Una cambra pròpia

domingo, 26 de mayo de 2019

IDENTIDAD BORRADA

Identidad borrada es el segundo largometraje de Joel Edgerton como director. Está basado en el libro Boy Erased (Identidad borrada) (Ed. Dos bigotes, 2019) en el cual su autor, Garrard Conley (1985, Arkansas) cuenta su experiencia en un programa para curar su homosexualidad, apoyado por la Iglesia. Los hechos que se cuentan ocurrieron hace apenas quince años.

La película está protagonizada por un contenido Lucas Hedges que interpreta a Jared Eamons, un joven de 19 años que ha vivido una infancia feliz. Jared es hijo de un predicador baptista (Russell Crowe) al que admira por su entrega a la comunidad y de una abnegada madre (Nicole Kidman) que parece no cuestionar el papel que le ha otorgado la sociedad en la que vive. Jared es un muchacho bueno y observador, que trata de ser sincero consigo mismo. Por eso, antes de ir a la universidad, decide cortar con su novia. Poco tiempo después sus padres descubren que es homosexual y le plantean el ultimátum: o eres gay o eres nuestro hijo. Entonces Jared acepta someterse a una terapia de conversión en LIA (Love in Action), una entidad de carácter cristiano que pretende cambiar la personalidad de quien se somete a este tratamiento mediante el reconocimiento del error y del pecado de la homosexualidad.

Tras el ingreso del paciente, se lleva a cabo un control férreo de sus hábitos cotidianos. Se le priva de su teléfono móvil, para evitar que vea pornografía, y de todo aquello que pueda ser un elemento de distracción: cualquier lectura que no sea religiosa, la escritura creativa que incentiva la imaginación o practicar el yoga, por ejemplo. Los hombres deben ir pulcramente afeitados y sin patillas y las mujeres deben depilarse dos veces por semana. Los colores en la indumentaria y el vestuario es algo que también se controla y vigila. Mediante estas actuaciones, se inicia la negación de la personalidad de la persona que se somete a este tratamiento, su alienación y que este sea capaz de sentir “el perdón de Dios” a su terrible culpa: ser como es, sentir atracción sexual y amorosa por personas de su mismo sexo. No ser capaz de reprimir estos impulsos, conducirá al rechazo de uno mismo hasta el punto de llevar al suicidio en algún caso.

La historia que recoge el libro y la película ocurrió en Estados Unidos hace quince años (poco o mucho tiempo, según se mire). En España, hace apenas dos meses, saltó la noticia a los medios de comunicación de que estas pseudoterapias se impartían bajo el amparo del Arzobispado de Alcalá de Henares, ya que se han interpuesto algunas demandas. Pese a ser ilegales en la Comunidad de Madrid, más allá del consentimiento de la persona o no, los obispos pasaron de guardar silencio y no defenderlo a cerrar filas en torno a Reig Pla, porque la Iglesia no puede renunciar a acompañar a aquellos que sienten malestar por su orientación sexual. ¿Se imaginan a un religioso diciéndoles si se han planteado alguna vez asistir a terapia para tratarse esas inclinaciones negativas que sienten? Yo no tengo que imaginármelo.

Begoña Chorques Fuster
Profesora que escribe
Artículo publicado en el periódico Agora Alcorcón


domingo, 19 de mayo de 2019

RESEÑA DE ABSÈNCIA DE PILAR DEL POZO MANCHADO

Lenguas como peces: Absència (Ausencia), poemario de Begoña Chorques Fuster: Hace unos días falleció una de las grandes voces poéticas de este país, Francisca Aguirre, a los 88  años. Su necesidad de escribir, de poetizar surgió de una herida: la muerte en la cárcel de Porlier de su padre, el policía republicano y pintor Lorenzo Victoriano Aguirre.  Unos pocos días antes de su ejecución a garrote vil, la pequeña Paca se puso de rodillas en el Pardo ante la hija del mismísimo Franco para pedirle que transmitiese a su papá la súplica de cambiarle a Lorenzo Aguirre la condena de muerte por la de cadena perpetua. Casi 30 años después de que se abriera aquella herida, Francisca Aguirre recogía la ausencia del padre en estos versos finales de su poema Hace tiempo
Pero no volvió nunca.
Solo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.

