domingo, 22 de enero de 2023

HIERBA

Los que me conocéis un poco sabéis mi debilidad por la novela gráfica. Es un género que se reivindica desde hace décadas y que atrapa a aquel que se asoma a sus viñetas. Hay un número significativo de obras que merecen la consideración de clásicos del género (es justo afirmar que Hierba se mira en el espejo de Maus de Art Spiegelman). Estos libros van mucho más allá de las aventuras de superhéroes y de las tiras cómicas de nuestra infancia. El cómic guarda la virtud de contener la expresividad del lenguaje visual junto a las posibilidades discursivas de lo narrativo. La novela gráfica histórica es una de mis favoritas; en mi ignorancia, ha sido una fuente de aprendizaje. Y, de nuevo, no pido disculpas por preferir sumergirme en las páginas de un cómic antes que en el universo virtual del metaverso.

 

Hierba (Reservoir Books, 2022) es una novela gráfica de la coreana Keum Suk Gendry-Kim, traducida por Joo Hasun. Ha caído en mis manos por casualidad y por no cumplir mis planes de asesinato vecinales. Después de permanecer empaquetada en mi estantería durante semanas al estar realizando tareas de colaboración con un rey mago, el libro voló de mis manos sin tener ocasión ni siquiera de intercambiar una mirada con él. Sin embargo, por esas historias del azar literario, hace unos días volvió a mí junto con una caja de antibióticos. Entonces, sí, tuvimos ocasión de mirarnos a los ojos. Y así, me dispuse a sanarme de mi convalecencia. ¡Qué hermoso sería poder curar a la protagonista de Hierba de la misma manera!

 

Hierba cuenta la historia de Lee Ok-Sun, una muchacha coreana que durante la guerra del Pacífico fue explotada como “mujer de consuelo”. Ok-Sun pasó tres años de su juventud en una “estación de consuelo” y el final de su vida en una “casa del compartir”. Ambos lugares tienen nombres poéticos, pero el primero encierra el horror de un eufemismo atroz: el ejército imperial japonés habilitó casas donde mujeres, obligadas a prostituirse, eran ofrecidas como esclavas sexuales y sometidas a todo tipo de vejaciones. Todo, para mantener alta la moral de las tropas. El segundo es el hogar que Ok-Sun compartió con otras víctimas de esta barbarie, siendo una anciana ya, y donde conoció a la autora del cómic.

 

La obra, que también nos cuenta los encuentros entre Ok-Sun y Gendry-Kim, hace una recorrido por la vida de Ok-Sun porque quiere mostrar el contexto en el que esta nació y que la llevó a convertirse en una “mujer de consuelo”: Ok-Sun pertenece a una familia muy pobre, en la que las mujeres (incluidas las niñas) cuidan a los hermanos pequeños, mientras que el hermano mayor puede ir al colegio. Apenas pueden comer todos los días en estas familias cargadas de hijos y marcadas por el patriarcado y la pobreza. Ok-Sun manifiesta desde el principio un ansia por aprender a leer y escribir y por ir al colegio. Paradójicamente, este deseo la llevará a la perdición.

 

Gendry-Kim denuncia la doble victimización de estas mujeres. Aquellas que consiguieron sobrevivir después de todas las vejaciones, palizas, enfermedades venéreas, embarazos no deseados, intentos de suicidio, esterilización…, constataron que, después de tanto horror, eran rechazadas por sus familias porque consideraron que su virginidad había sido mancillada. Además, esto suponía reconocer el drama familiar al que se veían abocados unos padres que no podían alimentar a su prole: vender a las hijas. Así, Ok-Sun fue vendida de manera sucesiva a varias familias adoptivas, hasta que llegó la ocupación japonesa y en 1942 fue trasladada a una base aérea en China.

