domingo, 27 de marzo de 2022

EL DERECHO A AMAR DE ARTURO ARNALTE

El derecho a amar fue una exposición de la fotógrafa Isabel Muñoz (Premio Nacional de Fotografía 2016). Esta interesante muestra se pudo visitar en CentroCentro Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid. Estuvo integrada en el marco de las actividades organizadas a propósito del World Pride 2017. EL proyecto fue llevado a cabo codo con codo con nuestro querido Arturo Arnalte. En ella, ambos intentaron hacer una recorrido por la realidad social LGTBI actual en nuestro país. Se trataba de un itinerario geográfico y temporal por la diversidad de un colectivo que no es ni uniforme ni homogéneo.

 

Un mérito que se apuntó el proyecto fue el amplio espectro social que abarcó. En ella pudimos encontrar a personas anónimas, profesionales, activistas, intelectuales, gentes de a pie… que pertenecíamos a diferentes edades. El carácter intergeneracional de la exhibición rompió estereotipos, subrayó la naturaleza plural del colectivo LGTBI e integró a adolescentes, adultos y mayores que reivindicamos nuestro derecho a amar a quien nosotros deseemos. Hubo adolescentes que se plantaron orgullosos ante la cámara de Muñoz en diálogo desacomplejado con los activistas de los años 70 y 80, que lucharon por el reconocimiento de nuestros derechos. Mientras, los mayores los observaban desde el desencanto y la libertad que te concede la edad, y las personas transgénero seguían esperando desafiantes e impacientes la normalización de su reivindicación. En medio de todos ellos y junto a ellos, estábamos el resto. Esta heterogeneidad ni fue improvisada ni un hallazgo fortuito: Arturo, conocedor del colectivo y curioso empedernido, era sabedor de esta riqueza y pluralidad y quería mostrarla. Parece que lo consiguieron. 

 

Los que tuvimos la suerte de vivirlo desde dentro, sabemos de los avatares que el proyecto sufrió a través del tiempo y los obstáculos que superó hasta que llegó a su feliz culminación. Arturo puso su red de afectos en el colectivo LGTBI delante del objetivo de Isabel. Dos rasgos destacaron en las fotografías de Isabel Muñoz. La primera fue una característica definitoria de su obra: la sensualidad del cuerpo humano. Muñoz, con su peculiar perspectiva, busca la belleza de todo cuerpo humano y consigue atraparla. Lo hace, por un lado, a través de la captación del detalle, ese fragmento fugaz que puede pasar desapercibido fácilmente. El segundo es la mirada: la de la fotógrafa que se asoma al mundo interno del ser humano al que fotografía; y la de la persona retratada que mira a cámara, involucrada en una relación de complicidad con Isabel, como el propio Arturo describió. Gracias a él participamos en este proyecto y tengo que reconocer que ayudó a estrechar nuestro vínculo de amistad ya existente. En la entrevista previa a la sesión fotográfica que tuvimos con ambos, Arturo se mostró sorprendido de nuestra intrahistoria. Pero fue el ser humano acogedor y comprensivo que todos hemos disfrutado tantos años, no los suficientes. En el trabajo con los adolescentes, nos asomamos a la ventana de la experiencia de los más jóvenes que, aún hoy, tienen que seguir derribando muros de homofobia e incomprensión. Lo grato fue compartir la alegría y la algazara de quienes están en los primeros compases de su pieza musical y mirarnos mutuamente divertidos recordando nuestros propios gorgoritos. Sonrío mientras escribo/leo estas palabras.

