desmantellament. Ells van ser més tenaços i persistents que els docents amb la marea verda, però he de dir amb certa amargor que les seues conquestes socials per tal que es frenés la privatització del sistema públic de salut van venir per part de les resolucions judicials. Ni els ciutadans amb el nostre vot, ni les protestes sociasl al carrer van aconseguir revertir un procés de concerts i externalitzacions que ha mostrat, d’una manera vergonyosa i dramàtica, les seues mancances i limitacions. Quan tot açò passe, la ciutadania hauria d’exigir als seus governants la inversió suficient per restablir una sanitat pública digna i dotada de mitjans, amb professionals suficients i ben remunerats. Ho farem?

També se’ls ha vogut qualificar com a soldats, però no ho són de cap exèrcit, ni ells ni nosaltres. Amb les referències a la guerra i la utilització de comparacions bèl·liques, hauríem d’advertir que potser estem deixant pas a un reforçament de posicions autoritàries, com manifesta el filòsof Josep Ramoneda. Tots, els sanitaris i la resta, som ciutadans fent el que humanament podem (ells molt més que nosaltres) per aconseguir que aquesta corba s’aplane i que es salven el major nombre de vides possible. Si som capaços de ser conscients de la importància del nostre paper en aquesta lluita col·lectiva, imitant l’esperit dels japonesos, sabrem que, quan tot açò acabe, serà possible arbitrar una eixida social i solidària que defense el que és de tots i que no deixe ningú enrere. 

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu
Il.ustració de l'artista Paco Roca Chorques