 

No obstante, el lector no debe esperar un lenguaje sexual explícito y escenas de violencia física. Ha sido una decisión consciente de la autora su intención de no dañar de nuevo a las víctimas. No quiere que estas sufran una segunda agresión por parte de la autora del libro. Por este motivo, no asistiremos a violaciones brutales, la violencia sexual de la primera violación quedará reflejada en dobles páginas de viñetas totalmente en negro. En este lenguaje metafórico, tiene un significado fundamental la naturaleza. También, en el relato y en los trazos, incluido el propio título de la novela gráfica. “Ok-Sun me hablaba mucho de cuánto echaba de menos su pueblo natal, sus montañas y ríos, así que decidí sustituir las escenas de violencia con naturaleza, con el paso de las estaciones, el cielo, las nubes, las estrellas y el viento”.

 

Las víctimas tuvieron que vivir una última humillación: el pacto firmado en 2015 entre Corea y Japón, bajo el mandato de Shinzō Abe, que tuvo como resultado una indemnización, pero que no contó en absoluto con las víctimas y la reparación de su honor y su dignidad. Las conclusiones a las que llego después de pasar la última página de este bello libro, a pesar de todo el horror que contiene, son dos: en toda guerra (por desgracia, no solo en ellas), las mujeres son utilizadas, ultrajadas y manipuladas como trozos de carne para el “consuelo” de los varones que son llevados al matadero. La segunda es que la reparación de las víctimas acaba siendo la asignatura pendiente de todo ultraje histórico. Da igual la geografía y la cronología.  

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

domingo, 15 de enero de 2023

LES DONES AFGANESES JA ESTAVEN SOLES

No sé si vostès recordaran on estaven i què van fer el 15 d’agost de 2021. És el dia de la Mare de Déu d’Agost quan la pràctica totalitat dels pobles estan en festes. La gent aprofita per retrobar-se amb amics i éssers estimats. Jo estava a Menorca de vacances, sentint que la normalitat recobrada entrava pels porus com el sol i la sal. Vam passar la tarda a la magnífica platja de Binigaus, després de començar el dia pujant al cim Toro per contemplar l’illa i visitant pobles d’interior com Es Migjorn Gran. La tornada fou tranquil·la. Quan vam arribar al nostre apartament, vaig consultar com una rutina les principals notícies del dia. El president afganès, Ashraf Ghani, havia abandonat el país, perquè els talibans havien entrat a Kabul. 

 

Dies després vam anar veient a les nostres televisions imatges estremidores d’afganesos intentant fugir del país, d’una multitud impotent que s’arremolinava als voltants de l’aeroport de Kabul. El discurs del President d’Estats Units, Joe Biden, justificant aquella decisió sonava buit i absurd. El nyap de l’ocupació d’aquest país indòmit durant dues dècades era una evidència que provocava estrèpit. Al llarg de les setmanes, analistes internacionals i membres d’ONGs van anar demostrant que la reconstrucció d’Afganistan no havia estat sinó una oportunitat perquè aprofitats corruptes feren l’agost (mai millor dit) durant anys.

 

Aviat van arribar al meu mòbil missatges d’un corrent de solidaritat amb les dones afganeses. Els grans èxits (per nosaltres potser insuficients) que havien assolit corrien seriós perill, com moltes de les seues vides: accés de les dones a l’escola, presència de dones a la universitat, dones exercint professions com la judicatura, el periodisme, la política. Dones esdevenint finalment subjectes actius de la social a la qual pertanyen. “Les dones afganes no esteu soles”, clamàvem en un crit sord a Internet. Els lemes i els missatges de recolzament inundaven les xarxes socials. Inclús es va proposar algun gest simbòlic d’encès d’espelmes a una hora vespertina. Tots ens sentíem més empàtics. De veres? Les dones afganeses ja estaven soles i tots ho sabíem.

 

Setmanes després, els talibans van llençar el missatge tranquil·litzador al món en dir que respectarien la llibertat limitada de les dones. També sabíem que mentien però vam seguir compartint a Facebook imatges d’alè. Amb els transcórrer dels mesos, el focus mediàtic es va anar desplaçant a poc a poc fins que Afganistan va desaparèixer dels informatius. Primer, va deixar d’obrir el Telenotícies; després, va anar perdent minuts, fins que es va esfumar del nostre dia a dia. De tant en tant torna una ràfega informativa del que hi estava succeint, però senzillament sembla que ja no hi ha cap interès econòmic ni importa el que puga passar.

