domingo, 24 de febrero de 2019

EL SUEÑO DE LA VIDA

Hemos sido afortunados los que hemos podido contemplar El sueño de la vida, la continuación que el dramaturgo Alberto Conejero ha hecho de La comedia sin título, obra que Federico García Lorca dejó inacabada al final de su primer acto. El asesinato cruel, irracional y execrable del poeta nos dejó sin una de las voces literarias más brillantes del siglo XX, cuando esta apenas había alcanzado su madurez. ¿Dónde nos habría podido transportar el lenguaje lorquiano de no haber sido por esta sinrazón?

El montaje que ha ofrecido el Teatro Español de Madrid ha sido dirigido por Lluís Pasqual. Nacho López y Emma Villarasau han encabezado el tono de voz justo y el gesto brillante de un elenco de actores que han reivindicado con su trabajo el del poeta silenciado por el fascismo. Conejero y Pasqual son dos grandes conocedores del mundo teatral y de la obra de García Lorca, y lo han demostrado. Nos advierte Conejero que la Comedia sin título siempre estará por escribirse. Pertenece a la trilogía, tristemente incompleta del teatro vanguardista lorquiano, junto a El público y Así que pasen cinco años. Y es que Lorca estaba indagando y buscando nuevas fórmulas teatrales, nuevos lenguajes y propuestas que enriquecieran el panorama teatral durante el período de la Segunda República Española. No le dejaron.

Empieza la representación rompiendo la barrera entre el escenario y el público, haciendo alarde de la riqueza del lenguaje que solo Lorca sabe explotar. El Autor nos sermonea, así nos lo advierte, y las palabras van cayendo en nuestros conscientes, acaso también inconscientes, como una cascada de poesía que empapa nuestra piel: “Solamente por la piel puede entrarnos otra vez la metafísica del espíritu”. De esta manera el poeta pretende “enseñarnos un pequeño rincón de realidad”. Es la Comedia sin título el manifiesto de la apertura de las puertas del teatro de par en par: para que nos sintamos “en mitad de la calle”, para que penetre la vida. Para Lorca, el teatro “es la escuela del pueblo”, así lo demostró con su trabajo militante en la compañía teatral universitaria de La Barraca. Cuando el primer acto se cierra, en el teatro ya ha prendido el fuego. “¡El pueblo ha roto las puertas!”

Empieza entonces el segundo acto y El sueño de la vida con él. ¿Qué pasará entonces? Se pregunta timorato el espectador del siglo XXI. ¿Será una continuación fiel a su original? ¿O el sello del nuevo autor dejará una huella demasiado marcada? El propio Conejero nos ha advertido antes de empezar que atravesó “sonámbulo una habitación en llamas”. Nos encontramos entonces con una “alucinación” que transforma el temor en sorpresa. ¿Por qué? Porque es Lorca el que nos sigue hablando a través de los personajes en escena. Es la melodía de la metáfora lorquiana la que suena en los oídos del espectador que asiste, “alucinado” también,  al juego –hay que reivindicarlo frente a lo útil– que se inicia entre los dos textos que dialogan. Suena a Lorca porque es Lorca el que nos vuelve a hablar ochenta años después. Conejero tan solo trasplanta “la vida como es”, como pretendió hacer el poeta granadino, porque no se puede cerrar los ojos “ante la tragedia espantosa del hombre oprimido”. Por eso, Lorca abrió las puertas del teatro al pueblo y Conejero nos mantiene en él, expectantes, volviendo a decir las palabras “como si fuera la primera vez”, porque el teatro es verdad solo si está lleno de vida. Y yo lo creo.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el diario digital 'Ágora Alcorcón' 
Imagen extraída de la red.


domingo, 17 de febrero de 2019

¿AUSENCIA? SÍ, PERO DÓCIL

Nuevo poemario de Begoña Chorques Fuster, con una referencia inicial a Calderón de la Barca: “Mas sea verdad o sueño, / obrar bien es lo que importa”. Con otra referencia permanente a Xàtiva, que me ha recordado aquel primer retrato biográfico de Raimon Pelegero, el cantautor, del sabio, y también poeta, Joan Fuster, de 1964. Y sin movernos del País Valenciano, tanto por el título de Begoña como por una serie de mensajes poéticos, más o menos explícitos, me han llevado a releer aquel Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández, de 1941, un año antes de su muerte, donde leemos:  

Tierra. La despedida
siempre es una agonía.
Ayer nos despedimos.
Hoy agonizamos.
Tierra en medio.
Hoy morimos.

