Tom (Anders Baasmo) es un hombre de mediana edad que tiene una vida vacía y anodina. De día trabaja en la tienda de su madre enferma y, por las noches, se dedica a navegar por Internet oculto detrás de varios perfiles anónimos. Escribe comentarios machistas y misóginos porque culpa a las mujeres de su insatisfacción vital. Como muchos, piensa que el feminismo ha ido demasiado lejos. Tiene como ejemplo a su vecino Audun (Jonas Strand Gravli), aparente paradigma de la nueva masculinidad, que disfruta de una baja por paternidad, mientras su mujer va a trabajar, y cuyos niveles de ansiedad observa por la mirilla de su puerta. Sobre todo, Tom está solo, aunque crea que ha encontrado el amor en una chica lituana que ha conocido por Internet. Cuando Tom se da cuenta del fraude que supone su relación virtual, desata su ira (aun más, si cabe) en las redes sociales y, una noche, amenaza con violar a una famosa cómica feminista llamada Live (Ingrid Glaever). Esta, por su relevancia pública, está acostumbrada a lidiar con mensajes insultantes, pero el aviso de Tom le preocupa hasta el punto de llegar al colapso. Ante tal desasosiego, decide hacer una denuncia pública en televisión sobre la situación que está sufriendo. El foco mediático provoca que unos hackers desvelen la identidad que hay detrás del seudónimo que Tom ha utilizado. De la noche a la mañana, una tormenta perfecta provoca que Tom pierda su anonimato y sea perseguido y cancelado. Es entonces cuando, ante la imposibilidad de suicidarse, huye, se esconde y se traviste de mujer. Tom se convierte en Berit y sufrirá en sus propias carnes lo que significa ser mujer. En esta disociación, empezará su auténtica transformación.
Este es el planteamiento de A Better man (Ølhunden Berit), una serie noruega de cuatro capítulos, que ha cosechado varios premios internacionales importantes como el CannesSeries. Dirigida por Gjyljeta Berisha y Thomas Torjussen, el guion profundiza lo suficiente en los personajes como para no caer en un maniqueísmo fácil. Su mérito radica en que se fija en la escala de grises, en que indaga en las motivaciones que llevan a los personajes a comportarse como lo hacen y en que se permite la ironía en situaciones tan delicadas, de manera que la historia resulta veraz, alejada de toda inverosimilitud. La caracterización es lo bastante compleja como para que el mensaje que lanza quede claro, pero sin recurrir a simplificaciones facilonas. ¿Por qué un hombre solitario acaba convirtiéndose en un incel y un trol en la machosfera? La trama presenta diferentes capas que abordan temas sumamente interesantes, que buscan generar debate y reflexión: el acoso brutal en redes que personajes públicos tienen que asumir por su relevancia, la cultura de la cancelación fundamentada en ideas que se convierten en dogmas, el papel social y familiar que desempeñamos hombres y mujeres en las sociedades occidentales contemporáneas, la significación silenciosa del porno que nos llega a través de Internet, la función que desempeñan los medios de comunicación, el machismo atroz y el feminismo redentor.
El final, que puede ser también un principio, desarma en su sencillez: tanto dolor, tanta soledad, tanta incomunicación solo pueden repararse en el encuentro con el otro, en el diálogo con los demás. No se la pierdan.
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe

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