Y es que hay heridas que no terminan de cerrarse nunca. Son esas que en parte nos hacen ser quienes somos. Para Paca Aguirre fue la herida del padre ejecutado. De la herida de Begoña Chorques Fuster, autora de Abséncia (Ausencia), si me lo permiten, les hablaré a continuación. 

Dice el poeta catalán Joan Margarit, que nadie es más realista que un poeta.  De hecho, si sirve de algo la poesía, además de guarecernos de la intemperie como también señala Margarit es, creo yo, para sembrar los jardines de dudas y decir verdades que a veces contradicen las leyes geométricas: verdades sobre el amor, la soledad, los miedos, la tristeza, la amistad pero también la muerte. La propia y la ajena. Siempre he pensado que no hay mejor definición posible de la muerte que la de estos versos de Salvatore Quasimodo:

Cada uno está solo sobre el corazón de la Tierra
traspasado por un rayo de sol,
y de pronto la noche.

Ese “y de pronto la noche”, en el caso de Begoña Chorques Fuster es la muerte de la yaya Trini.  
En Absència, en Ausencia,  Begoña no fabula, no esquiva, no serpea ese acontecimiento traumático que supuso en su vida el fallecimiento de su abuela. Este  segundo  poemario de la autora de Xátiva compuesto en catalán y traducido por la propia poeta al español   es una crónica poetizada llena, si se me permite, de flash backs de lo que ese yo lírico suyo recuperó tras aquella pérdida que, me temo,  no está dispuesta a asumir, porque Begoña (a la que conozco y admiro desde que su primer poemario, Olor de poma verda, me agitara y nos reuniera en el amor por la poesía) nunca estará preparada para la ausencia de su abuela y lo digo aquí, públicamente, no para que conste en acta, sino para encajarlo como un acto suyo de rebeldía  frente a la inexorabilidad de la muerte—, dado que le duele tanto su ausencia, ella, Begoña Chorques Fuster ha decidido escribir y publicar este poemario con el que contradice a la muerte, al menos a una de ellas. La propia Begoña da a entender que  hay dos muertes y contra la que se siente capaz de luchar es contra esa tan manriqueña que sucede cuando nos cae encima el olvido de la palabra.  Y nos muestra  la solución poética, la manera que ha encontrado ella  de plantar cara a esta otra muerte y que nos confiesa en Transferencia 3: Los libros y las palabras me vuelven a situar cerca de ti”. De hecho, cuando Begoña  confiesa en su poema Negación “Me aferro al tabique de la memoria/ guardando cada recuerdo quebradizo/ en botellas de vidrio deformado/ por ríos de fuego que me queman la mente”, en realidad nos viene a decir que por encima del dolor,  está  su certeza  de que se pueden alimentar los recuerdos  como se alimentan a  las palomas.   La memoria de la abuela fallecida se sostiene y engorda en este bello poemario que no solo habla de la yaya Trini, sino de mi abuela, de nuestras abuelas. Begoña Chorques Fuster rememora y se duele, pues, pero, y permítanme que vuelva a Joan Margarit, desde ese realismo, desde esa capacidad de disparar verdades que tiene siempre la poesía, la buena poesía. Verdades que a veces se convierten en Absència en auténticos aforismos camicaces, como esa terrible verdad que nos dispara la poeta de que “La vida no tiene piedad de nadie” o esa otra tan cercana al surrealismo lorquiano: “Los políticos juegan a los dados con el pan que falta a los niños”.  