 

La mirada de Arturo Arnalte impregnó cada parte del proyecto desde la retaguardia del cuaderno en el que tomaba notas, dejando su sello de tolerancia y respeto. Junto con la exhibición fotográfica, se publicó un libro con el mismo título El derecho a amar (Editorial Egales, 2017). Gracias a la obstinación de nuestro amigo, quedaron reunidas en esta publicación las fotografías de Isabel y un texto de Arturo que recorre el “viaje por el vertiginoso cambio que ha vivido en una sola generación la comunidad LGTBI en España”. Gracias, Arturo.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 20 de marzo de 2022

MAIXABEL d'ICIAR BOLLAÍN

Calien tres grans dones per fer realitat aquesta pel·lícula: Icíar Bollaín, la seua directora; Blanca Portillo, l’actriu que encarna a la protagonista; i la tercera dona, Maixabel Lasa, dona de carn i ossos, vídua de Juan Mari Jáuregui, assassinat per ETA a l’any 2000. Feia falta també que la banda terrorista hagués deixat de matar, com opina una d’elles, la directora.     

 

La pel·lícula comença amb el relat de l’assassinat a sang freda de Jáuregui, ex governador de Guipúscoa i militant del PSE, que estava de vacances a Euskadi ja que, per estar amenaçat per la banda terrorista, va haver d’abandonar el País Basc i anar a treballar a Xile. Es mostra l’esquinç irreparable que pateixen totes les víctimes del terrorisme que veuen la seua vida partida en dos, que es debaten entre el dolor insuportable i l’odi i la ràbia contra els assassins. Maixabel Lasa, la seua vídua, afirma que la van convertir en quelcom que no volia ser; la seua vida va quedar lligada a la d’aquells que van perpetrar aquell cruent crim. També la de la seua filla Maria, interpretada per Maria Cerezuela.

 

El nucli central de la història presenta les trobades de Maixabel amb dos dels assassins del seu marit, amb Luis Carrasco, i amb Ibon Etxezarreta, després. Els diàlegs, continguts i directes a l’hora, revelen el camí recorregut al cap dels anys per la víctima i pels seus botxins. La protagonista ha confirmat que el que es narra i el que s’ha filmat s’assembla bastant amb el que va ocorre. Alguns han dit que la història parla sobre el perdó, però la pròpia Maixabel Lasa ha assegurat  que el seu no és un punt de vista cristià, perquè no és creient. El seu relat tracta sobre les segones oportunitats, sobre la vida que queda després d’un acte tan brutal per a les víctimes, però també per als victimaris. Perquè la vida continua per a tots i la violència acaba destrossant les existències d’uns i altres. Perquè la història valenta que Bollaín s’ha entestat a contar-nos és la d’una éssers humans trencats: uns pel que els van arravatar; els altres perquè s’adonen que una vida lliurada a la violència és inútil i no té cap sentit. Però tots són humans; els altres no apareixen retratats com a monstres. I així tracta d’explicar com joves amb ideals acabaven empunyant les armes i cometent actes atroços. Fa por i vertigen veure i entendre com de fàcil era acabar a la banda si et movies en un determinat context social i ideològic.  

 

La pel·lícula ajuda a entendre, no a justificar, una part d’allò que va passar. Altres aspectes queden en l’inexplicable com el fet que es jugaren qui premia el gallet o que a penes saberen res de la seua víctima, detalls importants de la seua biografia que la seua vídua s’encarrega de posar en coneixement d’aquells que li van treure la vida i que, potser, d’haver sabut o pogut reflexionar els hauria fet obrar d’una altra manera. Maixabel Lasa és un ser generós i d’una qualitat humana extraordinària, i aquesta condició fa que s’enfronte a la realitat dels assassins del seu marit sense renunciar a la seua veritat: “M’estime més ser la vídua de Juan Mari que la teua mare”, li diu a un d’ells mirant-lo als ulls. La resposta d’Ibon (Luis Tosar) dona esperança als que creuen que la reconciliació a Euskadi és possible. Vegeu-la, si encara no ho heu fet, i ja en parlem.  