El poemario de Chorques Fuster –en catalán y, cotejada, en versión castellana– surge de una muerte en la familia; la muerte de la abuela amada que remueve –¡ay, esas cosas del subconsciente!– instantes de toda una vida, en la que fue una niña y ahora es una mujer joven que se añora. Como ya nos decía San Agustín, y lo decía cuando todavía no trajinaba por los senderos estrechos de la pretendida santidad, sin memoria no hay esperanza. Porque sin el ayer, el hoy no tiene sentido. Sin el ayer bien digerido, nunca trataríamos de construir un futuro coherente. Ni como personas ni como colectividad. Además, en este poemario encontramos todos los tonos y todas las modulaciones de esta añoranza. La mayoría, tiernas, dóciles, agradecidas, con gramos de dolor, con mucha nostalgia. ¡Y es tan legítima la nostalgia!

Sin querer interferir en la lectura del poemario –leer poesía es uno de los pocos actos que todavía nos recuerdan que creemos en la palabra y en las personas de palabra, que hacen de ellas un uso limpio– hago un listado, fuera de contexto, de una serie de versos que he ido anotando cuando releía el original que la autora tuvo la gentileza de pasarme:

“Cerraste la puerta con suavidad / yo quedé al otro lado”

El yayo Vicente “llora como un niño pequeño / lo que no ha cuidado vivo”

“La vida no tiene piedad de nadie” con un verso final: “me sé amada por el hecho de ser”

“Ya hace casi cuarenta años / que mi cadáver se pudre / en un gemido sordo de miedo”

“que yo no quiero ser madre, / yo solo quiero ser abuela”

En ‘Fraggle rock’, un desfile de situaciones de niñas y niños suicidas, frágiles, deprimidos, poetas, terroristas, de arcilla y barro, la ágil bambina ‘que habla en inglés / con deje americano” hasta el niño de cabellos de seda natural y trigo, y hasta ‘la niña cíngara / que ya sabe lo que es / una herida de verdad, / un triste adiós para siempre / que nos hace del todo conscientes / de lo que somos y seremos’.

En ‘Entornos’, este verso final:  ‘Tu regazo es el país de donde yo vengo’.

‘Los libros y las palabras me vuelven /  a situar cerca de ti’.

Y casi al final, un doble aprendizaje: el de la liturgia de cómo cocinar una paella, símbolo y referente de toda una ‘tribu’, y

‘he descubierto el olor del aire’.

Cierro esta ‘lata perorata’, diciendo que la lectura de este libro contagiará a la lectora, e incluso al lector, de una sensibilidad más llena de amor y reconocimiento hacia las mujeres mayores de nuestra vida, y de nuestro entorno. Y, a la vez, aprenderemos a amar una lección básica:

‘la muerte nos deja este momento inédito’.