Antes de continuar, me gustaría detenerme en el título,  tan obvio  ¿verdad?: ya no está la yaya Trini, luego hay que hablar de su ausencia. Sin embargo,  creo yo, que en verdad la ausencia al terminar uno de leer el poemario inevitablemente hay que entenderla como un maravilloso oxímoron: y es que no hay nadie tan presente en el receptor, tras la lectura de Absència, que esa mujer vital y anciana a pesar de su fallecimiento: la yaya Trini se halla por siempre guarecida, nombrada entre estos versos inmortales; e insisto, no solo ella, sino también nuestras abuelas: mi abuela Fausta, su abuela Lute, su abuela Marcela, nuestras abuelas.  La ausencia se convierte pues, en presencia a través de esos poemas que se centran en el momento de la muerte y de esos otros  flashback que relatan episodios del pasado protagonizados por nieta y abuela y que nos hacen pensar en un poemario atípico, cercano al relato poético, pero también al realismo mágico que aparece en   Sueños, cuyos versos son un aguijonazo al alma: “Esta vez te he de explicar que es este el definitivo adiós, hirsuto infortunio de tu partida, cruel y duro anuncio de tu final”. Tras contar el yo lírico a la abuela que ha fallecido, Begoña termina con unos versos que, no obstante,  reconfortan del tono elegiaco: 

Con mis dedos repaso el perfil
de tus ojos, astillas de mar, que llegan
a mis manos que quedan en paz.

Para finalizar, me gustaría hacer reparar al lector en algo que a mí, particularmente, me desconcertó cuando leí por primera vez Absència: las citas que encabezan algunos de los poemas. 
“El pasado es una criatura tan curiosa”. (Emily Dickinson)

“Subiré la tristeza al desván”.  (María Mercé Marçal)
  
“Me protegen tus brazos del invierno”. (Alfonsina Storni) 

Me voy de ti con vigilia y con sueño”. (Gabriela Mistral) 

“El viento muere en mi herida”. (Alejandra Pizarnik)

“Cuando callamos seguimos teniendo miedo”. (Audrie Lorde) 

“Se acaba la inocencia”. (Szymborska)

“La espera ha comenzado de nuevo”.  (Silvia Plath)

“La poesía necesita de una madre”. (Virginia Woolf)

Se trata de nueve voces de mujeres,  grandes autoras pero también referentes en muchos casos de la lucha feminista. Son citas y son autoras que mantienen la coherencia de ese universo femenino creado por Begoña en Absència. ¿Por qué entonces abre su poemario con una cita del Calderón de la Barca de La vida es sueño? ¿Por qué esas palabras del príncipe Segismundo "Mas sea verdad o sueño,/obrar bien es lo que importa;/si fuere verdad, por serlo;/si no, por ganar amigos/para cuando despertemos? Y cuando uno tiene una duda, lo mejor es preguntar. Y así lo hice y me gustó tanto la respuesta de Begoña como su poemario. 

En La vida es sueño, hay un personaje femenino, Rosaura , que para luchar por su honra se disfraza de hombre y, curiosamente, en una puesta en escena magistral de Helena Pimenta que realizó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en 2012, año en el que enfermó la yaya Trini,  el papel de príncipe Segismundo no lo interpretó un actor, sino una actriz que recibió ese mismo año el Premio Nacional de Teatro: Blanca Portillo.  Tal y como me confesó nuestra poeta, que vio esa representación en dos ocasiones, le impactó sobremanera aquel Segismundo, como también me ocurrió a mí y a tantos que vimos aquel montaje, porque la Portillo tenía la fuerza no de un hombre, sino de lo humano. Begoña estuvo además en una mesa redonda donde Blanca Portillo habló de su personaje, contó anécdotas personales, como que era la cuarta de ocho hermanos en una familia en la que el padre murió prematuramente, y  le escuchó recitar con vehemencia esos versos con los que abre su poemario. Los eligió, tal y como me explicó en una conversación por whatsapp, porque en ellos estaba no sólo la voz de Blanca Portillo o de Segismundo o de Calderón, sino también la de su abuela;  resumían muy bien, según Begoña, la filosofía de vida de la yaya Trini: “obrar bien es lo que importa”, sea (la vida) verdad o sueño.  