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 13 de marzo de 2022

QLIT. FESTIVAL DE LITERATURA LGTBI

Escribir una crónica de un festival de literatura tres meses después quizás no tiene demasiado sentido. Pero a veces la vida se impone al papel y al bolígrafo y los acontecimientos, buenos y malos, desplazan otras prioridades. Y no quiero dejar de escribirla por lo que significa que la literatura catalana tenga un festival de literatura LGTBI, que esta haya sido la cuarta edición y que un acontecimiento como este sea organizado por la AELC (Associació d’Escriptors en Llengua Catalana). Y hasta aquí os parecerá que no he dicho gran cosa pero no es así, porque que se ponga el foco en las voces que, hasta hace nada, estaban en los márgenes (todavía lo estamos) y se les dé un micrófono para reivindicar otro lugar desde el cual hacer literatura, fuera del canon o con la mirada bizca que proponía Montserrat Roig. Y eso hicimos y por eso nos reunimos.

 

Después de recibir la invitación de Sebastià Portell en forma de correo electrónico, justo cuando arrancaba el curso, y de decir un sí ilusionado e inconsciente por todo el jaleo personal en el que estaba inmersa, nos vamos a Barcelona, la ciudad querida, por primera vez desde que ¿el/la? Covid  está en nuestras vidas para limitarlas. Y mira, no, esta vez este virus no ha podido con la alegría de los reencuentros y las ganas de hacer cosas. Enseguida, compruebo que Carme Ros, esa voz cálida con quien he hablado por teléfono para preparar las cuestiones prácticas, es el alma calmada y acogedora de la AELC, y tengo que decirlo. Lo hace todo tan fácil como en las conversaciones telefónicas. Los nervios de principiante y la formalidad pseudoalemana nos hacen llegar bastante temprano al Centre LGBTI de Barcelona (c/ Comte Borrel, 22) y enseguida que entramos, a los que venimos de fuera, nos llama la atención la sola existencia de un centro así.

 

Es viernes y está todo casi listo para nuestras Poéticas del deseo. Sebastià Perellò, que viene de Baleares, y servidora, vamos recitando a dos voces. Se trata de una sesión relajada, con normas de ruido y movimiento menos estrictas. Es nuestro debut y parece que no lo hemos hecho mal. Nos miramos el uno al otro después de cada intervención. Al día siguiente tendremos una nueva actuación. Por la tarde asistimos a la mesa de Clásicos donde Sebastià Portell modera para hablar de Maria-Mercè Marçal, Joe Orton, Marcel Proust y Llorenç Villalonga. Pensaréis qué relación tienen entre ellos y qué tienen que ver con la literatura LGTBI escritores como Villalonga. Entrad en el canal de Youtube de la AELC y lo veréis. Acabamos el día en el BioCenter de la calle Pintor Fortuny donde tenemos nuestro cuartel general, después damos un paseo por la Rambla antes de retirarnos al Hotel Turín, lugar de acogida para los de la AELC.

 

El sábado es el día de fiesta grande para mí. El paseo entre la calle Pintor Fortuny y la de Comte Borrell ya nos resulta familiar, como las sábanas tendidas a la calle y la gente de colores tan diversos. Al recital de hoy se suma Sònia Moll que es todo un descubrimiento en lo humano. ¡Qué bien que se pueden desvirtualizar poetas con quien compartes vida y libros! Su timidez es tierna, pero te sacude los cimientos con sus versos directos y punzantes. Parece que el público se lo pasa tan bien como nosotros e, incluso, viene a verme un pedacito querido de mi Xàtiva. ¡Qué bien que estos pequeños momentos nos hacen tan felices en un instante!

 

A continuación, compartimos el acto más divertido con la mesa redonda Nuevas voces con Assum Guardiola, Judith Juanhuix y Violeta Richart. Lo más importante de todo es que las escuchas hablar sobre cómo escriben y cómo intentan vivir y te entran ganas de leer sus libros. Ahora mismo ya lo he hecho –al final, no va a estar tan mal tardar tanto en escribir la crónica– y solo puedo decir que os animo a hacerlo. Después de reír y compartir literatura y vida, cumplimos con el ritual familiar de visitar Els quatre gats como cada vez que vamos a Barcelona. Comemos allí y nos volvemos a sumergir en las voces pretéritas que flotan en el aire de este lugar mágico.