 

A les dones afganeses ja se les priva de l’educació secundària i universitària, sols tenen accés a feines relacionades amb sanitat i l’educació. Estan obligades a anar acompanyades per un home de la seua família en tots els seus desplaçaments excepte en els curts. S’han de cobrir la cara al carrer. De vegades els imposen càstigs físics brutals en públic si es considera oportú. Friba Quraishi, jutgessa afganesa exiliada, ho ha dit ben clar: “Les dones d’Afganistan són fortes, però el món les ha abandonat”.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

Obra de l’artista afganesa Shamsia Hassani

 


 

domingo, 8 de enero de 2023

LAS MUJERES AFGANAS YA ESTABAN SOLAS

No sé si ustedes se acordarán de dónde estaban y qué hicieron el 15 de agosto de 2021. Es el día de la Virgen de Agosto cuando la práctica totalidad de los pueblos están de fiesta. La gente aprovecha para reencontrarse con amigos y seres queridos. Yo estaba en Menorca de vacaciones, sintiendo que la normalidad recobrada entraba por mis poros como el sol y la sal. Pasamos la tarde en la magnífica playa de Binigaus, después de empezar el día subiendo al monte Toro para contemplar la isla y visitando pueblos del interior como Es Migjorn Gran. La vuelta fue tranquila. Cuando llegamos a nuestro apartamento, consulté como una rutina las principales noticias del día. El presidente afgano Ashraf Ghani había abandonado el país, porque los talibanes habían entrado en Kabul. 

 

Días después fuimos viendo en nuestras televisiones imágenes estremecedoras de afganos intentando huir del país, de una multitud impotente que se arremolinaba en los alrededores del aeropuerto de Kabul. El discurso del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, justificando aquella decisión sonaba hueco y absurdo. La chapuza de la ocupación de este país indómito durante dos décadas era una evidencia que causaba estruendo. A lo largo de las semanas, analistas internacionales y miembros de ONGs fueron demostrando que la reconstrucción de Afganistán no había sido sino una oportunidad para que advenedizos corruptos hicieran el agosto (nunca mejor dicho) durante años.

 

Pronto llegaron a mi móvil mensajes de una corriente de solidaridad con las mujeres afganas. Los grandes logros (para nosotras quizás insuficientes) que habían conquistado corrían serio peligro, como muchas de sus vidas: acceso de las mujeres a la escuela, presencia de mujeres en la universidad, mujeres ejerciendo profesiones como la judicatura, el periodismo, la política. Mujeres convirtiéndose al fin en sujetos activos de la sociedad a la que pertenecen. “Las mujeres afganas no estáis solas”, clamábamos en un grito sordo en Internet. Los lemas y los mensajes de apoyo inundaban las redes sociales. Incluso se propuso algún gesto simbólico de encendido de velas a una hora vespertina. Todos nos sentíamos más empáticos. ¿De verdad que sí? Las mujeres afganas ya estaban solas y todos lo sabíamos.

 

Semanas después, los talibanes lanzaron el mensaje tranquilizador al mundo de que respetarían la libertad limitada de las mujeres. También sabíamos que mentían pero seguimos compartiendo en Facebook imágenes de aliento. Con el discurrir de los meses, el foco mediático se fue desplazando poco a poco hasta que Afganistán desapareció de los informativos. Primero, dejó de abrir el Telediario; después, fue perdiendo minutos, hasta que se esfumó de nuestro día a día. De vez en cuanto vuelve una ráfaga informativa de lo que allí está sucediendo, pero sencillamente parece que allí no hay ningún interés económico ni importa lo que pueda pasar.

 

A las mujeres afganas ya se las priva de la educación secundaria y universitaria, solo tienen acceso a trabajos relacionados con la sanidad o la educación. Están obligadas a ir acompañadas de un hombre de su familia en todos sus desplazamientos, excepto en los cortos. Tienen que cubrirse la cara en la calle. A veces se les imponen castigos físicos brutales en público si se considera oportuno. Friba Quraishi, jueza afgana exiliada, lo ha dicho bien claro: “Las mujeres de Afganistán son fuertes, pero el mundo las ha abandonado”.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Obra de la artista afgana Shamsia Hassani

 


 

domingo, 25 de diciembre de 2022

EL PES D'UN COS

El pes d’un cos és una obra escrita i dirigida per Victoria Szpunberg (Buenos Aires, 1973) que aborda el tema de l’envelliment de la nostra societat actual. Aquesta és la presentació de l’últim text dramàtic d’aquesta autora argentina, establerta a Barcelona. L’obra, estrenada fa més d’un any a Barcelona i després de la gira per Catalunya, arriba en castellà a la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán del CDN. 

