domingo, 26 de mayo de 2019

IDENTIDAD BORRADA

Identidad borrada es el segundo largometraje de Joel Edgerton como director. Está basado en el libro Boy Erased (Identidad borrada) (Ed. Dos bigotes, 2019) en el cual su autor, Garrard Conley (1985, Arkansas) cuenta su experiencia en un programa para curar su homosexualidad, apoyado por la Iglesia. Los hechos que se cuentan ocurrieron hace apenas quince años.

La película está protagonizada por un contenido Lucas Hedges que interpreta a Jared Eamons, un joven de 19 años que ha vivido una infancia feliz. Jared es hijo de un predicador baptista (Russell Crowe) al que admira por su entrega a la comunidad y de una abnegada madre (Nicole Kidman) que parece no cuestionar el papel que le ha otorgado la sociedad en la que vive. Jared es un muchacho bueno y observador, que trata de ser sincero consigo mismo. Por eso, antes de ir a la universidad, decide cortar con su novia. Poco tiempo después sus padres descubren que es homosexual y le plantean el ultimátum: o eres gay o eres nuestro hijo. Entonces Jared acepta someterse a una terapia de conversión en LIA (Love in Action), una entidad de carácter cristiano que pretende cambiar la personalidad de quien se somete a este tratamiento mediante el reconocimiento del error y del pecado de la homosexualidad.

Tras el ingreso del paciente, se lleva a cabo un control férreo de sus hábitos cotidianos. Se le priva de su teléfono móvil, para evitar que vea pornografía, y de todo aquello que pueda ser un elemento de distracción: cualquier lectura que no sea religiosa, la escritura creativa que incentiva la imaginación o practicar el yoga, por ejemplo. Los hombres deben ir pulcramente afeitados y sin patillas y las mujeres deben depilarse dos veces por semana. Los colores en la indumentaria y el vestuario es algo que también se controla y vigila. Mediante estas actuaciones, se inicia la negación de la personalidad de la persona que se somete a este tratamiento, su alienación y que este sea capaz de sentir “el perdón de Dios” a su terrible culpa: ser como es, sentir atracción sexual y amorosa por personas de su mismo sexo. No ser capaz de reprimir estos impulsos, conducirá al rechazo de uno mismo hasta el punto de llevar al suicidio en algún caso.

La historia que recoge el libro y la película ocurrió en Estados Unidos hace quince años (poco o mucho tiempo, según se mire). En España, hace apenas dos meses, saltó la noticia a los medios de comunicación de que estas pseudoterapias se impartían bajo el amparo del Arzobispado de Alcalá de Henares, ya que se han interpuesto algunas demandas. Pese a ser ilegales en la Comunidad de Madrid, más allá del consentimiento de la persona o no, los obispos pasaron de guardar silencio y no defenderlo a cerrar filas en torno a Reig Pla, porque la Iglesia no puede renunciar a acompañar a aquellos que sienten malestar por su orientación sexual. ¿Se imaginan a un religioso diciéndoles si se han planteado alguna vez asistir a terapia para tratarse esas inclinaciones negativas que sienten? Yo no tengo que imaginármelo.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico Agora Alcorcón


domingo, 19 de mayo de 2019

RESEÑA DE ABSÈNCIA DE PILAR DEL POZO MANCHADO

Lenguas como peces: Absència (Ausencia), poemario de Begoña Chorques Fuster: Hace unos días falleció una de las grandes voces poéticas de este país, Francisca Aguirre, a los 88  años. Su necesidad de escribir, de poetizar surgió de una herida: la muerte en la cárcel de Porlier de su padre, el policía republicano y pintor Lorenzo Victoriano Aguirre.  Unos pocos días antes de su ejecución a garrote vil, la pequeña Paca se puso de rodillas en el Pardo ante la hija del mismísimo Franco para pedirle que transmitiese a su papá la súplica de cambiarle a Lorenzo Aguirre la condena de muerte por la de cadena perpetua. Casi 30 años después de que se abriera aquella herida, Francisca Aguirre recogía la ausencia del padre en estos versos finales de su poema Hace tiempo
Pero no volvió nunca.
Solo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.

