domingo, 11 de enero de 2026

PERSONAS, LUGARES Y COSAS

Personas, lugares y cosas es una obra de Duncan Macmillan. Duncan Macmillan (1980) es un director y dramaturgo británico ganador de numerosos premios cuyas obras más notables son Every Brilliant Thing (2013), Pulmones (Lungs, 2011) o Monster (2007). El montaje de Personas, lugares y cosas que se ha estrenado en el Teatro Español de Madrid ha sido adaptado y dirigido por Pablo Messiez (Buenos Aires, 1974).

 

Sorprende la cantidad de público joven asistente a la representación: el tema sobre el que trata la obra (la superación de las adicciones) y el elenco de actores (entre ellos, Brays Efe en el papel de Pastor) probablemente tendrán mucho que ver. Sorprende un asiento vacío junto al mío –dado el interés que ha despertado el montaje– que acabará ocupando un inquieto Pablo Messiez.

 

Sorprende un escenario descarnado, casi desnudo, que muestra toda la amplitud de las tablas del Español, como si quisieran materializar el vacío de nuestra protagonista. Sin embargo, el inicio de la obra es clásico. Emma (Irene Escolar) se encuentra representando a Nina en La gaviota de Chéjov cuando se desploma en el suelo justo después de pronunciar: “A mí habría que matarme”. Emma es actriz, pero también es alcohólica y drogadicta, aunque tardará en reconocer esta condición. Sin embargo, como es consciente de que no puede más, decide ingresar de forma voluntaria en una institución para realizar un programa de desintoxicación. Emma es adicta al alcohol, a las drogas, a los medicamentos, pero también lo es a su vocación de actriz, a hacerse pasar por otras personas, a vivir situaciones impostadas que le hacen sentir la vida interpretada como algo pleno. Por eso, la vida real le resulta banal y prescindible.

 

Sorprende que nuestra protagonista toma diferentes nombres a lo largo de la historia –Nina o Emma o Sarah– porque es actriz y quizás porque ya no reconoce cuál es su auténtica identidad, acostumbrada a esconderse detrás de múltiples máscaras. Sorprende cómo el montaje representa las alucinaciones de nuestra protagonista y nos muestra cómo esos múltiples yoes toman cuerpo en sus delirios. “Vemos lo que ella ve”. Irene Escolar, con su cuerpo chiquito y sus amplias destrezas interpretativas, es capaz de controlar ese inmenso espacio escénico con una actuación que sabe cuando contenerse y cuando debe desbordarse sin llegar al tsunami.

 

Sorprende que, en una obra con un trasfondo tan oscuro, la adaptación haya dejado espacios para la comicidad. ¿Acaso es posible resistir la vida sin tomar una necesaria distancia irónica o sin reírse de realidades durísimas? La interpretación de Brays Efe en momentos puntuales –aunque es un personaje con una tragedia interior que acabará aflorando– es solo uno de los elementos que despiertan la risa en el patio de butacas. No obstante, la crudeza y la hondura de determinados diálogos, especialmente entre Emma y la doctora (Sonia Almarcha) y entre Emma y Marc, otro paciente interpretado con aplomo y convicción por Javier Ballesteros, nos irán precipitando por el vacío y el sentimiento de incomprensión que llevan a un ser humano a intentar llevar las riendas de su vida atado a diferentes sustancias estupefacientes o incluso a intentar quitarse la vida.

 

Sorprende la vuelta al mundo real de Sarah una vez ha completado el programa y la terapia. Esto ocurre después de tener una recaída e iniciar de nuevo el proceso al inicio de la segunda parte. Una solitaria Irene Escolar nos da la espalda mientras se aproxima a ella un escenario móvil que representa su habitación en la casa familiar. No sorprende la reacción de sus padres a los que se ha hecho referencia con anterioridad, aunque sí llama la atención la aspereza, especialmente la de su madre, con la que queda al descubierto la incomunicación y la incomprensión, rasgos tan comunes en las familias. De esta forma, el título va tomando sentido y cuerpo más allá de la ficción. Personas, lugares y cosas sorprende e interesa.

 

«En el centro de desintoxicación te dicen, evita las personas que te hagan querer volver a recaer, lugares que asocies con la droga y objetos que puedan desatar la adicción. Personas, lugares y cosas.

Eso es básicamente, ya sabes todo.» 

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

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