 

Laia Marull és Olga, una filla que ha de cuidar el seu pare, després de patir un ictus. Aquest, que ha estat un referent emocional i ideològic per la seua filla, pateix un procés de deteriorament físic i mental que el converteix en un ser totalment dependent. A partir d’una situació personal (no es tracta d’una autoficció), Szpunberg reflexiona sobre el sentit que té mantenir amb vida un cos d’una persona que ha perdut tota la seua autonomia i no és capaç de fer les seues necessitats bàsiques per si mateix.

 

Quan es considera que una vida deixa de ser digna? Com assumir la decadència dels progenitors i com fer coexistir l’amor amb la càrrega emocional i econòmica que suposa aquesta experiència?, es pregunta l’autora. L’obra no dona respostes, tan sols llença preguntes d’un gran calibre a l’espectador. “Mai no se sap on comença una història”: així s’inicia el text, començament que es repeteix en diverses ocasions al llarg de la representació. Per què?  Perquè l’obra, més enllà de l’experiència personal de l’autora amb el seu pare, vol fer-nos reflexionar sobre el paper de la família en les malalties llargues i en la dependència severa. Per això, és necessari prendre distància emocional  per no caure en el melodrama i despertar el pensament. Szpunberg ho aconsegueix i ens condueix per la muntanya russa d’emocions i estats d’ànim pels que passa un cuidador en una situació límit. Utilitza la música i el cant, acompanyats dels sons i els sorolls que representen un hospital o una residència de gent gran. Però també apareix el sentit de l’humor, de vegades amarg, però imprescindible en aquestes situacions. És per això que resulta tan fonamental el paper del conductor de l’ambulància i zelador, , interpretat per David Marcé, que és capaç d’acompanyar-la en el laberint burocràtic de les administracions i rescatar-la de l’abisme del contrasentit. Carles Pedragosa i Sabina Witt, músics i actors, completen el repartiment.

 

Quin paper desenvolupa la família? Quina és la resposta de l’Estat? Mitjançant la incorporació de mitjans audiovisuals es fan presents els diferents punts de vista dels membres de la família davant les malalties sobrevingudes que canvien o condicionen les rutines i els estils de vida de les filles. ¿Tenim l’obligació d’atendre els nostres progenitors en aquestes situacions límit? O és sols un deure moral que recau sobre alguns membres de la família? Totes les reaccions són vàlides? Què és millor: un altruisme abnegat o un egoisme que es justifica? La manca de recursos econòmics propis i la precarietat de les administracions públiques incapaces de donar una resposta suficient provoquen que la situació es deteriore fins arribar a una espiral en caiguda lliure. L’ajut de la Llei de dependència que no arriba mai, la manca d’espais públics per fer-se càrrec de la gent gran, els preus abusius i el negoci de les residències privades, les condicions de precarietat i deixadesa que viu el sector de l’assistència a la gent depenent són temes que es posen sobre el taulell d’aquests escacs vitals la partida dels quals va cap el seu final inexorable.

 

“Què et pot portar a desitjar la mort d’algú que estimes?”

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 



domingo, 18 de diciembre de 2022

EL PESO DE UN CUERPO

El peso de un cuerpo es una obra escrita y dirigida por Victoria Szpunberg (Buenos Aires, 1973) que aborda el tema del envejecimiento de nuestra sociedad actual. Esta es la presentación del último texto dramático de esta autora argentina, afincada en Barcelona. La obra, estrenada hace más de un año en Barcelona y después de la gira por Cataluña, llega en castellano a la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán del CDN.