Y es que hay heridas que no terminan de cerrarse nunca. Son esas que en parte nos hacen ser quienes somos. Para Paca Aguirre fue la herida del padre ejecutado. De la herida de Begoña Chorques Fuster, autora de Abséncia (Ausencia), si me lo permiten, les hablaré a continuación. 

Dice el poeta catalán Joan Margarit, que nadie es más realista que un poeta.  De hecho, si sirve de algo la poesía, además de guarecernos de la intemperie como también señala Margarit es, creo yo, para sembrar los jardines de dudas y decir verdades que a veces contradicen las leyes geométricas: verdades sobre el amor, la soledad, los miedos, la tristeza, la amistad pero también la muerte. La propia y la ajena. Siempre he pensado que no hay mejor definición posible de la muerte que la de estos versos de Salvatore Quasimodo:

Cada uno está solo sobre el corazón de la Tierra
traspasado por un rayo de sol,
y de pronto la noche.

Ese “y de pronto la noche”, en el caso de Begoña Chorques Fuster es la muerte de la yaya Trini.  
En Absència, en Ausencia,  Begoña no fabula, no esquiva, no serpea ese acontecimiento traumático que supuso en su vida el fallecimiento de su abuela. Este  segundo  poemario de la autora de Xátiva compuesto en catalán y traducido por la propia poeta al español   es una crónica poetizada llena, si se me permite, de flash backs de lo que ese yo lírico suyo recuperó tras aquella pérdida que, me temo,  no está dispuesta a asumir, porque Begoña (a la que conozco y admiro desde que su primer poemario, Olor de poma verda, me agitara y nos reuniera en el amor por la poesía) nunca estará preparada para la ausencia de su abuela y lo digo aquí, públicamente, no para que conste en acta, sino para encajarlo como un acto suyo de rebeldía  frente a la inexorabilidad de la muerte—, dado que le duele tanto su ausencia, ella, Begoña Chorques Fuster ha decidido escribir y publicar este poemario con el que contradice a la muerte, al menos a una de ellas. La propia Begoña da a entender que  hay dos muertes y contra la que se siente capaz de luchar es contra esa tan manriqueña que sucede cuando nos cae encima el olvido de la palabra.  Y nos muestra  la solución poética, la manera que ha encontrado ella  de plantar cara a esta otra muerte y que nos confiesa en Transferencia 3: Los libros y las palabras me vuelven a situar cerca de ti”. De hecho, cuando Begoña  confiesa en su poema Negación “Me aferro al tabique de la memoria/ guardando cada recuerdo quebradizo/ en botellas de vidrio deformado/ por ríos de fuego que me queman la mente”, en realidad nos viene a decir que por encima del dolor,  está  su certeza  de que se pueden alimentar los recuerdos  como se alimentan a  las palomas.   La memoria de la abuela fallecida se sostiene y engorda en este bello poemario que no solo habla de la yaya Trini, sino de mi abuela, de nuestras abuelas. Begoña Chorques Fuster rememora y se duele, pues, pero, y permítanme que vuelva a Joan Margarit, desde ese realismo, desde esa capacidad de disparar verdades que tiene siempre la poesía, la buena poesía. Verdades que a veces se convierten en Absència en auténticos aforismos camicaces, como esa terrible verdad que nos dispara la poeta de que “La vida no tiene piedad de nadie” o esa otra tan cercana al surrealismo lorquiano: “Los políticos juegan a los dados con el pan que falta a los niños”.  

