Una cambra pròpia

domingo, 24 de septiembre de 2023

ELS SANTS INNOCENTS

A mandar, que para eso estamos”. Sens dubte, Los santos inocentes ha estat un dels muntatges teatrals de l’any. Després d’estar de gira tot l’any per l’Estat espanyol va arribar aquesta primavera a les Naves del Español a Madrid amb èxit de públic. Ha estat Premi Talía a millor espectable i millor actor secundari (Luis Bermejo). Va esgotar entrades tots del dies de la representació i no va defraudar. Les expectatives eren altes. En primer lloc, pel text que adapta del nostre universal Miguel Delibes, una de les novel·les més importants del segle XX. Què voleu que us diga? Com més llig a Delibes, més m’agrada, més moderat i destre en l’ús de la sintaxi i de la paraula em sembla. N’hem d’aprendre tant! Delibes és probablement l’autor més adaptat al cinema i al teatre de la Literatura espanyola i intueix que això es deu a la seua habilitat per captar els matisos i la complexitat de l’Espanya que li va tocar viure, país d’injustícies i desigualtats que va mostrar sense fer judicis de valor, ja que la realitat ja parla per sí mateixa si la sabem escoltar. Per això, Delibes és i serà un mestre. 

 

“A mandar, que para eso estamos”. El muntatge teatral ha volgut separar-se de l’adaptació cinematogràfica que Mario Camus va fer al 1984 i que ja és un referent al nostra cinema. Amb un procedent d’aquesta qualitat, era una tasca complicada. No obstant això, Fernando Marías i Javier Hernández-Simón ho han aconseguit en l’adaptació del text al teatre. Sens dubte, l’elecció d’escenes ha sigut un dels encerts. Hernández-Simón ho ha fet així mateix en la direcció, a l’hora de  ha hecho asimismo en la direcció, a la hora de manejar el llenguatge escènic amb una escenografia senzilla però suggeridora, capaç d’anar més enllà dels objectes que parlen també i un joc de llums –gairebé un personatge més– i música encertats.

 

A mandar, que para eso estamos”. Amb Alfredo Landa (Paco el Bajo), Terele Pávez (Régula), Paco Rabal (Azarías) i Juan Diego (el senyoret Ivan) a la memòria, l’elecció dels actors era inclús el punt més compromès de l’adaptació teatral. Javier Gutiérrez (Paco el Bajo) demostra per què és un dels actors amb més projecció i Luis Bermejo (Azarías) ja ha donat mostres de sobra del gran actor teatral que és (Los que hablan de Pablo Rosal). Els grans actors es forgen i avaluen a les taules; Pepa Pedroche (Régula) és un exemple prototípic d’això últim que he afirmat. La sorpresa ha estat un Jacobo Dicenta superb (mai més ben dit) al paper del Senyoret Ivan. Pòquer d’asos: aposta segura.

 

“A mandar, que para eso estamos”. És la lletania apresa, repetida i assumida per Paco ell Bajo i la seua dona Régula; cantarella que transmeten als seus fills amb l’exemple i la seua actitud baixa i que els joves es resisteixen a acceptar. Paco el Bajo, en la seua ignorància, sap que l’única oportunitat que tenen els seus fills de fugir d’un sistema d’explotació, gairebé esclavista, és l’accés a l’educació. Però també això els és negat. Que sàpiguen fer el seu autògraf ja és suficient per exhibir-los davant d’un ambaixador estranger. Régula i Paco el Bajo saben que són una possessió unida a la terra, que el seua naixement com serfs marca el seu destí vital i, per això, Paco es comporta com el gos fidel i servil que és, incapaç de rebel·lar-se contra el seu amo que no respecta la seua dignitat animal. Gràcies a Déus que existeix el ximple Azarías que es caga en tot i a l’animalitat del qual resideix la grandesa de la seua humanitat. “A mandar, que para eso estamos”.

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu

 


 


domingo, 17 de septiembre de 2023

FINLANDIA

Finlandia (La uÑa Rota, 2022), escrita y dirigida por Pascal Rambert, vuelve al Teatro de la Abadía después de agotar entradas la temporada pasada. Es esta la segunda oportunidad para ver en acción a Isra (Israel Elejalde) e Irene (Irene Escolar) en una batalla campal dialéctica. Pascal Rambert es un especialista en mostrar conflictos verbales de gran voltaje entre personajes. “Escribo para voces, no para personajes”. Lo hizo en La clausura del amor (La uÑa Rota, 2017) donde, a través de dos soliloquios enfrentados, nos presentó un devastador ajuste de cuentas que llega a las entrañas del desamor de una pareja cuyo amor ha llegado a su fin. Hermanas (La uÑa Rota, 2019) es también un texto perturbador en el que dos hermanas, Bárbara e Irene, se arrojan a la cara palabras que nunca se han atrevido a decirse en los muchos años que hace que se aman en el rencor. Les basta el lenguaje para hacerse daño como un arma que expresa su deseo de venganza cainita. 

 

En Finlandia, es invierno y son las cuatro de la madrugada. Israel ha recorrido cuatro mil kilómetros de Madrid a Helsinki en coche para llegar a una habitación de hotel y decirle a la madre de su hija que se levante de la cama. Así, con un ‘Levántate’ comienza este diálogo beligerante que nos presenta el fin de una historia, en la cual el pasado no parecía ser lo que era (nos encontramos con dos visiones bien diferentes del mismo) ni tampoco hay un futuro para los dos (aunque uno de ellos no lo quiera admitir).

 

Israel e Irene son ambos actores y tienen una hija en común, Nina, que aparecerá al final de la obra para darnos una lección vital fundamental: los niños son sagrados. Lección que todos repetimos pero que casi ninguna pareja que se separa respeta. Ni siquiera lo hacen algunas que permanecen casadas toda la vida. Y es que esta obra duele porque, sin pretender ser realista, refleja demasiado bien la realidad de muchas relaciones tóxicas, agotadas por los chantajes psicológicos y por la tendencia humana de mirar hacia otro lado y pensar que no todo está tan mal. Rambert afirma que esta obra “es un ataque contra lo peor que lo masculino puede producir”, ya que en el diálogo emergen los celos, el delirio de la paranoia y la amenaza invasiva. Israel es un hombre que no entiende lo que ocurre ni en su casa ni fuera de ella, acostumbrado a un mundo en orden. No llega a atisbar que ese es su propio orden establecido. Y no da tregua a la mujer que dice amar. Por eso la acribilla con su verborrea hasta el agotamiento y lo hace principalmente porque piensa y siente que esta ya no le escucha. Irene, por su parte, ya no quiere saber ni entender lo que dice Israel.

 

Pero Irene no sabe cómo responder; hastiada y acorralada por la dialéctica de su compañero que no le da respiro solo puede gritar “Se acabó”. No obstante, tampoco sabe cómo ejecutar ese final invadida por una situación que la desborda y no la deja pensar con claridad. Ambos son personajes perdidos, que se amaron durante un tiempo, pero que no saben acabar una historia que debe concluir. El diálogo se manifiesta como un auténtico combate oral donde la violencia verbal y gestual impregna las cuatro paredes de esa habitación de hotel por cuyos cristales se cuela el gélido invierno finlandés. De nuevo, el problema que se revela es la falta de límites en el afecto y la confusión para interpretar la realidad. Al final, queda claro quién es la víctima. Podemos cambiar el nombre de los personajes, el lugar de residencia o la capital europea donde se encuentran, el nombre de la criatura… pero el resultado del daño y de la herida es el mismo. “¿Qué hacen los adultos a los niños y qué le hacen los adultos a su propio niño interior?”, nos pregunta el autor. Atrévanse a responderse.

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

 


 


domingo, 10 de septiembre de 2023

EL ÚLTIMO AZUL

Aquel acontecimiento increíble había provocado que todas las habitantes de la Tierra se reunieran en torno a aquel hecho admirable. Las más sabias, que eran aquellas que habían dedicado su vida a la tarea de la lectura, advirtieron que aquello era una acción común en el mundo antiguo, aquella edad que el resto había conocido solo por las historias que les narraban las lectoras. Estas, entregadas al estudio de los vetustos libros, se habían convertido en la nueva era en las encargadas de preservar el conocimiento ancestral. Contaban a las demás la cotidianeidad de la sociedad anterior al Gran Fuego, cuando la humanidad ocupaba toda la esfera terrestre y se reproducía sin ninguna restricción por la alegría de dar vida. Ellas, las herederas de la especie humana superviviente, vivían todas en la Antártida, el único reducto habitable del planeta azul. Y todas tenían los ojos azules. Nunca habían sabido el porqué, pero había arraigado la creencia de que este color en el iris había sido la razón de la salvación de la extinción de la especie humana. Sus progenitoras y antepasados –estaba empezando la vigésima generación superviviente– los tenían. Habían documentado, gracias a los manuales de Anatomía, que la pupila era, en realidad, un agujero. Lo percibían negro porque se asomaban a la profundidad del ojo. En aquel abismo las lectoras depositaban todas las palabras de la cultura milenaria. ¿Por qué habían sobrevivido al Gran Fuego solo las que tenían los ojos azules? Quizás aquel episodio prodigioso resolvería la incógnita del pigmento azulado: los ojos de una joven lectora habían derramado agua de mar al acabar de leer un largo poema de una odisea atávica, llena de aventuras y de conocimiento. La tierra emergía de nuevo en su mirada. Estaba llorando.                          

 

Begoña Chorques Fuster

Profesora que escribe

Obra del artista plástico Miquel Molla (La Granja de La Costera, 1958)

Blog de Miquel Mollà:  http://artdefonsmiquelmolla.blogspot.com/2022/07/el-darrer-blau.html


 

domingo, 3 de septiembre de 2023

PARANY

Pepe Viyuela, el pallasso, es queda atrapat a l’escenari. La porta es tanca i no hi ha possibilitat d’eixida. Ens mira tímid i desconcertat sense explicar-se el que ha pogut ocórrer. Se sent enganyat perquè algú l’ha animat a creuar el llindar de la porta i després l’ha deixat sol davant del perill. Quan entra en escena no sap on s’està ficant. Mira als costats buscant respostes, vol escapar però, rendit davant l’evidència, sols li queda enfrontar-se a la mirada del públic, que l’observa expectant, i parlar-nos en el seu propi llenguatge apropant-nos, sense saber-ho, al nen que vam ser.

 

Encerrona és un espectable de gairebé trenta anys que està gravat en la nostra memòria adolescent. El plantejament és simple. Durant una hora i mitja, el bufó és llançat davant del tron i es veu obligat a actuar per entretenir-nos. I ho fa amb humor i tendresa. L’acompanyen una sèrie d’objectes quotidians: una guitarra, una cadira, una jaqueta, un diari i una escala. Amb ells, hi juga i improvisa, ho passa malament i es diverteix. Ens convida a mirar-los amb uns ulls distints als de cada dia. Els objectes esdevenen aliats o enemics terribles que li impedeixen aconseguir el seu objectiu. La seua és la mirada d’un nen que s’enfronta a aquests objectes per primera vegada, que no sap usar-los o potser és capaç de descobrir les seues múltiples possibilitats. Per a ell són completament misteriosos i sorprenents. Quina és la perspectiva correcta? La seua o la nostra? Ens resulta fàcil jutjar-lo, determinar la seua manca de perícia. Prenem distància i ens riguem, perquè per ell pujar una escala o posar-se una jaqueta esdevenen tasques impossibles. Tanmateix, no es adonem que les nostres vides també són un joc, en el qual estem obligats a actuar. Moltes vegades nosaltres tampoc sabem on ens hem ficat i ens fem un embolic amb la vida. El pallasso ens interpel·la i ens qüestiona.

 

Encerrona ens col·loca davant de l’espill de les nostres existències des de l’alegria i l’absurd, per fer-nos reflexionar sobre la nostra quotidianitat des de la perspectiva del clown. La nostra manera de viure és potser la metàfora d’aquest pallasso?

 

Begoña Chorques Fuster

Professora que escriu