 

Laia Marull es Olga, una hija que tiene que cuidar de su padre, después de sufrir un ictus. Este, que ha sido un referente emocional e ideológico para su hija, sufre un proceso de deterioro físico y mental que lo convierte en un ser totalmente dependiente. A partir de una situación personal (no se trata de una autoficción), Szpunberg reflexiona sobre el sentido que tiene mantener con vida el cuerpo de una persona que ha perdido toda su autonomía y no es capaz de hacer sus necesidades básicas por sí mismo. 

 

¿Cuándo se considera que una vida deja de ser digna? ¿Cómo asumir la decadencia de los progenitores y cómo hacer coexistir el amor con la carga emocional y económica que supone esta experiencia?, se pregunta la autora. La obra no ofrece respuestas, tan solo lanza preguntas de un gran calibre al espectador. “Nunca se sabe dónde empieza una historia”: así comienza el texto, principio que se repite en varias ocasiones a lo largo de la representación. ¿Por qué? Porque la obra, más allá de la experiencia personal de la autora con su padre, quiere hacernos reflexionar sobre el papel de la familia en las largas enfermedades y en la dependencia severa. Para ello, es necesario tomar distancia emocional para no caer en el melodrama y despertar el pensamiento. Szpunberg lo consigue y nos conduce por la montaña rusa de emociones y estados de ánimo por los que pasa un cuidador en una situación límite. Se vale de la música y el canto, acompañados de los sonidos y los ruidos que representan un hospital o una residencia de ancianos. Pero también aparece el sentido del humor, a veces amargo, pero imprescindible en estas situaciones. Por eso resulta tan fundamental el papel del conductor de la ambulancia y celador, interpretado por David Marcé, que es capaz de acompañarla en el laberinto burocrático de las administraciones y rescatarla del abismo del sinsentido. Carles Pedragosa y Sabina Witt, músicos y actores, completan el reparto.

 

¿Qué papel desempeña la familia? ¿Cuál es la respuesta del Estado? Mediante la incorporación de medios audiovisuales se hacen presentes los diferentes puntos de vista de los miembros de la familia ante enfermedades sobrevenidas que cambian o condicionan las rutinas y los estilos de vida de las hijas. ¿Tenemos la obligación de atender a nuestros progenitores en estas situaciones límite? ¿O es solo un deber moral que recae sobre algunos miembros de la familia? ¿Todas las reacciones son válidas? ¿Qué es mejor: un altruismo abnegado o un egoísmo que se justifica? La falta de recursos económicos propios y la precariedad de las administraciones públicas incapaces de dar una respuesta suficiente provocan que la situación se deteriore hasta llegar a una espiral en caída libre. La ayuda de la Ley de dependencia que no llega nunca, la falta de espacios públicos para hacerse cargo de la gente mayor, los precios abusivos y el negocio de las residencias privadas, las condiciones de precariedad y dejadez que vive el sector de la asistencia a la gente dependiente son temas que se ponen sobre el tablero de este ajedrez vital cuya partida va hacia su final inexorable.

 

“No me hubiera imaginado nunca deseándole la muerte a alguien. Menos aún a mi padre”.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 

 

domingo, 11 de diciembre de 2022

THE SOPRANOS

Fa gairebé una dècada, asseguda en una terrassa de l’actual plaça de Rafaela Carrá al cor de Chueca (desconec el nom anterior però el preferia, perquè significava que la italiana encara ens hipnotitzava amb les seues lletres llibertines i el seu moviment de cap), una amiga em va parlar de la sèrie The Sopranos animant-me a veure-la. Ho va fer quan li vaig comentar algun avatar de la meua teràpia. Recorde també que era una tardor esplèndida, no tant com la d’enguany que sembla més aviat primaveral. 

 

The Sopranos van quedar en la rereguarda de les “coses pendents de fer” fins que la darrera primavera el cofre del tresor amb la sèrie completa en DVD (Sí, sóc una antiga. Què voleu que hi faça?) va arribar a les meues mans procedent de la casa d’uns veïns-amics (també existeixen). I així vam començar a submergir-nos en el món de Tony Soprano (James Gandolfini), un mafiós de New Jersey que acudeix a teràpia, perquè pateix atacs de pànic. La vida de Tony Soprano és complexa: ha de conjugar el quefers domèstics i familiars amb la seua feina de capo del crim organitzat.

 

Com seria la trilogia de El padrino convertida en sèrie de televisió al segle XXI? Una mica més de vint anys després de la seua estrena, The Sopranos és ja un clàssic de les sèries, inclús antiga per als batxillers d’avui. Es va estrenar a les raneres del segle XX i es nodreix dels millors recursos de la literatura i del cinema. La història que va desenvolupant al llarg dels seus vuitanta-set capítols és d’una narrativa brillant i es fonamenta en la caracterització magistral dels personatges, molt pròpia de la novel·la vuitcentista. Perquè Tony Soprano pot ser despietat, violent, racista, xenòfob, homòfob, infidel però també sensible, animalista, vulnerable, empàtic i un pare preocupat. Hi haurà qui opine que no es pot ser tot això, però el mèrit del relat de The Sopranos és la seua capacitat per bussejar en les contradiccions de l’ésser humà que és capaç del millor i del pitjor, i de fer-ho versemblant. Els guionistes ho aconsegueixen amb una destresa galdosiana digna de mèrit, fins el punt que de vegades t’agradaria ser un capo de la màfia i solucionar els problemes a la seua manera. Així, l’audiovisual (plànols de càmera, il·luminació, escenaris i música) és també al servei de la construcció d’un relat complet.

 

Els problemes i els assassinats es van succeint al llarg de les temporades, fent-nos transitar de l’amor a l’odi a uns personatges, sortits de la imaginació de David Chase, que viuen en constant conflicte i paradoxa. Perquè les relacions entre ells van de l’interès pels diners a la lleialtat familiar, inclús entre mafiosos. La traïció és una situació límit que viuen amb massa freqüència i que amenaça el seu equilibri mental. Per damunt dels fills de Tony Soprano, Meadow (Jamie-Lynn Sigler) i Anthony Junior (Robert Iler); de la seua família biològica, la seua mare Livia (Nancy Marchand), la seua germana Janice (Aida Turturro) o el seu oncle Corrado Junior (Dominic Chianese); més enllà de la família de la cosa nostra, Christopher Moltisanti (Michael Imperioli), Adriana La Cerva (Drea de Matteo), Tony Blundeto (Steve Buscemi), Silvio Dante (Steven Van Zandt), Paulie Gualtieri (Tony Sirico), Bobby “Baccala” (Steve Schirripa), Ralph Cifaretto (Joe Pantoliano), Big Pussy (Vincent Pastore) o Vito Spatafore (Joseph R. Gannascoli), entre altres, trobem els dos personatges femenins que més influència tenen en el protagonista Tony Soprano: la seua psiquiatra, la doctora Jennifer Melfi (Lorraine Bracco) i la seua dona, Carmela Soprano (Edie Falco). Les dues úniques capaces de donar-li un no per resposta en un joc implacable pel poder.

 

Una cop t’endosses el vestit de bus i t’endinses en les aigües, de vegades tèrboles, de The Sopranos, és impossible no desitjar arribar al final, escodrinyar les circumstàncies, sovint extremes, amb les quals ha de lidiar cadascú. És una droga que enganxa, com l’addicció de Moltisanti i de la qual t’alliberes sols a mitges quan arribes al darrer capítol, “Made in America”, i contemples un final inesperat, narrativament i cinematogràficament excel·lent. Aleshores ressonen en la teua ment les paraules de Michael Corleone: “I believe in America.  ¿Què pots fer després que aquests personatges t’abandonen i deixen les teues vesprades de diumenge buides? Planejar matar els veïns que et van prestar la sèrie mentre sona al teu cap la melodia de la capçalera. Caput. Finito.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 


domingo, 4 de diciembre de 2022

LOS SOPRANO

Hace casi una década, sentada en una terraza de la actual plaza de Rafaela Carrá en el corazón de Chueca (desconozco el nombre anterior pero lo prefiero, porque significaba que la italiana aún nos hipnotizaba con sus letras libertinas y su movimiento de cabeza), una amiga me habló de la serie Los Soprano animándome a verla. Lo hizo al comentarle algún avatar de mi terapia. Recuerdo también que era un otoño espléndido, no tanto como el de este año que parece más bien primaveral.