Y sí, ya para concluir, el yo lírico en Absència, habla de la yaya Trini, pero en estos versos que necesariamente uno lee y asume con ojos de luna llena, está también la certeza, como decía al comienzo de esta reseña, de que en cada uno de nosotros hay heridas que nunca se cierran para recordarnos que somos, que existimos, "sea verdad o sueño".
Pilar del Pozo Manchado


domingo, 12 de mayo de 2019

AMOUR

Aquests dies m’ha tornat a la ment el record d’una pel·lícula colpidora i imprescindible: Amour (Michael Haneke, 2012). Els protagonistes, Georges (Jean-Louis Trintignant) i Anne (Emmanuelle Riva), dos persones grans de vuitanta anys, són professors de música jubilats que viuen a París. Ambdós han tingut una vida plena; tenen una filla, que també es dedica a la música, que viu a Londres amb el seu marit i que sembla no entendre les decisions del seu pare. Anne pateix un infart que li paralitza la meitat del cos i comença un lent deteriorament físic que la conduirà a la dependència absoluta i la postració. En aquest moment, el títol de la història pren tot el seu significat. Lluny de l’amor romàntic la concepció del qual anem superant sols de mica en mica, la història, contada amb senzillesa i austeritat (propera a la cruesa, sense a penes acompanyament musical), se centra en dos ancians que encaren el tram final de les seues existències amb la companyia de la malaltia i el patiment que suposa. Aquesta història d’amor desembocarà en el final inevitable i previsible: la mort.

Amour conta una història d’amor que es troba en la darrera trajectòria (la més difícil i dura), una història llarga de dues persones que han construït el seu camí plegades. Haneke ens diu que l’amor a l’altre és un sentiment que es crea amb el temps, que requereix temps que també suposa sacrifici. Desig i enamorament són els focs artificials inicials que ens obrin a la possibilitat de l’estima, aqueix sentiment més permanent i estable que ens condueix a la incondicionalitat. Georges farà el possible per atendre la seua dona i alleugerir el seu patiment fins les últimes conseqüències. Fa costat a la seua dona i contempla la seua degeneració romanent passe el que passe.

En algunes seqüències de la cinta, l’espectador pot palpar la vida que ha compartit aquesta parella, una vida que estimen per les emocions que brinden i per la possibilitat de compartir amb altres, una vida que han gaudit mentre els ha estat possible: la història comença amb el seu retorn a casa d’un concert de música clàssica. Quan Georges pren la decisió que adopta sobre la malaltia de la seua dona, sols es pot entendre com un acte d’estima, un acte d’autèntic afecte i admiració que el duu a respectar les decisions i promeses que li ha fet a la seua companya. La dignitat de la seua dona és ja per damunt de tota llei humana, social i religiosa. En aquest punt, hagués resultat més senzill que la legislació tingués en compte la llibertat de la persona per decidir sobre el seu patiment i la pròpia mort. Però la determinació de Georges per complir la voluntat de la seua dona està ja apuntalada en aquest amor definitiu que sent per ella.

Aquest és el relat d’Amour. Canviem ara els noms dels protagonistes i anomenen-los Ángel Hernández i María José Carrasco. Tindran aleshores una història d’amor real, autèntica, que supera tota ficció: una història que es mereix tot el respecte i cap persecució ni sentència judicial.

Begoña Chorques Fuster
Professora que escriu


domingo, 5 de mayo de 2019

RESSENYA D'ABSÈNCIA PER ANNA MARIA VILLALONGA

El fil d'Ariadna II: Absència de Begoña ChorquesAbsència/Ausencia, de la valenciana Begoña Choques Fuster (Xàtiva, 1974), és un bonic poemari publicat per Círculo Rojo amb pròleg d'Ignasi Riera i unes belles il·lustracions de Luna Beller-Tadiar. Es tracta d'un text intimista i valent on l'autora es despulla sense rubor per parlar-nos del dolor de l'absència, del buit que representa per a ella la pèrdua de la seva àvia, amb qui sempre havia estat molt unida. 