Nos lo recordaba Horacio: Pictoribus atque poetis semper fuit audendi potestas. Lección antigua, cargada de sentido de humildad de quien sabe que la palabra escrita también bebe del movimiento, del color, de la imagen, de la línea y del punto en el espacio, como nos enseñaba Kandinski. En el poemario Ausencia una artista gráfica muy joven –hace poco que ha traspasado el límite de los veinte años, que vive en Nueva York, con padre de los EE.UU. y madre filipina, bailarina y estudiante en la Universidad de Yale, se ha sumado a la fiesta poética de una mujer joven de Xàtiva. Y no se trata, en ningún caso, de propuestas gráficas ajenas a los poemas. Si supiera una pizca de psicoanálisis, diría que Luna Beller-Tadiar ha hecho suyos los poemas y ha esbozado una serie de interpretaciones oníricas. Me sorprenden las manos, nada estáticas, y los contrapuntos de sombra que no ceden nunca a la tentación del negro impenetrable. O el apunte de un cuerpo en cuyo interior la luna es aún tímida y el paisaje explica por qué la poeta ha escrito: ‘me aferro al tabique de la memoria’. Y las referencias al mar (¿o quizás la mar?), con horizontes. Y el tren, tan antiguo como la añoranza, que observan, cálidamente, dos siluetas femeninas jóvenes.

Antes de cerrar del todo la puerta, la referencia a un poeta menorquín, Ponç Pons, que admiro de verdad. Y es que leía, con lápiz en la mano, su poemario Camp de Bard, justo el día que había leído por primera vez este poemario de Begoña Chorques. No puedo evitar reproducir, como si fuera un brindis con cava brut-nature, estos versos de Ponç Pons:

‘L’escriptura que em cus feta vers les ferides / té el ressò d’altres veus i el color d’altres vides’.[1] Así como los versos finales del poema ‘A la poesia’: ‘Més que d’on hem nascut / som del lloc que estimam / i, lectors agraïts / que tenim el que dam, / fem diversos un sol / gran poema on no hi ha / més pàtria que la vida’.[2]

¡A vuestra salud, amiga y amigo heridos por el don de la poesía!

                           Ignasi Riera i Gassiot
                          Madrid, noviembre de 2017
Traducción del prólogo de la edición de octubre de 2018 (Ed. Círculo Rojo)





[1] ‘La escritura que me cose hecha verso las heridas / tiene el eco de otras voces y el color de otras vidas’.
[2] ‘Más que de donde hemos nacido / somos del lugar que amamos / y, lectores agradecidos / que tenemos lo que damos, / hacemos diversos un solo / gran poema donde no hay / más patria que la vida’.

domingo, 10 de febrero de 2019

TAMARA DE LEMPICKA. REINA DE L’ART DÉCO

Les exposicions dedicades a artistes dones s’obrin camí tímidament. A Madrid han coincidit una mostra retrospectiva al Museu Reina Sofia dedicada a Dorothea Tanning i les seues escultures toves i l’exhibició que es pot visitar al Palacio de Gaviria fins el 24 de febrer de 2019. Al cor de la Villa, tocant la Puerta del Sol, es troba el Palacio de Gaviria (carrer Arenal, 9), un edifici de mitjans del segle XIX ideat per l’arquitecte Aníbal Álvarez. Des de fa un temps, aquest emblemàtic immoble, que passa desapercebut en mig del tràfec de vianants, alberga exposicions certament interessants, no aptes per totes les butxaques.

Recórrer les deu sales que plantegen la retrospectiva integral de l’obra de Tamara de Lempicka fou un bon regal de Reis, o de Reïnes, més aviat. La pujada per l’escala principal suposa la primera mostra de la singularitat del palau. Una artista de la talla de Tamara de Lempicka es mereix que la seua obra siga exposada en un edifici que ostenta la seua mateixa elegància. De seguida hom penetra a l’univers Lempicka de la mà de la comissària, especialista i estudiosa de l’obra de l’artista, Gioia Mori. L’exposició s’organitza en deu sales temàtiques que recorren el seu periple vital i artístic. Aviat te n’adones que la modernitat d’aquesta polonesa va més enllà de la seua obra i que impregna la seua biografia sencera. Va trencar motlles i va tenir la habilitat de saber moure’s en un món reservat als homes.