 

Los Soprano quedaron en la retaguardia de las “cosas pendientes que hacer” hasta que la pasada primavera el cofre del tesoro con la serie entera en DVD (Sí, soy una antigua. ¿Qué queréis que os diga?) llegó a mis manos procedente de la casa de unos vecinos-amigos (también los hay). Y así empezamos a sumergirnos en el mundo de Tony Soprano (James Gandolfini), un mafioso de New Jersey que acude a terapia, porque sufre ataques de pánico. La vida de Tony Soprano es compleja: tiene que conjugar los quehaceres domésticos y familiares con su trabajo de capo del crimen organizado.

 

¿Cómo sería la trilogía de El padrino convertida en serie de televisión en el siglo XXI? Algo más de veinte años después de su estreno, Los Soprano es ya un clásico de las series, incluso antigua para los bachilleres de hoy en día. Se estrenó en los estertores del siglo XX y se nutre de los mejores recursos de la literatura y del cine. La historia que va desarrollando a lo largo de sus ochenta y siete capítulos es de una narrativa brillante y se fundamenta en la caracterización magistral de los personajes, muy propia de la novela decimonónica. Porque Tony Soprano puede ser despiadado, violento, racista, xenófobo, homófobo, infiel, pero también sensible, animalista, vulnerable, empático y un padre preocupado. Habrá quien opine que no se puede ser todo eso, pero el mérito del relato de Los Soprano está en su capacidad para bucear en las contradicciones del ser humano que es capaz de lo mejor y de lo peor, y hacerlo convincente. Los guionistas lo consiguen con una destreza galdosiana digna de mérito, hasta el punto de que a veces te gustaría ser un capo de la mafia y solucionar los problemas a su manera. Así, lo audiovisual (planos de cámara, iluminación, escenarios y música) está también al servicio de la construcción de un relato completo.

 

Los problemas y los asesinatos se van sucediendo a lo largo de las temporadas, haciéndonos transitar del amor al odio a unos personajes, salidos de la imaginación de David Chase, que viven en constante conflicto y paradoja. Porque las relaciones entre ellos van del interés por el dinero a la lealtad familiar, incluso entre mafiosos. La traición es una situación límite que viven con demasiada frecuencia y que amenaza su equilibrio mental. Por encima de los hijos de Tony Soprano, Meadow (Jamie-Lynn Sigler) y Anthony Junior (Robert Iler); de su familia biológica, su madre Livia (Nancy Marchand), su hermana Janice (Aida Turturro) o su tío Corrado Junior (Dominic Chianese); más allá de la familia de la cosa nostra, Christopher Moltisanti (Michael Imperioli), Adriana La Cerva (Drea de Matteo), Tony Blundeto (Steve Buscemi), Silvio Dante (Steven Van Zandt), Paulie Gualtieri (Tony Sirico), Bobby “Baccala” (Steve Schirripa), Ralph Cifaretto (Joe Pantoliano), Big Pussy (Vincent Pastore) o Vito Spatafore (Joseph R. Gannascoli), entre otros, encontramos los dos personajes femeninos que más influyen en el protagonista Tony Soprano: su psiquiatra, la doctora Jennifer Melfi (Lorraine Bracco) y su mujer, Carmela Soprano (Edie Falco). Las dos únicas capaces de darle un no por respuesta en un juego implacable de poder.

 

Una vez te endosas el traje de buzo y te adentras en las aguas, a veces turbias, de Los Soprano, es imposible no desear llegar al final, escudriñar las circunstancias, a menudo extremas, con las que tiene que lidiar cada uno. Es una droga que engancha, como la adicción de Moltisanti y de la que te libras solo a medias cuando llegas al último capítulo, “Hecho en América”, y contemplas un final inesperado, narrativa y cinematográficamente sobresaliente. Entonces resuenan en tu mente las palabras de Michael Corleone: “I believe in America”. ¿Qué puedes hacer después de que estos personajes te abandonen y dejen tus tardes de domingo vacías? Planear matar a los vecinos que te prestaron la serie mientras suena en tu cabeza la melodía de la cabecera. Caput. Finito.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe