domingo, 27 de septiembre de 2026

EL NUDO GORDIANO

La expresión nudo gordiano tiene su origen en una leyenda griega. Gordias, rey de Frigia, fundó la ciudad de Gordio y ofreció a Zeus toda su riqueza: su carreta y sus bueyes, pero lo hizo atando la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en su interior. Era tan complicado desatarlo que predijo que quien lo consiguiese conquistaría Asia. Fue Alejandro Magno quien intentó resolverlo. Tras varios intentos fallidos, decidió cortarlo de golpe con la espada. Ante una situación tremendamente complicada, lo mejor es una decisión drástica.

 

El nudo gordiano de la estadounidense Johanna Adams toma como referencia esta metáfora para planearnos un duelo dialéctico entre una maestra de primaria de un colegio de Chicago y la madre de uno de sus alumnos. A pesar de la tragedia que ha acontecido, Corryn (María Morales), la madre de Gidion de once años, se presenta, con gran entereza, a la reunión que había sido concertada con la tutora y la jefa de estudios con anterioridad, ante la sorpresa de Heather (Eva Rufo), la maestra de su hijo, en la que se manifiestan los signos del infortunio.

 

La obra respeta las tres reglas aristotélicas de unidad de espacio, tiempo y acción. Todo ocurre en el aula donde Heather imparte docencia al grupo de alumnos de Gigion. Se trata de una clase común de niños de final de Primaria. Los típicos pupitres se encuentran colocados en grupos para fomentar el trabajo colaborativo. Contemplamos expuestos, en los tablones, diferentes dioses griegos y sus equivalentes hindúes junto a algunos trabajos del alumnado. También están presentes la bandera del país y algunas alusiones a su Constitución.

 

Después del nerviosismo y la parálisis inicial de Heather, poco a poco, se va desatando un diálogo punzante y lleno de aristas, que va desvelando algunas incógnitas sobre lo que ha sucedido. Los silencios y los detalles de lo que ha ocurrido va siendo desvelado poco a poco, en una tensión discursiva que mantiene al espectador expectante y atento. Sin embargo, los mayores interrogantes sobre el proceso educativo, la labor de la escuela y de los padres y la responsabilidad en la educación de los niños van quedando suspendidos en el aire hasta posarse en los espectadores que salimos con un buen puñado de preguntas.

 

El duelo dialéctico entre estas dos mujeres, interpretado con una fuerza y una contención magistrales por ambas actrices, no nos deja caer en el maniqueísmo ni en la conclusión rápida o el juicio simplista. Nos conduce a la asfixia y nos sitúa al borde de la sinrazón y el desánimo. La labor educativa es tan compleja que requiere un acercamiento, al menos, poliédrico que nos permita analizar los diferentes puntos de vista. El perfil psicológico de ambos personajes y sus circunstancias vitales se va perfilando según avanza el diálogo y, más allá de la reflexión que suscita la obra, encontramos dos caracteres individualizados con la profundidad suficiente que este drama requiere.

 

¿Qué responsabilidad tienen los padres y qué compromisos se les exige a los profesores en el proceso educativo de los niños y adolescentes? ¿Quién los educa? ¿Qué papel desempeña la sociedad en ese proceso? ¿Son los alumnos meros objetos pasivos en su etapa educativa o son corresponsables? ¿Cómo se pueden afrontar los conflictos que surgen en la escuela? ¿Cómo puede el sistema educativo dar respuesta a los alumnos que se salen de lo normativo? ¿En qué está fallando la educación?

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

 

 

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