El París del període d’entreguerres fou un lloc fonamental per Tamara on va aprendre i es va desenvolupar com a artista en llibertat. La casa de la rue Méchain 7 és el model de la sofisticació i la cerca de la bellesa d’aquesta artista. La seua relació amb la moda i amb personatges històrics importants de l’època als quals va retratar ens ofereix una idea de les concomitàncies entre l’exploració cap a un estil propi i la frivolitat que li oferia el benestar econòmic, sobretot, a partir del seu segon matrimoni amb el baró Kuffner.

Les amazones era el nom amb el qual s’anomenava a les dones homosexuals a principis del segle XX. Tamara mai no va amagar els seus amors femenins. Era un època en què la lleugeresa portava una incipient desinhibició. Eren els feliços 20 i l’aparent abundància material va deixar pas a una apertura, també aparent, en els costums sexuals. Dic aparent perquè Tamara de Lempicka es va casar dues vegades i, gràcies a la benestant situació econòmica que li va proporcionar el seu segon matrimoni, va poder dedicar-se a l’art. Va haver de complir amb determinants cànons socials per conquerir la seua llibertat artística. En qualsevol cas, els nus femenins, a banda de mostrar la seua evolució pictòrica, presenten el cos femení com una figura desitjada i desitjable per una altra dona. És aquí on resideix la seua modernitat transgressora que la fa esdevenir una precursora. L’amor que va sentir per algunes dones va donar lloc a les seues millor obres: Retrat de Madam Sa Tristesse (1923). La bella Rafaela (1927) o Les noies joves (1930). Totes són un cant als sentits i un estímul per la imaginació de qui observa, gairebé com una voyeur.  

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu



domingo, 3 de febrero de 2019

RESSENYA D'ABSÈNCIA DE MARC FREIXAS MORROS

Absència, el nou poemari de la bona amiga i gran poeta Begoña Chorques Fuster
Primera edició: octubre 2018. 
Fotografia de coberta: Luna Beller-Tadiar. Pròleg: Ignasi Riera.  
Editorial Círculo Rojo. 

              Vas tancar la porta amb suavitat,
              jo vaig quedar a l'altra banda.


Amb aquests versos acaba el primer poema del llibre de la Begoña Chorques, amb un punt i final d'entrada que serveix per acariciar, tendrament, i homenatjar a través de cada paraula, qui va ser la iaia Trini, la iaia estimada de la poeta que escriu de cor amb tota la seva ànima per tal de deixar constància de l'amor que sent, però també del dolor inevitable que provoca la pèrdua física del cos que ha estimat des d'aquest pla dimensional de les coses, que només es poden viure i percebre des de l'ara i l'aquí que tots vivim sense excepció. Dites totes aquestes veritats poètiques, que d'alguna manera conformen aquest valuós llibre de poemes, només em queda animar-vos, si em permeteu, a llegir tot aquest conjunt de poemes, des de la percepció emocional i positiva que provoca el record de qualsevol persona propera estimada en tota la plenitud que mereix durant els anys inesborrables que ha viscut amb vosaltres. Creieu-me, que si llegiu aquest immens poemari des d'aquesta percepció, viatjareu per la meravella de cada vers, i tocareu les arrels profundes que el fan bategar amb força per sentir a la vostra pell tota la tendresa i totes les emocions que de ben segur ha sentit l'autora a l'hora d'escriure cada poema. Llegiu-lo! Us el recomano sense cap mena de dubte!

Marc Freixas, poeta igualadí
24 de  gener de 2019
Reflexions Dos Punt Zero



domingo, 27 de enero de 2019

TAMARA DE LEMPICKA. REINA DEL ART DÉCO.

Las exposiciones dedicadas a artistas mujeres se abren camino tímidamente. En Madrid han coincidido la muestra retrospectiva del Reina Sofía dedicada a Dorothea Tanning y sus esculturas blandas y la exhibición que se puede visitar en el Palacio de Gaviria hasta el 24 de febrero de 2019. En el corazón de la Villa, junto a la Puerta del Sol, se encuentra el Palacio de Gaviria (calle Arenal, 9), un edificio de mediados del siglo XIX ideado por el arquitecto Aníbal Álvarez. Desde hace un tiempo, este emblemático inmueble, que pasa desapercibido en medio del trasiego de los transeúntes, alberga exposiciones ciertamente interesantes, no aptas para todos los bolsillos.

Recorrer las diez salas que plantean la retrospectiva integral de la obra de Tamara de Lempicka fue un buen regalo de Reyes, o de Reinas, más bien. La subida por la escalera principal supone la primera muestra de la singularidad del palacio. Una artista de la talla de Tamara de Lempicka se merece que su obra sea expuesta en un edificio que ostenta su misma elegancia. En seguida se penetra en el universo Lempicka de la mano de la comisaria, especialista y estudiosa de la obra de la artista, Gioia Mori. La exposición se organiza en diez salas temáticas que recorren su periplo vital y artístico. Pronto te das cuenta de que la modernidad de esta polaca va más allá de su obra y que impregna su biografía entera. Rompió moldes y tuvo la habilidad de saber moverse en un mundo reservado a los hombres.

El París del periodo de entreguerras fue un lugar fundamental para Tamara donde aprendió y se desarrolló como artista en libertad. La casa de la rue Méchain 7 es el modelo de la sofisticación y la búsqueda de la belleza de esta artista. Su relación con la moda y con personajes históricos importantes de la época a los que retrató nos ofrecen una idea de las concomitancias entre la exploración hacia un estilo propio y la frivolidad que le ofrecía el bienestar económico, sobre todo, a partir de su segundo matrimonio con el barón Kuffner.

Las amazonas era el nombre con el que se denominaba a las mujeres homosexuales a principios del siglo XX. Tamara nunca escondió sus amores femeninos. Era una época en que la liviandad llevaba a una incipiente desinhibición. Eran los felices 20 y la aparente abundancia material dejó paso a una apertura, también aparente, en las costumbres sexuales. Digo aparente porque Tamara de Lempicka se casó dos veces y, gracias a la desahogada situación económica que le proporcionaron sus segundas nupcias, pudo dedicarse al arte. Tuvo que cumplir con ciertos cánones sociales para conquistar su libertad artística. En cualquier caso, los desnudos femeninos, aparte de mostrar su evolución pictórica, presentan el cuerpo femenino como una figura deseada y deseante por otra mujer. Es aquí donde reside su modernidad transgresora que la convierte en una precursora. El amor por algunas mujeres dieron lugar a sus mejores obras: Retrato de Madam Sa Tristesse (1923). La hermosa Rafaela (1927) o Las muchachas jóvenes (1930). Todos ellas son un canto a los sentidos y un estímulo para la imaginación de quien observa, casi como una voyeur.  

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el diario digital 'Ágora Alcorcón'




domingo, 20 de enero de 2019

EL MAGO de JUAN MAYORGA

Juan Mayorga sembla que està reinventant la seua fórmula teatral. I és que ha aconseguit sorprendre en el seu darrer muntatge per al CDN. Que com ho ha aconseguit? Fent màgia. El mago és la seua darrera obra que puja a l’escena al Teatro Valle-Inclán de Madrid. Aquesta obra suposa un sorprenent tomb cap a la comèdia de l’autor que tant ha reflexionat sobre la terrible història d’Europa del segle XX (Himmelweg o La tortuga de Darwin són suficients com a exemples). El propi Mayorga ens conta al programa que fa un parell d’anys va assistir a un espectable sobre il·lusionisme. Quan va arribar el número de la hipnosi, es va oferir voluntari i el van sotmetre a una sèrie de proves per comprovar la seua idoneïtat. La seua sorpresa va arribar en ser apartat com a no apte, ja que considerava que estava fent les proves molt bé. Aquesta anècdota va encendre la flama de l’escriptura d’El mago.

La primera cosa que sorprèn quan s’entra al teatre és la presència d’un decorat, estàtic i tangible. Fins ara ha estat recurrent al teatre de Mayorga i la seua concepció teatral, el recurs a la imaginació de l’espectador, a l’habilitat interpretativa dels actors i al poder suggestiu de les paraules per crear aquell decorat. Ho hem vist d’una manera evident a muntatges anteriors com El cartógrafo o Reikiavik, on l’escenografia es simplificava a la mínima expressió. Però, a més, Mayorga fa un gest de complicitat a la comèdia burgesa: l’acció ocorre en un saló d’elegància neutra, amb cert grau de sofisticació, on predomina el blanc.

Des fa uns anys, Mayorga posa en escena les seues pròpies obres amb la companyia que va crear: La loca de la casa. És un nom significatiu que ens dona pistes del que és el teatre per aquest autor. El seu primer muntatge fou La lengua en pedazos, on Clara Sanchis donava vida a una Teresa de Jesús subversiva en la seua singularitat. La companyia ja va pel seu cinquè muntatge i el propi dramaturg és conscient de com ha canviat la seua escriptura el fet de pujar a les tables les seus obres ell mateix. Un encert dels muntatges del Mayorga director és l’elecció d’actors i la seua direcció. A El mago no és possible posar cap però a la interpretació de cap dels sis actors. El personatge de Nadia, interpretat magistralment per Clara Sanchis també, és una mostra d’aquest tomb temàtic cap a la comèdia que ha fet el teatre mayorguià. Nadia s’allibera dels lligams que suposen les seues responsabilitats quotidianes i el seu rol de mare, esposa i filla gràcies a la hipnosi. Assisteix a un espectable d’aquesta natura i torna hipnotitzada a casa.

A continuació, la trama es va desembastant i els malentesos dialògics posen en evidència el fràgil equilibri del nostre dia a dia, de les nostres falses seguretats materials i, fins i tot, emocionals i afectives. Víctor, el seu marit, interpretat de manera brillant per José Luis García-Pérez, és el personatge més desdibuixat en començar l’acció davant el desencís que li provoca la visió de la seua esposa; no obstant això, va prenent entitat discursiva a mesura que el diàleg avança. S’hi presenta, potser de manera secundària, un tema que ja he intuït en alguna altra obra de Mayorga (Animales nocturnos): el complex món de la vida en parella.

Però el conflicte de Nadia no és sols social o familiar, té a veure amb la seua pròpia identitat com a dona que s’allibera i que, com si d’un aleph borgià es tractés, pot contemplar en un moment determinat com ha estat la seua vida fins aquell precís instant. Perquè Mayorga no deixa d’ésser Mayorga. Segueix jugant amb l’espectador amb idees fascinants que ja ha tractat abans: el metateatre, que usa el llenguatge dramàtic per parlar del teatre mateix, que barreja realitat i ficció i que sotmet l’espectador a una reflexió necessària al voltant de la seua pròpia entitat i identitat. Els personatges, i els propis espectadors, semblen atrapats a l’escenari com protagonistes d’un nou àngel exterminador. Perquè sembla que hi ha un món teatral/real paral·lel que ens manté entretinguts d’allò essencial, del que realment som, mentre interpretem el nostre paper vital. El mago i el teatre de Mayorga ens col·loca enfront del mirall perquè ens mirem a nosaltres mateixos, perquè, a partir de la reflexió, siguem conscients de les escletxes que amaguen els elements decoratius de les nostres vides i així, sortim transformats del teatre. Com el propi Mayorga afirma, “todo es mentira, pero creemos que está lleno de verdad”.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu



domingo, 13 de enero de 2019

EL MAGO de JUAN MAYORGA

Juan Mayorga parece que está reinventando su fórmula teatral. Y es que ha conseguido sorprender en su último montaje para el CDN. ¿Cómo lo ha conseguido? Haciendo magia. El mago es su última obra puesta en escena en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Esta obra supone un sorprendente giro hacia la comedia del autor que tanto ha reflexionado sobre la terrible historia de Europa del siglo XX (Himmelweg o La tortuga de Darwin, bastan como ejemplos). El propio Mayorga nos cuenta en el programa que hace un par de años asistió a un espectáculo sobre ilusionismo. Cuando llegó el número de la hipnosis, se ofreció voluntario y lo sometieron a una serie de pruebas para comprobar su idoneidad. Su sorpresa llegó al ser apartado como no apto, ya que consideraba que estaba realizando las pruebas muy bien. Esta anécdota encendió la mecha de la escritura de El mago.

Lo primero que sorprende cuando se entra al teatro es la presencia de un decorado, estático y tangible. Hasta ahora ha sido recurrente en el teatro de Mayorga y su concepción teatral, el recurso a la imaginación del espectador, a la habilidad interpretativa de los actores y al poder sugestivo de las palabras para crear ese decorado. Lo hemos visto de una manera evidente en montajes anteriores como El cartógrafo o Reikiavik, donde la escenografía se simplificaba a la mínima expresión.  Pero, además, Mayorga le hace un guiño a la comedia burguesa: la acción se sitúa en un salón de elegancia neutra, con cierto grado de sofisticación, donde predomina el blanco.

Desde hace unos años, Mayorga pone en escena sus propias obras con la compañía que creó: La loca de la casa. Es un nombre significativo que nos da pistas de lo que es el teatro para este autor. Su primer montaje fue La lengua en pedazos, donde Clara Sanchis daba vida a una Teresa de Jesús subversiva en su singularidad. La compañía ya va por su quinto montaje y el propio dramaturgo es consciente de cómo ha cambiado su escritura el hecho de subir a las tablas sus obras él mismo. Un acierto de los montajes del Mayorga director es la elección de actores y su dirección. En El mago no es posible poner ningún pero a la interpretación de ninguno de los seis actores. El personaje de Nadia, interpretado magistralmente por Clara Sanchis también, es una muestra de ese giro temático hacia la comedia que ha dado el teatro mayorguiano. Nadia se libera de las ataduras que suponen sus responsabilidades cotidianas y su rol de madre, esposa e hija gracias a la hipnosis. Asiste a un espectáculo de esta naturaleza y regresa hipnotizada a casa.

A continuación, la trama se va deshilvanando y los malentendidos dialógicos ponen en evidencia el frágil equilibrio de nuestro día a día, de nuestras falsas seguridades materiales e, incluso, emocionales y afectivas. Víctor, su marido, interpretado de manera brillante por José Luis García-Pérez, es el personaje más desdibujado al inicio de la acción ante el desconcierto que le provoca la visión de su esposa; no obstante, va cobrando entidad discursiva a medida que el diálogo avanza. Se presenta aquí, quizás de manera secundaria, un tema que ya he intuido en alguna otra obra de Mayorga (Animales nocturnos): el complejo mundo de la vida en pareja.            

Pero el conflicto de Nadia no es solo social o familiar, tiene que ver con su propia identidad como mujer que se libera y que, como si de un aleph borgiano se tratara, puede contemplar en un momento determinado cómo ha sido su vida hasta ese preciso instante. Porque Mayorga no deja de ser Mayorga. Sigue jugando con el espectador con ideas fascinantes que ya ha tratado antes: el metateatro, que usa el lenguaje dramático para hablar del propio teatro, que mezcla realidad y ficción y que somete al espectador a una reflexión necesaria acerca de su propia entidad e identidad. Los personajes, y los propios espectadores, parecen atrapados en el escenario como protagonistas de un nuevo ángel exterminador. Porque parece que hay un mundo teatral/real paralelo que nos mantiene entretenidos de lo esencial, de lo que realmente somos, mientras interpretamos nuestro papel vital. El mago y el teatro de Mayorga nos coloca ante un espejo para que nos miremos a nosotros mismos, para que, a partir de la reflexión, seamos conscientes de las grietas que ocultan los elementos decorativos de nuestras vidas y así, salgamos transformados del teatro. Como el propio Mayorga afirma, “todo es mentira, pero creemos que está lleno de verdad”.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico digital 'Ágora Alcorcón'