O, si no, què significa aquest canvi de papers, aquest col·locar-se en la pell de l'altra, aquesta necessitat d'oferir consol, de seguir l'exemple, de mantenir vius els records?:    

   SIMULACIÓ

T'abraçaré per donar-te el consol, 
perquè pugues plorar amb serenor.
Resta tranquil·la i marxa en pau. 
Jo seré l'àvia, tu seràs la néta. 
Tu seràs la mare, jo seré la filla. 
Vetllaré per no destorbar ton son
intentant aprendre l'art d'estimar
per no procedir malament del tot
mentre m'arriba l'hora de salpar. 
Dissoldré en un mar d'ulls l'aflicció 
que la teua partença en deixarà.  


El poemari, que Chorques ens ofereix en versió bilingüe català/castellà, palesa clarament la seva veu, una veu directa i clara, exempta de retòriques inútils i postisses. Una veu que ja havíem trobat al seu llibre anterior, Olor de poma verda. Tanmateix, les pulsions que traeix són pulsions de nostàlgia, d'enyor, de dolor profund. Ni amb el títol del llibre no ens intenta enganyar: Absència

També topem amb l'estupor. L'estupor, que no pot acabar en res més que en acceptació, però que no per això ens deixa de torturar. Els que abans hi eren de sobte ja no hi són. I això resulta indigerible, aterridor. Perquè la vida continua, però ells ja no hi són.    

Begoña Chorques és per damunt de tot una persona sincera i intel·ligent, que utilitza els seus sentiments interns per projectar-se al món. Per això el que escriu no és gens banal. S'enfronta des de dins al fet literari i el consolida a l'exterior, quan és capaç de relacionar tots els àmbits de la vida. Chorques és crítica, no pot deixar de denunciar allò que cal canviar. I ho fa sabent que la lluita no és fàcil ni curta, però que cal parlar de tot. 

                                          
                                            TIBI TERRA LEVIS

                                      Mentre el teu cos s'està desfent
                                      a la solitud del taüt, 
                                      voltat per altres solituds, 
                                      ens desarmen la sanitat, 
                                      s'espatlla l'educació.  
                                      Els polítics juguen als daus
                                      amb el pa que manca als infants.  
                                      Les teus mans es fan malbé,
                                      mentre perdem la llibertat.
                                      M'aixeque, em mire al mirall, 
                                      m'adone que el meu cos també
                                      es podreix implacablement. 
                                      Ja fa gairebé quaranta anys
                                      que el meu cadàver es podreix
                                      en un gemec sord de basarda. 
                                      Que la terra ens siga lleu.  


Em sembla magnífic aquest joc d'identificacions, aquest obrir-nos els ulls a un fet inapel·lable: comencem a morir el dia que naixem. I, enfront d'aquesta veritat incontrovertible, només l'amor i la bondat ens poden salvar. Estimar, compartir. I saber dir-ho. 

El poemari comença amb una citació de La vida es sueño de Calderón. I, és clar, qui em coneix a fons ja es pot imaginar què significa això per a mi. És la meva obra de teatre de capçalera, que em sé de memòria pràcticament des del primer vers. I fixeu-vos quin fragment ha triat Begoña Chorques:


Mas sea verdad o sueño
obrar bien es lo que importa; 
si fuere verdad, por serlo; 
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos. 


Sí, sí, sí. La bondat, ho veieu?    

Altres autors fantàstics transiten el poemari: Audre Lorde, Wislawa Szymborska (la meva admirada Wislawa Szymborska), Alejandra Pikarnik, Gabriela Mistral, Virginia Woolf, Alfonsina Storni, Maria Mercè Marçal, Emily Dickinson, Sylvia Plath. Dones. És clar que sí. Dones. Perquè mouen el món i perquè són alhora receptacle, ofrena i destí. Perquè com elles és Begoña Chorques. 

Moltes gràcies, estimada. Continua escrivint.

Anna Maria Villalonga
Escriptora i professora de la Universitat de Barcelona