La Compañía Nacional de Teatro Clásico repone el montaje de Los bufos madrileños después del inesperado éxito de la temporada pasada. En él se recuerda a la figura de Francisco Arderius y la zarzuela bufa Los órganos de Móstoles con música de Luis Rogel y libreto de Luis Mariano de Larra. Este subgénero, una antigualla decimonónica, tuvo mucho éxito entre el gran público de la época por su carácter cómico y su ligereza. No era un teatro dirigido a entendidos del género dramático, ya que se trataba, más bien, de una parodia de la alta comedia. Corrían los años anteriores y posteriores a la Revolución de la Gloriosa (1868).
El montaje está dirigido, versionado y coprotagonizado por Rafa Castejón, que sabe mostrar sus años en el oficio sobre las tablas del Teatro de la Comedia. La obra se divide en dos partes: una primera introductoria en la que se nos hace una presentación histórica del personaje y la segunda en la que se representa Los órganos de Móstoles.
Lejos de tratarse de una aburrida clase de historia del teatro, los actores del elenco nos presentan al creador de este subgénero de forma dinámica y chispeante. Arderius (1835 – 1886) fue un músico, empresario y actor que consiguió gran fama por ser el introductor en España de la fórmula de la ópera bufa de Offenbach, cuyas obras fue a conocer in situ a la capital francesa. Se trataba de piezas musicales breves, divertidas, que buscaban el chiste fácil y el humor socarrón sin evitar alguna situación o gesto picante para la algazara y expansión del patio de butacas. Además, fue el fundador de la compañía los Bufos Madrileños, que más tarde se llamaría Bufos Arderius, la cual sumó grandes éxitos hasta 1873. Por consiguiente, fue un subgénero que llegó, triunfó y se disolvió como un azucarillo.
Buscando nuestra instrucción y entretenimiento, Rafa Castejón irrumpe en el patio de butacas desde la entrada central cantándonos “Me gustan todas, me gustan todas…” de José Rogel para dar la voz y la nota musical al piano y a sus compañeros masculinos –Chema del Barco, Antonio Comas, Paco Déniz y Alejandro Pau– que le ayudarán, desde los palcos de bañera, en la noble tarea de aleccionarnos. Desde el primer palco de platea del público les contemplará una divertida Laia Ripoll complacida con el resultado, como el resto de espectadores. ¿Se puede sonreír de forma tan franca con la mirada? Las compañeras féminas –Clara Altarriba, Eva Diago y Cecilia Solaguren– pondrán la guinda con números musicales a la usanza del género francés del que surgió la versión hispanica.
Puestos en contexto, comenzará la representación del bufo desternillante, pantomima de las comedias de capa y espada lopescas, poniendo el acento en algunos gestos histriónicos y en el vestuario de Gabriella Salaverri cuya estridencia cumple con la hilaridad pretendida. La trama no encierra ningún misterio: Abdón, viudo y padre de tres hijas entradas en años, pone un anuncio en el periódico para organizar una subasta para “librarse” de su prole encontrándoles marido. Para ello, las adorna con una seductora dote inversamente proporcional a los atributos y virtudes de la descendiente. Allí se presentan tres patanes con la feliz idea de prometerse con aquella que más difiera de sus personas, convencidos por el tópico de que los polos opuestos se atraen. Tendrá que aparecer un cayetano don Juan Tenorio (de nuevo, Castejón), con pintas tenísticas, enfundado en un solemne pelucón y con gran éxito entre la progenie casamentera, para restablecer la estructura jerárquica establecida como Dios manda. ¡Menos mal que hay gente de orden!
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe

No hay comentarios:
Publicar un comentario