Antes de continuar, me gustaría detenerme en el título,  tan obvio  ¿verdad?: ya no está la yaya Trini, luego hay que hablar de su ausencia. Sin embargo,  creo yo, que en verdad la ausencia al terminar uno de leer el poemario inevitablemente hay que entenderla como un maravilloso oxímoron: y es que no hay nadie tan presente en el receptor, tras la lectura de Absència, que esa mujer vital y anciana a pesar de su fallecimiento: la yaya Trini se halla por siempre guarecida, nombrada entre estos versos inmortales; e insisto, no solo ella, sino también nuestras abuelas: mi abuela Fausta, su abuela Lute, su abuela Marcela, nuestras abuelas.  La ausencia se convierte pues, en presencia a través de esos poemas que se centran en el momento de la muerte y de esos otros  flashback que relatan episodios del pasado protagonizados por nieta y abuela y que nos hacen pensar en un poemario atípico, cercano al relato poético, pero también al realismo mágico que aparece en   Sueños, cuyos versos son un aguijonazo al alma: “Esta vez te he de explicar que es este el definitivo adiós, hirsuto infortunio de tu partida, cruel y duro anuncio de tu final”. Tras contar el yo lírico a la abuela que ha fallecido, Begoña termina con unos versos que, no obstante,  reconfortan del tono elegiaco: 

Con mis dedos repaso el perfil
de tus ojos, astillas de mar, que llegan
a mis manos que quedan en paz.

Para finalizar, me gustaría hacer reparar al lector en algo que a mí, particularmente, me desconcertó cuando leí por primera vez Absència: las citas que encabezan algunos de los poemas. 
“El pasado es una criatura tan curiosa”. (Emily Dickinson)

“Subiré la tristeza al desván”.  (María Mercé Marçal)
  
“Me protegen tus brazos del invierno”. (Alfonsina Storni) 

Me voy de ti con vigilia y con sueño”. (Gabriela Mistral) 

“El viento muere en mi herida”. (Alejandra Pizarnik)

“Cuando callamos seguimos teniendo miedo”. (Audrie Lorde) 

“Se acaba la inocencia”. (Szymborska)

“La espera ha comenzado de nuevo”.  (Silvia Plath)

“La poesía necesita de una madre”. (Virginia Woolf)

Se trata de nueve voces de mujeres,  grandes autoras pero también referentes en muchos casos de la lucha feminista. Son citas y son autoras que mantienen la coherencia de ese universo femenino creado por Begoña en Absència. ¿Por qué entonces abre su poemario con una cita del Calderón de la Barca de La vida es sueño? ¿Por qué esas palabras del príncipe Segismundo "Mas sea verdad o sueño,/obrar bien es lo que importa;/si fuere verdad, por serlo;/si no, por ganar amigos/para cuando despertemos? Y cuando uno tiene una duda, lo mejor es preguntar. Y así lo hice y me gustó tanto la respuesta de Begoña como su poemario. 

En La vida es sueño, hay un personaje femenino, Rosaura , que para luchar por su honra se disfraza de hombre y, curiosamente, en una puesta en escena magistral de Helena Pimenta que realizó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en 2012, año en el que enfermó la yaya Trini,  el papel de príncipe Segismundo no lo interpretó un actor, sino una actriz que recibió ese mismo año el Premio Nacional de Teatro: Blanca Portillo.  Tal y como me confesó nuestra poeta, que vio esa representación en dos ocasiones, le impactó sobremanera aquel Segismundo, como también me ocurrió a mí y a tantos que vimos aquel montaje, porque la Portillo tenía la fuerza no de un hombre, sino de lo humano. Begoña estuvo además en una mesa redonda donde Blanca Portillo habló de su personaje, contó anécdotas personales, como que era la cuarta de ocho hermanos en una familia en la que el padre murió prematuramente, y  le escuchó recitar con vehemencia esos versos con los que abre su poemario. Los eligió, tal y como me explicó en una conversación por whatsapp, porque en ellos estaba no sólo la voz de Blanca Portillo o de Segismundo o de Calderón, sino también la de su abuela;  resumían muy bien, según Begoña, la filosofía de vida de la yaya Trini: “obrar bien es lo que importa”, sea (la vida) verdad o sueño.  

