“Homo sum: humani nihil a me alienum puto”, dijo Terencio, dramaturgo del siglo II a.C., de origen bereber. (Oye, ¡qué bien queda un buen latinajo para empezar el artículo!). Y, efectivamente, más de dos mil años después, podemos afirmar que nada de lo humano nos es ajeno, o quizás tendríamos que decir mejor, no nos debería ser ajeno. Lo triste es que hoy esta afirmación empieza a ser subversiva y revolucionaria. Lo dijo el dramaturgo, nacido esclavo, en su obra El enemigo de sí mismo, y lo proclama Álvaro Tato en sus textos cuya dirección lleva a cabo Yayo Cáceres. Así lo han vuelto a hacer en su nuevo montaje Tebanas que se ha estrenado en el Teatro de la Abadía de Madrid.
Tras los éxitos de Vive Molière en 2022 y Burro en 2023, la compañía Ay Teatro presenta una obra que quiere ser una síntesis de las piezas fundamentales del ciclo tebano: Edipo rey y Antígona de Sófocles, Siete contra Tebas de Esquilo y Fenicias de Eurípides. Vuelven a hincar el diente a los clásicos grecolatinos con una frescura y un desenfado que seduce al espectador contemporáneo acercándole el mensaje universal que estos contienen. Ya lo dijo mi viejo profesor de Latín del instituto, Agustí Ventura: los griegos y los romanos lo inventaron todo y, desde entonces, no hemos hecho más que recrearlos. Pues eso…
Con un elenco de jóvenes actores y músicos (Cira Ascanio, Marta Estal, Mario García, Fran Garzía, Daniel Migueláñez y Mario Salas de Rueda), Tebanas reformula en verso el gran mito de Tebas: la saga de Edipo y sus descendientes. ¡Menudo marrón! El ser humano se enfrenta a su destino trágico y plantea el eterno dilema entre el fatum o el libre albedrío. ¿Estamos abocados a repetir la eterna espiral de violencia y destrucción que nos lleva a hacernos daño una y otra vez? ¿Somos responsables de los pecados de nuestros padres? Estas son solo algunas preguntas que nos plantean estas obras y que Tebanas nos vuelve hacer. Pero nos recuerda, en el texto y en la puesta en escena, que todos formamos parte de un espectáculo coral, que lo colectivo nos atañe a todos y es político. ¿Qué papel jugamos como individuos en el Estado? ¿Al servicio de quién está este? ¿Cuál es la diferencia entre justicia y ley? ¿Cuál es el límite entre razón y creencia?
Con un ritmo ágil, ante semejante maremágnum metafísico, el texto, como la vida, se agarra a algo imprescindible para no sucumbir ante temas tan tochos como la identidad, la guerra civil o la herencia familiar. Para sobrevivir, la herramienta fundamental es el humor. Es, por eso, que en medio del montaje, a modo de entremés bufonesco, se rompe el ritmo y el tono y una chirigota carnavalesca nos advierte, de forma irónica y gamberra, de las consecuencias de toda guerra (por si aún no lo teníamos claro, mónguers), pero también de nuestro comportamiento como ciudadanos de la polis. En fin…
Tebanas muestra las costuras de nuestra sociedad y de nuestra manera de estar en el mundo. ¿Es posible la salvación individual si el mundo se va literalmente a la mierda? Pues eso…
Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe

No hay comentarios:
Publicar un comentario