 

Por la tarde, se celebra en el QLIT 2021 el acto más emotivo del Festival: el Homenaje a los días felices con Bernat Cormand. Todos los que hablan conocían bien a Bernat pero, sobre todo, se nota que lo querían. Se respira tristeza y nostalgia de todo lo que no podrá ser, pero se revela, de una manera potente y tierna, el ilustrador detallista y sensible que era. Sus dibujos llenan la pared del escenario y nuestros ojos encantados: ¡cuánta belleza! Todos habríamos querido ser un niño dibujado por Bernat Cormand.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Foto: María José Mier

 


 

 

 


sábado, 5 de marzo de 2022

QLIT 2021

Escriure una crònica d’un festival de literatura tres mesos després potser no té massa sentit. Però de vegades la vida s’imposa al paper i al bolígraf i els esdeveniments, de bons i de dolents, desplacen altres prioritats. I no vull deixar d’escriure-la pel que significa que la literatura catalana tinga un festival de literatura LGTBI, que aquesta haja estat la quarta edició i que un esdeveniment com aquest l’organitze l’AELC (Associació d’Escriptors en Llengua Catalana). I fins aquí us semblarà que no he dit gran cosa però no és així, perquè que es pose el focus en les veus que, fins fa no res, eren als marges (encara hi som) i se’ls done un micròfon per reivindicar un altre lloc des d’on fer literatura, fora del cànon o amb la mirada bòrnia que proposava la Montserrat Roig. I això vam fer i per això ens hi vam reunir.

 

Després de rebre la invitació del Sebastià Portell en forma de correu electrònic, tot just acabat d’estrenar el curs, i de dir un sí il·lusionat i inconscient per tot el el rebombori personal en el qual estava immersa, marxem a Barcelona, la ciutat estimada, per primera vegada des que ¿el/la? Covid és a les nostres vides per limitar-les. I mira no, aquesta vegada aquest virus no ha pogut amb l’alegria dels retrobaments i les ganes de fer. De seguida, comprove que la Carme Ros, aquella veu càlida amb qui he parlat per telèfon per enllestir les qüestions pràctiques, és l’ànima calma i acollidora de l’AELC, he de dir. Ho fa tot tan fàcil com a les converses telefòniques. Els nervis de principiant i la formalitat pseudoalemanya ens fan arribar bastant d’hora al Centre LGBTI de Barcelona (c/ Comte Borrel, 22) i només entrar-hi, als que venim de fora, ens crida l’atenció la sola existència d’un centre així.

 

És divendres i està gairebé tot enllestit per a les nostres Poètiques del desig. Sebastià Perellò, que ve de Ses Illes, i servidora, anem dient la nostra a dues veus. Es tracta d’una sessió relaxada, amb normes de soroll i moviment menys estrictes. És el nostre debut i em sembla que no ho fem malament. Ens mirem l’un a l’altre després de cada intervenció. A l’endemà tindrem una nova actuació. Per la vesprada assistim a la taula de Clàssics on el Sebastià Portell modera per parlar de Maria-Mercè Marçal, Joe Orton, Marcel Proust i Llorenç Villalonga. Direu que quina relació tenen entre ells i què tenen a veure amb la literatura LGTBI escriptors com Villalonga. Entreu al canal de Youtube de l’AELC i ho veureu. Acabem el dia al BioCenter del carrer Fortuny on tenim la nostra caserna general, després fem una passejada per la Rambla abans de retirar-nos a l’Hotel Turín, lloc d’acollida per als de l’AELC.

 

El dissabte és el dia de festa gran per a mi. El passeig entre el carrer Pintor Fortuny i el Comte Borrel ja ens resulta familiar, com els llençols estesos al carrer i la gent de colors tan diversos. Al recital d’avui s’afegeix Sònia Moll que és tot un descobriment en la vessant humana. Que bé que es poden desvirtualitzar poetes amb qui comparteixes vida i llibres! La seua timidesa és tendra, però et sacseja els fonaments amb els seus versos directes i punyents. Sembla que el públic gaudeix tant com nosaltres i, fins i tot, ve a veure’m un trosset estimat de la meua Xàtiva. Que bé aquests moments petits que ens fan tan feliços en un instant!