Y sí, ya para concluir, el yo lírico en Absència, habla de la yaya Trini, pero en estos versos que necesariamente uno lee y asume con ojos de luna llena, está también la certeza, como decía al comienzo de esta reseña, de que en cada uno de nosotros hay heridas que nunca se cierran para recordarnos que somos, que existimos, "sea verdad o sueño".
Pilar del Pozo Manchado


domingo, 12 de mayo de 2019

AMOUR

Aquests dies m’ha tornat a la ment el record d’una pel·lícula colpidora i imprescindible: Amour (Michael Haneke, 2012). Els protagonistes, Georges (Jean-Louis Trintignant) i Anne (Emmanuelle Riva), dos persones grans de vuitanta anys, són professors de música jubilats que viuen a París. Ambdós han tingut una vida plena; tenen una filla, que també es dedica a la música, que viu a Londres amb el seu marit i que sembla no entendre les decisions del seu pare. Anne pateix un infart que li paralitza la meitat del cos i comença un lent deteriorament físic que la conduirà a la dependència absoluta i la postració. En aquest moment, el títol de la història pren tot el seu significat. Lluny de l’amor romàntic la concepció del qual anem superant sols de mica en mica, la història, contada amb senzillesa i austeritat (propera a la cruesa, sense a penes acompanyament musical), se centra en dos ancians que encaren el tram final de les seues existències amb la companyia de la malaltia i el patiment que suposa. Aquesta història d’amor desembocarà en el final inevitable i previsible: la mort.

Amour conta una història d’amor que es troba en la darrera trajectòria (la més difícil i dura), una història llarga de dues persones que han construït el seu camí plegades. Haneke ens diu que l’amor a l’altre és un sentiment que es crea amb el temps, que requereix temps que també suposa sacrifici. Desig i enamorament són els focs artificials inicials que ens obrin a la possibilitat de l’estima, aqueix sentiment més permanent i estable que ens condueix a la incondicionalitat. Georges farà el possible per atendre la seua dona i alleugerir el seu patiment fins les últimes conseqüències. Fa costat a la seua dona i contempla la seua degeneració romanent passe el que passe.

En algunes seqüències de la cinta, l’espectador pot palpar la vida que ha compartit aquesta parella, una vida que estimen per les emocions que brinden i per la possibilitat de compartir amb altres, una vida que han gaudit mentre els ha estat possible: la història comença amb el seu retorn a casa d’un concert de música clàssica. Quan Georges pren la decisió que adopta sobre la malaltia de la seua dona, sols es pot entendre com un acte d’estima, un acte d’autèntic afecte i admiració que el duu a respectar les decisions i promeses que li ha fet a la seua companya. La dignitat de la seua dona és ja per damunt de tota llei humana, social i religiosa. En aquest punt, hagués resultat més senzill que la legislació tingués en compte la llibertat de la persona per decidir sobre el seu patiment i la pròpia mort. Però la determinació de Georges per complir la voluntat de la seua dona està ja apuntalada en aquest amor definitiu que sent per ella.

Aquest és el relat d’Amour. Canviem ara els noms dels protagonistes i anomenen-los Ángel Hernández i María José Carrasco. Tindran aleshores una història d’amor real, autèntica, que supera tota ficció: una història que es mereix tot el respecte i cap persecució ni sentència judicial.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 5 de mayo de 2019

RESSENYA D'ABSÈNCIA PER ANNA MARIA VILLALONGA

El fil d'Ariadna II: Absència de Begoña ChorquesAbsència/Ausencia, de la valenciana Begoña Choques Fuster (Xàtiva, 1974), és un bonic poemari publicat per Círculo Rojo amb pròleg d'Ignasi Riera i unes belles il·lustracions de Luna Beller-Tadiar. Es tracta d'un text intimista i valent on l'autora es despulla sense rubor per parlar-nos del dolor de l'absència, del buit que representa per a ella la pèrdua de la seva àvia, amb qui sempre havia estat molt unida. 

O, si no, què significa aquest canvi de papers, aquest col·locar-se en la pell de l'altra, aquesta necessitat d'oferir consol, de seguir l'exemple, de mantenir vius els records?:    

   SIMULACIÓ

T'abraçaré per donar-te el consol, 
perquè pugues plorar amb serenor.
Resta tranquil·la i marxa en pau. 
Jo seré l'àvia, tu seràs la néta. 
Tu seràs la mare, jo seré la filla. 
Vetllaré per no destorbar ton son
intentant aprendre l'art d'estimar
per no procedir malament del tot
mentre m'arriba l'hora de salpar. 
Dissoldré en un mar d'ulls l'aflicció 
que la teua partença en deixarà.  


El poemari, que Chorques ens ofereix en versió bilingüe català/castellà, palesa clarament la seva veu, una veu directa i clara, exempta de retòriques inútils i postisses. Una veu que ja havíem trobat al seu llibre anterior, Olor de poma verda. Tanmateix, les pulsions que traeix són pulsions de nostàlgia, d'enyor, de dolor profund. Ni amb el títol del llibre no ens intenta enganyar: Absència

També topem amb l'estupor. L'estupor, que no pot acabar en res més que en acceptació, però que no per això ens deixa de torturar. Els que abans hi eren de sobte ja no hi són. I això resulta indigerible, aterridor. Perquè la vida continua, però ells ja no hi són.    

Begoña Chorques és per damunt de tot una persona sincera i intel·ligent, que utilitza els seus sentiments interns per projectar-se al món. Per això el que escriu no és gens banal. S'enfronta des de dins al fet literari i el consolida a l'exterior, quan és capaç de relacionar tots els àmbits de la vida. Chorques és crítica, no pot deixar de denunciar allò que cal canviar. I ho fa sabent que la lluita no és fàcil ni curta, però que cal parlar de tot. 

                                          
                                            TIBI TERRA LEVIS

                                      Mentre el teu cos s'està desfent
                                      a la solitud del taüt, 
                                      voltat per altres solituds, 
                                      ens desarmen la sanitat, 
                                      s'espatlla l'educació.  
                                      Els polítics juguen als daus
                                      amb el pa que manca als infants.  
                                      Les teus mans es fan malbé,
                                      mentre perdem la llibertat.
                                      M'aixeque, em mire al mirall, 
                                      m'adone que el meu cos també
                                      es podreix implacablement. 
                                      Ja fa gairebé quaranta anys
                                      que el meu cadàver es podreix
                                      en un gemec sord de basarda. 
                                      Que la terra ens siga lleu.  


Em sembla magnífic aquest joc d'identificacions, aquest obrir-nos els ulls a un fet inapel·lable: comencem a morir el dia que naixem. I, enfront d'aquesta veritat incontrovertible, només l'amor i la bondat ens poden salvar. Estimar, compartir. I saber dir-ho. 

El poemari comença amb una citació de La vida es sueño de Calderón. I, és clar, qui em coneix a fons ja es pot imaginar què significa això per a mi. És la meva obra de teatre de capçalera, que em sé de memòria pràcticament des del primer vers. I fixeu-vos quin fragment ha triat Begoña Chorques:


Mas sea verdad o sueño
obrar bien es lo que importa; 
si fuere verdad, por serlo; 
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos. 


Sí, sí, sí. La bondat, ho veieu?    

Altres autors fantàstics transiten el poemari: Audre Lorde, Wislawa Szymborska (la meva admirada Wislawa Szymborska), Alejandra Pikarnik, Gabriela Mistral, Virginia Woolf, Alfonsina Storni, Maria Mercè Marçal, Emily Dickinson, Sylvia Plath. Dones. És clar que sí. Dones. Perquè mouen el món i perquè són alhora receptacle, ofrena i destí. Perquè com elles és Begoña Chorques. 

Moltes gràcies, estimada. Continua escrivint.

Anna Maria Villalonga
Escriptora i professora de la Universitat de Barcelona




domingo, 21 de abril de 2019

AMOR

Estos días ha vuelto a mi mente el recuerdo de una película impactante e imprescindible: Amour (Michael Haneke, 2012). Los protagonistas, Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva), dos ancianos de ochenta años, son profesores de música clásica jubilados que viven en París. Ambos han tenido una vida plena; tienen una hija, que también se dedica a la música, que vive en Londres con su marido y que parece no entender las decisiones de su padre. Anne sufre un infarto que le paraliza la mitad del cuerpo y empieza un lento deterioro físico que la llevará a la dependencia absoluta y a la postración. En ese momento, el título de la historia cobra todo su significado. Lejos del amor romántico cuya concepción vamos superando solo poco a poco, la historia, contada con sencillez y austeridad (cercana a la crudeza, sin apenas acompañamiento musical), se centra en dos ancianos que afrontan el tramo final de sus existencias con la compañía de la enfermedad y el sufrimiento que esta supone. Esta historia de amor desembocará en el final inevitable y previsible: la muerte.

Amour cuenta una historia de amor que se encuentra en sus últimas andaduras (las más difíciles y duras), una historia larga de dos personas que han construido su camino juntas. Haneke nos dice que el amor al otro es un sentimiento que se crea con el tiempo, que requiere tiempo, pero también supone sacrificio. Deseo y enamoramiento son los fuegos artificiales iniciales que nos abren a la posibilidad del amor, ese sentimiento más permanente y estable que nos conduce a la incondicionalidad. Georges hará lo posible para atender a su mujer y paliar su sufrimiento hasta sus últimas consecuencias. Acompaña a su esposa y contempla su degeneración permaneciendo a su lado, desde la libertad del que ha elegido quedarse pase lo que pase.

En algunas secuencias de la cinta, el espectador puede palpar la vida que ha compartido esta pareja, una vida que aman por las emociones que brinda y por la posibilidad de compartir con otros, una vida que han disfrutado mientras les ha sido posible: la historia comienza con su regreso a casa de un concierto de música clásica. Cuando Georges toma la decisión que adopta sobre la enfermedad de su mujer, solo puede entenderse como un acto de amor, un acto de auténtico cariño y admiración que le lleva a respetar las decisiones y promesas que le hace a su compañera. La dignidad de su mujer está ya por encima de toda ley humana, social y religiosa. En este punto, hubiera resultado más sencillo que la legislación contemplara la libertad de la persona para decidir sobre su sufrimiento y su propia muerte. Pero la determinación de Georges para cumplir la voluntad de su mujer está ya apuntalada en ese amor definitivo que siente por ella.

Este es el relato de Amour. Cambien ahora los nombres de los protagonistas y llámenles Ángel Hernández y María José Carrasco. Tendrán entonces una historia de amor real, auténtica, que supera toda ficción: una historia que se merece todo el respeto y ninguna persecución ni sentencia judicial.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico 'Ágora Alcorcón'


domingo, 14 de abril de 2019

ABSÈNCIA. RESEÑA DE JOSÉ ÁNGEL PÉREZ

“Los libros y las palabras me vuelven a situar cerca de ti”. (Absència)

Con estos versos del poema “Transferència 3” de su segundo poemario, comenzamos este íntimo encuentro con Begoña Chorques Fuster.

Actualmente se dedica a la labor docente como profesora de Lengua castellana y Literatura en el I.E.S. “Parque de Lisboa” de Alcorcón y destaca por su talento como poeta, narradora, articulista en diversos diarios y mantiene su blog “Una cambra pròpia” donde también publica sus reflexiones y artículos de gran interés. No obstante, ella siempre se define como “profesora que escribe”. Podría decirse de Begoña que es una mujer cosmopolita que busca y descubre en las formas su razón eterna.

Ya en su primer poemario, Olor de poma verda, restaura la vivencia especial de la realidad como un éxtasis de conocimiento, amor y aventura hacia lo absoluto de las palabras poéticas que solo se explican desde el mismo poema.

Esa emoción genuina  del poema la recoge Begoña como mujer reivindicando aquello que, a lo largo de la Historia, otras no pudieron hacer debido al patriarcado reinante. Situar el amor en el epicentro de lo sentido y del que siente, es una prueba de que la sociedad quiere cambiar hacia una nueva dimensión, dejando atrás ideas apolilladas y estereotipos que querían el silencio, la maternidad y la sumisión como estandartes de la imagen de la mujer, sin derechos pero con todas las obligaciones.

Las letras hispánicas, por ejemplo, a lo largo de la Historia, lo han reflejado perfectamente. Solo hay que ver cómo los currículos oficiales de Bachillerato apenas mencionan escritoras hasta el siglo XIX, que no sean, entre muy pocas, Santa Teresa, Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán. ¿A qué es debido? La causa  principal hay que encontrarla evidentemente en factores socioculturales y políticos. A pesar de que la imagen del siglo XVI es la de un siglo que se abre a las mujeres y un XVII que se cierra, en este último son más las dramaturgas y poetisas que escriben (pero debían hacerlo furtivamente bajo seudónimos o fingiendo ser hombres).

Ya desde los siglos XVIII y XIX se aprecia una apertura en el tratamiento de la mujer en la literatura y será en el XX (aunque principalmente en el XXI) cuando empecemos a dejar de ver modelos idealizados de santas, mujeres objeto, ninfas, falsas beatas, monjas o pícaras que se presentaban sin posibilidad de tener voz y mirada propia. Y es una mirada, una mirada de mujer la que Begoña revive en cada uno de los poemas de Absència. La mirada de la “iaia Trini”. Esa “iaia” que nos acercará a nuestros sentimientos más profundos. Es la “iaia” de todas nuestras “iaias”. Aquellas que son nuestro descanso a la hora de la brisa, nuestras confidentes, el mejor regalo recibido de la vida…

Como regalo es para el amante de la poesía y de la palabra es experimentar en Absència la comunión gozosa, “amando todas las cosas desde el relato de la experiencia”. A lo largo del poemario, escrito en catalán y editado exquisitamente también en versión bilingüe, nuestra lengua hermana es amada de forma misteriosa e inefable, sirviendo de vehículo a un discurso absolutamente libre, luminoso, delicioso, evitando la linealidad argumentativa pero desgranando experiencias vitales y reveladoras desde la Xàtiva natal. En esa Xàtiva acogida y acogedora, azul y mediterránea (trasunto quizá de la iaia Trini) contemplamos sus  gentes y la sencillez de la existencia.

Así pues, para un neófito, Absència es perfecto por varias razones: la mujer es el centro del poemario (pero vista como una armoniosa apertura a la totalidad del universo), el acercamiento de lo cotidiano (y su reconciliación con el “nosotros” desde el “yo”) y, finalmente, permite descubrir la lengua catalana como hermosa barca que porta las palabras en el océano del existir.

Disfrutadlo.

José Ángel Pérez Portillo


domingo, 7 de abril de 2019

L'APARADOR DE POESIA


Pius Morera: Senyora Begoña Chorques Fuster, vostè ja sap o ho hauria de saber que estem molt contents, no sap pas quant, de tenir-la aquí, tant a la vora amb nosaltres, benvinguda al programa.

Begoña Chorques: Moltes gràcies, Pius. Per mi, és un plaer també ser-hi.

P: Per a la iaia Trini. In Memoriam: tot un homenatge que inclou totes les àvies, no?

B: Totes les àvies i les dones que no surten als papers. Cal reivindicar les seues vides i la seua vàlua.

P: La iaia Trini s’ha mort i ja estem molts més sols. Però aquest epitafi amaga un iaio Vicent plorant per qui no ha cuidat de viu. Aquest és el seu record?

B: El vers expressa la veritat: que la cuidadora va ser ella durant gairebé seixanta-tres anys. Ara cal canviar aquesta realitat: els homes també poden tenir-ne cura.

P: La pregunta clau: ens tornarem a veure un cop morts?

B: El vers parla de tornar-nos a veure en vida. Però ara que ho pregunta, Pius, jo soc agnòstica. No sé si ens tornarem a veure; em sembla que no. Ella, la iaia Trina, creia que sí. Tant de bo tinga ella raó! Però mentre jo siga viva ens retrobarem a la meua memòria.

P: Ens ha agafat un rampell segurament. Les darreres tres setmanes tres poetes de la seva terra: Ontinyent, Alcúdia i Xàtiva. Al País Valencià aixecant una pedra apareix un poeta?

B: No ho sé. Diuen que la poesia sembla que sorgeix de bell nou. El meu professor de llatí deia que el que hi havia a sota de cada pedra al País Valencià era un filòleg perquè tothom sabia de llengua i n’opinava. De poesia, que els darrers tres anys el Premi Maria Mercè Marçal l’haja guanyat un poeta valencià (dues dones) és una bona notícia per vertebrar la nostra literatura.

P: El trenta és un nombre primorial perquè és el producte dels tres primers nombres primers, 2, 3 i 5. Tot i que això no ho deu saber, trenta és el nombre de poemes del seu llibre. Deu ser cosa del subconscient, com diu el prologuista, no?

B: Segurament ho serà. El subconscient hi juga un paper important. He volgut que el poemari estigués compost de trenta poemes. De matemàtiques, malauradament en sé poques.

P: Només tres mesos té l’any: març, abril i maig?

B: No, en té dotze. ‘Novembre’ i ‘Gener’ ja estan escrits però romanen inèdits. La resta esperen encara: desitge que em quede vida poètica per davant per escriure’ls... Però no s’ha de tenir pressa.

P: Vol dir que no ha elevat a categoria la seva àvia?

B: No era la meua intenció. La iaia Trini era una dona amb les seus virtuts i els seus defectes, però amb molta capacitat d’estima i amb gran alegria pel viure malgrat els entrebancs. Això sí em sembla digne d’aprenentatge.

P: Per aprendre cal arboritzar-se per descobrir l’olor de l’aire?

B: Cal tenir els peus ben arrelats a la terra per sentir uns bons fonaments d’estima que ens facen mirar cap amunt, llençar-nos a la vida amb decisió, sense por.

P: Jo no vull ser mare, que jo només vull ser àvia. Ens ho haurà d’explicar bé. Per ser àvia s’ha d’ésser abans mare. O la cosa no va ben bé així?

B: Això mateix em va dir la primera lectora del poema: l’àvia és dues vegades mare. és una aspiració que tinc o tenia. Potser comence a ser mare sense saber-ho.

P: O recórrer vint-i-cinc per descobrir el gust del timó entre les dents? No sé perquè ens recorda Salvat-Papasseit...

B: Aquesta és una de les meravelles de la literatura: la intertextualitat. ‘25 anys després’ és un poema d’amistat i que els amics en són molt pocs és un aprenentatge dolorós que només porten els anys.

P: És deutora de la poesia popular, això almenys sembla?

B: No m’importa ser-ho. També vull ser filla de la tradició de la nostra literatura i indagar en la capacitat de la nostra llengua per expressar experiències. Es tracta de dir el major nombre de coses amb el menos nombre de paraules possible.

P: Una falda és, segons que sembla un país. Ens ho explica vostè que en ve?

B: La llengua l’aprenem a casa: d’ella en diguem llengua materna. Aprenem la llengua de la mare estimant-la: això configura la identitat de l’infant que aprèn. Qui estima la seua llengua no pot abandonar-la mai.

P: La paraula ho dissol tot?

B: Tot just el contrari. La paraula crea els llindars que ens donen el ser, com la llengua. La paraula ens atorga la corporeïtat, el cos. Aquest és un motiu poderós per escriure.

P: Vostè té por de l’oblit. A voltes, no el cas de l’àvia, no és preferible l’oblit?

B: Té tota la raó, Pius. Molt sovint voldria tenir una mica menys de memòria, però no sé si és quelcom que triem. Per escriure no cal tenir imaginació, cal tenir memòria. La desmemòria, sobretot, la històrica pot ser molt perillosa.

P: El temps passa veloç com una libèl·lula. Ho sentim, però hem d’acabar. A veure, què ha de dir d’aquest programa que arriba a la dos-cents noranta-unena edició, comptant aquesta?

B: Li desitge dos-cents noranta-un programes més, Pius. Un programa dedicat a la poesia no s’hauria de prendre. En caldrien més.

P: Nosaltres sempre hem volgut ser una pantera negra. A més de vostè voldria ser algú altre perquè ja n’està tip de ser qui és?

B: És veritat que de vegades em canse de mi mateixa. Crec que m’estimaria ser un animal; tenim molt a aprendre’n. Un gos ja m’aniria bé. L’ésser humà és esgotador massa sovint.

Entrevista emesa el 6 de març de 2019
al programa ‘L’aparador de poesia’ de Pius Morera
a Ràdio SantVi 107.4 FM