 

A continuació, compartim l’acte més divertit amb la taula rodona Noves veus amb Assum Guardiola, Judith Juanhuix i Violeta Richart. El més important de tot és que les escoltes parlar de com escriuen i com intenten viure i et venen ganes de llegir els seus llibres. A hores d’ara ja ho he fet –a la fi no estarà tan malament trigar tant a escriure la crònica– i només puc dir que us engresque a fer-ho. Després de riure i compartir literatura i vida, complim amb el ritual familiar de visitar Els quatre gats com cada cop que anem a Barcelona. Hi dinem i ens tornem a submergir en les veus pretèrites que suren en l’aire d’aquest lloc màgic.

 

A la tarda, se celebra al QLIT 2021 l’acte més emotiu del Festival: l’Homenatge al dies feliços amb Bernat Cormand. Tots els que parlen coneixien bé el Bernat però, sobretot, es nota que se l’estimaven. Es respira tristesa i nostàlgia de tot el que no podrà ser, però es revela, d’una manera potent i tendra, l’il·lustrador detallista i sensible que era. Els seus dibuixos omplen la paret de l’escenari i els nostres ulls encantats: quanta bellesa! Tots hauríem volgut ser un infant dibuixat per Bernat Cormand.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Foto: Carme Esteve / AELC

 


 


viernes, 25 de febrero de 2022

MAIXABEL

Eran necesarias tres grandes mujeres para hacer realidad esta película: Icíar Bollaín, su directora; Blanca Portillo, la actriz que encarna a la protagonista; y la tercera mujer, Maixabel Lasa, mujer de carne y hueso, viuda de Juan Mari Jáuregui, asesinado por ETA en el año 2000. Hacía falta también que la banda terrorista hubiera dejado de matar, tal y como opina una de ellas, la directora. 

 

La película empieza con el relato del asesinato a sangre fría de Jáuregui, ex gobernador de Guipúzcoa y militante del PSE, que estaba de vacaciones en Euskadi ya que, al estar amenazado por la banda terrorista, tuvo que abandonar el País Vasco e ir a trabajar a Chile. Se muestra el desgarro irreparable que sufren todas las víctimas del terrorismo que ven su vida partida en dos, que se debaten entre el dolor insoportable y el odio y la rabia contra los asesinos. Maixabel Lasa, su viuda, afirma que la convirtieron en algo que no quería ser; su vida quedó ligada a los que perpetraron aquel cruento crimen. También la de su hija María, interpretada por María Cerezuela.

 

El núcleo central de la historia presenta los encuentros de Maixabel con dos de los asesinos de su marido: con Luis Carrasco, primero, y con Ibon Etxezarreta, después. Los diálogos, contenidos y directos a la vez, revelan el camino recorrido al cabo de los años por la víctima y por sus verdugos. La protagonista ha confirmado que lo narrado y filmado se parece bastante a lo ocurrido. Algunos han dicho que la historia habla sobre el perdón, pero la propia Maixabel Lasa ha asegurado que el suyo no es un punto de vista cristiano, porque no es creyente. Su relato trata sobre las segundas oportunidades, sobre la vida que queda después de un acto tan brutal para las víctimas, pero también para los victimarios. Porque la vida continúa para todos y la violencia acaba destrozando las existencias de unos y otros. Porque la historia valiente que Bollaín se empeña en contarnos es la de unos seres humanos rotos: unos por lo que les arrebatan; los otros porque se dan cuenta de que una vida entregada a la violencia es inútil y carece de sentido. Pero todos son humanos; los otros no aparecen retratados como monstruos. Y así trata de explicar cómo jóvenes con ideales acababan empuñando las armas y cometiendo actos atroces. Da miedo y vértigo ver y entender lo fácil que era acabar en la banda si te movías en un determinado contexto social e ideológico.

 

La película ayuda a entender, no a justificar, parte de lo que pasó. Otros aspectos quedan en lo inexplicable como el hecho de que se jugaran a suertes quién apretaba el gatillo o que apenas supieran nada de su víctima, detalles importantes de su biografía que su viuda se encarga de poner en conocimiento de aquellos que le quitaron la vida y que, acaso, de haber sabido o podido reflexionar les habría llevado a obrar de otra manera. Maixabel Lasa es un ser generoso y de una calidad humana extraordinaria, y ello le lleva a enfrentarse a la realidad de los asesinos de su  marido sin renunciar a su verdad: “Prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre”, le dice a uno de ellos mirándolo a los ojos. La respuesta de Ibon (Luis Tosar) da esperanza a los que creen que la reconciliación en Euskadi es posible. Véanla, si no lo han hecho todavía, y me dicen.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 


sábado, 19 de febrero de 2022

SILENCI de JUAN MAYORGA

Em dipose a viure per tercera vegada el mateix fet irrepetible. Conscient, sé que sols el teatre m’ofereix aquesta oportunitat. És un moment feliç, únic en la meua vida i en la del meu amic Juan Mayorga aquell 19 de maig de 2019. Ho visc amb goig, amb la immensa alegria que sentim tots els que estimem el teatre. Ens felicitem pel teatre però també per l’ésser humà que és Juan Antonio Mayorga Ruano, senzill i obert a l’escolta. Aquell saló d’actes de la Real Academia es queda petit per acompanyar-lo a ell i a la seua família en un dia rodó. Recorde el lloc que ocupe a la banda superior, recorde contemplar el cap de Juan pronunciant el discurs, el del seu pare i el del seu fill, recorde que compare la densitat de les seues cabelleres d’acord amb la seua edat, amb el seu temps. Hi som amuntegats, feliços, sense mascaretes.

 

Un any i un mes després, pocs dies abans que es decrete el nostre dramàtic tancament –faig broma amb ell sobre si hem de saludar-nos com els japonesos o besar-nos-, llance el desafiament als meus alumnes perquè imaginen la cerimònia d’ingrés de Juan en la RAE, com si d’una obra de teatre es tractés, intentant fer-los partícips del perill d’imaginar, de les possibilitats de llibertat que els ofereix. El saló d’actes d’un institut públic d’Alcorcón esdevé aquell solemne recinte presidit pel retrat de qui de tant en tant em permet anomenar a classe com el puto amo. Vivim una altra jornada que ens nodreix la imaginació. Hi ens trobem de bell nou, amuntegats, feliços, sense mascareta.

 

Gairebé dos anys després, aquesta setmana, assisteix a la cerimònia d’ingrés de Juan en la RAE per tercera vegada, en aquesta ocasió en el Teatro Español. Ho visc de bell nou a aquestes línies, perquè el llenguatge i el teatre ho fan possible. La disposició de l’escenari m’evoca la d’aquell diumenge primaveral: una sensació de felicitat i benestar m’embarga. Hi recorde també a Blanca allí present. Avui ella és la protagonista, l’Actriu. “La situación es teatral. Lo es la división del espacio, que separa a los recién llegados de quienes ya estábamos aquí”. El joc teatral del fingiment torna a posar-se en marxa. L’Autor desmitifica el seu discurs, el baixa al terra i el posa en mans d’un clown, un mim. Pren distància de les seues paraules i ens convida a riure’ns amb ell, d’ell. El seu nerviosisme, el seu gest una mica dubitatiu en començar a parlar penetra en l’àmbit de la dramatització, conscient de l’impostat de la situació acadèmica. Però aleshores, a poc a poc, l’obra de teatre Silencio esdevé una declaració d’amor al teatre amb moments d’intens lirisme i sinceritat poètica. L’Actriu es rebel·la contra l’Autor, li retrau la compromesa tasca encomanada com si de l’Augusto Pérez de Niebla es tractés. Sols després de confessar-nos com de fat és l’Autor, ens demostra com d’imprescindible és ella, l’Actriu, perquè les paraules d’ell arriben a nosaltres. No sols les seues, sinó també les d’Antígona, les de Bernarda i Adela, inclús les del mateix Sancho perquè ratifiquem una cop més per què estem malalts de teatre els tres: Autor, Actriu i Espectadora. Blanca Portillo afirma que és molt afortunada per ser contemporània d’aquest geni que és Juan Mayorga. Jo li postil·le com de feliços som els espectadors de tenir-los a tots dos a les taules. Hi som de bell nou amuntegats, feliços...

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 

domingo, 13 de febrero de 2022

SILENCIO

Me dispongo a vivir por tercera vez el mismo hecho irrepetible. Consciente, sé que solo el teatro me ofrece esta oportunidad. Es un momento feliz, único en mi vida y en la de mi amigo Juan Mayorga aquel 19 de mayo de 2019. Lo vivo con gozo, con la inmensa alegría que sentimos todos los que amamos el teatro. Nos felicitamos por el teatro pero también por el ser humano que es Juan Antonio Mayorga Ruano, sencillo y abierto a la escucha. Aquel salón de actos de la Real Academia se queda pequeño para acompañarlo a él y a su familia en un día redondo. Recuerdo el lugar que ocupo en la parte superior, recuerdo contemplar la cabeza de Juan pronunciando su discurso, la de su padre y la de su hijo, recuerdo que comparo la densidad de sus cabelleras acorde a su edad, a su tiempo. Allí estamos amontonados, felices, sin mascarilla.

 

Un año y un mes después, pocos días antes de que se decrete nuestro dramático encierro –bromeo con él sobre si debemos saludarnos como los japoneses o besarnos-, lanzo el desafío a mis alumnos de imaginar la ceremonia de ingreso de Juan en la RAE, como si de una obra de teatro se tratase, intentando hacerles partícipes del peligro de imaginar, de las posibilidades de libertad que les ofrece. El salón de actos de un instituto público de Alcorcón se convierte en aquel solemne recinto presidido por el retrato de quien a veces me permito llamar en clase el puto amo. Vivimos otra jornada que nos alimenta la imaginación. Allí nos encontramos de nuevo, amontonados, felices, sin mascarilla.

  

Casi dos años después, esta semana, asisto a la ceremonia de ingreso de Juan en la RAE por tercera vez, en esta ocasión en el Teatro Español. Lo revivo de nuevo en estas líneas, porque el lenguaje y el teatro lo hacen posible. La disposición del escenario me evoca la de aquel domingo primaveral: una sensación de dicha y bienestar me embarga. Recuerdo también a Blanca allí presente. Hoy ella es la protagonista, la Actriz. “La situación es teatral. Lo es la división del espacio, que separa a los recién llegados de quienes ya estábamos aquí”. El juego teatral del fingimiento vuelve a ponerse en marcha. El Autor desmitifica su discurso, lo baja al suelo y lo pone en manos de un clown, un mimo. Toma distancia de sus palabras y nos invita a reírnos con él, de él. Su nerviosismo, su gesto algo dubitativo al empezar a hablar penetra en el ámbito de la dramatización, consciente de lo impostado de la situación académica. Pero entonces, poco a poco, la obra de teatro Silencio se convierte en una declaración de amor al teatro con momentos de intenso lirismo y sinceridad poética. La Actriz se rebela contra el Autor, le reprocha la comprometida tarea encomendada como si del Augusto Pérez de Niebla se tratara. Solo después de confesarnos lo soso que es el Autor, nos demuestra lo imprescindible que es ella, la Actriz, para que sus palabras lleguen a nosotros. No solo las suyas, también las de Antígona, las de Bernarda y Adela, incluso las del propio Sancho para que ratifiquemos una vez más por qué estamos enfermos de teatro los tres: Autor, Actriz y Espectadora. Blanca Portillo afirma que es muy afortunada por ser contemporánea de este genio que es Juan Mayorga. Yo le apostillo lo dichosos que somos los espectadores de tenerlos a los dos juntos en las tablas. Allí estamos de nuevo amontonados, felices…

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe